A finales de 2014, la Alcaldía de Quito encomendó a la artista Rosa Jijón, al urbanista Jaime Izurieta y a la curadora Anamaría Garzón pensar en la posibilidad de construir un museo, un edificio de arte contemporáneo para la capital.

El proyecto no se materializó, pero la triada continuó reflexionando sobre estos sitios y su importancia para la ciudad. “¿Qué significa, qué representa tener un museo en un espacio urbano?”, fueron las principales preguntas que surgieron y, como resultado de sus permanentes encuentros y debates, decidieron crear el Museo Nómada, una parainstitución del arte que no necesita de un lugar físico para asentarse, de horarios fijos, ni mucho menos de un manual orgánico de funcionamiento.

“Cuauhtémoc Medina, hace unos dos años, dictó una charla y dijo que uno recibe como trabajador del arte el encargo de elaborar un edificio para satisfacer el ego de una autoridad. Decía que los museos son como emblemas para satisfacer una voluntad política. Nosotros recibimos el encargo de hacer el edificio, que nunca se hizo, pero quedó el relleno, esa necesidad de establecer redes con la ciudad”, comenta Anamaría en la Casa Warmi, la actual ‘oficina’ del Museo Nómada y donde el anterior sábado se inauguró su primer proyecto, Derivas, que consistió en siete charlas breves sobre cómo se habita la ciudad.

El resultado de estas conversaciones servirá para la creación de obras de arte (recorridos y cartografías en la ciudad), a cargo de Fabiano Kueva, Wendy Ribadeneira, Sofía Acosta (La Suerte), Pablo Andino, Santiago del Hierro y Roberto Vega.

La excusa para pensar la ciudad desde otras experiencias y desde los márgenes es la realización en Quito, el próximo octubre, de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, Hábitat III.

“Este proyecto (el Museo Nómada) se articula con una serie de gestos que existen históricamente. Creo que pensar en una intervención que puede ser efímera, que no quiere tener la grandilocuencia de un gran proyecto, sigue la línea de  prácticas que ya existían en los ochenta, en Guayaquil por ejemplo, con Artefactoría. Me gusta mucho el gesto ‘parásito’, creo que es la mejor manera de definirlo: esta especie de parasitar a una institución “mayor”, a un evento grande (el Hábitat III), como lo que hace Cuarto Aparte con la Bienal de Cuenca. Es operar en esa frontera, en esos bordes donde la propia institución, por su volumen, no alcanza a ver”, señala Fabiano, uno de los artistas invitados.

El trabajo formal no existe en el Museo Nómada. Lo que sí hay es la necesidad de sumar gente, voluntades y las ganas de jugar. El principal gesto de este sitio invisible es apropiarse de un término (museo) que tiene un peso conceptual e histórico significativo, pero para quedarse con lo que más les gusta de él: la experiencia, la belleza del arte. “Museo Nómada es un edificio conceptual que está por encima del edificio físico. Al no tener un edificio queremos separarnos de la idea de legitimar objetos”, apunta Jaime.

Una de sus apuestas es construir metodologías, manuales de uso, antes que plantear conclusiones definitivas. El resultado de su primer  proyecto, que cuenta con la colaboración de Belén Santillán, Gabriela Moyano y Denisse Sarzosa, será un libro y una exposición donde los usuarios podrán leer la ciudad desde diferentes perspectivas.

“Estamos en un momento de mucha tensión, de mucha discrepancia sobre cómo se administra culturalmente la ciudad. De hecho todos estos debates se inscriben dentro de una larga tradición de prácticas que son reactivas, sintomáticas, parasitarias, y que en el arte ecuatoriano tienen una larga data”, dice Fabiano. Sin embargo, añade Anamaría, “todas estas coyunturas son pasajeras, pero nosotros en la esfera del arte no; es lo que hacemos, es de lo que vivimos. Más bien están las ganas de recuperar los afectos en el campo del arte”.

“Y en la diversión -agrega Fabiano- hay que recuperar lo festivo. Hay mucha tensión y solemnidad en el discurso del arte. Está divorciado del placer. Estamos perdiendo la posibilidad de debatir desde la piel, desde el cuerpo, desde el andar. Habernos desplazado a un debate frío, seco, ‘institucional’, nos está robando el placer de ser artistas y gestores”. (I)

DATOS

El equipo de Museo Nómada es multidisciplinario: Anamaría Garzón es docente, crítica de arte y curadora; Rosa Jijón es artista, fue coordinadora del Centro de Arte Contemporáneo y actualmente es secretaria cultural del Instituto Ítalo Latinoamericano; y Jaime Izurieta viene de la arquitectura, de urbanismo, y la historia del arte.

Derivas

El proyecto del Museo Nómada que se realizará en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, Hábitat III, tiene la colaboración de Belén Santillán, Gabriela Moyano y Denisse Sarzosa. Fabiano Kueva, Wendy Ribadeneira, Sofía Acosta (La Suerte), Pablo Andino, Felipe Escudero, Majo Rodríguez, Santiago del Hierro y Roberto Vega son los artistas invitados del proyecto Derivas.

Publicado en El Telégrafo