En Contexto
El 13 de noviembre de 1985 tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz la ciudad de Armero en Colombia fue arrasada por un alud de lodo y lava de diez metros de alto. 25 mil de sus 30 mil habitantes murieron por la catástrofe y la ciudad completa desapareció de la vista al ser sobrevolada.

Como suele suceder con las películas de Rubén Mendoza, su nuevo documental, El valle sin sombras, no es complaciente, en absoluto.

Desde las primeras escenas de la tragedia de Armero, la rudeza de las imágenes y la de las palabras generan la certidumbre de que la grandeza del volcán Nevado del Ruiz solo es comparable con la de los sobrevivientes. Con su dolor y su penoso triunfo frente la indolencia y la crueldad de los humanos. No del nevado.

“He lidiado con la historia de otros, de muchos años, y con mis ganas de escuchar y de que la gente se pueda indignar como yo me indigné”, dice el cineasta, aludiendo a los testimonios de 16 personas que perdieron sus hijos, sus pertenencias, sus piernas o su alma, por una catástrofe que no se quiso evitar. No por el nevado.

La esencia de la película son los testimonios de Edilma Loaiza, Edward Loaiza, María Mercedes Segura, William Rojas, Angélica González, Jorge Vargas, Eduardo Rojas, Martha Lucía Rodríguez, Helí Oviedo, Claudia Patricia Méndez, Emilio Méndez, Leandro Martínez, Marleny Fuentes, Efraín Murcia, Gladis Ramírez y Gabrielina Ferruccio.

Todos fueron llegando a la película, mirando a la cámara con dignidad, gracias al trabajo del asistente de dirección Carlos ‘Fagua’ Medina, que hizo una selección de personajes diferentes, no los obvios. “Empezamos como me gusta a mí –dice Mendoza–, con el lado B de la historia, los que no han podido hablar, los que no pertenecen a entidades oficiales, los que no estaban untados de la reparación oficial de Armero o perseguían algún interés”.

Su único factor común es que fueron vilipendiados, maltratados, damnificados. “No quiero volver jamás a pisar esa tierra”, dice uno de los heridos, con rasguños en la cara y una compresa ensangrentada en la cabeza, en las tomas de archivo de uno de los noticieros de la época.

En imágenes documentadas hace más de 30 años, se evidencian los estudios que predijeron la erupción del volcán y advirtieron del represamiento del río Lagunilla, que llegó a acumular agua suficiente para inundar toda la zona. Se demuestra que numerosos profesionales clamaron por la evacuación de esa represa, y se entiende, con asombro, que esto no se produjo por el desacuerdo en un pago. Se revisan columnas de prensa tituladas ‘La culpa no es del Ruiz’ y llamados de los noticieros a que la Gobernación del Tolima despertara para evitar el desastre.

Y luego hablan ellos, los sobrevivientes: “Es gente que se impuso a una tragedia anunciada, que es lo que más los indigna. Saber que estaban pidiendo a gritos que se dinamitara una represa para no ahogarse”, denuncia Mendoza.

Un destello sin sombra

El director, de 35 años, acusa con su lente: “En realidad, si algo causó la tragedia fue la negligencia. El volcán está ahí, haciendo lo suyo. Es un respiradero de la Tierra, una conexión con sus venas, y pienso que es muy impresionante (…) ¿Cómo se puede culpar a esa belleza? Ese es el colmo de la desfachatez”.

Las historias no hablan de una sola catástrofe, sino de varias mezcladas. Bebés que se pierden y son dados en adopción. Pillaje en los rescates. Corrupción. Carencias en la ayuda humanitaria. “Hubiera sido mejor haber quedado sepultado en el lodo”, exclama un abuelo de carnes magras, un año después de sobrevivir a la avalancha.

Al final, los 16 protagonistas del documental regresan al pueblo, donde la naturaleza ha restaurado un paciente imperio de tres décadas, engullendo las ruinas de sus casas. Abrazándolas. Incorporándolas.

Más arriba, está el nevado. “Allá está siempre la naturaleza intacta, sin pasos encima, limpiecita, hermosa, y abajo está el drama humano… La tragedia estaba lista: podía ser el invierno, como dice uno de los rescatistas, o podía ser el nevado, pero eso ya se iba a desbordar”, afirma el realizador.

La filmación duró unas tres semanas –“luego de 30 años de madurez”, aclara el director–. “El documental es armar la voz de uno con la de otros. Pero ahí está la letra de uno”. En efecto, Mendoza es un hombre apasionado y enamorado.

De su trabajo y de sus mujeres, con quienes hizo el rodaje: su esposa, Margarita Peña (asistente de contenido), y su pequeña bebé, Amalia Mendoza Peña, a quien le da nombre propio en los créditos con la función de ‘Suministro de luz y sonrisa balsámica’.

Además, en la musicalización participa su compadre, el músico santandereano Edson Velandia, que lo ha acompañado en películas como Tierra en la lengua, Memorias del Calavero o La sociedad del semáforo.

Un peligroso sobrevuelo de helicóptero encima del nevado cierra El valle sin sombras, cuyo título encierra coherencia, según Mendoza: “Donde no hay nada, ¿qué puede dar sombra? Y ese nombre se fue intensificando con los hallazgos. Entonces, también donde hay tanta luz (la que despiden los sobrevivientes), ¿cómo puede haber sombra?”.

Se puede ver en cine y en televisión

El director atribuye ‘El valle sin sombras’ a la ayuda de Dago García, vicepresidente de producción del canal Caracol. “Es un hombre al que le gustan la televisión y el espectáculo para el público, y con eso hacer dinero. Y nunca lo oculta. Pero es un tipo íntegro, generoso y directo. Nunca se metió a decirme qué debía quedar o no, y ha apoyado muchas nuevas miradas. Mucho cine”, dice Mendoza. Caracol emitirá la película el domingo 15 de noviembre, en la noche, después de Séptimo Día. Pero, además, algunas salas la proyectarán así: Cinema Paraíso (Bogotá): hoy, 6:30 p. m.; mañana, 7:40 p. m. Centro Colombo Americano (Medellín): hoy, 4:15 y 6:15 p. m. Mañana, 8:15 p. m. Cine Tonalá (Bogotá): 25 de noviembre, 7:30 p. m.

Publicado en El Tiempo

El 13 de noviembre se cumplen 30 años de la tragedia de Armero, una de las peores catástrofes naturales de la historia de Colombia. Por este motivo, en noviembre llegará a salas de cine ‘El valle sin sombras’ del director Rubén Mendoza, un documental que narra muchas historias aún no conocidas por los colombianos.

La opinión del director

Para Rubén Mendoza, este documental nace de la necesidad de revelar todas esas historias que se quedaron sin contar, una manera de “mirar a estos personajes con respeto” y de mostrar que la catástrofe solo fue el inicio de otra tragedia que ha durado 30 años.

Una de las revelaciones más dolorosas que expone ‘El valle sin sombras’, es narrar la suerte de los niños desamparados que entraron en procesos de adopción por parejas europeas, y la lucha titánica de sus padres. Sobre este tema el director asegura: “Los niños desaparecidos de Armero son una causa que defienden muchos de los sobrevivientes de la tragedia desde esos días. Unos niños que además de quedar prácticamente sin pasado y sin vínculos, no tuvieron la posibilidad de esperar a que sus familiares salieran de las clínicas o se confirmaran como muertos para tratar de curar su destino. Es un tema doloroso que sacó de la cordura a muchas familias. A ellos no se los llevó el lodo, pero sí la ansiedad, el desequilibrio… el remolino de la locura”.

El director también ser refiere a la mayor dificultad al abordar de nuevo esta tragedia y puntualiza sobre esas personas que “han sido ultrajadas y humilladas desde hace 30 años, como los Armeritas que murieron o aquellos que sobrevivieron en una tragedia anunciadísima, le hierve la sangre una vez más por ser colombiano. Por haber tenido la desgracia de habitar este mundo con esas fronteras tan ineptas e indiferentemente administradas”.

Con respecto a uno de los grandes símbolos de la tragedia, Omaira Sánchez, el director asegura: “Los Armeritas están hartos de las lluvias de florecitas cada Noviembre, hartos de ver como ya se trafica con su Campo Santo. Omaira no es culpable de nada. Omaira es una hermosura de niña que duele en el alma, pero como bien dice uno de los personajes de la película, fue el símbolo perfecto para consolidar el olvido: “se hace un símbolo para olvidar”. Su dolor, su visión y su existencia eran luz. Pero la banalización de su imagen, el tráfico de su dolor, el facilismo de la prensa, la han convertido casi en un verdugo del dolor para muchos de los sobrevivientes de Armero.

Sinopsis oficial de la cinta

Uno de los pocos dolores colectivos en la historia de Colombia es la tragedia de Armero: pueblo borrado por una avalancha en la tenebrosa noche del 13 de Noviembre de 1985 y donde quedaron sepultadas en 15 minutos, más de veintiocho mil personas. Pocos saben que el desastre fue anunciado, y que para muchos la tragedia que empezó ese día, se extiende en una cadena de abandono, abuso y humillaciones hasta hoy. Enterrado el pueblo en donde no llega la luz, este documental escarba entre el dolor de algunos de sus más aguerridos sobrevivientes, en el carácter amargo y hermoso de sus ruinas, en la magnificencia del Volcán Nevado del Ruiz, que logró para esta película ser observado, y honrado, como no fue filmado nunca.

Publicado en Señal Colombia