La nueva tradición del cine de terror en Uruguay

Los amantes criollos del terror

La tradición de las películas uruguayas de horror es más antigua de lo que se cree y sus nuevos representantes están escapando del cine clase B para adentrarse a las nuevas tendencias del género.

El corazón bombea sangre a gran velocidad. La presión arterial y la glucosa en la sangre aumentan. Las pupilas se dilatan. La sangre fluye a los músculos mayores. Esas son algunas de las reacciones con las que el cuerpo responde ante una sensación de peligro. Reunidas, forman una sensación inconfundible: el miedo. Es una reacción natural, difícil de controlar, que se da en el cuerpo y en la mente.

Con frecuencia el temor se siente por algo que no existe. Es un producto de la imaginación. Puede provocar ataques de ansiedad y hasta, en algunos casos extremos, parálisis.

Sin embargo, hay personas que no quieren parar de sentir la emoción que el miedo conlleva. Suelen hacerlo con comida de por medio, en una sala oscura con una gran pantalla delante llamada cine.

En Uruguay, son cientos los fanáticos de las películas de terror. Rara vez falta en cartel un filme hecho para asustar. En la última década, el género se ha visto revitalizado desde Hollywood gracias al trabajo de directores como James Wan, la mente detrás de La noche del demonio(2010) y El conjuro (2013). Ambos largometrajes, que hoy ya se han convertido en sus propias franquicias,  demostraron que en el siglo XXI se pueden hacer películas de terror con inteligencia y proeza técnica.

Es que el género todavía se sostiene como un espectáculo atractivo para el consumo cultural gracias a la escuela audiovisual formada por una  gran cantidad de clásicos que hay dentro de este tipo particular de cine: El exorcista, Alien, La cosa, Pesadilla, Halloween, Martes 13 e Evil dead, entre tantos otros.

Muchos de esos títulos, que todavía pueden verse en alguna señal de cable después de la medianoche, no solo fueron responsables de sentar las bases narrativas del género. Además, cautivaron a una generación de jóvenes uruguayos que con el tiempo se convirtieron en realizadores de sus propias máquinas audiovisuales generadoras de pesadillas.

Los entusiastas

Aunque el cine de terror uruguayo no tiene la cantidad de producciones suficientes como para ser tratado como una industria, sí ha tenido sus precursores, entusiastas y nuevos directores que se han encargado de alimentar la filmografía nacional con películas de miedo.

Durante la década de 1990, cuando “el cine uruguayo” seguía tratándose como una rareza infrecuente en la pantalla grande, el cine clase B fue la salida que varios jóvenes tomaron para filmar sus guiones delirantes junto a sus colegas y amigos, solo por la diversión de hacerlo.

El cine clase B es una categoría audiovisual que se refiere a las películas de bajo presupuesto, hecha con un equipo de no profesionales de la industria, en el marco de una producción económica.

Uno de los precursores del cine fantástico fue el director Ricardo Islas, oriundo del departamento de Colonia. Considerado hoy en día como un autor “de culto” entre los fanáticos del género, Islas cuenta con casi dos décadas como guionista, productor y director de películas de terror. En su historial se encuentran joyas como una adaptación editada en video de El almohadón de plumas de Horacio Quiroga hasta Mala sangre, una película filmada en Rocha sobre un hombre que comienza a tener instintos asesinos luego de tener sexo borracho con una mujer que se transforma en gorila.

Amante de las tramas que combinen fantasía con lo sobrenatural, Islas continúa hasta el día de hoy trabajando en el séptimo arte, aunque desde Chicago, Estados Unidos. Allí se desempeña como cineasta independiente y productor de varias películas. Uno de sus últimos lanzamientos fue el filme Bachelors Grove, sobre un grupo de amigos de la universidad que comienzan a comportarse de forma extraña años después de haber participado en un ritual.

La tradición  del cine “hazlo tu mismo” que emprendió Islas, también tuvo otro seguidores y Guzmán Vila fue uno de ellos. Realizador amateur y amante de hacer películas con una cámara mini-DVD, Vila filmó su primera película, Sangre en La Mondiola (2005) entre amigos y locaciones del barrio hoy conocido como Pocitos Nuevo. Además de filmar cortos en sus ratos libres, Vila estrenó en 2009 su segunda película, La balada de Vlad Tepes, con la que ganó el premio a la mejor película del Festival Montevideo Fantástico.

Hoy sus películas no se pueden encontrar en sitios como YouTube, pero el boca a boca puede ser un mecanismo aún mejor para encontrar un conocido que tenga cintas de video con la obra del director.

El formato VHS es un preferido para los seguidores del horror económico. Así como Vila, el cineasta Manuel Facal también ha sabido cargarse con una cámara en la mano para perpetuar los rincones más oscuros y entretenidos de su imaginación.

Si bien Facal alcanzó cierta popularidad local gracias a su comedia Relocos y repasados (2013), en su historial como cineasta se esconden más monstruos y asesinos en serie que chicos liceales preocupados por probar diferentes drogas. Su cortometraje como estudiante de cine (Romeo contra la muzzarella asesina) fue el comienzo de una carrera en la que produjo, casi con diez años de diferencia, las películas Achuras (2003)y Achuras 2: Feto voodoo (2014), plagadas de sangre, rituales satánicos y rocanrol.

Actualmente Facal se encuentra filmando su nueva película (We’re not going to) Fiesta Nibiru. Aunque la película es presentada como una comedia con elementos de ciencia ficción, es probable que el director no resista la tentación de cargarla con algún que otro susto.

Los profesionales

La destrucción de Montevideo fue lo mejor que le pasó a Federico Álvarez. Gracias a su cortometraje en formato de videoclip Ataque de pánico!, que explotó en popularidad en YouTube, el director viajó hasta Estados Unidos invitado por el icónico director Sam Raimi (de la saga Evil dead y las dos primeras Spider-Man) para trabajar en una de sus productoras.

El resultado de ese periplo fue Posesión infernal, una nueva versión del clásico The evil dead del propio Raimi y la primera película hollywoodense escrita y dirigida por un uruguayo. Más allá del horror gráfico, Álvarez dotó a su película de un suspenso psicológico que hoy ha traído un aire fresco al género (ver recuadro). Su estrategia fue concentrarse más en sus personajes y menos en los sustos, sin olvidar las influencias del cine clásico.

Actualmente, Álvarez está preparando su segundo filme como cineasta y su temática no podría ser más terrorífica. Junto a su coguionista, el uruguayo Rodo Sayagués, la dupla se encuentra trabajando en una adaptación cinematográfica de Dante’s Inferno, un sangriento videojuego basado en La Divina Comedia de Dante Alighieri.

Mientras tanto, en Uruguay  el encargado de llevar el estandarte del horror uruguayo hoy es Gustavo Hernández. El director estrenó Dios local, su segunda película, actualmente en cartel. Así como Álvarez, Hernández también coquetéo con Hollywood. Su ópera prima La casa muda (2010) tuvo  una adaptación estadounidense protagonizada por la actriz Elizabeth Olsen. La versión norteamericana no tuvo la repercusión que la original tuvo en Uruguay y finalmente Hernández  terminó apostando por producción local. Desde su productora Mother Superior Films, Hernández planea su próxima película y la producción de un filme uruguayo de catástrofe.

Durante la promoción de Dios local, el cineasta criticó la falta de creatividad entre los realizadores audiovisuales uruguayos al no incursionar en el cine de género y hacer, por ejemplo, más policiales o westerns. El terror charrúa, en cambio, ha conseguido crear una identidad propia a lo largo de las últimas décadas y así hacer escuela nacional de sustos.

Cinco nuevas películas extranjeras que resucitaron al género

It follows, de David Robert Mitchell

Bautizada como la nueva “joya del terror”, la película del estadounidense David Robert Mitchell se convirtió en la obra insignia del renacimiento del género. La actuación de su protagonista, la joven actriz Maika Monroe, tiene cautivados a todos los que vieron la película desde su estreno en Cannes en 2014. It follows combina una ambientación suburbana y una estética que recuerda al cine de terror de la década de 1980 con una premisa paranormal: después de una noche de sexo apasionado entre una chica y su novio, él le explicará a ella que ahora será acosada por varios espíritus hasta que le pase la maldición a otra persona.

The Babadook, de Jennifer Kent

Junto a It Follows, el largometraje australiano The Babadook de la cineasta Jennifer Kent es la otra gran película de terror de 2014. El sitio Rotten Tomatoes le otorga un 98% en su escala de calificación y destaca su manejo del “horror real” en lugar de “sustos baratos”. Basta con ver el avance para que los pelos de la piel se pongan de punta. El responsable es un libro de cuentos llamado The Babadook que parece en la casa de una viuda y su hijo. El pequeño se convence que la criatura del libro, una figura alta, oscura y de galera, existe y lo está atormentando. El verdadero miedo comenzará cuando la madre se convence de lo mismo.

A girl walks home alone at night, de Ana Lily Amirpour

A girl walks home alone at night es el debut directorial de la cineasta Ana Lily Amirpur y resulta una mezcla extraña de varios ingredientes culturales. La película, basada en una novela gráfica, es estadounidense pero es presentada como el “primer western vampírico iraní” y está hablada completamente en persa. Filmada en blanco y negro, se sitúa en la ciudad iraní ficticia de Bad City, donde un vampiro vaga todas las noches en busca de sangre. El filme evoca a David Lynch, a los western europeo y arroja un romance teñido de sangre en el medio.

The guest, de Adam Wingard

La joven actriz Maika Monroe (It follows) se somete a correr por su vida nuevamente, aunque esta vez no es un espíritu maligno el que la atormenta. El horror de The guest reside en la forma de David, un exsoldado de Afganistán que visita la casa de un viejo compañero de guerra. A medida que el huésped va encantando a cada uno de los miembros de la familia, se darán cuenta que no es quien dice ser. El actor británico Dan Stevens, conocido por su papel enDownton Abbey, abandona la aristocracia inglesa para encarnar un antagonista magnético capaz de ganarse el encanto y el odio de la audiencia por igual.

What we do in the shadows, de Jemaine Clement y Taika Waititi

Técnicamente, el filme neozelandés What we do in the shadows no es una película de terror, pero su temática vampírica amerita mencionarla. Una de las mejores comedias de 2014, es un falso documental centrado en Viago, Vladislav, Deacon y Pety, cuatro vampiros que abren las puertas de su casa para mostrar cómo viven el día a día en la ciudad de Wellington. Su rutina se ve cambiada cuando convierten a un humano y deben aprender a convivir con sus costumbres del siglo XXI en su hogar. El filme es una prueba de que a veces, el horror puede ser muy gracioso.

El Observador

 

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