La tradición del cartel político

La invasión y ocupación norteamericana de Puerto Rico (25 de Julio de l898), tiene repercusión en el accionar político, cultural y económico, de la isla. El agresivo invasor establece sus normas, signando todo el discurrir de la vida de sus habitantes hasta el día de hoy.

Del libro El cartel en Puerto Rico” (Teresa Tió; pág. 39) citamos: “Entre los años 1940 a 1941, Rafael Ríos Rey (Ponce,1912-1980, San Juan), dirigió en Puerto Rico la sección de arte de la Administración de Progreso al Trabajo (Works Progress Administration, WPA), para la que diseño 4 ó 5 carteles impresos en serigrafía sobre cartulina. Aunque estos ejemplares no se conservan, el artista indica que todos estaban relacionados temáticamente con los que producía la misma agencia en Estados Unidos. Estire su dólar, lo diseñó para la Office of Price Administration y Si todos sembramos, todos cosechamos, para la American Agricultural Association”.

Rafael Ríos Rey quien aprendió serigrafía en New York, a su retorno a Puerto Rico en el 1944, desplegó una intensa actividad en su taller con el uso de la técnica para la confección  de anuncios, letreros, banderines , y cruza calles.  Al igual que él, otros impresores puertorriqueños aprendieron sobre la serigrafía en los Estados Unidos, destreza que utilizaron básicamente para la producción comercial.  Fueron aislados los casos donde se enseñó localmente el uso de la serigrafía,  siendo ejemplo la Academia Edna Coll, en donde se ofrecieron conocimientos para su empleo dentro de las Artes Aplicadas.

Por su versatilidad de impresión en diversos materiales, la serigrafía también fue utilizada esporádicamente por los soldados norteamericanos en las bases militares en Puerto Rico, para la impresión de equipos y letreros.

Es en el 1946 cuando la serigrafía es aprovechada para la impresión de carteles dirigidos a la población rural de Puerto Rico. Este proyecto iniciado por el Taller de Cinema y Gráfica de la Comisión de Parques y Recreos Públicos, contó con la participación de artistas como Irene Delano, quien dirigió el taller gráfico  y quien aprendiera la técnica en los Estados Unidos. El taller de serigrafía elaboró numerosos carteles como vehículo de educación para una población en su mayoría analfabeta, insistiendo en sus mensajes propagandístico sobre aspectos de higiene, salud y seguridad familiar. Las impresiones de los carteles, con una tirada limitada por lo general a 2,000 ejemplares, contó con la colaboración de los diseñadores: Francisco Palacio, José Figueroa y Juan Díaz.

 En 1949 el Taller de Cinema y Gráfica cambia su nombre a División de Educación de la Comunidad (DIVEDCO), la cuál maneja su taller de gráfica con un mayor presupuesto y personal adicional. Durante este período se integra Félix Bonilla Norat, puertorriqueño que tenía un taller de serigrafía comercial en la ciudad de New York. Posteriormente se incorporan jóvenes artistas que habían estado estudiando y laborando en el extranjero, quienes se sienten atraídos por las perspectivas de cambios políticos y sociales en la Isla; artistas como Rafael Tufiño, Lorenzo Homar, Julio Rosado, Torres Martinó y Carlos Rivera, quienes dan un nuevo impulso creativo al desarrollo del cartel serigráfico en Puerto Rico.

La vital y puntual importancia  del taller serigráfico de la DIVEDCO en Puerto Rico, hay que recalcarla por la importancia del lugar en la capacitación y desarrollo de las técnicas de impresión, el establecimiento de una estrecha colaboración entre artistas e impresores,  y subsiguientemente la incorporación directa de los artistas al proceso de impresión serigráfica; motivándolos, cada vez más, a la realización de importantes diseños ejemplos del cartel latinoamericano.eladio-rivadulla-cartel-del-1959

Durante la década de los 50 se creó el Centro de Arte Puertorriqueño (C.A.P.), con el propósito de “…incidir en el movimiento artístico autónomo. Para consolidar una conciencia nacional, seleccionó la estampa gráfica como medio de difusión y comunicación y propició la experimentación con diversos medios gráficos. La estructura de taller libre del CAP, sus planteamientos ideológicos y la elección de la gráfica como medio de difusión y comunicación con el público, propiciaron la experimentación con diversos medios gráficos.”   (La estampa serigráfica en Puerto Rico. Norma Rosso Tridas).

Las cualidades pictóricas de la serigrafía fueron un atractivo adicional para que los artistas puertorriqueños incorporados al CAP,  y que básicamente venían desde la pintura de caballete, hicieron  que se volcaran a la confección de estampas serigráficas, estableciendo la significativa aceptación de los puertorriqueños por la obra gráfica serial.

La década de los sesenta se caracterizó por sus  movimientos sociales en la región y en el mundo, los cuales originaron importantes cambios políticos, que echaron al “zafacón de la historia” a varios gobiernos autócratas.

“En Cuba, el proceso revolucionario cubano, iniciado el primero de enero de 1959, abarcó todos los ordenes y cambió de golpe las coordenadas estéticas. La política cultural colocó los valores humanos por encima de los comerciales y favoreció el desarrollo de una nueva sensibilidad”. (Una imagen pública del Cine Cubano. Portal Cubacine).

El primer cartel serigráfico luego del triunfó de la revolución fue realizado por Eladio Rivadulla, quien explicó: “En la madrugada del primero de enero de 1959 recibí la noticia de la huida del dictador Fulgencio Batista. Y canalicé la emoción que sentí diseñando ese cartel al que haces referencia. Y en la mañana de ese mismo día imprimí serigráficamente aproximadamente cien ejemplares con las dos tintas que simbolizan el Movimiento 26 de Julio y en papeles del mismo formato y calidad de los que utilizaba para producir carteles de cine.” (cuba.la jiribilla/dossier.com)rafael-tufin%cc%83o-cartel-de-1952

En marzo del 1959 se fundó el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas (ICAIC), institución que conjuntamente con la labor de desarrollo del nuevo cine cubano, creó un Dpto. de publicidad que agrupó a diseñadores como: “Eduardo Muñoz Bachs  y a  jóvenes con cierta formación en el campo del diseño o que comenzaban a aprender el oficio: Antonio Reboiro, René Azcuy  y Ñiko, entre otros. “ (Una imagen pública del Cine Cubano. Portal Cubacine).

En 1967 el ICAIC , instaló un taller de serigrafía para las impresiones de los carteles diseñados para promocionar el nuevo cine cubano, hasta ese momento había utilizado talleres privados. Mirta Muñiz, en su libro ´”El cartel cubano” nos dice: “Las reproducciones en offset alcanzaban hasta 40,000 ejemplares para cada cartel, en tanto los impresos en serigrafía de dos mil a tres mil ejemplares”.

El proceso serigráfico atrajo a otros creadores como Alfredo Rostgard, Félix Beltrán y a pintores como Raúl Martínez, René Portocarrero, Servando Cabrera , entre otros, quienes asumieron la técnica para la impresión de carteles y obras artísticas.

 

 

Publicado en Acento
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