Medio siglo de rock en Bogotá

En el siglo XXI Colombia ha sido un escenario obligado para las bandas de rock del mundo y esto quedó demostrado con la presentación de los Rolling Stones en el estadio El Campín. Sin embargo, el proceso para llegar a este punto fue muy largo.

Cocacolos, hippies y yeyés

Han pasado 54 años desde que en el Teatro Colombia, hoy Teatro Jorge Eliecer Gaitán, se presentara la primera estrella de rock and roll en Bogotá. Bill Halley and his Comets tocaron en diciembre de 1962 y encendieron con su chispa “rocanrolera” no solo el día de las velitas sino la década en la que el rock entraría a formar parte de la vida cotidiana de la ciudad.

Aunque el artista ya no estaba en el apogeo de su carrera, el hecho de que se hubiera presentado en una ciudad en extremo conservadora indica que la capital se empezaba a asomar al mundo a través de la radio y que las ondas del rock and roll empezaban a competir con la música clásica, los pasillos, torbellinos, porros y las canciones mexicanas.

Los sesenta y setenta vieron el surgimiento de cantantes y bandas latinoamericanos que comenzaron imitando a los músicos norteamericanos e ingleses. Así fue como el mexicano Enrique Guzmán, representante de lo que se llamó la Nueva ola, junto con su banda Los Teen Tops, se presentó en Corferías en 1964 y descargó las canciones que todos hemos escuchado: “La plaga”, copiada de “Good Golly Miss Molly” de Little Richard, y el “Rock de la cárcel”, copiada de “Jailhouse Rock” de Elvis Presley.

Mientras tanto, algunas bandas como los bogotanos The Speakers terminaron por alejarse de la imitación, se rebelaron contra la Nueva ola e, influenciados por el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles, realizaron en 1968 su propio disco experimental: The Speakers en el Maravilloso Mundo de Ingesón, todo un orgullo discográfico para la psicodelia latinoamericana.

Nuestros primeros festivales de rock se empezaron a realizar en los setenta, en pleno Frente Nacional. La llegada del movimiento hippie y su “flower power” interrumpió la tranquilidad de los chapinerunos residentes en el Parque Sucre de la carrera 7 con calle 60, conocido desde entonces como el Parque de los Hippies.

Fue entonces cuando los hippies criollos, inspirados en Woodstock, lo tomaron para hacer conciertos. Sin embargo, por estar el parque muy metido en la urbe, decidieron tomarse mejor el Parque Nacional con el Festival de la Vida, realizado en 1970. Allí tocaron seis bandas nacionales y una venezolana.

Inconformes por seguir tan cerca de la urbe, decidieron irse para Lijacá y hacer un concierto durante tres días que se llamó el Festival de la Primavera. Pero como eran unos hippies insaciables, decidieron “abrirse” de la capital a buscar el camino de la felicidad en las afueras de Medellín, donde realizaron el famoso Festival de Ancón en junio de 1971 y de donde los sacaron con orden de la seccional regional del DAS.

El mundo en Bogotá

Axl Rose, vocalista de Guns N’ Roses en el año 2004.
Axl Rose, vocalista de Guns N’ Roses en el año 2004.
Foto: Wikimedia Commons

No obstante, en los festivales criollos faltaban artistas extranjeros de talla mundial, pero no porque no quisieran venir, sino porque se querían presentar solos. Sorprendentemente, para algunos artistas el país no era tan provinciano como podría parecer: aquí había público que pagaba por ver.

Un amigo me contó cierto día que cuando él tenía 13 años se coló al concierto de la banda Guns and Roses en 1992. Yo le respondí que haberse colado a ese concierto era tremenda hazaña para un niño de 13. Él me dijo: “eso no es nada, mi mamá se coló al de James Brown, tenía 15 y fue sola”. Inmediatamente pensé: ¿aquí vino James Brown? Sí lo hizo: el “Rey del soul” tocó en Bogotá en 1973; y también lo hizo Santana en 1972 y hasta Tom Jones en 1973.

Bogotá comienza a ser escenario mundial en los noventa. A pesar de las bombas de Pablo Escobar y del racionamiento de luz, Guns and Roses vino en el cenit de su carrera. El Use your illusion world tour fue seguido con gran expectativa por nuestros noticieros y hasta por el programa Sábados Felices, que hizo una parodia de Axl Rose, cantante de la banda. En esa década también se presentaron en la capital bandas como Def Leppard, Bon Jovi, Pet Shop Boys y Metallica.

Sin embargo, fue la década de la seguridad democrática la que se caracterizó por ser en la que más bandas vinieron a Bogotá. Entre los conciertos más recordados (con los precios de las boletas por las nubes como los cerdos flotantes de Pink Floyd) estuvieron: Iron Maiden, The White Stripes, Roger Waters, Franz Ferdinand, The Killers, Bjork, etc.

En la escena underground la lista es aún más grande. No solo vinieron de los rincones más alejados del mundo sino por varias semanas y con boletas a precios accesibles: Cannibal Corpse, Napalm Death, Kreator, Squirrel Nut Zippers, Muse, Testament, Little Dragon, Petra Flurr, Lamb of God, Lacrimosa y Therion.

Para rematar, el festival Nem-catacoa, que se hizo en octubre de 2010, presentó a The Bravery, Jamiroquai y Green Day en un mismo fin de semana. Este festival hizo una versión más atrevida de nuestro glorioso Rock al Parque, y ha sido reemplazado en el presente por el Estéreo Picnic. Este tipo de festivales quieren ser una versión criolla de Coachella o Lollapalloza, al reunir varios géneros musicales, arte, diseño y atracciones mecánicas en un solo sitio, tratando de introducir a Bogotá en el circuito de los grandes festivales del mundo.

De provincia a cosmópolis

Estadio El Campín en Bogotá.
Estadio El Campín en Bogotá.
Foto: Andrés Osorio

Si antes nos quejábamos de que no venían, ahora pedimos que no vengan tan seguido y menos al mismo tiempo, porque “un sábado en la noche ya no sabemos dónde ir”, como lo cantan los argentinos The Sacados en la canción “Paren de venir”. En esta semana que termina, dos grandes eventos paralelos sacudieron a Bogotá: el histórico concierto de los Rolling Stones en el estadio El Campín (donde ya se había presentado en 2012 Paul McCartney y donde dejó de presentarse Madonna porque en esa ocasión no quisieron prestar el estadio) y la séptima versión del Estéreo Picnic, con una variada descarga de más de cincuenta bandas de hip hop, dance, rock, pop, funk y todos los estilos que solo la versatilidad del rock puede acoger.

Este tipo de eventos son un síntoma de que Bogotá, a pesar de no contar con un escenario apropiado para ello, no solo se asoma al mundo sino que el mundo se asoma a ella. Este es en un proceso de “cosmopolitismo” que arrancó lentamente en los sesenta, en el cual llevamos bastante tiempo rezagados y que empezó con los jóvenes.

Como lo señaló el historiador Eric Hobsbawn: la asombrosa internacionalización de la cultura juvenil dentro de las sociedades urbanas se refleja en un fenómeno principalmente: el rock.

Publicado en Razon Pública
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