Un abogado colombiano solicitó al gobierno de su país que reclame a España el Tesoro de los Quimbayas, una colección arqueológica de oro que el país andino regaló hace 124 años, confirmaron fuentes judiciales.

Felipe Rincón Salgado elevó el reclamo ante la Corte Constitucional colombiana, que decidió estudiar una tutela que interpuso cuando el Consejo de Estado desestimó su causa.

El abogado consideró que recuperar el tesoro, hoy expuesto en el Museo de América de Madrid, “es un acto de soberanía cultural e histórica”.

“No debemos avergonzarnos ni ser timoratos en reclamar nuestro patrimonio cultural, arqueológico e histórico. Así lo ha hecho Perú, México, Egipto y la misma España, es un tema claro de identidad”, manifestó Rincón en la solicitud.

El abogado sostuvo estar “convencido” de que España devolverá las 123 piezas “pues es consciente de que moralmente el tesoro Quimbaya pertenece al patrimonio de Colombia”, algo con lo que no parecen coincidir todas las entidades del propio Estado colombiano, consignó la agencia EFE.

Para escuchar la opinión de expertos al respecto, la Corte Constitucional llamó a académicos, historiadores y entidades como la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo e incluso los ministerios de Cultura y Exteriores antes de emitir su decisión, que se conocerá en 30 días.

A favor se situó el representante de la Defensoría enviado al alto tribunal, Esneider Cifuentes, quien dijo que las piezas “constituyen un elemento enriquecedor de la identidad cultural de nuestro país, en el sentido de posibilitar a los pueblos indígenas que perviven en Colombia y la sociedad en general, una relación con sus memorias ancestrales que sin duda deben ser recuperadas”.

En tanto, la viceministra de Exteriores, Patti Londoño Jaramillo, recordó que la entrega del tesoro a la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena en 1892 “constituyó una manifestación de voluntad de la República de Colombia, dentro del marco normativo interno vigente, la ser el Jefe de Estado el representante natural y legítimo ante los demás Estados”.

El tesoro, integrado por estatuillas de oro y algunas piezas de cerámica, fue elaborado por la cultura precolombina indígena Quimbaya, que habitó en el centro de Colombia, donde fue diezmada durante la Conquista hasta desaparecer en el siglo XVII.

La entrega a España se realizó en 1892 por parte del entonces presidente colombiano Carlos Holguín Mallarino, para agradecer la ayuda que le prestó la Corona en una disputa limítrofe con Venezuela.

Las piezas fueron exhibidas en Sevilla, en el sur de España, en dos Exposiciones Universales, la de 1929 y la de 1992, al conmemorarse el quinto centenario del descubrimiento de América, y posteriormente pasaron al Museo de América de Madrid.

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El tesoro quimbaya: un regalo dorado

En 1893, el presidente Carlos Holguín Mallarino le envió un regalo a la Corona española que motivó un mensaje de gratitud de la reina María Cristina de Habsburgo: “Yo siempre creí que vuestro país era fabuloso en bienes artísticos, pero veo que lo es aún más en la nobleza e hidalguía de sus gentes”. Se trataba del tesoro quimbaya: 122 piezas de oro que habían llegado a la península para una exposición sobre los 400 años del descubrimiento de América, y se quedaron allí.

El júbilo de la reina fue proporcional a la molestia de los colombianos que no entendieron por qué Holguín había hecho semejante regalo, con el argumento de que se trataba de un gesto de gratitud por el apoyo que ella y su país le brindaron a Colombia en un conflicto limítrofe con Venezuela. Muchos años después varios ciudadanos empezaron a reclamar la devolución de las piezas, basados en que el acto del presidente Holguín no contó con el consentimiento del Congreso.

Ese descontento desencadenó una batalla legal que hoy cumple nueve años, y que el jueves vivió un capítulo importante: la Corte Constitucional celebró una audiencia en la que escuchó a los interesados y en los próximos meses dará su veredicto. Sin embargo, Gonzalo Castellanos, asesor de políticas culturales, sostiene que la reclamación no está amparada en ningún tratado internacional y que la única salida de Colombia es la vía diplomática. “Así como el gobierno ha sido muy protector del patrimonio, sería muy bienvenido que promoviera una gestión de buena voluntad con España para acceder al tesoro”.

Hay varias posiciones en esta puja: la del gobierno, para cuyos voceros, como la vicecanciller Patti Londoño, el regalo de Holguín es un acto “legítimo y legal”. La de los organismos de control, que sostienen que su repatriación es esencial para la memoria de los pueblos indígenas. Y la de gestores culturales españoles como Fernando Vicario, director del área de cultura de la Oganización de Estados Iberoamericanos, quien dijo que “lograr que el tesoro quimbaya regrese es un paso para consolidar un espacio cultural iberoamericano en un mundo en el que los símbolos deben tener más fuerza que los asuntos burocráticos y legislativos”.

Sin embargo, hay un elemento más en juego: las relaciones entre Colombia y España están atravesando otra tensión por el galeón español San José, hallado en aguas colombianas en noviembre. Y más allá de la buena voluntad de algunos, nada indica que el gobierno español esté dispuesto a devolver el tesoro quimbaya, sin que haya ningún mecanismo legal para obligarlo.

La historia

El tesoro comprende unas 430 piezas halladas por guaqueros en 1890 en La Soledad, muy cerca de Quimbaya y Filandia (Quindío). Reposaba en una tumba en la que, al parecer, había sido enterrado un cacique o alguien de alto rango. Los saqueadores encontraron ajuares funerarios de oro y cerámica de unos 2.000 años de antigüedad, pertenecientes al periodo quimbaya clásico. Encontraron, además, instrumentos musicales, cascos, narigueras, orejeras, collares, cascabeles, pendientes y figuras antropomorfas. Se calcula que el tesoro pesa 200 libras o 90 kilogramos.

Las piezas de mayor interés son las estatuillas de figuras humanas desnudas que el historiador de arte Pablo Gamboa Hinestrosa ha descrito: se trata de seis pequeñas esculturas huecas que también servían como recipientes, modeladas en cera y luego fundidas en oro, de formas simples con especial énfasis en la cabeza y los rasgos faciales, que miden entre 15 y 30 centímetros.

En aquel tesoro, que hoy reposa en el Museo de América de Madrid, hay también 11 recipientes o poporos de formas esféricas, utilizados por los indígenas para mambear coca. Además contiene una corona, seis cascos elaborados en técnica de laminado y una escultura en forma de cabeza.

Jaime Lopera Gutiérrez, presidente de la Academia de Historia del Quindío –que en 2003 comenzó una campaña para que las joyas regresaran a Colombia–, cuenta que el gobierno compró las 122 piezas de oro por unos 70.000 pesos. Gamboa señala que la persona que halló el tesoro vendió inicialmente las piezas de cerámica y conservó las de oro, y tiempo después empezó a ofrecer las joyas a compradores en Pereira, entre ellos al coleccionista italiano Carlos Bedobelli, quien se hizo a buena parte del tesoro para luego venderlo en Europa y Estados Unidos. El destino de esas joyas bien pudo ser el que sufrieron innumerables piezas desenterradas por esos mismos años, que eran adquiridas por las casas de fundición de Medellín para luego terminar en el mercado europeo en forma de lingotes. de oro.

Las piezas que compró Holguín con dineros públicos sumaban 42 libras de oro (casi 20 kilogramos) de un total de 200 libras extraídas por los guaqueros. Holguín las adquirió inicialmente con la idea de atender en 1892 la convocatoria que el gobierno español hizo a los países hispanoamericanos para que enviaran objetos representativos de sus culturas a una gran exposición universal. Un año después el tesoro quimbaya volvió a aparecer en Madrid en una exposición y en ese momento Holguín se lo regaló a la reina.

Gamboa sostiene que el valor de este tesoro radica en su “perfección formal” y en su “depurado sentido estético”. Los quimbaya –que resistieron férreamente a la colonización y se extinguieron como pueblo hacia 1700– desarrollaron la orfebrería con el detalle, la perfección y el gusto estético que no logró ningún otro pueblo prehispánico. Los conocedores resaltan su simetría, la elegancia, la sencillez, la discreción, la sobriedad, la exactitud de sus trazos, el empeño en la línea perfecta.

Los adornos de oro se convirtieron en el distintivo de este pueblo. Los más poderosos lucían coronas y cascos –símbolo de prestigio y poder espiritual–, collares, varios pares de orejeras y nariguera. Los ajuares iban con ellos hasta la tumba. Y gracias a esa tradición hoy se p

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Gobierno defiende donación de tesoro quimbaya a España

Aunque el presidente Juan Manuel Santos dijo que España no tiene nada que reclamarle a Colombia tras el hallazgo del galeón San José, su gobierno no parece tener la misma postura frente a otros tesoros que hacen parte del patrimonio precolombino que terminó en manos ibéricas antes del siglo XX.

Así lo puso en evidencia la secretaria jurídica de Presidencia, Cristina Pardo, dentro del litigio en el que se busca obligar al Gobierno a recuperar el tesoro quimbaya, que fue cedido a la Corona española en 1893. La funcionaria le expresó a la Corte Constitucional que se trató de una decisión legítima que no puede ser reversada por una determinación judicial.

Pardo explicó que no hay instrumentos jurídicos que obliguen al más alto dignatario a tomar determinada decisión en ese campo. De ahí que no crea que un fallo de la justicia pueda hacer que el presidente le pida a la Corona que devuelva las muestras del arte precolombino.

El tesoro quimbaya fue el nombre que recibió un conjunto de piezas de oro que fueron halladas en Filandia (Quindío) en el siglo antepasado. Por la misma época, Colombia y Venezuela tuvieron un diferendo diplomático que se resolvió a favor de los nuestros por un tribunal de arbitramento en el que fue decisiva la Corona española. La controversia sería definitiva para el destino del tesoro.

En agradecimiento por su gestión, el presidente Carlos Holguín Mallarino donó a la reina Consorte de España María Cristina de Hasburgo-Lorena 122 piezas de otras tantas que hacían parte del histórico hallazgo. Lo hizo en 1893 porque consideraba que el Estado colombiano había quedado en deuda con la monarquía ibérica por su gestión en el conflicto colombo-venezolano.

Más de un siglo después el ciudadano Felipe Rincón Delgado buscó que la justicia obligara a la Presidencia a recuperar esas piezas. Aunque lo logró a través de una acción popular ante un juez de Bogotá, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca revocó la determinación y dejó sin efectos las órdenes emitidas al jefe del Estado para recuperar el tesoro quimbaya.

El accionante lo intentó una vez más a través de una acción de tutela que llegó al conocimiento de la Corte Constitucional. En el curso del proceso, el ponente, Alberto Rojas, convocó a la audiencia en la que el Gobierno defendió la legitimidad de la decisión del presidente Holguín de regalar los elementos.

Y aunque la canciller (e), Patty Londoño, defendió esa misma posición, otros estamentos estatales la controvirtieron. Así lo hizo la Defensoría del Pueblo, que precisó que el gobierno colombiano tiene el deber de exigir la repatriación del tesoro, entre otras cosas porque se trata del patrimonio de las culturas precolombinas, frente al cual existe una obligación para que sea preservado.

El español Fernando Vicario, director del área de cultura de la Organización de Estados Iberoamericanos, dijo que España debe tener un acto de generosidad. Aseguró que debe tener un compromiso frente a la construcción de los valores de la cultura que debe estar más allá de los mandatos de la legislación internacional.

Las conclusiones de los invitados, el demandante y los accionados harán parte del análisis que debe hacer el magistrado Rojas. El elaborará la ponencia que será puesta a consideración de los magistrados de la Sala Plena de la Corte Constitucional.

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Llegó la hora de que Colombia reclame el tesoro quimbaya

Por: Antonio J. Rengifo L.*

El 28 de enero tendrá lugar, en la Corte Constitucional, una audiencia pública en el trámite de una tutela en el caso de anulación de la transferencia de la Colección Quimbaya de Colombia a España. La audiencia, convocada por el magistrado Alberto Rojas Ríos, tiene por objeto clarificar algunos aspectos de ese intrincado caso, con participación de las partes en el proceso, especialistas de la cultura, expertos, funcionarios y docentes de varias universidades, entre los cuales se cuenta el autor del presente artículo.

La convocatoria a esa audiencia pública y la asombrosa confluencia histórica en que España hace reclamación a Colombia pidiendo respeto para sus muertos en el naufragio del galeón San José, invitan a evocar el obsequio de la Colección Quimbaya a España y a desentrañar los significados políticos y simbólicos de esa insólita transferencia de bienes culturales.

Cultura milenaria

El pueblo indígena quimbaya tuvo como centro principal lo que son hoy los departamentos del Eje Cafetero, parte del Chocó y el norte del Valle del Cauca. Los estudios de Luis Duque Gómez para el Instituto Colombiano de Antropología documentaron que los pueblos quimbayas desarrollaron la más importante industria de orfebrería que floreciera en América en la época prehispánica, tanto por las técnicas metalúrgicas empleadas como por la originalidad y belleza artística de las piezas producidas.

Resistieron con bravura la invasión española y defendieron sus tierras con valor y sacrificio de muchas vidas. El trabajo documental de Juan Friede en los archivos de Cartago expuso los mecanismos etnocidas de los conquistadores, que condujeron a la aniquilación del mundo quimbaya. Sostiene que en setenta años de ocupación, fueron extinguidos 80.000 quimbayas. De integrar un pueblo libre, los últimos quimbayas pasaron a ser subordinados a un amo, convertidos en peones jornaleros.

En 1890 fue hallada la tumba de un cacique quimbaya cerca de Filandia, hoy Quindío. Con dineros del Estado colombiano fueron adquiridas las 433 piezas en oro del ajuar funerario, que pasaron a integrar la categoría de bienes nacionales.

Polémico obsequio

En 1892, 122 piezas fueron enviadas a España con el exclusivo propósito de conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América. Una vez las piezas estuvieron en Madrid, el presidente Holguín Mallarino decidió, desde Colombia, obsequiarlas a la reina María Cristina de España, impartiendo para ello instrucciones precisas al embajador en Madrid. Contrariando lo que le ordenaba la Constitución, no pidió autorización del Congreso.

En ese momento se opusieron Rafael Pombo, Salvador Camacho Roldán y otras figuras del Olimpo Radical. De nada sirvió. En tiempos recientes, los presidentes Betancur y Samper han pedido la restitución de la colección a Colombia. Especialistas de la cultura, periodistas, arqueólogos, docentes, antropólogos, historiadores y academias han cuestionado en Colombia la irregularidad del “obsequio”, haciendo el mismo pedido. España se niega.

El presidente Holguín Mallarino, en su mensaje al Congreso de Colombia en 1892, expresó que la Colección Quimbaya, “como obra de arte y reliquia de una civilización muerta, es de un valor inapreciable”.

La civilización quimbaya, a la que se refiere Holguín, fue destruida por los mecanismos de conquista de España, país que, cuatro siglos después, se limitó a recibir el generoso e injustificable obsequio. La reina lo agradeció de buen grado. Es de suponer, con estupor.

De esa forma, lo más representativo y ejemplar que restaba de la cultura material quimbaya, admirables piezas de orfebrería que sobrevivieron a la extinción de un pueblo que prefirió luchar hasta el fin por su libertad, pasaron a integrar el patrimonio cultural español de forma más que cuestionable. Es esto lo que define el voluntarioso obsequio de Holguín como un acto insólito y absolutamente reprochable.

El factor político

La justificación dada por Holguín sin duda obedece más a la retórica que a una razón de Estado. En su mensaje al Congreso, el presidente colombiano afirmó que realizaba el obsequio en agradecimiento por el trabajo acometido en el estudio de una cuestión limítrofe de Colombia con un país vecino. Es un argumento insostenible, pues no es de usanza hoy para los estados, ni lo era en esos tiempos, hacer regalos a los jueces internacionales en agradecimiento por las decisiones tomadas en una controversia, en la actualidad definida e irreversible.

Aunque no tiene relevancia respecto de la ilegalidad misma del obsequio, dos tesis pueden ser avanzadas sobre los aspectos políticos y simbólicos de los procedimientos utilizados por Holguín Mallarino en este caso.

La primera, sobre la coyuntura política que vivían España y su monarquía en la segunda mitad del siglo XIX. En 1874, el general Martínez Campos había gestado el “pronunciamiento” militar que provocó la restauración borbónica en España, proclamando como rey a Alfonso XII, quien, al fallecer en 1885, fue sucedido por la reina regente María Cristina, en representación del hijo menor de ambos.

Entre 1885 y 1902, bajo la regencia de María Cristina, inexperta en los asuntos del Estado, la vida política de España estuvo marcada por la inestabilidad: caciquismo político, expansión de los regionalismos (Cataluña, País Vasco y Galicia), divisiones de las oligarquías, sublevación republicana encabezada por Villacampa del Castillo, terrorismo anarquista, conflictividad social, agravamiento del problema marroquí, pérdida de Cuba y las Filipinas y confrontación con Estados Unidos.

El obsequio de Holguín se presentó, pues, como un gesto de apoyo a la monarquía de los borbones, asediada por la inestabilidad política y los conflictos sociales.

La regencia de María Cristina evidenció la inoperancia de la monarquía y su incapacidad para aportar estabilidad democrática. En 1931 sucumbieron los borbones, para ser restaurados con el rey Juan Carlos, al final de la dictadura franquista.

El factor simbólico

La segunda tesis que amerita alguna referencia es la de los simbólicos en las exposiciones para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América, promovidas por España, Italia y Estados Unidos, que dieron a Colombia, y a otros países de América, la oportunidad para construir imaginarios respecto de su pasado como naciones y presentarlos ante el mundo.

Dos corrientes de pensamiento, contradictorias, dinamizaban los imaginarios para la consolidación de la idea de nación y para respaldar la presencia de Colombia en esas exposiciones. La primera, el “hispanismo” de las élites, que tomaba específicamente a la “madre patria” y a Europa como referentes de modernización. La segunda, el “americanismo”, que reivindicaba la riqueza cultural del glorioso pasado de los pueblos indígenas en el continente.

La transferencia de la Colección Quimbaya a la reina regente de España cerró cualquier espacio para moderar esas dos corrientes, simbolizando, por sí sola, la nostálgica sumisión a una monarquía improbable y a la vez la renuncia imposible a la “civilización muerta” de un pueblo extinguido en América. Simboliza, en suma, las dificultades para impulsar en Colombia, a finales del siglo XIX, un proyecto verdaderamente modernizador e incluyente, basado en la realidad inevitable de nuestro mestizaje.

Es por ello que las opciones de hoy para la restitución de la Colección Quimbaya a Colombia no entrañan el mero retorno material de unas piezas arqueológicas sino también la reivindicación de un legado cultural indígena y de nuestra nacionalidad. Cabe preguntarse, cualquiera que haya sido la motivación de Holguín, agradecimiento, respaldo político o sumisión a una corona en dificultades: ¿no había otra forma —u otro obsequio— para expresar su incondicionalidad personal y excluyente?

En ejercicio del principio de reciprocidad, Colombia también debe exigir respeto a la memoria de los quimbayas —pueblo destruido, civilización “muerta”—, como base de una reclamación a España para la restitución de la colección al departamento del Quindío.

Es impensable que los desarrollos de los derechos fundamentales a la cultura no pudieran aportar una solución al problema de la ilegalidad del obsequio de la Colección Quimbaya.

Es mucho lo que se puede hacer hoy. Existen mecanismos internacionales para la restitución de bienes culturales salidos ilícitamente de los países de origen, como es el caso de la Colección Quimbaya. Un principio general, de validez universal, enuncia que un hecho ilícito no podrá consolidar jamás una situación legal. España no es, y no podrá ser nunca, tenedora a justo título de la Colección Quimbaya.

Todos los colombianos somos herederos de la cultura quimbaya. El legado material está conformado parcialmente por la colección guardada celosamente en el Museo de América de Madrid. Parte del legado inmaterial, documentado por Friede, está resumido en el destino de un pueblo indígena valiente que libró sus luchas movido por el coraje.

Ese coraje debe ser reivindicado hoy para exigir, por medios legales, la restitución de la Colección Quimbaya —legado cultural irreemplazable, obsequio insólito— a una España, para este caso, bastante elusiva. Así están las pugnas por el patrimonio cultural.

* Profesor de derecho internacional de la Universidad Nacional de Colombia.

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