Primera entrega de los relatos ganadores del concurso Microcrónicas de las Calles Latinoamericanas

En Contexto
En los últimos días de Octubre de 2015 lanzamos tímidamente nuestro concurso “Historias en las calles latinoamericanas” para textos en formato de crónica que no superen los 1000 caracteres. Convocamos a escritoras y escritores de los 33 países de la región. El entusiasmo de nuestros lectores superó nuestras expectativas. Recibimos más de 300 obras provenientes de más de diez países de toda la región. El jurado internacional conformado estuvo conformado por Sergio Olguín de Argentina, Cristian Londoño Proaño de Ecuador y Marcos Daniel Aguilar de México. Las doce obras ganadoras serán publicadas en cuatro tandas de a tres, con nuestra actualización de los días viernes.

Noche Veinte

En la ciudad de Potosí, Bolivia. Es domingo veintiséis de junio del dos mil quince, casi media noche. Las alarmas locales llaman a las calles, campesinos afines al gobierno tratan de tomar la ciudad, debemos defenderla.

En todas las calles de la ciudad, se encienden fogatas para mantener el calor en las personas, pues aun estamos en el frío invierno a cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar. El miedo y la ira pronto se esfuman, y nos quedamos platicando hasta cerca las cuatro de la mañana.

Es lunes veintisiete de junio, el día veinte del gran reclamo del pueblo potosino. La noche anterior no hubo nada de que preocuparse. Se dijo por ahí que sí hubo enfrentamientos, pero los campesinos eran escasos y se retiraron.

Son las ocho de la mañana, las calles de la ciudad están negras por las fogatas anteriores, las calles son testigos del potosinismo, hasta la más olvidada de las calles estaba llena de polvo de carbón, recuerdo de calles vigilantes.

Juan Miguel Fernández Lucas, 29, Potosí, Bolivia


Aracataca y punto

El tren sigue pasando. Las piedras blancas como huevos prehistóricos, pulidas por la corriente del río Aracataca, no eran una exageración literaria. Tampoco mentía Gabriel García Márquez cuando insistía que en Macondo se respira un aire sofocante, a cualquier hora del día.

Aracataca queda al norte de Colombia. Como no tiene salida al mar, está fuera de la ruta turística tradicional. Sus habitantes tienen el sol en su hablar.

En 2006, los cataqueños dijeron NO en un plebiscito popular para rebautizar el pueblo con el nombre de Aracataca-Macondo. Ganó el no, ganó el “Aracataca y punto”.

Estamos en 2015. Aracataca no lleva el nombre de Macondo, pero la aldea se lo apropió de manera tal que uno camina viendo personajes de Cien Años de Soledad. Todos tienen una historia con Gabo para contar.

Aracataca es el Macondo que nos duele. No hay agua potable, hay pobreza, hay un monocultivo de aceite de palma, no hay turismo. Este año, el pueblo cumple cien años de su fundación. Cien años de Soledad.

Natalí Risso, 29 años, Buenos Aires, Argentina

Soy licenciada en Economía, me encanta viajar y me apasiona la escritura. En orden inverso. Encontré en el periodismo la posibilidad de combinar estas tres pasiones. De hecho, estoy en búsqueda de dedicarme a este oficio.


El hombre que atrapó una calle

Puede atraparse una calle en una cajetilla de cigarros. Pedro Gómez lo hizo.

Bocetó en el pequeño espacio. Apretó las ideas. Encontró música en el paso de los enamorados, en las vidrieras:

Resulta tan familiar / ver las parejas pasear / como van y vienen / calle arriba y calle abajo”
Pedro Gómez llegó a Santiago de Cuba con las cuerdas de los Hermanos Avilés, con el mar de Gibara a cuestas. La calle le susurró la letra, le aguzó la mirada en la esquina del cine Cuba. Nancy Maura lo doblegó de un bolerazo, lo hizo santiaguero de golpe. Y Pedro encontró en la calle de todos los días, la arteria universal, la inspiración.

El Concurso Adolfo Guzmán premió su inspiración en los años ochenta. El conjunto Son 14 puso a bailar a toda Cuba, a todo el Caribe. La calle se levantó con sus olores, con su historia, con sus locos amables. Y Enramadas entró en el mapa musical del mundo:

    “Calle Enramada mayor / novia de nuestra ciudad / populosa arteria principal /  de mi Santiago. / Me gusta ver, al calor, el sol ardiente / la sonrisa de la gente felices al caminar…”

Puede atraparse una calle en una cajetilla de cigarros. Pedro Gómez lo hizo.

Reinaldo Cedeño Pineda   47 años, Santiago de Cuba

Periodista, poeta, investigador y promotor cultural. Actualmente miembro del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Autor de varios libros y premiado en cuatro ocasiones el Concurso Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre y en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo Cultural (1998 y 2001).


Los doce textos seleccionados por el jurado son:

Aracataca y punto de Natalí Risso, Argentina
Días de cine, días de oro de Alexander Amézquita Pizo, Colombia
Digno funeral para sepulturero de Janeth Osses Barrera, Colombia
El coche es un mero accidente en La Habana de Benito Pastoriza Iyodo, Puerto Rico
El hombre que atrapó una calle de Reinaldo Cedeño Pineda, Cuba
Esas ganas de volver al pueblo de Romina Noelia Fernández Di Santi, Argentina
Guerra de Víctor Freyman Vargas Pedraza, Colombia
Hoy no es un buen día para vender de Orlando Saucedo Pacheco, México
De islas de Silvina Mariel Martínez Cabrera, Argentina
Las escrituras sobre la pared (I) de Cintia Mannocchi, Argentina
Lionel de Ignacio Piñeiro, Argentina
Noche Veinte de Juan Miguel Fernández Lucas, Bolivia

Cada una de las microcrónicas recibidas permite que nos reconozcamos en nuestros relatos, en nuestros personajes, en lo que ocurre en nuestras calles. Nos permite vernos con nuestros propios ojos y demostrarnos que estamos mucho más cerca de lo que nos quieren hacer creer. Conocernos es una de las formas de la creación de identidad.

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