“Cueva de luz”: un proyecto cultura inclusivo en Costa Rica

Suena un minuet de Bach. Por el escenario desfilan niños y niñas de distintas edades. Unos tocan flauta, otros violín. Los más pequeños cantan de memoria “Estrellita”. Cajones, tambores. Siguen karatecas, un equipo de judo, costureras. Estamos ante un gran Festival de Talentos que se prolongará por varias horas de este sábado de julio, ante la presencia de papás y hermanitos/as emocionados que desde el público aplauden efusivamente. No cabe un alma más en el lugar. Por las ventanas, muchos otros se asoman para tratar de ver.

Nada de esto extrañaría si no fuera por el lugar en el que estamos: un salón en medio de una de las comunidades más vulnerables de la capital de Costa Rica, la ciudadela La Carpio, poco más de 20 kilómetros cuadrados de estrechas calles, pulperías que ofrecen comida chatarra empaquetada y pequeñas viviendas de piso de tierra formadas de latas, en donde habitan miles de personas.

Esta ciudadela, ubicada en el cantón de La Uruca, se conformó en la década de los 90, cuando terrenos pertenecientes al gobierno fueron invadidos. Actualmente tiene 9 sectores en los que residen unos 50 mil habitantes.

Estamos en el sector que hasta hace unos 5 años era el territorio más temido de La Carpio. Despectivamente conocido como “La Cueva del Sapo”, era el centro de operación de pandillas y traficantes. Hoy, su historia es diferente, pues el arte, el deporte y otras actividades han cambiado el lugar y han propiciado que el talento de estos chicos haya llegado hasta el Teatro Nacional y los Juegos Deportivos Nacionales.

El símbolo más grande de esta transformación está justo detrás del salón en el que nos encontramos: un edificio de 900 mts2 de construcción con cuatro pisos, construido por completo en madera que se ha levantado desde el 26 junio del 2014: “Cueva de Luz”, una prueba tangible de que cuando la inversión social se quiere hacer, se puede, tras tantos intentos fallidos de uno y otro gobierno por recuperar esta zona.

Este edificio, en conjunto con el centro comunal de la zona, alberga más de cien talleres semanales de arte, deporte y emprendimiento; impartidos por cientos de voluntarios que se han ido sumando al proyecto Sifais (Sistema Integral de Formación Artística para la Inclusión Social) que funciona desde el 2011 en La Carpio bajo el liderazgo de la abogada y periodista Maris Stella Fernández.

Sifais ha instaurado un modelo de desarrollo social que empezó en el 2011 con 20 flautas de plástico, 20 pares de bolillos, una guitarra y muchas ganas de ayudar. Hoy, es un modelo digno de emular que beneficia a más de 600 personas de la comunidad a través de la capacidad transformadora de la cultura. Hablamos de más de 600 personas, porque un joven que toca el violín, por ejemplo, no solo se transforma a sí mismo, sino que a su familia, amigos y entorno social inmediato. Sus testimonios así lo revelan.

Fernández lo define de manera muy simple: “cuando vos estás en un ambiente donde la gente canta vos cantás, si la gente es muy agresiva vos te volvés agresivo y si la gente está sirviendo con alegría eso se contagia”.

Es por eso que cientos de voluntarios se han sumado a la iniciativa de manera desinteresada. Incluso, artistas y agrupaciones nacionales como Luis Montalbert, Pedro Capmany y Akasha han compartido con los alumnos de Sifais.

 “Es un espacio de experimentación práctica de lo bonito y eficaz que es ayudar a los demás”, señala Maris.

Es más que eso: es una prueba de que la inclusión social puede venir desde la misma comunidad. 

Red Cultura

 

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