Muere escritor guayaquileño Miguel Donoso Pareja

Las honras fúnebres se realizarán en el salón principal de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

El narrador, poeta, escritor, periodista, ensayista, crítico y literario guayaquileño, Miguel Donoso Pareja, falleció este lunes 16 de marzo de 2015 a los 81 años de edad, así lo confirmó mediante su cuenta de Twitter el Ministerio de Cultura quien lamentó esta pérdida para el país y señaló que: “La literatura ecuatoriana pierde a un grande”.

Donoso Pareja quien era considerado como el escritor vivo más importante del país murió hoy, esto después de haber permanecido interno desde el viernes en una casa de salud en Guayaquil, a causa de un problema de Parkinson, enfermedad que le aquejaba desde hace un tiempo atrás.

La familia del escritor habría decidido que la ceremonia de honras fúnebres fuera en la FAE, sin embargo, por petición de las autoridades de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) se realizará en el salón principal de la institución.

Esto debido a que Donoso Pareja después de vivir exiliado en México durante 18, tras ser desterrado por la dictadura militar en los años 60, fuera elegido presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), Núcleo del Guayas. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo.

En noviembre de 2014, durante la Feria Internacional del Libro de Quito, Donoso fue homenajeado con motivo de la edición de todos sus cuentos por parte de Fondo de Cultura Económica.

A ese acto el escritor guayaquileño no pudo asistir por problemas de salud, pero se leyó una carta en la que agradecía el reconocimiento. En el homenaje estuvo presente uno de sus discípulos: el mexicano Juan Villoro.

Mediante redes sociales, Villoro, uno de sus discípulos, ha calificado al fallecimiento del guayaquileño como una “noticia demoledora”. Al igual que él otros personajes nacionales e internacionales han expresado su pesar.

La familia de Ecuadorinmediato.com lamenta la pérdida de este literato. (DRT)

El Mercurio


 

Miguel Donoso Pareja, el escritor maestro

Fernando Balseca

Mi contacto inicial con la presencia de Miguel Donoso Pareja se dio en 1977, cuando en la prensa de México él publicó una crítica a mi primer libro de cuentos, que había aparecido el año anterior.

Mi libro, de discutible valor literario, recibió una serie de señalamientos negativos desde el punto de vista literario. Pero fue una importante revelación para mí comprobar que la crítica podía situar con mesura los alcances de un texto: al mismo tiempo que recibía cuestionamientos por parte del gran escritor que ya era Miguel Donoso, él realizaba una serie de observaciones positivas, que me animaban a seguir intentando con la escritura.

Aprender a aceptar una crítica negativa fue una temprana lección que recibí de Miguel, aunque él vivía en México y yo en Guayaquil. Y a entender que la crítica no era un asunto dirigido a la persona, sino a lo que estaba impreso. Esta enseñanza me ha acompañado durante mi carrera en el mundo de la lectura y la escritura de literatura.

En 1982, cuando Miguel Donoso terminó su exilio en México y regresó al Ecuador, una de las principales tareas a las que se dedicó fue a trabajar en talleres literarios en Quito y en Guayaquil.

Tuve el honor de formar parte del primer taller que operó en el puerto, donde estaban Jorge Velasco Mackenzie, Edwin Ulloa, Fernando Itúrburu, Jorge Martillo, Raúl Vallejo, Eduardo Morán Núñez…

Un ambiente relajado, incluso lleno de humor, caracterizaba esas reuniones; pero la tarea crítica convertía a ese espacio en uno de absoluta seriedad, donde se daban comentarios responsables y constructivos.

El respeto que Miguel mostraba por sus talleristas lo llevó a señalar con absoluta nitidez cuándo un texto era defectuoso y tenía, por tanto, que ser descartado o mejorado. Su afán no era hacer de los escritores personas envanecidas con sus logros artísticos, sino autores responsables y conscientes de la eficacia de las palabras.

Miguel le enseñó a varias promociones de talleristas la necesidad de ‘aprender a leer’ los textos propios como si fueran ajenos, en la perspectiva de que cada escritor pudiera encontrar una postura crítica con sus textos, y, sobre todo, una capacidad de autoanálisis que sería necesaria en el momento de abandonar el taller.

Él fue el escritor maestro que trabajó, con inmensa generosidad, para afianzar el talento creativo de muchos autores ecuatorianos. Dio a sus alumnos todo lo que él sabía.

El Universo