aMorFo: Te busqué de Mario Rosales (Guatemala)

En Contexto
«aMorFo: Te busqué» es un cortometraje clave en la cinematografía moderna guatemalteca. Realizada en homenaje a las víctimas de la quema de la Embajada de España en Guatemala el 31 de enero de 1980, durante la dictadura de Romeo Lucas-García, la película habla de la violencia que atraviesa los últimos cuarenta años del país. Al cumplirse 36 años del hecho el cortometraje fue subido a la plataforma YouTube por primera vez, para ser visto libremente

Amorfo: te busqué

Por Pedro Luis Alonso

Esta película noquea, pero sólo hasta el final. La noqueada, el aplanamiento, la turbación es cuando vas de regreso a casa tratando de digerirla. Antes, no. Mientras la estás viendo, la vas sorbiendo con fruición, con verdadero placer. No te la esperabas. Te estás comiendo un suculento plato cinematográfico genuinamente nacional que la primera reacción que te provoca es la de la sorpresa: se cuecen aquí ya buenas habas, hay calidad en el incipiente nuevo cine guatemalteco. Un lenguaje visual casi perfecto con sugerentes toques surrealistas, una plástica de galería, banda musical exquisita, texto poético, notable interpretación, ritmo justo. Has pasado media hora frente a un producto lleno de aciertos formales y puedes ufanarte de haber presenciado una obra de arte.

El envoltorio, sin embargo, no es el de un dulce. Estos artistas malditos, provocadores te acaban de engañar. No es solo que hayan querido jugar contigo ofreciéndote luces y contraluces, erotismo y náusea, bellos dorsos desnudos y caras descompuestas, folklóricas calles y siniestras oficinas, hermosas playas y playas-cementerio (de cualquier forma estructurado todo ello en un producto final estéticamente respetable). Es que te han metido en el estómago una película que, de vuelta a casa, comienza a provocarte la pesadez y las agruras de una mala cena.

Es lo que querían. Y han querido comenzar a despistarte, desde el título mismo de la película: AMORFO, lo que no tiene forma. ¿Cabe mayor inocencia? Ese vagabundeo de imágenes no ajustadas a la línea argumental definida, esa posmoderna renuncia a juicios e interpretaciones, ese dejar caer sobre el tapete de la pantalla los dados de unos acontecimientos perdidos en el pasado reciente sin intención alguna de racionalizar causas y consecuencias… esa expresa negativa a proponer soluciones, esa AMORFIDAD de la película…Pareciera que sí, que estamos ante una película inocente o, como décadas atrás diríamos, políticamente neutra, descomprometida, ¿cínica quizás?

Pero no hay tal. Ese título de AMORFO es sólo un guiño, un juego, el formal despiste, el envoltorio de algo muy definido y peligroso…al menos para el estómago de uno. No te mete la película en el estómago el inocuo elixir de la AMORFIDAD, etérea, ligera, vaga, ingrávida, espumosa como el Alkatzelser…Te mete el plomo, rabia, tristeza. Quiero pensar que también esperanza, aunque sólo para después del mal trago de la digestión, para después de la necesario catarsis.

Desde que AMORFO, aún sin intenciones de propuesta, acaba soltando sobre la mesa los datos para una historia de amor con la violencia y el terror políticos de principios de los ochenta como fondo, está ya formalizando un tema, un problema, una parte existencial importante de nuestra vida social guatemalteca. Está dejando de lado cualquier sospecha de inocencia, informalidad y banalidad. Y está dejando de ser cínica. Los cínicos son engañadores absolutos, que dicen plantear problemas pero se guardan en el bolsillo todas las llaves, desde el momento que lo que no es más un problema sin solución, es decir, lo cierran al momento mismo en que dicen abrirlo como problema. Nuestra película no. Está proponiendo al espectador, y muy formalmente, tareas humanas, de reflexión, de maduración, de ética. Pasa de ser una película amorfa para convertirse en una película, no cerrada ni dogmática, abierta ¿Abierta a qué? Yo diría que, en último término a la esperanza, después como he dicho del mal rato de la digestión. La memoria de lo pasado es catarsis. Duele y pesa como problema. Pero como es la verdad, como es memoria de dolores y traumas reales y sólo la verdad nos hace libres, incita a la búsqueda de cambios, de mejores caminos, de soluciones pluralmente consensuadas y honestas –es decir desinteresadamente – consensuadas. Plantearse, como hace la película, los temas es ya acotarlos para su visualización racional y ponerlos en el disparadero de la esperanza liberadora. Es proyectar sobre el absurdo y el nudo apretado la primera mirada de inteligibilidad que permitirá después los mecanismos para salir del pantano, desatar los nudos y liberarse del fardo de la historia.

AMORFO trae el recuerdo de unos años negros para Guatemala caracterizados por la violencia, la arbitrariedad, la irracionalidad, la mordaza, el absurdo, el ahogo. Recoge el tono de la época. Que era ese: un sinfín de escenas inconexas, desintegradas, mortales y oscuras sobre las que no podía decirse, si no a riesgo de verse uno mismo envuelto en la vorágine del arbitrario castigo, la palabra clarificadora de la denuncia o del análisis, una época donde imperaba un mandamiento: no pensar, no hablar, no escribir, no debatir y en la que algunos –tan encapotado estaba el cielo de la jungla nacional- pensaron acogerse a los techos liberales de una embajada, donde en vez de altavoces para sus denuncias acabaron encontrando más de lo mismo, muerte y solo muerte. Era aquella una época de miedo, desde lo amorfo. Instalada la brutalidad en el poder ¿qué otra cosa podía esperarse sino la maraña informe y monstruosa de acontecimientos, vivencias, placeres truncados y golpes contra el muro que, de manera tan plástica, reconstruye esta película? Amorfa es la situación que presenta pero no la película que es, por el contrario, un primer ejercicio de rescate, de planteamiento, de clarificación y de forma. Una especie de lúcida racionalidad para visualizar el monstruo. Han hecho bien los muchachos en jugar al engaño con nosotros. Aparentemente amorfa, la película sólo lo es por su renuncia a la última palabra, que la dejan en manos nuestras, las de los espectadores. Por lo demás, por la fuerza del planteo del tema y del problema, la película es contundente como un mazo, como un alimento grueso o como la oscura boca de un túnel al final del que, no importa cuan largo parezca, deberá resplandecer siempre, siempre la luz de la esperanza.

Guatemala 9 de febrero de 2006.

Publicado por La Hora

Amorfo: Te busqué, 10 años después

El tiempo se va volando y como si nada una década ha pasado desde que se estrenará en el país una película de corte poético que coloca los puntos sobre las íes y nos muestra en forma cruda el desencanto de una generación que creció con las heridas y las costras dejadas luego de 36 años de conflicto armado en Guatemala.

La sociedad guatemalteca ha sido conmocionada por una serie de acontecimientos relacionados a la guerra y las recientes capturas de militares vinculados con crímenes atroces han dado lugar a que se perciba la polarización de un país enfermo de injusticia. Amorfo: Te busqué es según sus realizadores un homenaje a todas las víctimas de la quema de la Embajada de España en Guatemala que murieron asesinadas durante la dictadura de Romeo Lucas-García hace 36 años, un 31 de enero.

La Hora conversó con las mentes detrás de la cámara y el papel, los creadores de un cortometraje experimental que transformó el panorama cinematográfico a mitad de los años 2000, Gustavo Maldonado y Mario Rosales.

¿Cómo surgió la idea del guión?

Gustavo Maldonado: Cuando conocí a Mario, tenía unos textos, Amorfo y Te busqué que para mí como poemas son una basura pero visualmente tenían imágenes interesantes. Se los pasé para que aquel los leyera.

Mario Rosales: Yo no diría que son una basura, son buenos textos que representan un momento de aquel.

G. M.: En todo caso sí, tenés razón en eso y el de Amorfo pues me gustaba más. Aquel se fue a estudiar una maestría de cine a Nueva York y vino a Guatemala a presentar su tesis (La muerte de Diógenes). Un día íbamos en el carro por la zona 3 cuando le Mario mencionó que hiciéramos algo y yo le dije que deberíamos tomar aquel texto (Amorfo).

Nos sentamos una semana en el jardín de la casa de Mario y nos tiramos el guión.

Sentí que cuando estábamos haciendo el guión estábamos conspirando contra todo lo que nosotros detestábamos de esta sociedad. Todos esos valores conservadores, todo ese militarismo y todas esas mentalidades cerradas que piensan tener la verdad absoluta.

M. R.: Es un texto re largo entonces la adaptación para un guión era recortar un montón. Son 120 páginas. Trabajé mi anterior película durante casi 2 años (La muerte de Diógenes) y Amorfo fue una onda super intensa y rápida.

¿Qué reacciones provocó Amorfo luego de su estreno?

G. M.: Se estrenó en el desaparecido Magic Place y tuvimos que hacer dos funciones porque se llenó la sala más grande hasta con gente en el suelo.

La intención del corto era provocar, provocar y generar debate porque si lo colocás en el contexto de los 14 foros que se realizaron a partir del estreno, los personajes que participaron se eligieron para generar controversia, en todos los foros hubo discusión intensa. Dijeron desde que se reflejaba la estética del videoclip hasta que era una cosa mal hecha que no nos pertenecía y que estábamos haciendo cosas con una historia que no era la nuestra porque nosotros éramos de otra generación, nos dijeron cualquier cosa pero nos sentíamos bien como dice Mario, complacidos, en el sentido de que generó debate y en ese sentido creo que seguimos compartiendo el hecho de que el arte y la creación son para eso, para generar debate, no para vanagloriarse de la autoría ni tampoco para generar protagonismos sino para poner a la sociedad a discutir.

M. R.: Como artista lo que más querés es hacer reaccionar a la gente. El corto despierta tanta pasión en la gente que a algunos les genera disgusto y si a ellos les molesta eso es exactamente lo que estábamos buscando. Se trata de un rompimiento de tantas cosas, no solo de la pareja que lo protagoniza sino de lo social y lo político. Algunas de las reacciones son a partir de que lo odian y que está mal hecho pero se trata de eso, el corto les afectó y ahí el rechazo.

¿Con qué obstáculos se toparon para producir la película?

G. M. El primero es el típico: el financiamiento, la película no es de bajísimo presupuesto, es de cero presupuesto. Lo que sí recibimos fue un apoyo de los artistas y la gente de equipo técnico totalmente abierta que permitió que se realizara la cuestión.

M. R. La muerte de Diógenes la trabajé con Roberto De León, él puso gran cantidad del equipo y en Amorfo, él dijo que también estaba interesado y volvió a poner el equipo y a pagarle a los técnicos. Nosotros a los artistas (como no teníamos dinero) lo que sí les propusimos fueron los viáticos (comida y transporte).

¿Por qué han decidido mantener la película ajena a Youtube, por qué no la han soltado antes para que le llegue a más gente?

M. R. Pues porque también no publicarlo pues… no era el momento. Creo que ahora es el momento perfecto.

G. M. El corto se va a liberar el 31 de enero y creo que no se había hecho esto antes porque cada quien andaba en sus propios caminos creativos y porque coincido también en eso con Mario de que en ese momento fue como una cubeta de agua fría que dejo cierta reacción. Publicarlo ahora quizá nos indique el valor como pieza dentro de la historia de la creación audiovisual en Guatemala. Ahora ya se puede situar de otra manera, hay otra generación de gente que quiere verlo.

Creo que los acontecimientos del año pasado y el debate que ha surgido a partir de allí dejaron una masa crítica mayor y en lo simbólico alguna ciudadanía más de capas medias ha estado abriendo los ojos y empoderándose más y plantándose frente a cuestiones como la corrupción, hay un mejor nivel crítico y una mayor apertura.

Publicado por La Hora
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