[Especial BAFICI] Javier Porta Fouz: «Las buenas películas en Centroamérica ya no son excepciones»

Con la mirada de los medios puestos no en la sala, sino el la multitudinaria asamblea del sector audiovisual frente a la puerta del cine Gaumont, en protesta por las medidas tomadas por el Ministerio de Cultura de la Nación en relación con el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales, el BAFICI tuvo su inauguración el pasado miércoles 19 de abril. El BAFICI sigue siendo, así, una espacio de resonancia de las tensiones políticas alrededor del campo cultural.

El festival es realmente un espacio que además de un importante número de películas, cerca de 400, se constituye desde hace muchos años, como el lugar de los debates estéticos, políticos e ideológicos. Convoca a mundos diversos, cinéfilos de allí y allá, productores, realizadores, críticos, público que busca una experiencia intensa y novedosa. El cine circula en el BAFICI y cuando el cine circula algo bueno trae.

La programación cuenta este año con un importante número de óperas primas. A diferencia de lo que había pasado en los últimos años, el BAFICI retoma su espíritu fundante. Este año el 60% de las películas que forman parte de la competencia oficial internacional son primeras películas. En su origen el festival se pensó como plataforma para nuevos realizadores y sólo se incluían primeras o segundas películas. Esta norma se fue perdiendo con el paso de los años.

En relación con el cine latinoamericano, esta decimonovena edición presenta obras de la región en todas sus secciones competitivas y con una mirada diversa. Se presentarán películas que no han sido parte del circuito europeo de festivales, lo que permite que se vea en Buenos Aires un vertiente de nuestro cine que no necesariamente tienen muchas pantallas para su difusión.

Sobre esta nueva edición conversamos con el director artístico del Festival, Javier Porta Fouz. Crítico de larga trayectoria, ha trabajado en el BAFICI desde sus primeros años, habiendo participado tanto de la organización como de la programación. Esta experiencia le permite aportar mucha riqueza al perfil del festival, amplia y diversa.

¿Cuáles dirías que son las claves para pensar y mirar esta edición del BAFICI?

Las claves son múltiples. Para la gente que nunca fue a un festival siempre recomiendo hacer algo muy simple: ver que horario tienen libre, que les queda cerca y cómodo e ir al cine. Esa es una buena manera de encontrarse con el festival.

En términos de programación nosotros pensamos mucho en ofrecer novedades. Si bien presentamos muchas películas que han pasado por otros festivales y son muy importantes, tratamos de sorprender. Es un mandato del festival que sentimos muy propios. La idea de traer aquel cine que no está circulando, ni hablar de los estrenos, sino que tampoco está circulando tan comúnmente por los festivales. Esto sirve tanto para ofrecerle un interesante menú al espectador entrenado en el BAFICI, pero también para dar entrada a todos aquellos que nunca vinieron y que sienten que el festival no los interpela.

Creo que lo fundamental es, y no solo para el BAFICI sino como idea de política cultural a largo plazo, tomar el Festival para nutrirse, para construir espectadores y espacios y  que el cine pueda seguir existiendo. Para que el cine en su diversidad pueda seguir existiendo. Me parece que la clave para pensar y mirar es poder mostrar todo lo que hay en el cine del mundo. Es crucial entender que debemos ir por ese lado. Porque la cartelera está hoy más concentrada que hace 15 años. La bella y la bestia, por ejemplo, estrena con 500 copias, y el BAFICI tiene que ser también una respuesta a eso. La clave es la diversidad.

Otra clave es el acceso. Manteniendo entradas baratas, pero también sumando actividades gratuitas. Este año incorporamos actividades en las salas de cine. La charla de Nanni Moretti va a ser en una sala de cine, para que entre más gente. Pero también para que estas actividades convocantes sucedan en la sala de cine. La sala de cine es un lugar a recuperar, si bien ya no podemos recuperar las salas que se perdieron, si podemos recuperar la sala de cine como lugar de encuentro y cruce de ideas. Eso también es el BAFICI, un lugar donde vas a discutir, a charlar, a cambiar opiniones, ya sea sobre las películas o sobre el cine en general.

Parafraseando a Moretti que decía ‘las palabras son importantes’, yo digo ‘las películas son importantes’, pero no son lo único. El BAFICI no sólo son las películas. Si bien nos encanta la programación y la trabajamos mucho, queremos que las películas estén rodeadas de charlas, de preguntas, de realizadores presentando sus obras.

Para muchos, entre los que me incluyo, esta edición reflota una suerte de espíritu originario, que se nota en la cantidad de óperas prima en competencia, y un cine potente estética y políticamente. ¿Te propusiste mirar todos los años que trabajaste en diferentes áreas del festival y recuperar algo de aquel espíritu que sin dudas dominó los 10 primeros años?

Me alegra mucho que se note ese perfil. Hay una intención explícita de traer óperas primas, películas nuevas, películas frescas. Al revisar la competencia internacional, me gusta mucho que haya esa cantidad de óperas primas. Me gusta que haya muchas películas que no tienen tanto recorrido. Es cierto que ahora no se pueden traer tan fácilmente películas que han pasado por Cannes, por ejemplo, porque duran menos en el circuito de festivales. Pero más allá de eso, tenemos una intención de buscar aquello que es nuevo. Un cuarto de la competencia internacional es estreno mundial y no son cinco películas argentinas, son 2 películas argentinas. También hay de Costa Rica, de Chile y de Alemania. Me gusta mucho tener un estreno mundial de una película alemana.

Yo trabajé mucho con los programadores en no apurarnos en confirmar, aunque eso nos generó un cuello de botella y al final quedamos exhaustos porque hay que confirmar un montón de películas. En aquellos meses en que se empiezan a invitar películas, a partir de septiembre, evitamos confirmar aquellas que no estábamos realmente convencidos que tenían que estar. En ese momento no quería que confirmáramos las buenas, sino solamente aquellas que estábamos seguros que no podían faltar. Lo que ocurre sino es que en febrero ya está cubierto el cupo y no podemos invitar a obras que van apareciendo y son muy potentes. Muchas de ellas resultan mucho más interesantes que aquellas que estaban bien en octubre. Eso lo fuimos manejando mucho. Estética y políticamente. Si tenemos el festival muy lleno en enero y febrero y aparece material como la película china como “We the workers”, que dura más de tres horas y que es muy potente en términos políticos, sindicales, e incluso de entender el mundo, de pronto no hay como invitarla. Por eso buscamos mucho aquello que nos parecía indispensable. No tener lugar para este tipo de obras me daría mucha bronca.

Por supuesto que hay algo de mi experiencia de muchos años de trabajo en el BAFICI y mi propia obsesión con la estructura organizativa. Lo que se cuenta no es la cantidad de películas, sino la cantidad de minutos por sala. Yo voy controlando eso todo el tiempo, y esa tarea es la que nos permite lograr este modelo de programación. Obliga a toso un esfuerzo de dormir un poco menos en los últimos días de confirmaciones y de grillas, pero se puede lograr.

Bajo tu dirección el Festival incorporó una importante presencia del cine América Latina y suma al cine centroamericano de un modo poco común. ¿qué mirada tienen respecto del cine regional?

En la edición pasada nosotros sumamos la competencia latinoamericana, que nos dejó muy contentos. Esa idea surgió a partir de la película colombiana “Inmortal” de Homer Etminani  (que resultó ganadora de la edición 2016) porque nos parecía que, como en las otras que participaron, había un cine latinoamericano que quedaba afuera de los radares de los festivales europeos de primer orden. Ese desafío nos volvió a tentar este año.

Creo que el cine latinoamericano ha tenido un crecimiento tremendo en los últimos 10, 15 o 20 años según país de que se trate. Recuerdo haber estado en Chile en 2006 y el cine era incipiente por ese entonces. Hoy en día tiene una producción sostenida.

El cine centroamericano, por otra parte, es realmente una sorpresa. A mí me invitaron al festival de Costa Rica en diciembre. Yo iba a invitado a ver work in progress y proyectos, que algunos tenían unos fragmentos filmados, pero no todos. La mayoría era de Costa Rica, pero había también de otros países. Lo que vi en el cine costarricense, como en películas de Guatemala o Nicaragua es que justamente empieza a haber Cine y no solo películas aisladas. En Costa Rica sobre todo me sorprendió que hay una buena variedad de obras y una importante cantidad de gente que está sosteniendo la producción. Desde “Gasolina” de Julio Hernández Cordón hasta acá son muchas las películas que se destacan, como “Medea” o “Abrazame como antes,” y que confirman la idea que está apareciendo algo nuevo y nosotros tenemos el deber de señalarlo. Las buenas películas en Centroamérica  ya no son excepciones y va a haber más. A esto hay que sumarle el cine del Caribe, como el de República Dominicana que tiene una potencia industrial increíble. Nosotros estamos mirando esto. Por eso en esta edición tenemos una charla a la que viene un gran especialista de cine centroamericano. Si, nosotros lo estamos viendo y es nuestra tarea señalarlo y compartirlo con el público y los profesionales que vienen al BAFICI.

La mesa panel a la que refiere Porta Fouz lleva como título “Cine en América Central” y se va a desarrollar el Punto de Encuentro, en el Centro Cultural Recoleta. Con la presencia de María Lourdes Cortés (directora del fondo de fomento al audiovisual de Centroamérica y el Caribe), Julio Hernández Cordón (director guatemalteco), Marcelo Quesada (director artístico del Festival de Cine de Costa Rica) y Alexandra Latishev (directora costarricense) se presentará el desarrollo de la industria cinematográfica en la región.

Un punto de los más altos de esta edición es sin dudas la visita de Nanni Moretti. Nacido en Italia en 1953 es director, actor, productor y escritor. En 2001 recibió la Palma de Oro por su largometraje La habitación del hijo. Moretti estará en Buenos Aires para presentar la totalidad de su obra, lo que resulta una oportunidad única para profundizar en el trabajo de este autor potente, que sin dudas se anticipó, al menos una década, a la crisis presente de su país y de toda Europa. También se presenta en el marco del festival el libro “Ecce Nanni: el testigo crítico”, el primero sobre su obra publicado en América Latina.

¿Qué significado tiene la presencia de Nanni Moretti?

La visita de Nanni Moretti es un sueño hecho realidad. A él se le dedicó una retrospectiva en la primera edición del BAFICI, en el año 1999, y en ese momento vi las películas en el cine y me causó un impacto tremendo. Acercarse a su obra es conocer a un creador de enorme coherencia y  gran identidad. Alguien que es casi el paradigma del autor: escribe, actúa, produce, dirige.

Realmente un creador de su propio cine, pero además alguien que interviene en el cine italiano desde diferentes ángulos, como en el cine que ven los italianos, por eso en algún momento empieza a distribuir y tiene su propio cine. Estrena películas de Kiarostami, estrena películas subtituladas. Ha creado festivales, ha producido a otros directores que considera de deben tener una voz. Para entenderlo también hay que entender el estado del cine italiano cuando él comienza su carrera, en la década del ’70. Ya no tenía la potencia industrial de antes y tampoco esos grandes autores tan consagrados. Él ingresa al cine cuando la cinematografía italiana está entrando en otra era, asediada por la televisión como lo muestra Fellini en Ginger y Fred. Él entiende qué lugar ocupa y actúa en ese sentido. Es tremendamente político, por hablar directamente de política, pero también por hacer política cinematográfica.

Es alguien que ha tratado muchísimos temas. La política italiana, la política cinematográfica, los dulces, el calzado, la televisión, el cine de otros –es un cinéfilo tremendo-. Es un creador insustituible. Él dice que hace autobiografía en capítulos con su cine. Hay algo de su personalidad que se imprime en sus películas. Además tiene una capacidad única para manejar la comedia, el ensayo, el drama, incluso hablando sobre el cine como en “Mía madre”. Es un cineasta deslumbrante. Esperemos poder aprovechar mucho su paso por acá durante el principio del festival.

Es una visita realmente importante para el BAFICI. Uno de los grandes cineastas de la historia del cine. Es insoslayable. Creo que su visita nos permite cumplir con el mandato del primer BAFICI y de algún modo es vincularlo con aquel espíritu inicial del que hablamos al comienzo de la charla.

El BAFICI se desarrollará entre el 19 y el 30 de abril en 32 sedes, distribuidas en todo el territorio de la Ciudad de Buenos Aires, aunque su epicentro continuará siendo el céntrico barrio de Recoleta. Además del complejo de cines allí ubicados se suman  el complejo Village Caballito, el Espacio INCAA Cine Gaumont, Arte Multiplex Belgrano, el Cultural San Martín, Malba, Fundación Proa y Teatro Gran Rivadavia, se le suman proyecciones gratuitas en los Espacios Culturales Julián Centeya en Boedo, Carlos Gardel en Chacarita, Adán Buenosayres en Chacabuco y Resurgimiento en Paternal y en los Centros Culturales Homero Manzi en Nueva Pompeya, Julio Cortázar en Nuñez, Versalles, Sebastián Piana en Caballito y Nicolás Olivari en Boedo. La programación del Festival también llegará a los barrios Rodrigo Bueno, Saldías, Fraga, a la Plaza Juan 23 en el Bajo Flores, al Polideportivo Los Piletones, el Galpón Piedrabuenarte y la Cancha Plaza Portal en la Villa 21-24 en Barracas.

Las entradas generales tienen un valor de $ 45,= y para los estudiantes y jubilados el mismo asciende a la suma de $ 30,=. 

Toda la programación y las actividades especiales puede consultarse en el sitio oficial

 

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