Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Los días 6 y 7 de junio el Sodre (Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica) presentará en el Auditorio Nacional Adela Reta, sala Hugo Balzo, la obra “Mi hijo sólo camina más lento”, del autor croata Ivor Martini, en la puesta del argentino Guillermo Cacace. La obra llegará a Montevideo con el elenco argentino tal y como se representó en Buenos Aires, después de haber tenido un enorme reconocimiento durante el año 2015 en su país.

“Cuando en 2014 vino Argentina Ivor Martini, que tenía en ese momento 29 años, conversamos con él y le preguntamos que tenía que ver un joven autor croata con nuestra realidad rioplatense y concluimos que él, en el otro lado del mundo, se hacía las mismas preguntas que nosotros en un barrio porteño”, contó Paula Fernandez Mbarak a Nodal Cultura, a propósito del modo en que esta obra se puede ver en cualquier ciudad latinoamericana como si fuera escrita por un local. “El texto no tuvo que ser modificado en absoluto. Incluso fantaseamos con cambiar los nombres de los personajes, pero nos pareció que mantener los originales croatas nos permitía jugar con ese cruce”.

A diferencia de lo que ocurre en su puesta actual en Buenos Aires, donde la obra se representa de día y con la luz diurna que ingresa por las ventanas, en Montevideo se va a representar con la puesta de luz original con la que se presentó en el Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América 2014. La puesta de luces corresponde a David Selves.

La obra es la narración de una familia en tres generaciones y de parejas que pudieron ser y no fueron y otras que podrán ser o no. En medio de esa trama nos convoca el cumpleaños del hijo, que tiene una enfermedad neurodegenerativa y ha ido perdiendo la movilidad.

Llegará el momento en que la madre –que puede ser la hija de su madre, la madre de su madre o la hija de su propia hija- logre decir -o gritar- que su hijo no puede caminar. Poder dejar de decir que su hijo sólo camina un poco más lento, cuando el joven anda en una silla de ruedas, es una forma de superación o una forma de desesperación.

Hoy es el día del cumpleaños del hijo mayor. Él de a poco está perdiendo su motricidad. También es un día como tantos en la casa de la decadencia donde conviven estas tres generaciones, tres matrimonios alguna vez felices y un trío de hijos que no saben cómo ubicarse en ese espacio y esa historia familiar. Que como toda historia finalizará con una foto de la felicidad que no es y que notablemente incluirá a los espectadores, ellos mismos hijos, padres y nietos.

La actriz Elsa Bloíse, abuela y madre en la obra, da comienzo a la función anunciando que si ella se olvida el texto, sus compañeros la ayudarán a recordarla. Real o ficticia, estas “ayudas” se hacen parte de la puesta en escena. La reiteración de los actores apuntando la letra abiertamente, permite que la obra se multiplique en lenguajes y dispositivos narrativos. ¿Se olvida aquella abuela de los textos cómo se olvida de lo abúlico de su vida? ¿Inventa textos como el inventó a aquel amante inolvidable? Quienes apuntan el texto ¿lo hacen como meros “pasadores” de letra o son ellos mismos quienes dos generaciones después están soportando la misma frustración que los ancianos?

La capacidad de Cacace de poner a favor de la potencia dramática la disposición escénica y los roles de los actores, se nota tanto en el  narrador externo y de los apuntadores, como en el modo en que dispone espacialmente a los personajes: la circulación de las miradas y el uso de la totalidad de la sala incluso fuera de “el escenario”. La escenografía despojada permite que el espacio se recree en los modos de circular y disponerse de los actores en la escena.

El hijo, que cumple 25 años, ha dejado de caminar por una enfermedad neurodegenerativa. Su madre hace de esto la matriz de su infelicidad, más allá del encierro, de sus padres ancianos y frustrados y de su propio matrimonio que alguna vez pudo ser feliz. ¿Es acaso esa silla de ruedas la causa real de la tristeza? ¿Es acaso el otro, el distinto –aunque no quiere serlo- quien define el centro de la tristeza familiar? He ahí la cuestión. Los otros –nosotros- suponemos que el deseo no es posible en aquel cuerpo en el que la genética ha puesto una vida con tiempo limitado. Pero el deseo y la vida suben a las sillas de ruedas o a las penumbras o al silencio como a nuestros propios zapatos. De lo que se trata “Mi hijo sólo camina más lento” es de la proyección de la tristeza sobre quien sale a la plaza a ver el sol en una silla de ruedas.

Todos los cuerpos, el cuerpo.

El texto del joven dramaturgo croata Ivor Martinic es notable. Aborda la mirada del otro desde la propia frustración, en una obra que habla de la decadencia de un modelo de vida, de un tiempo histórico, de un conjunto de relaciones. A esta precisa dramaturgia se le suma la construcción del espacio polifónico, logrado a partir de un desarrollo escénico despojado, que sin embargo que rodea a los espectadores. Estos terminan incluidos dentro de esa casa encerrada, decadente y doliente. La obra se sostiene con actuaciones notables, con un compromiso de los cuerpos y las voces que brindan mágicos momentos de danzas y coros. Coros por momentos disonantes, chirriantes, plenos de angustia, que solo puede salir en el griterío y la desesperación.

Pocas obras teatrales tienen la particularidad de conmover e implicar del modo en que lo hacen con “Mi hijo sólo camina un poco más lento

Los espectadores en situaciones como está, no pueden menos que agradecer.

Funciones 6 y 7 de junio. 19 y 21:30 hs.
Precio $ 600
Sala Hugo Balzo. Entradas sin numerar
Promociones 2×1 Club El Pais

Más información en el sitio oficial del Sodre

(En Buenos Aires continúan las funciones en la Apacheta Sala Estudio – Pasco 623 – Sábados y domingos 11:30 y 14:00 hs)