Una huella profunda en el tango

Poeta del tango, miembro de una estirpe a la que pertenecieron colegas como Horacio Ferrer y Eladia Blázquez, continuador de una obra tanguística que llegó a interactuar con la generación actual del género, Héctor Negro falleció en la madrugada de ayer en una clínica, tras sufrir reiterados ACV en el transcurso del año. Su despedida tendrá lugar hoy en la Capilla del Cementerio de la Chacarita, y en el Panteón de Sadaic allí ubicado descansarán sus restos. En su memoria, la Academia Nacional del Tango realizará un homenaje el próximo lunes, a las 19.30, en el Museo Mundial del Tango Horacio Ferrer (Av. de Mayo 833).

Había nacido el 27 de marzo de 1934, con el nombre de Ismael Héctor Varela. Era un chico cuando ya hacía letras para murgas en el barrio de Belgrano, donde había nacido, y ya en 1954 escribió su primer tango, “Calle nuestra”, al que le puso música Domingo Armendaro. En 1955 fundó el grupo de poesía El Pan Duro. Escribió para la página de Tango del diario Clarín entre 1981 y 2000, además de sus frecuentes colaboraciones en periódicos y revistas literarias. Publicó libros de poemas como Bandoneón de papel (1957), El fuego lúcido (1961), Luz de todos (1965), Para cantarle a mi gente (1971), La ciudad invadida (1975), Testigos de la ciudad (1977), Gorrión del mundo (2005), El lenguaje y la poesía del fútbol (2005) y La verdad sobre El Pan DuroGrupo de poesía 1955/1964 (2007), entre muchos otros.

Entre las muchas letras de tango que compuso, la más conocida es “Esta ciudad”, musicalizado por Osvaldo Avena. Otras letras de tango destacadas son “Bien de abajo”, con música de Arturo Peñón, estrenada y grabada en 1967 por Osvaldo Pugliese, “Tiempo de tranvías”, estrenada con música de Raúl Garello en 1979 y “Viejo Tortoni”, que fue musicalizada por Eladia Blázquez. Son más de doscientas letras de tango que ya forman una parte sustancial del cancionero, y que resultan un testimonio poético de cuestiones tales como el fútbol, el barrio y sus circunstancias, la porteñidad y la provincianía. Una poesía que dejó huella en el género con trazos modernos, formas y giros muy personales y renovadores para el género, y a la vez siempre atentas a las raíces de ese tango que supo construir.

Publicado en Página 12