Falleció la poeta Isabel Fraire miembro de la época de oro de la poesía mexicana

La poeta, crítica literaria, traductora, ensayista y periodista cultural Isabel Fraire (Ciudad de México, 1934) falleció esta mañana a los 80 años de edad. La escritora contribuyó al arte y la literatura de México desde principios de los años sesenta.

Sus primeros cuentos y poemas fueron publicados en periódicos escolares en Monterrey, Nuevo León, lugar al que se fue a radicar desde su infancia. Cursó sus estudios profesionales en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la que también impartió clases de literatura, además de completar su preparación artística estudiando danza, música y pintura.

La poeta, quien aseguró en vida que «la poesía da voz al alma humana», fue becada en 1977 por la Fundación Guggenheim, y un año después recibió el Premio Xavier Villaurrutia por Poemas en el regazo de la muerte.

Sus publicaciones fueron: 15 poemas (1959); Sólo esta luz (1969); Isabel Fraire, poems (1975); Poemas en el regazo de la muerte (1977); Un poema de navidad para Alaíde Foppa (1982); Puente colgante. Poesía reunida (1997), y Kaleidoscopio insomne. Poesía reunida (2004).

Varios de sus poemas han aparecido en publicaciones como la antología Poesía en movimiento, realizada por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis en 1966.

Asimismo, Fraire fue colaboradora de diferentes publicaciones, entre las ques e cuentan Katarsis (Monterrey), Revista de la Universidad de México, La Semana de Bellas Artes, Diálogos, Plural, Siempre!, México en la Cultura, Unomásuno, Sábado y Revista Mexicana de Literatura. (de esta última fue integrante del Consejo de Redacción).

Fraire, quien dirigió varios talleres de poesía, también realizó traducciones de obras de escritores como T. S. Eliot, Wallace Stevenson y Ezra Pound.

En una entrevista, Isabel Fraire dijo: «Soy poeta porque desde joven he necesitado un medio sencillo, directo y expresivo que me permita plasmar mis ideas, pasiones, desazones, lo mismo en un autobús, que en la servilleta de la mesa de un café».

Elogio de una obra

El propio Octavio Paz reconoció y enalteció la obra de la escritora al escribir que «Isabel Fraire es viento. No el que perfora la roca sino el que disemina las semillas. Su poesía es un continuo volar de imágenes que se disipan, reaparecen y vuelven a desaparecer».

En un homenaje realizado por el Conaculta y el INBA en el año 2009 en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes para celebrar sus 75 años de vida, René Avilés Fábila dijo que la obra de Fraire se caracterizó por poseer un tono desgarrado y angustioso que indaga la condición de ser mujer, situándola junto a escritoras como Emma Godoy, Rosario Castellanos, Margarita Paz Paredes, Dolores Castro y Griselda Álvarez.

Avilés Fabila añadió que Fraire «es una mujer discreta, que ha estado distante de las cámaras, los escándalos. Es una gran escritora, periodista y ensayista, y no me explicó cómo es que no sea tan conocida en México, toda vez que en internet existen páginas y páginas de esta autora». Y añadió otras facetas: dijo que «escribió ensayos significativos y una reportera que ejerció un tipo de periodismo poco frecuente en México».

También en el homenaje que se le rindió hace un lustro, Dionisio Morales dijo que Fraire tiene una obra crítica muy abundante cuyos poemas son tan humanos como los de César Vallejo, tan amorosos como los de Pablo Neruda y tan certeros como los de Atila Joseph.

En aquella celebración, la escritora leyó partes de su libro Puente colgante.

El presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, escribió en su cuenta de Twitter: «Falleció Isabel Fraire, destacada crítica literaria, traductora y poeta mexicana. Mi pésame a sus deudos».

Milenio


 

En recuerdo de Isabel Fraire

La noticia de la muerte de Isabel Fraire me impresionó vivamente, me la dio su hijo Rolando, con voz entrecortada y desde un auto en el que venía al DF. La distinguida poeta y ensayista perteneció a una generación memorable que aún busca a sus grandes biógrafos e historiadores, a una donde estaban narradores como Juan Vicente Melo, Juan García Ponce, Jorge Ibargüengoitia, Salvador Elizondo, Inés Arredondo, Carlos Valdés, dramaturgos como Juan José Gurrola, pintores como Fernando García Ponce, críticos como Huberto Bátis (mi primer editor en el Fondo de Cultura Económica en 1969) y Rita Murúa. Todos de talento y un sentimiento solidario entre ellos. Habría que añadir a personajes legendarios de teatro como Nancy Cárdenas, también poeta, Beatriz Sheridan, Héctor Azar, José Luis Ibáñez y Hugo Argüelles que coincidieron en una época fascinante de México, cuando aún vivían y actuaban los escritores ateneístas y los Contemporáneos y Estridentistas. Alfonso Reyes era una figura fundamental, Rulfo y Arreola se consolidaban y acababa de iniciar su éxito rotundo Carlos Fuentes. En política, José Revueltas nos inquietaba.
Isabel Fraire nació en el DF y estudió Letras en la UNAM. Enamorada de la poesía, poeta ella misma desde la adolescencia, escribió ensayos sobre poetas y narradores y fue notable traductora. Cito algunas de sus obras: Poemas, Sólo esta luz y Poemas en el regazo de la muerte, premio Villaurrutia 1978. Su especialidad fue la literatura inglesa, lo prueban trabajos como Seis poetas de lengua inglesa. En 1966 fue incluida en la más severa antología de cuantas se han realizado, Poesía en movimiento dirigida por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, que siempre me hace pensar en la exitosa canción “Poesía en movimiento”, de Johnny Tillotson que estuvo en el primer sitio del Hit Parade en 1960.
La generación a la que pertenece Isabel Fraire es anterior a la mía. La suya brillaba. No se trataba de una generación accesible, era difícil, arrogante y en más de un aspecto autodestructiva. En una época trabajaron en la Casa del Lago, su paso por allí fue sin duda célebre y borrascoso. La convirtieron en un auténtico centro de arte y cultura, donde prevalecían la provocación y un espíritu renovador que no ha vuelto a darse.
Imagino que mi generación quedó en deuda con ellos. No sólo por sus propios libros, sino porque introdujeron una multitud de narradores y dramaturgos europeos, cuya lectura sigue siendo trascendental para los nuevos escritores. Poco interactuamos nosotros y ellos. De mi parte, entrevisté a Juan García Ponce y Salvador Elizondo. Conversé con el mejor de los humoristas, Jorge Ibargüengoitia, tuve el honor de que Juan Vicente Melo escribiera el primer ensayo importante sobre mi trabajo inicial y entrevisté en radio a Juan José Gurrola, unos meses antes de morir, quien me pareció un genio lleno de insolencia y desprecio por aquellos que aunque estuvieran rodeados de mucho prestigio, él no los consideraba talentosos. Dijo cosas francamente irónicas y poco usuales en México. Admiré profundamente a todo el grupo de Isabel, sin importar cuánto desdén mostraron algunos hacia nuestra generación, la siguiente, la que Margo Glantz tuvo el desatino de calificar como la onda y más adelante, en un segundo libro, poner más distancia entre ellos y nosotros, al titularlo Onda y escritura.
Isabel Fraire también fue ensayista. Sus trabajos no sólo son agudos y hermosos, se preocupaba por la figura inconmensurable, la prosa perfecta, de Juan José Arreola, el hombre generoso con tantas generaciones y autores que la lista se pierde, la fotografía del México profundo de Héctor García, el cine de Juan Manuel Torres, otro compañero suyo de generación, quien muriera prematuramente, la literatura de Juan Vicente Melo, a quien yo miraba tan desprotegido e inocente en un mundo perverso, generoso en una sociedad avara y egoísta. Lo visité en Jalapa poco antes de su muerte: los dolores lo consumían, pero nunca perdió la lucidez, su gusto por la música ni su capacidad para escribir bellamente. Isabel estudió asimismo a Pound, Eliot, Stevens, Cummings y Cardenal.
De aquellos escritores que me impresionaron, pocos quedan. Isabel Fraire fue una sobreviviente de un grupo inteligente, culto y fascinado por el arte. Es en efecto una poeta de especial sensibilidad y periodista de altos vuelos que muestra una faceta que ninguno de sus compañeros tuvo: el interés por las cosas del mundo político. Debe su fama, sin embargo, a la poesía. En México tendría que ser considerada y leída como gran autora de poesía. Pero el país padece una pésima memoria y vive con una preocupación pseudo intelectual: estar al día, saber cuáles son las novedades. A Fraire la seguirán leyendo dentro de muchos años. Su estrecha vinculación con la poesía principalmente inglesa y norteamericana, le dan un toque de fina elegancia. Octavio Paz lo dijo de mejor manera: “Su poesía es un continuo volar de imágenes que se disipan, reaparecen y vuelven a desaparecer. No imágenes en el aire: imágenes de aire. Su claridad es la diafanidad de la atmósfera en la altura…”
Por desgracia un largo prólogo que escribí para sus ensayos políticos y sociales reunidos, se extravió. Llevaré su conducta gentil y sensible y su hermosa poesía hasta el fin de mis días. A mi alrededor el mundo que conocí desde la niñez desaparece, pocas figuras quedan. Estoy desolado.

Crónica

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