Librero de pura cepa

Por Carlos Reyes

Mañana en el Centro Cultural de España se inaugura Circulación y peripecias del Quijote en Uruguay: la colección de Roberto Cataldo, exposición que reúne piezas raras sobre Cervantes y su siempre misterioso universo, en este caso vinculadas a esta parte del planeta.

De la colección cervantina del librero Roberto Cataldo, de unos 500 ejemplares, la muestra reúne 45, entre los que hay, por ejemplo, un Quijote en cuatro tomos de 1765, un ejemplar de la revista Fray Mocho de 1916 dedicada al tercer centenario de la muerte de Cervantes, y el libro infantil Don Quijote grillo, de Montiel Ballesteros, editado en Montevideo en 1961. Con curaduría de María Ángeles González, se inaugura mañana a las 18:30 en Rincón 629, con entrada libre.

Pero más asombro aún puede provocar que a pocas cuadras del Centro Cultural de España esté la propia librería de Cataldo, El Galeón, que desde 1973 ha ido ocupando diversos locales. Hoy la gigantesca librería de materiales antiguos está en Plaza Independencia 1382, pero quien pasa por la puerta difícilmente imagina todo lo que el hermoso local contiene.

Cataldo estima que hoy cuenta con más de 100 mil publicaciones, que se reparten en una serie de niveles hacia abajo, que va desde la mesa de ofertas que está junto a la entrada, a los subsuelos del local, que en otras épocas fue cine y boliche nocturno. Allí el visitante curioso puede disfrutar de primeras ediciones García Lorca, Saint Exupéry, Borges, Delmira Agustini y Roberto de las Carreras. Y también ediciones del siglo XVI en adelante.

Recorrer la librería es abismarse en un mar de papel. En el ambiente al nivel de la calle, los anaqueles lucen bien ordenados, pero a medida que se desciende escaleras abajo, las pilas de libros se van multiplicando hasta una especie de caos. Pero ese es justamente uno de los placeres del bibliófilo: buscar lo que no sabe que va a encontrar. Y El Galeón tiene mucho más que libros: mapas, grabados, afiches, fotos, postales, documentos, objetos de arte que dan riqueza a este comercio que recibe visitantes uruguayos y de todas partes del mundo.

Cataldo contó a El País que tanto argentinos como brasileños van mucho por su local, muchas veces buscando obras vinculadas a sus respectivos países, o a temas en común en la región. «Entre los brasileños, por ejemplo, hay mucho interés, sobre todo en el sur de Brasil, con el tema criollo. O temas como la Guerra de la Triple Alianza, las misiones jesuíticas, asuntos históricos que involucran a la región. Y la dominación lusobrasileña en la Banda Oriental».

Cataldo evoca la historia de alguna pieza en concreto. «He tenido unas invitaciones de Carlos Federico Lecor invitando a bailes, en tiempos de la Provincia Cisplatina. Me acuerdo que el doctor Jorge Batlle, lamentablemente fallecido hace poco, me compró algunas para regalárselas a Fernando Henrique Cardoso».

Sin embargo, el librero no oculta que hoy en el mundo el libro usado se mueve menos que décadas atrás. «Autores importantes del siglo XX, como Camus, Malraux, a veces la gente no sabe ni de qué les estás hablando. Hay gente que privilegia otro tipo de cosas, en desmedro de la cultura. Tiene un yate, o una semejante casa en Punta del Este, y no tiene un libro, ni un grabado. Antes un médico, se armaba una biblioteca que podía ser de arte. O un abogado, una biblioteca de historia. Es decir, una biblioteca que no tenía que ver directamente con su profesión. Cosa que ahora me parece que no existe», concluye.

Cambios: Internet y el mercado internacional

Con una carrera como librero y editor que comenzó en 1960, Roberto Cataldo ha sido testigo de muchos cambios en el mercado del libro. «Desde más o menos el 73 al 84, trabajé con instituciones muy importantes, como el Museo Británico. Les vendí de todo, tanto historia como literatura. También la Biblioteca Nacional de París, la Biblioteca Real de Bélgica, la Universidad Libre de Berlín. Y bibliotecas de las universidades norteamericanas. Pero eso fue hace 30 años, luego se fue cortando», señala el librero.

«Influyeron muchos factores. Por ejemplo, las guerras de Estados Unidos en el exterior, desde Vietnam, fueron haciendo mermar los presupuestos de las universidades, que reducían sus compras a material para estar actualizadas. Libros nuevos, no los antiguos. Luego, con Internet, una universidad conoce el material que tiene otra de un estado vecino, y entonces, en lugar de comprarlos, se los piden prestados. Ahora casi no les vendo a las instituciones extranjeras, salvo alguna pieza importante».

Publicado en El País
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