Por Ricardo Aguilar

Tradicionalmente las instituciones estatales de Bolivia han relegado la cultura a un segundo plano, asumiendo una posición de comodidad que descansó en la seguridad de que ésta se generaría gracias a los esfuerzos, la vocación y entrega de las iniciativas personales.

Dada esta inercia, hoy en el Estado Plurinacional de Bolivia se lleva adelante una labor imprescindible: acompañar los esfuerzos individuales y realizar iniciativas colectivas desde varias instancias estatales específicamente dedicadas a la cultura -en su sentido más amplio. El Centro de Investigaciones Sociales (CIS), dependiente de la Vicepresidencia del Estado, busca ser un aporte para repensar la gestión de la cultura desde el Estado y las políticas que conducen a la transformación del mismo.

Uno de los ejes, si es que no el eje central, para la transformación estatal es la descolonización. Para pasar del plano discursivo a la práctica, la descolonización trae consigo el imperativo de transformar las cotidianidades y fortalecer las identidades nacionales de Bolivia. Para esto no hay mejor punto de partida que las producciones escritas desde el periodo pre-colonial hasta el presente. Estas obras, que han posado su vista en Bolivia, son parte esencial de sus culturas a través de los discursos de la ficción literaria, la producción historiográfica, las ciencias sociales, la sociología, la antropología, incluyendo ese discurso que mezcla todos los anteriores, o aquél que se resiste a toda taxonomía.

Ese camino está siendo recorrido con la publicación y distribución, a cargo del CIS, de las 200 obras fundamentales del país. La Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) es un esfuerzo editorial del Estado que no tiene referente en el pasado, si bien la Biblioteca del Sesquicentenario (1975) es sin duda su honorable antecesor.

Un comité editorial, compuesto por 35 de los más destacados intelectuales del país, mediante un esfuerzo compuesto por el debate, la síntesis y el consenso, logró seleccionar esas 200 obras esenciales a través de las cuales podemos conocer el país a través de sus letras.

Cada una de estas obras son en definitiva una gesta de independencia de pensamiento nacional respecto de las tradiciones clásicas de occidente, las cuales tienden a su repetición infinita y monótona en territorios colonizados.

La Biblioteca del Bicentenario es, justamente a contracorriente de ese “cansancio clásico”, el legado escrito de esas gestas descolonizadoras que han quedado escritas.

Alguna de las obras seleccionadas no se refiere siquiera de manera indirecta al país, y sin embargo nunca dejaba de hablar de él, aún sin nombrarlo. Un ejemplo es el caso de Los Deshabitados de Marcelo Quiroga Santa Cruz, novela que no menciona la palabra “Bolivia” una sola vez, y sin embargo nos habla del país desde esa ausencia.

Otros libros son de autores no nacidos en Bolivia, pensadores compenetrados con distintas realidades del territorio nacional, quienes, además de indagar aspectos de las identidades bolivianas, poseen la mirada privilegiada de la diferencia. Tal es el caso del francés Alcides D’Orbigny y su libro Viajes por Bolivia. D’Orbigny no es el único escritor extranjero en la lista, también están muchos otros como una muestra de que la descolonización no es en ningún caso el desentendimiento con el exterior o con Occidente, sino un diálogo permanente de comprensiones, incomprensiones, encuentros y desencuentros. Entre estos escritores están algunos más contemporáneos como Josep Barnadas o Tristan Platt, quienes dedicaron gran parte de su producción intelectual al país.

También conforman el corpus autores que preceden al periodo republicano. Sin las obras de los autores del Alto Perú sería, cuando menos, complicado leernos y quien sabe si imposible releernos. Es el caso de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela y su Historia de la Villa Imperial de Potosí, o Guamán Poma con Nueva crónica y buen gobierno.

Este emprendimiento, por supuesto, no se limita a ser una mera reimpresión de títulos (cosa de por sí importante, dado que muchas de las 200 obras han sido agotadas hace años y otras nunca pasaron de su primera edición, por lo que eran inaccesibles), sino que apunta a completar una asignación pendiente: la instauración de un canon de las letras en Bolivia y su consiguiente implementación en el sistema educativo, para así completar el ciclo de esa descolonización que llega a lo cotidiano y al fortalecimiento de las identidades, en este caso llegar al día a día de la educación primaria y secundaria.

Con el mismo ahínco se prevé trascender las fronteras geopolíticas para difundir el pensamiento boliviano. Es, por tanto, un proyecto integracionista que busca tender puentes con lectores en distintos países de la región y del mundo.

Una iniciativa como la de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia cobra vida en el ámbito cotidiano, es decir, en el momento de la lectura de estas 200 gestas independentistas plasmadas en el papel.

Publicado en Kafeína