[Cobertura NodalCultura] “Contadores de mentira” en Loja: De la tragedia a la celebración

Por Daniel Cholakian – NodalCultura

“Medea” de Eurípides es una de las grandes obras del teatro trágico griego. Pensar el personaje obliga a pensar al menos dos planos, el lugar de la mujer como desterrada en la tragedia y la resistencia encarnada en ella. ¿Es venganza o es una forma trágica de la resistencia?

“Contadores de mentira” es un grupo brasilero de lleva 20 años de teatro, experimentando en la escena a partir de un trabajo sostenido por una investigación profunda y una conexión potente con las manifestaciones de la cultura popular, en este caso del Candomblé, y lo trágico deviene en celebración, en la medida que el Orixá es el demiurgo que convoca a Medea a este ritual poderoso, en el que los actores / celebrantes, comparten la comida con los espectadores.

Casualidad o no, Eugenio Barba, creador del teatro antropológico, estuvo presente en la función y compartió la cachaça entregada como ofrenda, en el más interesante sentido de esta noción. Barba escribió sobre “Contadores de mentira”: “El teatro puede ser un entretenimiento encantador, un refinamiento estético, una provocación intelectual. Pero el teatro es también un arma que nos ofrece –a nosotros, que no tenemos armas- la posibilidad de defender nuestra propia interioridad, sin someternos al espíritu del tiempo”

¿He aquí una manera de entender el trabajo del grupo? Posiblemente. En un doble juego la propuesta escénica dialoga gentilmente con el espectador, lo invita a comer y a bailar, pero lo implica en un ejercicio de (re) construcción de aquello que ocurre en la escena.

Los que asistimos a la función en Loja seguramente desconocemos el rito ceremonial, la función del Orixá, el sentido de la comida, la tragedia de Medea. Y más, seguramente no entendíamos lo que decían y cantaban los actores, que hicieron la obra en el portugués original. Y sin embargo, media hora después de finalizada la función la gran mayoría estaba en el espacio de la escena bailando, probando la comida, conversando, abrazando a los actores. He ahí un fenómeno muy especial que nos obliga a pensar.

Cuando le preguntamos a Cleiton Pereira, director del grupo sobre esta particular manera que fueron recibidos por el público asistente a la función, explicó: “Tenemos una obra, si, pero cada representación es diferente. Esta obra es básicamente una fiesta. El candomblé es una fiesta. Una fiesta para contar la tragedia. Una fiesta donde se come, se bebe, se baila. En Brasil se toma cachaça para contar historias, se come para contar historias. De eso se trata esta Medea”.

Hay una relación intensa entre el mundo trágico (desde los griegos a Hamlet) y el universo de las religiones populares y de las culturas ancestrales. Lo divino aparece allí como organizador de la vida, el individuo es escindido de sí mismo y se convierte en otro, en una parte mutable del universo. En gran parte de las ceremonias de las tradiciones populares el sujeto deja de cumplir un rol social determinado, para integrarse al universo organizado por las formas de lo divino.

Sobre la relación profunda entre la tragedia clásica que atraviesa a Medea y la cultura popular latinoamericana, preguntamos a Pereira: “La tragedia de la mujer está allí. Y puede ser contada por los mitos con muchos ecos diferentes. En nuestras tradiciones son estas las maneras. La cuestión es cómo contar la fuerza femenina. Con un hombre siendo una princesa. Con una mujer siendo Creonte. Son energías. La energía que está acá, en nuestra obra, está en el pueblo ecuatoriano y está en los diablitos también. La misma tradición nos conecta. Porque Medea no es solo el personaje de la tragedia griega, Medea es también un Orixá. Y se puede comer Medea, se puede beber Medea.  Entonces por eso el trabajo se hace verdadero.”

Es entonces momento de hablar sobre la verdad, entendida como aquello que deviene de una idea de lo esencial.  Se nos hace inevitable la pregunta sobre la relación entre celebración original y la representación escénica de ese ritual religioso. Pereira no duda en afirmar que todo es teatro, que lo celebratorio es también una representación. Que no existe como verdad aquel ritual, sino que es en sí mismo una puesta en escena. Esta idea de la celebración religiosa como puesta en escena, nos permite comprender la relación entre la tragedia, el ritual celebratorio y el teatro.

“Los contadores de mentira” son finalmente, y a pesar del nombre que el grupo lleva hace más de 20 años, puros contadores de verdad.

 

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