Un museo para el cine cubano

Muchas son las voces que ansían la creación de un recinto que acoja el Museo del Cine Cubano para mostrar, de manera permanente y en las condiciones idóneas de conservación, el valioso patrimonio que atesoran los Estudios de Cubanacán, otras áreas del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) e, incluso, personas anónimas que han sido capaces de guardar, con mucho celo y amor, una parte importantísima de la historia del séptimo arte, en la Mayor de las Antillas.

Mientras no aparece la institución oportuna para tales fines, y en saludo al aniversario 58 del ICAIC, se unieron en calidad de curadores Jorge Suárez, especialista principal de la producción de audiovisuales del ICAIC, y el realizador de los Estudios de Animación Paul Chaviano, dos hombres enamorados de la idea de visibilizar cuanto de bueno se ha realizado desde la industria cinematográfica nacional en materia de vestuario, utilería, ambientación, efectos especiales y objetos de atrezo.

Así nació la muestra colectiva que lleva por título Expo de piezas patrimoniales del cine cubano, integrada por piezas que nunca antes han sido mostradas al público y que se podrá apreciar hasta el mes de abril en el lobby de los cines Charles Chaplin y 23 y 12, a los que se suma el vestíbulo del ICAIC y la Sala de Patrimonio de los Estudios de Animación donde se atesoran maquetas, figuras, fondos y acetatos originales de filmes como Vampiros en La Habana, Veinte años y La luna en el jardín.

Cuando penetramos al lobby del cine Chaplin enseguida nos sorprende una prolija selección de vestuarios, cámaras, luces y equipamientos de rodaje, empleados en la producción del joyas de la cinematografía nacional, como son Lucía, El hombre de Maisinicú, Cimarrón, Clandestinos, Los sobrevivientes, José Martí: el ojo del canario o Memorias del subdesarrollo, por solo mencionar algunos de los filmes más emblemáticos.

De inmediato, nos retrotraemos en el tiempo y logramos conmovernos con el vestuario confeccionado para una de las historias de Lucía; sentimos curiosidad con las cadenas que arrastró en el presidio modelo el joven Martí, en el largometraje de Fernando Pérez, o nos miramos junto con Sergio Corrieri, en un espejo que habla de una Habana sumida en miles de paradojas, pero que se mueve con el ritmo del estribillo ¿Dónde está Teresa?

“Lo más importante es que detrás de esta exposición está el trabajo de muchas personas anónimas. Algunas están todavía en el ICAIC. Otras, ya se han jubilado o ya no están físicamente con nosotros. Esas personas fueron capaces de conservar, con mucho celo, durante años, parte de lo que se puede apreciar en la exposición”, advirtió Jorge Suárez.

El especialista hizo público el anhelo de otros trabajadores del ICAIC: “Nosotros aspiramos a que algún día estas piezas puedan ser exhibidas públicamente en un espacio permanente y que todo el que lo desee pueda recorrer, a través de una muestra, lo que ha sido la historia del cine cubano”.

Paul Chaviano también se suma a ese reclamo: “Cuando nos encontrábamos en la búsqueda de los materiales, nos quedamos asombrados de todo lo que atesora el ICAIC. Se han perdido muchas cosas, sobre todo de las últimas producciones. Tal vez hoy una película no trascienda, pero con el tiempo podemos lamentarnos de no haber guardado algún recuerdo de esa filmación. Me parece muy importante conservar el patrimonio.

“Si ahora podemos contar con el sillón de ruedas de Germán Pinelli en Los sobrevivientes, es porque hay alguien que lo ha conservado, lo ha cuidado con amor. A mí me parece que esta exposición es una antesala de lo que podemos hacer para el aniversario 60 del ICAIC. Ojalá lleguemos a esa fecha para organizar una exposición mucho más meritoria”, concluye.

Expo de piezas patrimoniales del cine cubano constituye también un homenaje a los que han soñado y hecho posible la historia del ICAIC en sus 58 años de vida: el documentalista Santiago Álvarez y su fotógrafo Iván Nápoles; el gran director de fotografía Jorge Herrera; la diseñadora de vestuario María Elena Molinet; el director de arte Pedro García-Espinosa; Roberto Miqueli, especialista en efectos especiales; Carmelo Ruiz (iluminación); Eduardo Lawrence (pirotecnia).

Con esta muestra igualmente se recuerda el legado del director de fotografía Raúl Rodríguez Cabrera, quien este 24 de marzo recibirá, oficialmente, el Premio Nacional de Cine 2017, uno de los nombres imprescindibles en Noticiero ICAIC Latinoamericano, espacio con el que colaboró durante 15 años.

A Rodríguez, de igual manera, se debe la fotografía del largometraje La Bella del Alhambra (1989). Precisamente, uno de los vestuarios que lució Beatriz Valdés en este filme de Enrique Pineda Barnet se exhibe en el lobby del Chaplin, como parte de esta interesante exposición.

Publicado en Cubahora
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