La lucha por restaurar el Teatro Teresa Carreño

El presidente de la Fundación Teatro Teresa Carreño, Gustavo Arreaza, asegura que atienden deficiencias en la infraestructura, aunque solo menciona la restauración de las butacas. Confirma negociación con la Fundación Nebrada por el repertorio del coreógrafo

Desde que la Fundación Teatro Teresa Carreño fue intervenida, en diciembre de 2013, Gustavo Arreaza ha estado al frente del complejo cultural. En aquel momento, uno de los motivos para la acción legal fue la revisión de la infraestructura del teatro, en un terrible abandono, para su restauración. Planes y proyectos han sido nombrados desde entonces, pero aún los resultados no son visibles.

—¿Cómo emplearán el presupuesto para atender las deficiencias de infraestructura?

—Estuvimos un año y medio trabajando para levantar el proyecto de rehabilitación, porque hacerlo de manera desordenada puede llevar a un daño más profundo. Y tuvimos la suerte de contar con la asesoría del arquitecto original, Tomás Lugo. El proyecto está listo y lleva un orden específico, pero tendremos que ir enfrentando la realidad; porque existen dos componentes para una restauración como la que necesita el teatro: los bolívares y las divisas. Lo de las divisas en este momento, a pesar de que comenzó una mejoría, en líneas generales es muy difícil.

—¿Pero la fundación cuenta con el dinero para el proyecto?

—Sí tiene para comenzar las etapas. Ya no es, quizás, como en otro momento en Venezuela en el que se tenía todo para comenzar una obra; pero con orden se puede lograr.

—¿Cuáles son las prioridades?

—Estamos a la espera de sustituir las butacas, tanto de la Sala Ríos Reyna como de la José Félix Ribas. Tenemos 600 sillas de polímero de alto tráfico para utilizar en los espacios abiertos. De infraestructura podríamos hablar largo rato porque son muchos los problemas. El arquitecto Lugo me explicaba que a pesar de que el teatro tiene 33 años, su desgaste es como de 80.

—¿Quedaron secuelas de los episodios de inundación?

—El teatro se inunda cuando los índices de lluvia superan la normalidad, además está la quebrada Anauco de San Bernardino que cuando sobrepasa su límite las aguas corren hasta acá. No tenemos problemas, si llega una eventualidad como esa se cuenta con unas bombas que inmediatamente sacan el agua. Creo que se manipuló la información, se exageró. Si hubiese sido tan grave, al día siguiente el teatro no hubiera podido funcionar.

—¿En qué estatus están las negociaciones con la Fundación Vicente Nebrada sobre los derechos de las coreografías?

—Nosotros retomamos las negociaciones, nos parece que la justicia tiene que prevalecer en cada una de las acciones de la vida. En las conversaciones vamos bien avanzados, pero para nosotros sería muy importante tener todo o la gran mayoría del repertorio de Vicente Nebrada, porque es una de las entidades espirituales que acompaña nuestros espacios. Queremos recuperar todas las obras en perfecta armonía con sus familiares. Hemos venido preparándonos porque deseamos recuperar también otros repertorios, rescatar los vestuarios; en ello trabajamos con el Cencrep, que nos visitará para revisar el piano del Teresa Carreño. La idea es también estrenar obras el año que viene.

—¿Cuál es la situación salarial del Ballet Teresa Carreño? ¿Se tiene estipulado presupuesto para la contratación de un director artístico?

—Eso también nace de los planes que estamos levantando. Este año a las audiciones vinieron unas 180 personas y estamos conscientes de que es la única compañía de ballet profesional que queda en el país. No queremos que se nos apague un ballet que llegó a ser reconocido internacionalmente en una época, claro que en aquel entonces la primera figura siempre era extranjera; nosotros queremos que esté integrada absolutamente por bailarines venezolanos. También que vengan maestros coreógrafos, eso está estipulado. Sobre los recursos, somos una fundación, es decir que no solo esperamos que el gobierno nos dé el presupuesto asignado, estoy abierto a recibir transferencias, a salir a la calle para buscar entre públicos y privados. En todas partes del mundo la cultura es subsidiada, no hay lugar donde un teatro se autosustente.

—¿Y los beneficios del bailarín?

—Tenemos un proyecto de mejoramiento del nivel del ballet para los próximos años. De hecho hemos contratado maestros: estuvo Laura Fiorucci, Cristina Fungairiño, Brixio Bell. Y el teatro ha apuntado al surgimiento de nuevos coreógrafos entre los mismos bailarines. Si bien es una situación complicada, se han generado fortalezas. Todo el mundo ve el lado negativo de que los bailarines del Teresa Carreño se vayan, pero lo vemos como un logro porque somos exportadores de talento.

Cifras de asistencia

A pesar de que las producciones propias escasean, Gustavo Arreaza se emociona al nombrar los eventos que tienen lugar en el complejo, así como el número de visitantes: “Es nuestra función: que entre el pueblo, que se abran las puertas. Hoy el teatro tiene más actividad”.

Habla de récords. Señala que en 2013 asistieron 657.000 personas a los espectáculos. En 2014 la cifra subió a 1.050.000 y en 2015 se llegó a 2 millones. “Y en 2016 hubo un día que pasaron casi 15.000 personas por nuestras instalaciones. Estamos más vivos que nunca, porque nuestro gobierno le da importancia fundamental a la cultura y porque estamos en perfecta armonía con nuestro sindicato y personal. A quienes nos tocó dirigir los destinos de esta institución trabajamos con pasión inusitada”.

 

Publicado en El Nacional
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