Más de 250 fotografías de Masatepe nos muestran la vida cotidiana, rostros, retratos de familia, actos religiosos, fiestas populares, graduaciones, cumpleaños, bodas, procesiones, funerales, peleas de gallos, equipos deportivos, celebraciones cívicas, actos políticos; y casas, calles, iglesias, colegios, centros de trabajo, como fueron o como siguen siendo.

Imagino que si en cada ciudad de Nicaragua se ensayara a hacer lo mismo, tendríamos una fabulosa memoria nacional, acontecimientos y personajes fijados a través del lente de la cámara, antes de que existieran los teléfonos celulares y lo selfies, que han multiplicado las imágenes.

Cómo han vivido los masatepinos

Las hay muy antiguas, casi desde que la fotografía llegó a Nicaragua, y es una galería que se extiende a lo largo de las décadas del siglo veinte, enseñándonos cómo han vivido los masatepinos, generación tras generación, desde los tiempos de Zelaya, a los de Somoza, y luego a los de la revolución sandinista.

Las fotos han sido rescatadas de álbumes familiares y archivos personales, gracias a la generosidad de quienes las atesoran, y en este sentido podemos decir que es una exposición de todos, una memoria personal que se transforma en una memoria común.

Las fotos reflejan en su mayoría historias personales, pero no faltan las de carácter político, no en balde de Masatepe fue el general José María Moncada Tapia, quien al producirse el terremoto que destruyó Managua en 1931, trasladó la casa presidencial al chalet que había hecho construir en el balneario Venecia en la costa masatepina de la laguna de Masaya.

Masatepe (en lengua náhuatl cerro o lugar de venados) es una ciudad que ha crecido y se ha transformado.

Un pueblo tranquilo

En mi infancia no tenía más de cuatro mil habitantes, y era un pueblo tranquilo, de calles sin asfaltar, donde los domingos reventaban los cohetes y se oían sonar las marimbas, y el volcán Masaya, tan cercano, parecía estar en el patio mismo de las casas.

Había un barrio de arriba con su templo parroquial de San Juan Bautista, y un barrio de abajo, con su iglesia de la Veracruz, según el declive del terreno que descendía hacia la laguna. Su santo patrono ha sido siempre el Cristo Negro, el Señor de la Santísima Trinidad, una escultura de los tiempos coloniales.

Un pueblo de excelentes carpinteros de muebles y zapateros, de artesanos del mimbre, y de pequeños y medianos caficultores.

Y también de músicos y compositores, como lo fueron mi abuelo Lisandro Ramírez y sus hijos, que formaron entre todos la Orquesta Ramírez, reputada entre las mejores del país en los años cincuenta.

Todo ese pasado queda en esta colección de fotos. Asomarse a ellas es una manera de entrar en la historia.

Rescate

Las fotos han sido rescatadas de álbumes familiares y archivos personales, gracias a la generosidad de quienes las atesoran, y en este sentido podemos decir que es una exposición de todos, una memoria personal que se transforma en una memoria común.

Hay que ver estas fotos para vernos. Es así como hemos sido.

Publicado en La Prensa