[LibrosLibres] Obra poética completa de César Vallejo

Esta semana se cumplieron 125 del nacimiento de César Vallejo, la obra poética del mayor poeta peruano tiene una vigencia absoluta, porque junto con Martí, Mariátegui y algunos otros hombres de letras de entre siglos, pensaron una América Latina que pueda hablar con una voz propia, pensarse a si misma en sus propias raíces seculares e híbridas.

Esta edición fue realizada por el Ministerio del poder popular para la cultura de Venezuela y cuenta con un profundo estudio preliminar de Enrique Ballón Aguirre. De ese estudio, rescatamos un texto escrito por Vallejo en 1924 llamado “Cooperación” y publicado en el diario “El Norte” de Trujillo.

Mucho, y nada bueno para Europa, hay que decir cuando a los latino­americanos se nos toca la piel de la solidaridad. ¿Solidaridad con Europa? No se comprende hasta qué punto puede haber, tratándose de Europa y Sudamérica, aquella paridad de corazones, necesaria a tal punto humano, y no de mera diplomacia. ¿Solidaridad? ¿Comprensión? No existe nada de esto en Europa respecto a la América Latina. Nosotros, en frente de Europa, levan­tamos y ofrecemos un corazón abierto a todos los nodulos del amor, y de Europa se nos responde con el silencio y con una sordez premeditada y torpe, cuando no con un insultante sentido de explotación. Una sordez premeditada observa Europa respecto a nuestra vida y agitaciones mozas. Ya en alguna otra parte lo he dicho. Pero hay que insistir todas las veces posibles, tocando a las murallas inaccesibles, hasta romperse los dedos, o hasta ver si en ellos nace el callo que haga chispear las piedras y chafe los zarzales, a manera de ese otro callo histórico bajo cuyo golpe no volvía a nacer la yerba. Por algo aún se nos prejuzga bárbaros…
Cuantas veces sea necesario hay que coger a Europa por el mentón de abuela y clavarle en las narices este polvorazo: ¿Hueles? Es el gran vaho viril de un nuevo continente… Así hay que gritarle día y noche, hasta que sepa oirnos y valorar nuestra función actual de advenimiento a la cooperación uni­versal. Que, por lo menos, declare que no nos conoce, que no nos comprende, que no nos respeta. ¿Por qué su sordera y su silencio? Puede Europa desde­ñar o ignorar a los africanos, a los australianos. ¿Pero a nosotros? Para res­petar y admirar la India —que se anuncia estupenda— ha bastado un Tagore; para respetar y temer al Japón —que ya se ha impuesto al mundo— bastó un Yanagata; para respetar y temer a Yanquilandia —que ya tiene en sus manos, como bolsa diabólica, el estómago del mundo— bastó un Grant. Para respe­tarnos a nosotros los latinoamericanos —que ya nos hemos anunciado y vamos a imponernos— ¿no basta un Simón Bolívar y un Rubén Darío? ¡Hipócritas!
Conocemos la treta. Europa simula ignorarnos, se esfuerza, con insistencia ri­dicula y simplona, en demostrar que nos ignora y nos desdeña. No es que se esfuerce en no conocernos. Nos conoce. Sería inútil que pretendiera igno­rarnos. Se trata de una artimaña sosa y lastimosa. Es el vulgar expediente del que pretende derribar a su adversario, y no pudiendo atacarle, apela al
desdén simulado, demostrando ni siquiera advertirle —pues tal es su insigni­ficancia— cuando en verdad, le está observando de soslayo en sus menores gestos, y le teme y hasta le sueña de puro miedo.
Medio año llevo en París, y puedo decir que, salvo informaciones diarias y nutridas de Nueva York —Le Fígaro dedica una página semanal íntegra a Norte América— jamás rotativo alguno ha visto la más ligera noticia de América. ¿Qué significa semejante boicoteo? ¿Solidaridad? ¿Cooperación? Cooperación de cancillerías, protocolo de conveniencias menudas y siempre en provecho de Europa.
¿Cooperación? Ya la suscitaremos algún día a puñetazos. Fomentemos en tanto la firpería o cría de Firpos. Y ya verá Carpentier.
¡Bajo Imperio!¡Aquí estamos los bárbaros!

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