Las lápidas de este cementerio no tienen los nombres de quienes dejaron la vida, mucho menos fechas de defunción. Sus marcas son únicamente dibujos de personas que cargan a sus muertos, los Cargueros, una serie de figuraciones de la artista bumanguesa Beatriz González, que ilustran la obra monumental El cementerio central del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, espacio ubicado en el Centro de Bogotá, creado como una reflexión sobre la memoria.

Esta idea de crear lugares destinados a mirar el pasado, a dimensionar lo que han significado flagelos del país como el conflicto armado, y así comprender el papel de las víctimas, la verdad y la no repetición tiene que ver con la idea de la memoria como un patrimonio inmaterial que se hace inmueble o mueble de diferentes maneras.

La semana pasada, cincuenta organizaciones nacionales e internacionales involucradas en procesos de memoria, derechos humanos y cultura de paz, participaron en el  IX Encuentro Regional de la Red Latinoamericana de Sitios de Memoria de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia, en el cual fueron expuestos los diseños del Museo Nacional de la Memoria, que será construido en Bogotá, además de concretar acciones conjuntas entre los más de diez lugares más que hay ya en el país con dicho enfoque.

Alberto Escovar Wilson-White, director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, precisa que esta visión de la memoria como patrimonio tiene que ver con que “hemos pasado demasiados años pensando en las realidades y en las historias de otros países, o mirando sus arquitecturas, y es hora de hacer un llamado de atención sobre lo que tenemos, lo que podemos hacer con lo que tenemos, y el de dónde venimos, en lo que la memoria es la principal aliada, de la mano de la historia”.

Maritze Trigos Torres, quien hace 18 años acompaña el proceso de Afavic, la Asociación Familiares Víctimas de Trujillo Valle, donde ocurrió una masacre entre 1989 a 1994, dice que “estos se han convertido en lugares de conciencia, con toda una coalición internacional sobre los lugares de conciencia, en cuanto permiten reconstruir la memoria histórica de lo que pasó, para no caer en el olvido; además de convertirse en lugares de duelo para las víctimas, para trascender el dolor, y convertirlos en lugares de resistencia”.

Trigos Torres enfatiza que “son espacios para la memoria en lo que tiene que ver con expresiones culturales, porque se encuentran galería de la memoria, que guardan los archivos, que hoy son un poder político, de conocimiento y el conocimiento da poder”.

Su experiencia, compartida además en el reciente Encuentro Nacional de Patrimonio 2015, la ejemplifica desde el Parque Monumento a la Vida, construido de forma paulatina desde hace 20 años, como “recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como una reparación simbólica de parte del Estado”.

“Tenemos como monumento histórico el Parque que tiene varias áreas: un sendero que recoge catorce masacres del país, desde La Guajira, pasando por San Carlos en Antioquia, Apartadó, y llegar hasta el Putumayo; 235 osarios, un muro internacional con memoria de masacres, el mausoleo con restos del padre Tiberio, párroco de Trujillo, y la ermita de la paz”, agrega.

Así, desde diferentes entidades, con historias similares o totalmente diferentes, Colombia ve en la memoria ideas patrimoniales, reflexiones en el presente para que sirvan al futuro.

Publicado en El Mundo