Oropéndola. Arte y conflicto

En Contexto
El proceso de paz entre el gobierno y las FARC es parte de la clausura de un largo ciclo de violencia que vivió el país desde el asesinato del líder político popular Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Desde aquel «Bogotazo» hasta ahora, la violencia política marcó la vida de los colombianos. Explícita y oculta, los enfrentamientos entre liberales y conservadores o entre gobierno, paramilitares y guerrillas, fueron claves para entender un proceso que llevó a Colombia a tener más desplazados internos que ningún otro país del mundo. Este especial solo pretende dar cuenta de cómo la cultura dio cuenta de este largo ciclo de violencia.

Oropéndola Arte & Conflicto es una colección digital que reúne proyectos de comunidades de víctimas y de artistas colombianos que han reflexionado sobre el conflicto armado. La página incluye expresiones artísticas realizadas entre la década final del siglo XX y la primera del siglo XXI, por ser momentos críticos de la escalada de la violencia en Colombia, pero también del aumento de la conciencia nacional frente a las víctimas. Exploramos un camino diferente para narrar el drama de la guerra, en contraste con el relato histórico y periodístico. Oropéndola resalta la capacidad creativa del ser humano a pesar del sufrimiento. Cada mes, organizamos exposiciones virtuales para pensar las iniciativas desde diferentes temas.

Oropéndola: el nido de la memoria

En un esfuerzo conjunto entre el Centro Nacional de Memoria Histórica, VerdadAbierta.com y la Fundación Ideas para la Paz nace Oropéndola, un portal web que busca documentar, reunir y recuperar iniciativas artísticas de víctimas del conflicto armado y trabajos de artistas colombianos que desde 1990 hasta la actualidad han reflexionado sobre la violencia en el país.

“Sentíamos la necesidad de crear una plataforma o un archivo virtual donde se pudieran consultar y sobretodo divulgar esas iniciativas artísticas”, expresa Manuela Ochoa quien hace parte del equipo investigador por parte de verdadabierta.com.

Para la selección de las piezas se consultaron las bases de datos con iniciativas sociales identificadas por el CNMH, “seleccionamos un grupo de obras artísticas de gran valor simbólico, con resonancia e impacto en su comunidad, al mismo tiempo, se identificaron los artistas profesionales de artes plásticas. Asistimos a exposiciones y eventos relacionados en varias regiones del país para conocer, registrar y documentar estas experiencias. A medida que fuimos contactando a los autores para pedirles autorización, registros e información sobre sus obras, nuestra base de datos se enriqueció con sus sugerencias y con el material que generosamente nos han compartido” explica Ochoa.

Hasta el momento, se han estudiado más de 100 iniciativas de artes plásticas, teatro y música. El visitante podrá navegar en la web el contenido a través de una serie de palabras evocativas del conflicto armado como lo son: Tierra, Desaparición, Testigo, Conmemoración, Duelo, Transformación, Mujer, Resistencia y Narración.

Oropéndola se muestra como una herramienta que ampliará y enriquecerá el conocimiento del conflicto armado colombiano. Por lo cual los visitantes a esta página web encontrarán las obras acompañadas por registro fotográfico y video, una corta reseña informativa y un contexto histórico.


 

Escudo bala – Tapiz águilas negras

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La obra

Las obras Escudo bala y Tapiz águilas negras fueron parte de la exposición ¿País para quién? realizada en la casa del colectivo Mapa Teatro ubicada en el centro de la ciudad de Bogotá. Estas obras surgen de la pregunta que se hace el artista sobre la identidad colombiana al realizar una exposición en la colección Suiza: Daros años antes (2004). Para esa ocasión diseña un pasaporte (titulado: Paz aporte) en donde desordena la iconografía que representa un ciudadano de Colombia y la muestra de tal manera que hay una lectura ampliada del documento y los símbolos que tiene. En Escudo bala hace un cambio similar para evidenciar la forma bélica del escudo de armas de nuestra nación y así comenta sobre nuestra historia de violencia. En el tapiz hay una referencia puntual al signo de identificación de los grupos armados que se organizaron después de la desmovilización paramilitar. La imagen del escudo en este caso está asediada por águilas negras que se llevan la atención del espectador. Estos pájaros reemplazan al cóndor andino como símbolo y referencia en el escudo nacional. Las transformaciones de esta imagen hacen evidente que la representación de una nación a través de una imagen es limitante y se ajusta en el imaginario colectivo de acuerdo con el contexto y la persona que interprete el símbolo.

Contexto

Las bandas criminales, o bacrim, son grupos armados al margen de la ley que se empezaron a conformar luego del proceso de desmovilización aceptado por las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y que se llevó a cabo entre 2005 y 2006, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Cerca de 32.000 paramilitares participaron de las desmovilizaciones acordadas entre el Gobierno colombiano y las Auc. Sin embargo, varios factores, como la disposición a seguir asesinando, persiguiendo defensores de derechos humanos y recibiendo rentas de negocios ilegales, hicieron que entre 5.000 y 8.000 de estos hombres y mujeres se reorganizaran en nuevos grupos criminales.

Si bien se ha puesto en debate si las bacrim en efecto son producto de remanentes paramilitares o nuevas y diferentes estructuras criminales, lo cierto es que se ha llegado a calcular que tienen presencia en 28 de los 32 departamentos, lo que ha puesto en alerta a más de 200 municipios, en donde las bandas se sostienen utilizando fuentes de financiamiento como el narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal, entre otras.


Cantos del Carare – Memorias de una resistencia campesina

La obra

Entre rancheras, corridos, vallenatos, sonidos del campo, porros e historias cantadas al compás de los pulsos de un tambor, Cantos del Carare: Memorias de una resistencia campesina de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare resalta las exigencias de los trabajadores para que no los involucren en ninguno de los bandos del conflicto armado. En las letras están plasmadas la historia de cohesión y la resistencia de estos campesinos que se han parado fuertes ante los actores armados y han mantenido su identidad a pesar de todos los grupos que tienen intereses en la región en que habitan. Su memoria se traduce en estas historias narradas con voces sinceras y roncas.

La Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) es una organización creada el 14 de mayo de 1987 como respuesta a las continuas violaciones a los Derechos Humanos por parte de los grupos armados presentes en la cuenca del río Carare, al sur del departamento de Santander. A pesar de que sus dirigentes fueron asesinados el 26 de febrero de 1990, han continuado su trabajo y se han mantenido por 27 años con estrategias de diálogo y desarrollo. La ATCC es una de las primeras manifestaciones campesinas de resistencia pacífica a la guerra.

Contexto

El departamento de Santander ha sido escenario de muchos crímenes tales como el despojo de tierras, desplazamiento, masacres, reclutamiento de menores, entre otros. Uno de los hechos más recordados es la matanza de La Rochela, en el municipio de Simacota, en la que 40 hombres de las Autodefensas de Puerto Boyacá asesinaron a 12 funcionarios judiciales. La comisión masacrada estaba investigando casos de asesinatos selectivos en el Magdalen Medio perpetrados por la alianza de grupos paramilitares, Fuerza Pública y el cartel de Medellín.

Luego de la disolución de las Autodefensas de Puerto Boyacá en 1991, el Bloque Central Bolívar (BCB) se encargó de operar en la zona. El BCB cometió masacres como la de Pénjamo, municipio de Barrancabermeja, en el 2005, momento en que se estaban desmovilizando, y en la que fueron asesinadas cinco personas de la una misma familia. Durante su existencia, se calcula que el bloque reclutó a cerca de 214 menores de edad. Muchos de ellos fueron abusados sexualmente.

El despojo violento de tierras ha sido otra realidad que han tenido que padecer los santandereanos. La Unidad de Restitución de Tierras de Santander ha recibido solicitudes de 84 municipios del departamento, de las cuales la mayoría son de despojo, es decir, que la tierra cambió de dueño muchas veces de forma forzosa.


Sudario

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La obra

Erika Diettes imprimió una serie de 20 fotografías de gran formato sobre telas y las colgó en el Museo Iglesia de Santa Clara en Bogotá, un espacio que solía ser un convento de monjas. Llamó a esta serie de imágenes Sudarios, como las telas que cubren el rostro de los muertos. Las fotos retratan a un grupo de colombianas que fueron testigos de cómo miembros de grupos armados asesinaron, violaron o torturaron a sus seres queridos. Sus ojos están cerrados y sus gestos expresan un inmenso sufrimiento. Las imágenes en blanco y negro capturan el dolor de estas mujeres, resignadas a vivir el resto de sus vidas con los más tormentosos recuerdos.

Contexto

Las mujeres han sido víctimas del conflicto de muchas maneras. Ellas no sólo han sido asesinadas, desplazadas, secuestradas y reclutadas, sino que por lo general sufren más que los hombres al ser víctimas de violencia sexual y psicológica. Esto les ocurre tanto a las mujeres que son víctimas, como a las que hacen parte de grupos armados, pues tienen que someterse a las crueldades de la guerra, una actividad que ha estado históricamente dominada por los hombres.

Las mujeres, según las cifras, sobreviven más al conflicto que los hombres -ellas son el 87% de los sobrevivientes-, pero esto implica tener que seguir sufriendo la agresión a su dignidad, la ausencia de sus seres queridos y muchas veces el abandono de la sociedad y el Estado. Junto a ellas, las personas que las rodean también sufren. Los hombres de aquellas mujeres que han sido violentadas en este contexto cargan con la culpa de no haber podido defender a sus mujeres. Según los testimonios de las víctimas, estos traumas psicológicos son los principales obstáculos a la hora de intentar reconstruir sus vidas y volver a la cotidianidad


Semáforo

La obra

Inspirado en las personas que viven bajo los semáforos en Bogotá, en la gente que los mira y en el informe El salado: Esta guerra no era nuestra, escrito por el Grupo de Memoria Histórica, Simón Wilches creó el corto animado Semáforo. Bajo tres colores: rojo, amarillo y verde, un grupo de malabaristas, un payaso, un grupo de policías y varios mendigos se mueven en un espectáculo macabro y triste. Semáforo es el escenario cotidiano de miles de desplazados en Bogotá que actúan, se disfrazan, entretienen y muestran sus heridas a cambio de monedas.

Contexto

Del 16 al 21 de febrero del 2000, 450 paramilitares bajo el mando de Salvatore Mancuso, Rodrigo Tovar Pupo alias ‘Jorge 40’ y delegados de Carlos Castaño, sitiaron el corregimiento de El Salado, del municipio de El Carmen de Bolívar, y asesinaron a 60 personas, 8 mujeres y 52 hombres. Pero esta masacre no fue sufrimiento solamente para El Salado, pues los paramilitares asesinaron decenas de personas en diferentes áreas rurales de los municipios de Ovejas, Sucre y Córdoba, conforme avanzaban en su ruta hacia El Salado.

La crueldad y el terror de esta matanza son inimaginables, pues los habitantes del municipio fueron obligados a reunirse en el parque principal para presenciar cómo sus amigos, familiares y conocidos eran torturados, desmembrados y asesinados en el lugar. Luego de la masacre, 4000 habitantes de la zona, se vieron obligados a abandonar sus casas y sus tierras.

Es así como el corregimiento por años más próspero de El Carmen de Bolívar se convirtió en escenario de muerte y terror para una población que no se ha recuperado del todo.


 

Memoria de las cicatrices

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La obra

Memoria de las cicatrices es un monumento hecho por el artista Juan Ibáñez Torres, en homenaje a las víctimas del conflicto armado en el departamento de Sucre. Ibáñez fue convocado por la red de Mujeres Tejedoras de la Memoria, un grupo de mujeres quienes desde el año 2007 han trabajado arduamente para reclamar sus derechos y para recuperar la dignidad de las víctimas de Sucre.  El mural está ubicado en la entrada del bloque A de la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar) en Sincelejo.

Contexto

El departamento de Sucre es el puente entre dos zonas críticas y estratégicas en el contexto del conflicto armado: Antioquia y la Costa Caribe. Los Montes de María, que dan paso de Sucre a Bolívar es probablemente una de las regiones más convulsionadas y violentas del país, tanto así que las autodefensas desplegaron un bloque dedicado a operar exclusivamente en la zona, el Bloque Héroes de los Montes de María, creado en 1997.

El grupo paramilitar se impuso en la zona intimidando y cometiendo delitos como el abuso sexual, maltrato físico y sicológico a la población y masacres como la de El Chengue, el 17 de enero de 2001. Ese día, 80 hombres del Bloque Héroes de los Montes de María llegaron al corregimiento de El Chengue, municipio de Ovejas, cortaron el suministro eléctrico y obligaron a los pobladores a salir de sus casas y reunirse en la plaza central. Tendieron a 24 hombres boca abajo y luego los torturaron y asesinaron uno a uno.

El saldo fueron 28 víctimas mortales y 100 familias desplazadas. El pueblo quedó en llamas. Posteriormente se condenó al Estado por su inoperancia frente a la masacre, pues la Policía tuvo conocimiento de la ocupación armada en el corregimiento y previamente la Defensoría del Pueblo había alertado sobre la amenaza paramilitar.

Publicado por Centro Nacional de Memoria Histórica
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