Contexto Nodal Cultura
El Banco Nacional de Datos Genéticos de Argentina es un organismo público estatal que forma parte de las instituciones que trabajan por la Memoria, Verdad y Justicia.
Creado a instancias de Abuelas de Plaza de Mayo, el BNDG es el responsable de la determinación de la identidad de los niños apropiados durante la dictadura cívico militar.
Desde entonces 122 nietos han recuperado su identidad y el trabajo del Banco será fundamental para continuar la tarea de la identificación de las víctimas durante al menos los próximos 40 años. El pasado 1ro de junio cumplió 30 años y publicó un libro sobre esta importante historia, única en el mundo por tratarse de un organismo estatal dedicado a reparar las atrocidades cometidas por el propio Estado

Una pregunta *

En la medida que fuimos trabajando en este libro encontramos que era imposible desandar el camino de los 30 años, que son algunos más, sin encontrar a cada paso una pregunta. No se trata de preguntas, se trata de una pregunta que son varias. Porque cada una es la pregunta que cada uno de los actores involucrados se hizo o se hace en algún momento, y cada una es clave. Cada pregunta era o es un motor esencial para poder contar esta historia.

¿Puede nuestra sangre servir para identificar a nuestros nietos? Esta fue la pregunta con la cual las Abuelas salieron al mundo después de encontrar un pequeño artículo de un diario que relataba la confirmación a partir de la sangre de la relación padre-hijo en un juicio convencional. Si la relación filial podía determinarse, ¿sería posible hacerlo en el caso de ellas, cuyos hijos estaban desaparecidos?

¿Podemos determinar la relación entre los abuelos y los nietos a partir de una muestra de sangre? Esta fue la cuestión que debatieron con apasionado entusiasmo hombres de ciencia del mundo. Sin internet ni correo electrónico, hombres como Víctor Penchaszadeh, Eric Stover, Cristián Orrego, Fred Allen, Luigi Luca Cavalli Sforza y Mary-Claire King se comunicaron, dialogaron, debatieron y organizaron simposios dedicados especialmente a encontrar una respuesta a un interrogante científico, que abrió la puerta a una solución.

¿Quién soy?, se preguntó y se pregunta un niño, joven, adulto cuya identidad está en duda. Esta cuestión mueve a casi mil personas al año a llegar al Banco Nacional de Datos Genéticos para obtener una respuesta a su pregunta vital.

¿Cuántos son? Con el paso del tiempo, la investigación sostenida de los organismos de derechos humanos y la ruptura del silencio, que durante años cientos de víctimas no podían quebrar, comenzaron a conocerse más casos de mujeres que fueron secuestradas estando embarazadas y dieron a luz en cautiverio.

De modo que la cifra de posibles nietos que no conocen su identidad puede ser aún mayor al de 500, número estimado por las Abuelas de Plaza de Mayo. Gustavo Molfino, tío de Guillermo Amarilla Molfino, contó que en 1979, cuando secuestraron a su hermana, “lo que nosotros no sabíamos era que mi hermana al momento del secuestro estaba embarazada. Por eso nunca buscamos un posible nieto o sobrino, porque no teníamos noticias de que pudiera estar embarazada. El chico, que hoy es el nieto recuperado 98, inicia una búsqueda a partir del programa Televisión por la Identidad. Se presenta en Abuelas en 2007. Llega al Banco de Datos Genéticos y nadie lo buscaba. Pasa un tiempo, y una sobreviviente de un campo que vivía en España, cuenta que ella escuchó en un momento que los milicos dicen que la Molfino tuvo familia. Esa noticia llega Abuelas, ellas convocan a la familia, y como los datos estaban guardados en el Banco, en el 2010 el cotejo da como resultado la aparición de nuestro sobrino. Se habla de 500 pero pueden ser muchos más. Hay familias que no saben que sus familiares desaparecidas estaban embarazadas”.

¿Dónde están? “Cuando escribí el libro miraba a la gente en la calle preguntándome: ¿alguno será un nieto?”, confesó a propósito de esta idea de las preguntas que nos mueven Analía Argento, autora de De vuelta a casa. Historias de hijos y nietos restituidos, un libro que sirvió como pocos para hacer visible la búsqueda de los nietos que aún restan por encontrar. “Buscar un nieto es buscar una aguja en un pajar”, suele decir Estela de Carlotto. ¿Dónde están? implica recorrer la historia, pero también exhumar cuerpos de quienes pudieron ser en vida nietos, determinar su identidad, encontrar una familia.

Pero cada mañana, cuando un niño, un joven, un ya adulto atraviesa la puerta del Banco Nacional de Datos Genéticos, hay una pregunta que flota en el aire. Hay una pregunta que, aunque sea el lugar de la ciencia, empieza a responderse mirando los ojos, los gestos. Escuchando las historias que traen. O sus silencios. Conteniendo la ansiedad o los temores.

La pregunta que inevitablemente cada día se hace cada uno de los que trabajan en el Banco Nacional de Datos Genéticos es ¿será esta niña, joven o adulto uno de los nietos que nosotros estamos buscando?

* Prólogo del libro “Una pregunta. 30 años – Memoria escrita del Banco Nacional de Datos Genéticos”

Descargue el libro Una pregunta. 30 años