Ernesto Escobar presentó en Lima su opera prima “Salvo el poder”. Un libro de historias de distintas realidades y llevadas a la ficción. “Es una reelaboración de las cosas que pasaron”, remarca Escobar. Y sí, es un libro que sugiere una realidad alterna a lo que pudo pasar en tiempos de conflicto en el Perú y en Latinoamérica. A lo largo de sus páginas, el lector puede entender que el tiempo ha pasado sin darnos cuenta, que pocas veces queremos volver atrás.
Hay una secuencia de historias que tienen que ver con lo que ha vivido el personaje. Y tiene que ver con la memoria. 
Los cuentos fueron escritos a lo largo de diez años, para ser cuentos independientes. Cuando los reúno, se me ocurre la idea de hacer un libro. Comienzo a ver que haya afinidades entre ellos. Hay modificaciones, claro. Y en ese momento me doy cuenta que hay un tema de la memoria importante. Creo que mi interés era fijarme en cuánto la memoria puede ser una narrativa, una forma de ficción.
Una composición. 
Claro. Me interesó cuánto de ficción había en la memoria.
¿Cuál fue la experiencia que llevó a realizar estos cuentos antes de irte a Barcelona?
Estando en Barcelona, pasado los años, uno comienza a tener un recuerdo de su juventud. Me fui del Perú a los 21 años. A partir de esta memoria de mi juventud es que trato de construir una experiencia. Intervienen muchos factores. Me interesaba narrar cómo fui feliz durante el tiempo del terrorismo. Si tú vas a hablar de terrorismo, lo normal es que pintes un escenario de injusticia, o que lo hagas para denunciar. No veo nada de literario ahí. Prefiero narrar la complejidad del asunto: ¿cómo intentamos vivir una vida normal mientras ocurría esto?
¿Crees que la labor de un escritor sea escarbar en el pasado y traer al presente un hecho que ya hayamos olvidado?
No. No creo que los escritores tengan una labor. Creo que cada uno tienen una misión. Cada escritor tiene que ser coherente con la voz que tiene en el interior y que le dice lo que tiene que hacer. No hay una premisa para todos. De eso estoy convencido.
¿Cuánto daño le hizo el poder al Perú en los años 80?
En los 80 las cosas iban mal, pero quien dobló la esquina fue Alan García. Pisó el acelerador en esa caída en la que estaba el país. Desde entonces no hemos salido del todo. El Perú tocó fondo y sigue estando ahí.
Me parece que la premisa importante del libro es: no hay futuro donde hay una guerra. 
En el libro hay un personaje y varios personajes.
Creo que hay muchos. 
Me alegra eso.
Si bien cada cuento tiene una voz, encontraba algo muy personal. A veces estabas y otras no. 
Eso era lo que te quería comentar. Hay como un protagonista fantasma que está en fuga. Y creo que eso es una forma incociente de narrar esto que dices tú, del peruano que se va. No me fui por ser una de las víctimas de la guerra, me fui porque era uno de los privilegiados que podía irse.
Porque sabías que no había oportunidades.
Sabía que no había. Ahí el individuo piensa en sí mismo que a nivel patriótico. Lo que puedes aportar a tu país cuando eres joven, si es por tu futuro, te importa menos. Eso creo que nos pasa a todos. Cada uno decide en ese momento lo que está en sus manos hacer.
Quizás no haya sido idea tuya, pero la portada la me llamó la atención El ‘Che’ Guevara, ¿qué es? ¿Un mito? ¿Ídolo? 
Creo que el ‘Che’ Guevara es un paradigma, un símbolo. Ese símbolo tiene una fuerza descomunal, y la seguirá teniendo. Personifica una serie de ideas muy complejas y que crea una mitología a su alrededor. Es innegable. Fue elegido para la portada porque en uno de los cuentos ficciona un poco al estilo de Philip Dick. ¿Cómo hubiera sido si el ‘Che’ Guevara tomaba el poder en Bolivia, si no lo hubieran asesinado?
¿En qué camino está la literatura peruana?

No estoy tan conectado con la literatura peruana, pero lo que conozco me parece bien. Hay un lado negativo: tenemos pocos modelos. Son buenos, pero creo que la literatura peruana necesita una diversificación. Necesitamos ciencia ficción, terror, cómic, crónica, necesitamos muchas más cosas. Uno entra en una librería de Barcelona y no sabes ni en qué sección meterte. En cambio, aquí creo que hay buenos escritores, pero los modelos siguen siendo Arguedas, Vargas Llosa, Ribeyro. Una cosa mala que parece buena es un Nobel (de Literatura) como Vargas Llosa. Pero el hecho que Vargas Llosa sea Nobel, nos hace centrarnos mucho en lo que hace, en lo que dice. Él está muy bien, pero sería genial tener diez tipos con la posibilidad de ganar un Nobel. Otra cosa que nos permitiría ver es que tenemos los índices más bajos de lectura. ¿De qué sirve tener un Nobel cuando los chicos de secundaria no saben lo que leen? No vemos la variedad que nos falta en la literatura.

Publicado en La República