Costa Rica recibe la X Bienal de Arte Centroamericana

Bajo el lema “ Bordados y desbordes”, se inaugura hoy 30 de agosto la décima Bienal Centroamericana de Arte. Un total de 58 artistas y 12 colectivos, provenientes de Guatemala, Panamá, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, país sede, se darán cita en las ciudades de Limón y San José, donde se presentarán 77 proyectos creativos.

Este evento público, que se extenderá hasta el viernes 30 de septiembre, tiene como función central la creación, promoción y apoyo a la labor artística, comenta su curadora, la cubana Tamara Díaz Bringas. “Sus objetivos son contribuir al fortalecimiento de los contextos en los que operan los creadores y artistas en Centroamérica; activar redes de colaboración; estimular la participación y colaboración interdisciplinaria y desbordar el evento y llevarlo más allá de los espacios convencionales”, menciona.

Díaz Bringas resalta que uno de los grandes giros que tiene esta edición, a diferencia de sus antecesoras, es que se han organizado talleres, exposiciones y laboratorios, que se han celebrado meses previos a la bienal y que sirven de antesala a esta iniciativa.

“Otro gran cambio es que buscamos salirnos del espacio tradicional capitalino, en el que se venían haciendo las ediciones anteriores. Quisimos salirnos del espacio institucional museístico”, agrega Díaz Bringas.

En cuanto a la selección de los proyectos que se presentarán, se escogieron a cocuradores de cada país participante, con los que se llevaron reuniones en conjunto, de modo que cada representante manifestara las preocupaciones de cada territorio.

Díaz Bringas explica que la intención era no poner una agenda sobre qué es relevante hablar desde cada país, sino que saliera de lo que está trabajando cada artista, y que cada quien tuviera la sensibilidad para identificar temas pertinentes a sus respectivos contextos.

Por parte de Panamá, la arquitecta y curadora independiente Gladys Turner fue la encargada de apoyar a Díaz Bringas en el proceso de investigación, consiguiendo información sobre los artistas y recomendando a otros.

“Verificamos que la producción de los artistas que nos interesaban entraran dentro del marco teórico de esta investigación”, anota Turner.

Este año, a Panamá la representan 18 artistas, así como dos colectivos.

Panamá de cara al arte

Panamá ha estado presente en la Bienal Centroamericana de Arte desde sus inicios en 1998. Este año, un grupo de 18 artistas, que incluye a 2 colectivos, serán los encargados de representar al país.

Ela Spalding, Antonio José Guzmán, Oswald De León Kantule, José Brathwaite, Donna Conlon, Jonathan Harker, Jhafis Quintero A., Pilar Moreno, Rachelle Mozman, María Raquel Cochez, José Castrellón, Raphael Salazar, Irene Kopelman, Enrico Ardines, Martanoemí Noriega, Ingmar Herrera, Mar Alzamora y Ayrton Bianco, son los artistas cuyas distintas disciplinas varían entre las ya tradicionales como la pintura y la fotografía, así como formatos relativamente recientes como lo son el videoarte, las instalaciones, las intervenciones en el espacio público, las acciones, los performances, los laboratorios y los experimentos sonoros.

Para la curadora y promotora de arte Carmen Alemán, este tipo de actividades brinda a los jóvenes artistas nacionales la oportunidad de entrar en contacto con otros personajes de las artes.

“Las bienales son eventos que promueven el talento artístico de sus países internacionalmente, a través de exposiciones bianuales, cuyo objetivo es convocar a expertos de diferentes orígenes y especialidades para crear un evento que impulse el talento artístico de la región”, señala Alemán.

Alemán, quien es cofundadora de la organización FundAHrte, es la encargada de coordinar la participación de Panamá en la bienal.

“Nos encargamos de la coordinación logística, brindamos apoyo económico en la creación de las obras, embalajes y fletes de estas. Además, recaudamos fondos, promocionamos el evento localmente, traslado y hospedaje de los artistas al país anfitrión e instalación de las obras, esto es brindado ad honorem por la fundación FundAHrte, dirigida por Ana Carrizo”, comenta Alemán, quien además señala que cada 12 años se produce la b ienal en Panamá.

Antesala

“Haciendo visible lo invisible” son una serie de encuentros entre los artistas panameños, que bajo la organización de la curadora Gladys Turner se han estado llevado a cabo días previos a esta iniciativa.

“Con estos encuentros se trata de fortalecer la red de artistas, que se conozcan entre sí y que puedan conversar de sus motivaciones y temas de interés. Ya se han organizado tres y falta un cuarto que se hará al volver de Costa Rica”, indica Turner.

Nuevos formatos

Entre los nuevos formatos se puede mencionar la propuesta de Oswald De León Kantule, que participará con una obra que tiene un componente interactivo, en el que a través de pantallas táctiles se involucra la participación del público.

“El video es un trabajo de colaboración con un documentalista de origen colombiano residente en Canadá, con los niños de Ustupu y con la ayuda del Congreso General Guna”, explica De León Kantule, quien además presentará un proyecto de pintura.

Considera que la participación de Panamá en eventos como la bienal siempre es de importancia, al ser el istmo un país multiétnico y multicultural.

Mientras tanto, Turner resalta que otros formatos que no son tan comunes y que estarán presentes en esta edición de la bienal son los sonoros, y señala que en ese ámbito por Panamá participan Ingmar Herrera / Bontown, Mar Alzamora y Ayrton Bianco.

Colectivos

Haciendo lo público” y “ La X Sonora” son los dos colectivos panameños que expondrán sus trabajos en la bienal.

El primero está conformado por Martanoemí Noriega y Enrico Ardines. Se trata de un laboratorio interdisciplinario y colaborativo.

Mientras que “La X Sonora”, cuyos miembros son Ingmar Herrera, Mar Alzamora y Ayrton Bianco, es un espacio virtual para la intervención de distintos artistas invitados, donde se experimentará con formatos sonoros.

Aunque algunos de los artistas están actualmente residiendo fuera del país, Turner señala que se pudo coordinar el envío de sus piezas, detalles de montaje, instrucciones especiales, entre otras cosas, y la representación de Panamá está lista para el evento.

Programa Bienal Centroamericana de Arte

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X Bienal Centroamericana: Todas las vidas en todas las voces

Seguir la Bienal Centroamericana a lo largo de los últimos meses, conforme ha ido creciendo su décima edición, ha sido ver cada pieza del rompecabezas moviéndose sin cesar para encontrar su sitio.

Las piezas se resisten a quedarse quietas, por supuesto, porque todo panorama de Centroamérica es un signo de pregunta. Del 30 de agosto al 30 de setiembre, en San José y Limón, el encuentro de arte contemporáneo ofrecerá una visión, un paisaje, una captura de lo que han tejido 58 artistas y 12 proyectos colectivos de Honduras, Guatemala, Panamá, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica.

Apoyada por Empresarios por el Arte, ha dado un giro hacia un encuentro regional caracterizado por la pluralidad, los cambios frecuentes y la capacidad para tender puentes.

En el encuentro se reúnen pintura, escultura, fotografía, instalación, performances y otras disciplinas y técnicas, con firmas consagradas como Priscilla Monge, Patricia Belli, Regina Galindo y Federico Herrero. Con ellas dialogan voces emergentes como las de Stephanie Williams, Abigaíl Reyes, Claudia Sevilla y Marton Robinson, entre otros.

La X Bienal ha sido pensada no como un certamen, sino como una red. La lectura es de Tamara Díaz Bringas, curadora cubana cuyas miradas críticas al arte de la región ya han brindado productivas reflexiones y abierto importantes interrogantes en el pasado, en la forma de agudos estudios de artistas.

Su propuesta empezó con la idea de “bordados y desbordes”, y se concretó en la propuesta curatorial titulada Todas las vidas . “¿Cómo podemos definir colectivamente las condiciones de una vida vivible? ¿Qué procesos facilitan la sostenibilidad y expansión de la vida y cuáles, en cambio, suponen una amenaza para los procesos vitales en un sentido subjetivo, ecológico y social? ¿Con qué herramientas podemos cuestionar un sistema que prioriza unas vidas, como dignas de ser cuidadas, mientras convierte otras en residuales? ¿Es posible revertir la desigualdad?”, se pregunta.

Público y privado, individual y colectivo, orgánico y sintético, humano y animal, naturaleza y cultura, son las dicotomías que agitan la vida en Centroamérica y, a la vez, los hilos tensos sobre los que nos sostenemos. De esa tensión hablan los artistas de la Bienal, reunidos por una extensa colaboración entre instituciones costarricenses y de la región.

Para detectar esas otras voces, Díaz Bringas visitó país por país desde julio del 2015, para encontrar a curadores, artistas o “aglutinadores” de energías en el campo artístico y, ahora, agruparlos con el fin de que dialoguen.

La profusión de tendencias hizo necesario “pensar la web como un espacio de intervención” y nutrir el sitio web, desde hace varios meses, con recursos como X Blog (una bitácora de la bienal), X Sonora (espacio de artistas sonoros) y Contextos (escritos sobre prácticas artísticas e institucionales de la región).

De este modo, la Bienal Centroamericana se planteó como una red de puntos de entrada a eso que llamamos arte centroamericano, en su cambiante y robusta voluntad de experimentar.

– ¿Cómo ha sido el proceso de articular una bienal regional que busca tomarle el pulso a lo que está pasando, en vez de buscar artistas específicos?

– Ha sido un proceso bastante arduo porque habíamos tomado la decisión de no plantear desde la curaduría un tema o problema al cual los artistas reaccionaran. Es un modelo que ha sido exitoso en algunos casos y que ha producido proyectos interesantes; un ejemplo cercano es la Bienal de Panamá, que, en algún momento decidió, con la curadora mexicana Magalí Arriola, abordar el canal de Panamá y se produjeron proyectos muy interesantes.

”Es un modelo que respeto, pero prefería hacer el proceso inverso. Es más trabajo, pero, para mí, también es más apasionante, intentar acercarme y hacer visitas a cada uno de los países, que hemos tenido desde julio del año pasado. Decidimos no hacer una lista de artistas previa, sino intentar ver a los artistas y a otros agentes en los contextos en los que normalmente trabajan, se reúnen y exponen”.

–¿Por qué consideró que para esta edición, al menos, el modelo de buscar artistas o temas específicos no funcionaba?

–El encargo de parte de los organizadores era que querían cambiar el modelo, y una de las cosas que me parece que han afectado el modelo de bienal por convocatoria y certamen tiene que ver con un modelo casi reactivo: hay un evento y la gente produce por esa demanda y no por investigaciones propias, que tengan un recorrido de más largo tiempo.

”Para mí es más interesante identificar aquello que ya está ocurriendo; de hecho, no me interesa para nada la novedad o esos criterios de sacar un nuevo nombre para el contexto o mercado del arte. Más bien, intentamos identificar cosas que ya estaban en marcha, que tenían un recorrido o que potencialmente podían tenerlo. A veces, eran líneas de investigación que me parecía interesante potenciar, pero de lo que estuviese ya ahí”.

– Montar una obra para una bienal puede presentar otros problemas. Al obviar los procesos de investigación del pasado y pedir solo que reaccionen ante un tema, se ponía un poco en peligro el futuro. Si solo investigás para esta ocasión, pasa un evento, organizado, específico, en un espacio de 20 metros cuadrados…

–Y se acaba ahí; claro. El problema con lo que algunos han llamado “síndrome bienal” es eso: es algo que aparece y no deja efecto. Aparece y desaparece. Sí que deja efecto siempre: se producen obras en ese momento, debates y relaciones. Es algo que ha sido un acierto de la Bienal Centroamericana: contribuir a esa consolidación de redes y artistas.

”Ha sido muy positivo y todo el mundo lo reconoce; los artistas se han conocido en una bienal tras otra y ese es un efecto a largo plazo. Pero sí, definitivamente, una intención era que la X Bienal no fuera solo una vitrina sino un momento de articulación, ojalá con mayor intensidad, pero de cosas que ya están sucediendo y que ojalá que continúen”.

–En términos metodológicos y prácticos, ¿funcionó este experimento?

–Sí funcionó, pero creo que realmente ha sido muy arduo. Cierta inteligencia del otro modelo es que es mucho más sencillo ( risas ) en términos de producción y organización. Hay un nivel grandísimo de riesgo que se tiene en este caso debido a que son procesos más lentos; estamos trabajando con investigaciones que no están ya articuladas como obras.

–¿Cómo se dio la investigación que lleva de “bordados y desbordes” a la idea de “todas las vidas”?

–“Bordados y desbordes” era como la hoja de ruta, la guía de cómo plantear formatos, metodologías e intenciones la bienal, pero no era algo temático; enunciaba desde la curaduría cómo era (el proceso). Todas las vidas ha sido la lectura; después de la investigación y visitas a cada lugar para configurar esa cartografía de la bienal, es una lectura de eso, desde la curaduría, pero sale de las obras.

– ¿Cómo empezó a identificar esa cuestión que se expone en la bienal de las vidas más o menos valoradas, más o menos en riesgo u olvidadas?

–Es una lectura de las resonancias o insistencias que hay en ciertas obras que seleccionamos. Para mí, es un lema, una consigna que permite pensar varias de las líneas de trabajo importantes. Por un lado, “todas las vidas importan”: hay varias obras que tienen que ver con eso, y varias revisa esos procesos de normalización que pasan por género y sexualidad… Hay muchas poéticas que tienen que ver con procesos biológicos, la vida en el sentido más literal u orgánico está presente, como obras que se están descomponiendo o que trabajan con la idea de plaga. Lo que propone Todas las vidas es un marco bastante amplio que no intenta opacar las obras.

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X Bienal Centroamericana le toma el pulso a la región

El encuentro de arte contemporáneo más importante de Centroamérica ya está por llegar.

La décima edición de la Bienal Centroamericana tomará diferentes sedes en San José y Limón del 30 de agosto al 30 de setiembre.

Desde 1998, el evento ha sido promovido por un grupo de profesionales y empresarios de la región. En esta ocasión, la organización anfitriona es Empresarios por el Arte.

En sus ediciones previas, la Bienal reunía obras específicas de seis artistas seleccionados por cada país que integraba la organización: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

Para su décima edición, la organización se propuso ubicar el evento en el mapa de bienales y eventos internacionales, apostando por un cambio de modelo, basado en una curaduría regional que mapea diversos proyectos.

Extensión. Nueve sedes en San José y Limón buscarán la coincidencia de un espacio común centroamericano.

La intención es salir del espacio institucional museístico de San José y la Gran Área Metropolitana.

Es por eso que en Limón la exposición principal tendrá lugar en las galerías centrales de la antigua United Fruit Company, y se activará un espacio en el Pasaje Cristal.

Bajo la lupa de la curadora Tamara Díaz, la X Bienal Centroamericana busca desarrollar un programa descentralizado y expandido en los seis países participantes y consolidar redes culturales y artísticas en Centroamérica.

Visón. La investigadora y curadora, nacida en Cuba, asumió la tarea de liderar este proceso, con el concepto Todas las vidas, mismo que busca adentrarse, entre otras preguntas: “¿Con qué herramientas podemos cuestionar un sistema que prioriza unas vidas dignas de ser cuidadas mientras convierte otras en residuales? ¿Es posible revertir la desigualdad?”

Este proceso curatorial es el resultado de una minuciosa investigación a través de encuentros con artistas y espacios en cada uno de los países de la región.

Como novedad, el evento arrancó motores hace más de un año, con exploraciones en plataformas en línea y una colección de arte sonoro local.

En esa línea, la X Sonora , un espacio para la intervención de artistas, investigadores y experimentadores con formatos sonoros. Cada diez días, se cuenta con la participación de un artista o colectivo invitado.

Además, se ha estado relizando el X Blog , una bitácora que recoge algunos momentos de la articulación del evento desde abril del 2015, así como ConteXtos , un espacio para compartir escritos que sirvan para dar cuenta de las prácticas artísticas y sus contextos.

En el sitio web de la Bienal Centroamericana se detallan los perfiles de todos los artistas invitados, así como referencias de ediciones anteriores.

En el sitio web www.bienalcentroamericana.com se pueden ver todos los artistas y proyectos seleccionados.

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Marcos Agudelo interviene un kiosco del parque central de San José, Costa Rica

Los cielos de Nicaragua se mezclan con los cielos de Costa Rica, en la nueva obra visual, El Cianómetro del arquitecto y artista Marcos Agudelo, esta vez como parte de la Décima Bienal Centroamericana de arte que se exhibe en San José, Costa Rica, a partir del miércoles 31 de agosto y hasta el 30 de septiembre en diferentes localidades.Agudelo ha intervenido un kiosco del parque central de San José frente a la Catedral. “Este kiosco (así como el extinto parque central en que se encontraba) fue un regalo del dictador nicaragüense Anastasio Somoza García al presidente costarricense Rafael Calderón Guardia, lo diseñó el arquitecto Víctor Sabater y su estilo es Art Deco”, explica el artista.

EL ACORDEÓN DE CIELOS

También agrega que su idea fue disponer las fotos de ambos cielos en una superficie en anillo con paneles colocados a la manera de un acordeón (o sierra si se ve en planta), alternando las imágenes intercaladas de pedazos del cielo de San José y de Managua. De manera que son dos cielos superpuestos, entrecortados, rotos, fragmentados”.Como en un juego de espejos, el arquitecto advierte: “Si uno se fija en el lado izquierdo del acordeón se compone la imagen del cielo costarricense, si uno ve el lado derecho observa el cielo de Nicaragua. Esto sucede constantemente en la medida en que uno va caminando alrededor de la estructura. Es un juego óptico”.De su intervención Agudelo hace notar que se inspiró en la geometría, el diseño, “también busqué una belleza abstraída de los significados implícitos de la obra. La relación compleja entre Nicaragua y Costa Rica y esa bipolar interacción entre lo fraterno y lo difícil”.Sin embargo, relata que El Cianómetro fue un artefacto utilizado por el explorador y científico alemán Alexander von Humboldt. y un instrumento inventado por el padre del alpinismo, el suizo Horace-Bénédict de Saussure en el siglo XVII donde se inspiró.

FOTOGRAFÍAS

Para la construcción de la obra, Agudelo se dedicó a fotografiar en alta definición el cielo de Managua y Costa Rica, y tener el registro de las variaciones del cian que podía presentar los mismos.Agudelo al finalizar el diálogo menciona : “Podríamos plantearnos las siguientes reflexiones al contemplar la pieza (o no, simplemente deleitarnos con el juego visual-geométrico): ¿qué es el cielo para los nicas?, ¿qué es el cielo para los ticos?, ¿es un cielo común o son dos cielos que se entrecortan para formar dibujos diferentes?”

MONTAJES

Sobre el montaje, Agudelo dice que ha sido un trabajo extenuante y de mucha precisión. “Las impresiones se mandaron desde Panamá, del estudio Articruz: se utilizaron plotters muy sofisticados. Trabajamos con un equipo de carpinteros nicaragüenses”.Sobre el lugar donde ha montado su obra, explica que “curiosamente no mucha gente maneja la información de que este fuera un regalo de Somoza a Costa Rica.El hecho de haber escogido este sitio tiene más connotaciones  poéticas relacionadas con nuestra fatal historia Centroamericana. Pero no es un ingrediente de mucho peso para esta obra en sí. Yo estoy hablando de otras cosas, no del tema tan trillado de las dictaduras”.

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