Radio Ambulante, relatos latinoamericanos

El mundo visto por los oídos

Por Emilia Erbetta

Radio Ambulante nació en 2012, cuando Carolina Guerrero y Daniel Alarcón decidieron que ya era hora de concretar el proyecto de hacer para Latinoamérica crónicas radiales, algo parecido a lo que tanto les fascinaba de la radio pública norteamericana. Guerrero es colombiana y Alarcón es peruano, aunque los dos viven en Estados Unidos, él desde los 3 años, cuando su familia se mudó a Alabama, y ella desde el 2000. “Nosotros veníamos escuchando muchos podcast en la radio pública, programas como This American Life, que llevan 20 años con este mismo tipo de estética y estilo narrativo. Un formato que es difícil de adaptar, porque es largo, son las voces de los protagonistas contando su propia historia”, explica Guerrero desde Nueva York, donde vive con Alarcón y sus hijos. Él creció escuchando estas historias, pero a ella la sorprendieron cuando se mudó: “Yo oía siempre noticias de esa manera tan maniática como en Latinoamérica, y de repente un día me cogió una historia larguísima que no se acababa y era obvio que no era ficción, cinco minutos, diez minutos y me preguntaba qué era eso, porque no me podía ir”.

El día que decidieron que iban a encarar el proyecto, les escribieron a sus amigos periodistas desparramados por todo el continente. “Les contamos la idea y al otro día teníamos el inbox lleno de ánimo y del entusiasmo que les producía poder narrar una historia de manera diferente”, cuenta Guerrero. Empezaron a recibir propuestas “y ya no hubo reversa”. Cinco años después, Radio Ambulante estrena dos episodios por mes, tiene decenas colgados en su web y fue premiada por la Fundación Iberoamericana de Nuevo Periodismo con el Premio Gabriel García Márquez en el rubro Innovación.

Ellos escuchaban radio pero no tenían idea de radio. Alarcón es escritor, periodista y profesor en la Facultad de Periodismo de Columbia University, Guerrero es emprendedora y promotora de proyectos culturales y educativos. Ninguno de los dos sabía cómo empezar, ni qué tipo de equipo precisaban. “Creíamos que la tecnología lo iba a facilitar pero no sabíamos que iba a ser mas fácil de lo que pensábamos a nivel técnico”, dice Guerrero. Siguieron con los mails: convocaron a Annie Murphy, corresponsal de la radio pública norteamericana en Bolivia, que les mandó una lista del equipo que usaba para trabajar. Invitaron a la periodista colombiana Annie Correal, que había producido una historia sobre el secuestro de su papá, Kidnap Radio, para This American Life. En una radio pública de San Francisco conocieron a Martina Castro, que nació en Virginia pero es de familia uruguaya, y entre todos le dieron forma a la idea. En estos años el equipo creció y no es casualidad que los que hacen Radio Ambulante sean periodistas trashumantes, que nacieron en un país pero ahora viven o se formaron en otro.

Debutaron con el episodio Mudanzas, de una hora, que reunía varias historias de migrantes. Una era “Todos vuelven”, la historia de Micaela, la mejor amiga de la periodista y escritora peruana Gabriela Weiner, autora de Nueve Lunas y Sexografías. Micaela y Gabriela vivían en Barcelona y “Todos vuelven” cuenta el regreso de Micaela a Perú durante la crisis económica de España. El primer guión, que escribieron a cuatro manos Alarcón y Weiner, tenía 45 páginas. A un minuto por página, les parecía mucho. Editando “a lo mercenario” llegaron a ocho minutos cincuenta y seis segundos, un destilado de melancolía.

Aprender a narrar así fue un desafío para ellos, que todavía viven cada episodio como una artesanía y un proceso de entrenamiento. Son muy rigurosos y exigentes para grabar el audio, Guerrero dice que es como si juntaran bolitas de cristal. Aunque el proceso periodístico puede ser similar al de una nota gráfica –hay que investigar, entrevistar, chequear la información– narrar para audio es muy diferente que hacerlo para prensa escrita: “Cuando narras para audio tiene que ser coloquial, tiene que ser fácil, y hay muchos detalles de la crónica escrita que no caben porque te distraes, el oyente necesita solo lo relevante, como si le estuvieras contando un cuento, porque si no se pierde. Hay que tener en cuenta la voz del protagonista primero que todo y la voz del periodista que está llevando la historia, adelantando ciertos espacios muy largos y explicando ciertas cosas que no son tan claras”. En “El naúfrago”, uno de sus episodios más cinematográficos, Salvador Alvarenga cuenta cómo pasó 483 días perdido en el mar y cuando su voz se pierde porque habla bajito y los recuerdos le duelen, Silvia Viñas, una de las productoras y editoras de Radio Ambulante, lleva la historia con él.

También hay historias argentinas: en “El fotógrafo”, Víctor Basterra, un obrero gráfico que estuvo cuatro años secuestrado en la ESMA y era el encargado de sacar las fotos para la documentación falsa de los represores, cuenta cómo planeó y ejecutó su venganza cuando todavía estaba adentro. En “Fuimos fabricantes”, Elio Zampelunghe recuerda que con su hermano fabricaron un avión en Córdoba en los 60. En “Otro país”, una coreana que se hace llamar Alejandra revela cómo fue que viajó de Seúl a Buenos Aires y terminó metida con una banda de traficantes de personas que movían gente entre China y Estados Unidos.

Las historias de Radio Ambulante tienen buenos personajes, una narración que no suelta y una ambientación tan exquisita que puede hacer que alguien que escucha mientras camina por una calle desierta de Buenos Aires se sobresalte por un bocinazo que suena en Los Angeles. En “La guerra no tiene rostro de mujer”, Svetlana Alexievich dice que a ella, más que mirar el cielo o el mar, le gusta observar un grano de arena por un microscopio. La figura es algo obvia pero exacta: las historias de mujeres que pelearon con el Ejército Rojo contra los nazis que ella rescató para su libro están plagadas de detalles preciosos e inesperados, banales o extraordinarios (“Hicimos a pie los sesenta kilómetros hasta Stalingrado: una se calzaba las botas y otra iba con las pantuflas de mamá, después cambiábamos”). Algo de eso hay en las historias de Radio Ambulante: cada una es única y particular, pero todas juntas permiten, como dice Alexievich, ver el mundo en una gota de agua.

Son historias por las que vale la pena pasarse de estación de subte. No es Radio Macondo: en un episodio dos “frikis” cubanos fanáticos del metal cuentan cómo la epidemia de SIDA arrasó a los suyos en los 80 y en otro un twittero ecuatoriano narra sus peleas con el presidente Rafael Correa. Algunos episodios, como “La concursante” o “El equipo fantasma”, son documentales radiales: el primero reconstruye con varias entrevistas la tragedia de la peruana Ruth Thalia Sayas Sánchez, que a los 19 años fue asesinada por un ex novio después de ser brevemente famosa, y el segundo revive al partido de fútbol que la selección de Chile “jugó” en 1973 contra el seleccionado de la Unión Soviética, que nunca se presentó en el Estadio Nacional de Santiago. Si Radio Ambulante tiene una dimensión política está ahí, en la vibración de las voces de los protagonistas que cuentan sus propias historias para que no las cuenten otros.

Publicado en Página 12

La Unión – 

Contra la gastronomía peruana –  

Confesión – 

El náufrago – 

Para escuchar todos los relatos completos, acceder a http://radioambulante.org/

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