Reflejo de la cultura e identidad de su pueblo, el cine boliviano se caracteriza por su diversidad temática y por ofrecer un retrato en el tiempo del desarrollo y las costumbres de esta nación andina.

Al decir del crítico Andrés Laguna, uno de sus roles más importantes consiste en ser un cronista privilegiado, reflejar la historia y el pensamiento de la gente, las transformaciones, los espacios y la sociedad.

Cada película, a partir de su singularidad, registra formas de pensar, de comprender y de ser; dibuja a través de imágenes en movimiento lo que somos, lo que hemos sido, lo que podríamos o quisiéramos llegar a ser, señala.

Asimismo, apunta que la cinematografía nacional ha transitado desde su época muda, el indigenismo y el reflejo de los períodos dictatoriales, hasta las más variadas temáticas y experimentos estéticos de la modernidad, pero siempre en busca de lo boliviano, en toda su complejidad y riqueza.

Por su parte, el también crítico Sebastián Morales destaca la existencia de una continuidad entre las obras de los primeros realizadores y los jóvenes que se inician hoy en el Séptimo Arte.

“Si bien el cine boliviano se caracteriza por una enorme diversidad, hay gestos formales y discursivos que se mantienen sorpresivamente a lo largo de los años”, afirmó.

Se dice que hay un interés, por lo menos en la primera década del siglo XXI, por lo urbano, lo juvenil y por temáticas universales que no aparecerían en la producción anterior, pero eso es discutible. Por ejemplo, en Jorge Sanjinés lo urbano tiene también gran importancia, añadió.

Además, indicó que en los últimos años hay una vuelta hacia lo rural: “Siempre hay ciertas referencias, gestos, viajes, evocaciones a ese espacio que antes era fundamental en la cinematografía boliviana”.

Morales afirmó que 2016 será un buen año para el desarrollo de esa industria en el país, “de la mano de una nueva generación de cineastas que tienen una multiplicidad de miradas, capaces de trabajar en equipo sin dejar de lado una visión de autor”.

En ese sentido destacó la labor del grupo Socavón, integrado por los realizadores Kiro Russo, Pablo Paniagua, Carlos Piñeiro, Gilmar Gonzáles y Miguel Hilari.

Se abre la esperanza de filmes que van a aportar en algo al cine boliviano contemporáneo con miradas frescas y rigurosas. Esto demuestra la necesidad de promover la formación de nuevos talentos con iniciativas como la apertura de la carrera en la Universidad Mayor de San Andrés, señaló.

Desde 2007, cada vez que está a punto de finalizar el mes de marzo, los bolivianos celebran el cine nacional con películas y actividades culturales de todo tipo que recuerdan y promueven los valores y tradiciones de este país andino.

Las últimas semanas del tercer mes del año se convierten en la oportunidad perfecta para homenajear a los impulsores del Séptimo Arte y creadores de todas las edades se reúnen para compartir inquietudes y experiencias.

Es momento de fiesta, pero también de análisis y reflexión: una avalancha de cintas representativas recorre los nueves departamentos de Bolivia, al tiempo que se retoman los debates sobre los logros y el camino que queda por andar.

A las salas y canales televisivos regresan el precursor Luis Castillo con sus retratos de las costumbres urbanas de inicios del siglo XX; José María Velasco Maidana con Wara Wara, ambientada en tiempos de la conquista española, y Jorge Ruiz con Donde nació un imperio y Vuelve Sebastiana, primera película boliviana en recibir un reconocimiento internacional.

También se recuerda al padre jesuita Luís Espinal, destacado luchador por los derechos humanos y promotor del cine en esta nación, asesinado el 21 de marzo de 1980.

Por tales motivos, se prioriza la difusión de filmes sobre la vida de las culturas originarias y los derechos de los pueblos, sobre todo, en centros de enseñanza de áreas urbanas y rurales.

Además, se proyectan las obras del destacado cineasta Jorge Sanjinés, uno de los principales exponentes del Séptimo Arte en este país y creador de largometrajes como Insurgente, Ukamau, El coraje del pueblo y Las banderas del amanecer.

Asimismo, se reconoce el trabajo de Jorge Guerra Villalba, Juan Miranda y Marcos Loayza, cuyo filme Cuestión de fe es una de las producciones bolivianas más premiadas en festivales internacionales.

De la filmografía más reciente resaltan Dependencia sexual, de Rodrigo Bello; Cementerio de Elefantes, de Tonchy Antezana; Zona sur, de Juan Carlos Valdivia y Carga Sellada, de Julia Vargas.

De acuerdo con Max Eguívar, director general de Promoción del Ministerio de Culturas y Turismo, con iniciativas de ese tipo, se pretende llevar el arte a las comunidades y lograr una mayor representación en la pantalla grande de los rasgos, costumbres y tradiciones de Bolivia.

La producción cinematográfica nacional está creciendo y contará este año con un importante apoyo. Estamos trabajando arduamente en políticas que permitan eso, pues nuestro cine es una de las muestras más importantes de desarrollo, es la imagen que proyectamos de nuestro pueblo, señaló.

Por su parte, el titular de ese sector, Marko Machicao, afirmó que el audiovisual es un componente fundamental para la promoción y difusión de la región, del país, su cultura y de sus gestores, por lo que existe toda la voluntad política desde el Estado de apoyar el desarrollo de esa industria.

En opinión de la realizadora Julia Vargas, Bolivia tiene todavía muchas historias para contar y posee jóvenes muy talentosos, ante quienes se abren grandes oportunidades.

Publicado en Prensa Latina