Por Aldo Benítez / Fotografía: Mónica Matiauda

Su oficina, ubicada en el barrio Carmelitas, parece un búnker. Uno tiene que ingresar por un pasillo largo, a media luz, que tiene varias tablas en el piso y las paredes dan la impresión de que no están terminadas. Es como que todo está en construcción todavía. Y esa, de alguna manera, es la idea que Solano Benítez (53) quiere dejar como mensaje o consigna desde su oficina: Que todo se tiene que seguir haciendo, que las obras deben continuar, pero de una manera diferente para cambiar las cosas. “El mayor orgullo es la epifanía de continuar”, afirma en esta entrevista para VOS.

Solano Benítez encuentra en Asunción una ciudad que cada día crea más espacios exclusivos, lo que la va convirtiendo en más excluyente. Lo que para muchos resulta una imagen clara de crecimiento de una ciudad, con las construcciones masivas de edificios, shoppings y centros comerciales gigantes, para Solano Benítez no es más que un fenómeno que se da por el excedente de dinero que hay que “gastarlo” como sea y porque, la cultura actual en la que vivimos -a la que considera totalmente visual y superficial- hace que solamente se entienda como una ciudad en pujanza o desarrollo a aquella que está ocupada de rascacielos y edificios altos.

Para tratar de explicar esto, acuña una frase: “Estamos construyendo peoras”, señala Solano Benítez. Para él, no se puede hablar de una ciudad que entienda solamente una visión de las cosas, que entienda que sólo hay un sector comercial al que hay que satisfacer con infraestructura, dejando de lado a otros sectores que viven en Asunción.

El arquitecto ganó en mayo de este año el León de Oro al mejor participante individual de la XV Bienal de Arquitectura de Venecia 2016. Según el jurado, el galardón obedeció a que la obra de Solano Benítez supo “aprovechar los materiales simples, el ingenio estructural y de obra no calificada para acercar la arquitectura a comunidades marginadas”.

No es el primer premio que gana Benítez con sus proyectos. A lo largo de los años ha conocido de otros importantes logros.

En el 2008, se alzó con el premio al mejor arquitecto del mundo: la BSI Swiss Architectural Award, un galardón internacional de arquitectura que pertenece a la BSI Architectural Foundation. Solano Benítez no le quita méritos a estos logros, pero afirma que el desafío no está en llenarse de galardones, sino en dejar algo importante para la sociedad en cuanto a cambios estructurales, principalmente en lo que hace a la inclusión de todos los sectores y hacer de Asunción una capital que haga ciudadanía real.

Solano Benítez dice que Asunción está en un momento en que el cambio de escala obliga a replantearse un nuevo sistema. “Antes, pasar un semáforo rojo en los 70 no traía ninguna consecuencia. Hoy, ese disparate puede traer cientos de situaciones graves, es criminal hacer eso”, explica y añade: “Es hora de entender que no se trata solamente de observar la realidad de un solo punto de vista. Lastimosamente, se escuchan las voces de nuestra sociedad desde el punto de vista del negocio”, asevera Benítez.

El arquitecto habla de que en la zona de Puertos, en donde se busca instalar una serie de “superministerios”, se puede crear un lugar excelente para potenciar el aprendizaje, algo que considera clave para mejorar nuestra sociedad. “Nosotros ya no tenemos tiempo de seguir concentrándonos en la enseñanza, necesitamos estimular el aprendizaje”, dice y cita, por ejemplo, que dicha zona, por ser un lugar muy privilegiado con la bahía, el río y la vista, podría utilizarse para construir museos, bibliotecas y laboratorios, que son espacios para potenciar aprendizaje. Sin embargo, asevera que se está extendiendo el mismo tipo de ciudad sin valorizar el enorme potencial que tiene el construir una ciudad distinta, según Benítez.

Arquitecto desde los 23 años, padre de tres hijos y actualmente separado, Solano Benítez acompañaba de chico a su padre a la cancha para verlo al Olimpia, pero él quedaba fascinado por el mundo que rodeaba al encuentro deportivo. “Yo me quedaba viendo cómo el vendedor de chipa le enviaba su producto al comprador a través del pasamanos, y éste le enviaba el dinero con ese mismo sistema. El estar más atento a esto hizo que varias veces me perdiera un par de goles”, recuerda, con una amplia sonrisa.

La fuerza de la imaginación

Para Benítez, existen muchas cosas que se están haciendo mal pero no todo está perdido. Se puede tener una ciudad distinta a partir de transformaciones positivas. Estas transformaciones provienen de la imaginación, de la capacidad de crear, que es lo que impulsa desde su estudio y la Academia. “Tenemos la imaginación como la herramienta más poderosa de transformación. Somos la especie que menos se adapta al medio y por lo tanto está obligada a transformar al medio para vivir en él. Si las transformaciones son positivas, mejoramos, crecemos; si son negativas, nos enfermamos”, explica.

Agrega que no solamente Asunción requiere de esta fuerza imaginaria para lograr cosas positivas, sino el mundo. “Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguimos legitimando esta situación en donde el 60% no tiene nada y el 50% está en la miseria. Estamos obligados a un hacer diferente, ese hacer diferente es la creatividad, es la imaginación, y así, las cosas que son como son ahora, sean capaces de ser una forma distinta para que entre todos estemos mejor”, asevera Solano Benítez.