Por MARIÁNGEL SOLOMITA

Detrás de la realización de Misión no oficial hubo como telón de fondo una sucesión de noticias asombrosas. Del anuncio de que Uruguay sería el primer país del mundo en legalizar la venta de marihuana, de que el Estado se haría cargo de cultivarla y distribuirla, de la posibilidad de que los cultivos fueran custodiados por militares y considerando que, desde 2014, está permitido comprar cannabis en Colorado, Estados Unidos, surgió la inspiración para hacer esta película, entre amigos, sin financiación y filmada, sin guión, en el norte.

“Fue un maracanazo”, dicen sus directores Denny Brechner, Alfonso Guerrero y Marcos Hecht al explicar que el argumento de este falso documental es idéntico al propósito que siguieron durante el rodaje. Alfredo (interpretado por Brechner), presidente de la Cámara Uruguaya de la Marihuana Legal, viaja con su madre (Talma Friedler, madre real del actor) a Estados Unidos con la misión secreta de infiltrarse en los eventos más importantes del mundo del cannabis y conseguir clandestinamente 50 toneladas de marihuana para evitar una crisis de desabastecimiento local. Por un lado, Alfredo cumple las órdenes de José Mujica, Presidente de la República en aquel momento, pero también quiere salvar el negocio familiar: una farmacia que funciona como punto de venta.

Puntapié.

Primero esto empezó con un chiste. En 2013, apenas se supo que las farmacias serían los comercios encargados de vender los sobres de cinco gramos, este trío colocó una cámara oculta en uno de estos negocios ofreciendo como carnada brownies con porro gratis. El anfitrión era Alfredo, un farmacéutico entusiasta ocupado en repartir las porciones dulces a sus futuros clientes, hasta que ingresa un policía, interpretado por el actor Tato Olmos (que repite el personaje en la película). La gracia estaba en ver la reacción de los clientes. Este corto se hizo viral y fue comentado en medios como The Guardian, Le Monde y O Globo.

“Lo hicimos porque vimos una oportunidad. Vimos que todo el mundo tenía los ojos puestos sobre Uruguay y que se podía hacer una joda sobre la legalización”, dicen Guerrero y Hecht ahora, tres años después de rodar y a horas del estreno.

Como si la crónica oficial de la legalización quisiera darle un último guiño a este equipo, el martes pasado, el mismo día en que ellos celebraban la avant premiere, una delegación presidencial viajó a Estados Unidos para cumplir una verdadera misión: negociar las trabas impuestas por los bancos que están haciendo caer uno a uno los puntos de venta de marihuana.

Medio falso.

“Para nosotros esta película es una gran cámara oculta”, dice Brechner al respecto de la metodología que emplearon. “El primer paso fue armar la web de la Cámara, que llegó a tener 15.000 seguidores en Facebook. Luego, presentándome como Alfredo, el presidente de la Cámara, llamé a los organizadores de los encuentros que se iban a realizar en Denver para inscribirme. Y me creyeron”, cuenta. Durante cuatro semanas de 2014, Alfredo llegó a las entrevistas, conferencias y festivales agendados en Denver, Nueva York y Washington junto a dos camarógrafos (Guerrero y Hecht), un sonidista (Gabriel Guerrero) y acompañado de su madre, un enorme acierto para redondear el humor del film. “La madre terminaba de legitimar todo, porque si estos tipos están jodiendo, ¿cómo puede ser que viajen con ella?”, pensaron sus colegas.

“Todos pasamos algún tipo de susto en el rodaje. Una vez nos echaron de un hostel con la policía porque creyeron que teníamos porro de verdad”, cuentan los cineastas. “Hubo tensión porque en cualquier momento podían descubrir que yo no era Alfredo, que la Cámara no existía y porque, al fin y al cabo, nos movíamos en el mundo de la ilegalidad”, dice Brechner y concluye: “¿Cuántas películas hay en la que los sudacas nos reíamos de los norteamericanos? Ninguna. Nosotros dimos vuelta la tortilla, en vez de ser los típicos sudacas narcos ilegales, somos los sudacas narco estatales, que no queremos meterles droga adentro del país, queremos sacársela para traerla al nuestro”.

Mujica y Pita, ¿actores o políticos engañados?

José Mujica y el embajador Carlos Pita, además de varios políticos y activistas estadounidenses, tienen una participación en la película. Lo de Mujica es casi un protagónico y Pita participa de lo que parece una típica broma de cámara oculta. Aunque al final más o menos se aclara en calidad de qué aparece uno de ellos, los directores prefieren no hablar de si fueron víctimas o cómplices de la broma, para no “spoilear” la sorpresa de los espectadores. “En otro país era impensable filmar esta película”, dice Brechner. “Sin Mujica no la hubiéramos podido hacer”.

Publicado en El País