Violeta Parra por si misma: entrevista histórica en Radio Universidad de Chile

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Entrevista a Violeta Parra realizada en 1958 por Mario Céspedes en radio Universidad de Concepción

Mario: frente al micrófono de radio universidad de concepción, la folklorista Violeta Parra. Ha venido a nuestras tierras invitada por la VI Escuela Internacional de Verano a participar en el ciclo “Claves Para El Conocimiento Del Hombre De Chile” y Violeta ha traído, como siempre, novedades; piezas que recién salen de su imaginación y décimas y centésimas que en estos instantes ella está componiendo.

Las décimas y centésimas de violeta parra están recién siendo conocidas por el público, nos decía hace unos instantes que la centésima es una forma nueva de poesía popular que ella comienza a cultivar. Por lo tanto, las décimas que tienen un evidente contenido autobiográfico y las centésimas que son composiciones de inspiración libre, serán dadas a conocer por radio universidad de concepción como una verdadera primicia de la notable folklorista.

Con ustedes, Violeta Parra.
Violeta Parra: Voy a decir, primero, el comienzo de mi libro, una Décima. “pa’ cantar de un improviso
Se requiere buen talento Memoria y entendimiento Fuerza de gallo castizo Cual vendaval de granizo Han de florear los vocablos
Se ha de asombrar hasta el diablo Con tantas bellas razones
Como en las conversaciones Entre San Pedro y San Pablo”

Aquí, Mario, yo sigo en este tono, como los cantores populares, hablando de las condiciones que tiene que tener un cantor, del miedo que se tiene para empezar a cantar y dar una serie de vueltas y rodeos antes de decidirse a cantar en forma. Bueno, después voy a leer una décima… cuando tuve una conversación con mi hermano que fue quien me sugirió que debiera escribir mi vida en décimas populares:

“Muda, triste y pensativa

Ayer me dejó mi hermano Cuando me hablo de un fulano Famoso en la poesía
Fue grande sorpresa mía Cuando me dijo: Violeta Ya que conocíh la treta De la versá popular Principiame a relatar
Tus penurias a lo puetah”

Enseguida yo le contesto a Nicanor porqué no me puedo poner a escribir y a cantar porque tengo otras cosas que hacer como mantener mi casa y batallar por el folklore. Pero después me decidí a cantar y digo lo siguiente:

“Pero pensándolo bien
Y haciendo juicio a mi hermano Tomé la pluma en la mano
Y fui llenando el papel Luego vine a comprender Que la escritura da calma Pa’ los tormentos del alma Y en la mía ya hay sobrante Hoy cantaré lo bastante Para dar el grito al alma”

Al decir “el grito al alma” quiero dar a entender yo que esta va a ser la ocasión mía de lanzar mi queja y mi sufrimiento a través de esta labor folklórica que tú sabes he realizado sola, prácticamente sola, fuera de la ayuda que me prestó la Universidad De Concepción hace 2 años y de uno que otro recital que he dado en la Universidad De Chile, yo no he tenido ninguna otra ayuda al respecto.
Bueno, después me pongo yo a contar ya mis primeros recuerdos. Te voy a presentar a mi abuelo en un par de estrofas:

“Aquí presento a mi abuelo Señores demen permiso
Él no era un roto chorizo Muy pronto van a saberlo En esos tiempos de duelo Era entendido en las leyes Hablaba lengua de reyes Usó corbata de rosa Batelera elegantosa
y en su mesa pejerreyes”

Esto quiere decir que mi abuelo paterno era un hombre que vivía muy bien, era abogado de mucho prestigio. Mi abuelo materno, en cambio, era un campesino de aquí de Chillan para adentro, un inquilino, un obligado, un explotado.

“Ya pudieron conocer

El origen de mi paire
Al contrario el de mi maire Bien distinto si que fue Aquí lo relataré
Sin faltar a la verdáh Porque odio la falsedáh Así como amo la –
En los campos de Malloa Vino al mundo mi mamá

Mi abuelo por parte maire Era inquilino mayor Mayordomo y cuidador Poco menos que del aire El patrón con su donaire Lo tenía de obligado
De segador de empleao De chacarero y rondín Por ahora en el jardín De hortalizero forzao”

Yo celebro que mi abuelo haya sido campesino, Mario, aquí cuento una parte de una de las grandes fiestas que se celebraban en casa de mi abuelo:

“La cena ya se sirvió En una mesa largucha
En cada plato una trucha Pa la trucha un botellón Pa la botella un copón
Pa la copa una galleta Encima una servilleta Con un plateado cubierto
Como el pescao está muerto Le asoma ají por la jeta”

Si yo me pusiera a hablar de todo no terminaría ni en un mes, así que voy a saltarme un poco para hablar de cuando yo tenía cuatro años:

“La suerte mía fatal
No es cosa nueva señores Me he dado sus arañones Desde chica sin piedad Batalla descomunal
Yo libro desde mi infancia Sus terribles circunstancias Me persiguen con esmero Dejándome años enteros Sin médula ni sustancia

Dice mi mama que fui

Su guagua más donosita Pero la suerte maldita No lo quiso consentir Empezó a hacerme sufrir
Primero con la alfombrilla Después la fiebre amarilla Me convirtió en orejón Otra vez el sarampión
La rabia y la culebrilla.”

Entonces ahí sigo contando yo hasta el momento que me dio la viruela y que fue horrendo, en Lautaro, porque por causa de mi peste se murieron como 25 personas en Lautaro, en ese tiempo no había remedio para este mal, sin embargo yo me salvé porque los diablos malos no se mueren nunca. Jajaja. Te voy a contar, voy a leer una décima de la gente como fue cayendo. La peste me dio en el tren, no.

“En ese estado tan cruel Termina la diligencia Salimos de la presencia Fatal del maldito tren Esperan en el andén
Al mentado profesor Conferenciante y cantor Y a su familia inocente Varias personas decentes Que los tratan con amor”
Y eso fue en Lautaro cuando mi padre fue a hacer clases. “Viendo la preocupación
Que a mi maire gobernaba Y en la respuesta que daba Supieron de su dolor
Le trajeron un doctor Después que nos instalaron Y en un hotel los dejaron Con mucha solicitud
Sin sospechar el ataúd Que por miles le llevamos

Vinieron muchas visitas Al principio a saludar
Y después a preguntar Como estaba la guagüita Detrás de esa preguntita Estaba la muerte asechando Porque se van contagiando La fiebre los atraganta
Los pobladores se espantan

Sin saber que está pasando

Cayeron grandes y chicos Con la terrible epidemia Más grande que la leucemia Murieron pobres y ricos
Al suelo un tal Federico Y otro llamado Fidel
Y dos que estaban con él Unos tales Pérez Caro Que visitaron Lautaro
Y jamás pudieron volver

Se desparrama la noticia Con tanta velocidad
Que viene la autoridad A descubrir la malicia
Mientras tanto con delicia La culpable se mejora
Su mama rezando implora Por su pronta mejoría
Y al panteón día por día Cayeron varios señorah”

Voy a saltarme otro poco

“No escapaba ni el vacuno También probó la lanceta Que la inocente Violeta Clavó sin querer ninguno Tres meses pasó en ayuno Con ese terrible grano
Que le arrancó de las manos y………. lah uñah
Su cuerpo era una pezuña Solo costrón inhumano

Y afuera estaba que se arde La desgracia por doquiere Alguien de buen proceder Dispuso esa mesma tarde Los enfermos que se guarden De ventiarse sin objeto
Para eso está el asaeto Que el alcalde levantó Con la ayuda de (dios)
Que en estos casos correcto”

Y al fin, como te iba diciendo Mario, murió tanta gente por mi culpa, yo lo siento de verdad, claro que si no hubiese habido ese motivo, tampoco hubiera hecho las Décimas. Ahora, si tú quieres, nos pasamos para las centésimas.

Mario: Muy bien. Como decíamos, las centésimas no tienen este carácter autobiográfico que ustedes han podido apreciar en las décimas. La centésima, repetimos, forma nueva de poesía popular, creo que por primera vez es explotada dentro de nuestras formas literarias populares.

Violeta Parra: Yo te tengo que hacer una explicación. En el folklore yo he encontrado unas décimas que hablaban del uno al diez. De ahí la idea que me dio a mí de hacer del uno al cien o al mil, porque después voy a seguir con las milésimas. Entonces, hasta el diez teníamos que existe en el folklore. Pero esto de las centésimas es totalmente mía, con la insinuación de Nicanor que no se le va ninguna a este matemático. Entonces, voy a decirte yo las centésimas.

Mario: A ver, las centésimas primeras escritas por Violeta, y que creo se dan a conocer por primera vez al público.

Violeta Parra: Si.

“Una vez que me asediaste Dos juramentos me hiciste Tres lagrimones vertiste Cuatro gemidos sacaste Cinco minutos dudaste Seis más porque no te vi Siete pedazos de mí
Ocho razones me aquejan Nueve mentiras me alejan Diez que en tu boca sentí Once cadenas me amarran Doce quieren desprenderme Trece podrán detenerme Catorce que me desgarran Quince perversos embarran Mis dieciséis esperanzas Las diecisiete mudanzas Dieciocho penas me dan Diecinueve me guardarán
Veinte mas que ya me alcanzan Veintiún son los dolores que Veintidós pensamientos
Me dan veintitrés tormentos por Veinticuatro temores Veinticinco picaflores me dicen Veintiséis veces que
Veintisiete me ofrecen Veintiocho de sus estambres son Veintinueve calambres los

Treinta que me adolecen Treinta y un días te amé Treinta y dos horas soñaba Treinta y tres minutos daban o Treinta y cuatro tal vez
Treinta y cinco yo escuché Treinta y seis junto a tu pecho Treinta y siete fue a mi lecho Treinta y ocho de pasión Treinta y nueve el corazón Cuarenta marcó el pecho Cuarenta y una distancias Cuarenta y dos vide en ti Cuarenta y tres recorrí Cuarenta y cuatro con ansia Cuarenta y cinco fragancias Cuarenta y seis aspiré Cuarenta y siete después Cuarenta y ocho suspiro Cuarenta y nueve delirio Cincuenta de tu interés Cincuenta y una penuria y Cincuenta y dos bramidos Cincuenta y tres alaridos y Cincuenta y cuatro furias Cincuenta y cinco son las tuyas Cincuenta y seis engañifa Cincuenta y siete la rifa Cincuenta y ocho me dió Cincuenta y nueve el adiós Sesenta de tu avaricia
Sesenta y un besos creo Sesenta y dos que me diste Sesenta y tres que volviste Sesenta y cuatro cual reo Sesenta y cinco deseos Sesenta y seis demostraste Sesenta y siete alcanzaste Sesenta y ocho es tu afán Sesenta y nueve al final Setenta me traicionaste Setenta y una revueltas Setenta y dos como gallo Setenta y tres a tus rayos Setenta y cuatro a mi puerta Setenta y cinco respuestas Setenta y seis completé
Entonces consideré setenta y siete piedades Setenta y ocho miradas
Ochenta veces después

Ochenta y un sentimientos me dan Ochenta y dos hieles
Ochenta y tres los infieles Ochenta y cuatro del cuento Ochenta y cinco no encuentro Me agitan ochenta y seis Ochenta y siete la luz me da Ochenta y ocho multas por Ochenta y nueve culpas Noventa que yo pagué Noventa y una sorpresas Noventa y dos veces tuve Noventa y tres que yo anduve Noventa y cuatro asperezas
Noventa y cinco rarezas tu amor dio Noventa y seis
Noventa y siete de rey Noventa y ocho ironías Noventa y nueve agonías Cien años recibiré.”

Violeta Parra: Después sigo para delante del uno hasta el trescientos.

Mario: Que notable. ¿Hasta cuanto piensa llegar, Violeta?
Violeta Parra: Esto es infinito porque después hay que seguir con las milésimas. Mario: ¿Y las diez milésimas y lo que venga, no?
Violeta Parra: Claro y la millonésima.

Mario: Muy bien. Pero al lado de esto, Violeta es una incansable trabajadora y hurgadora de nuestro folklore, ella dice “lucho por el folklore, peleo por el folklore” y en realidad ha sido una lucha que lleva ya largos años.

Violeta Parra: Me enojo con medio mundo para salir adelante porque todavía ni la décima parte de los chilenos reconoce su folklore, así que tengo que estar batallando casi puerta por puerta y ventana por ventana, es harto duro todavía, es como si estuviera empezando recién, mas bien.

Mario: Así es, Violeta. Decíamos que además, ha compuesto últimamente lo que podríamos llamar “música culta”, es decir, ha escrito música para ballet. Y en estos instantes está entregada a esta creación a través de un ballet que se titula “ El gavilán”, que representa, como decía la misma Violeta, la lucha entre el bien y el mal, entre el poder y la debilidad, entre el hombre que es fuerte y el hombre que es débil.

Violeta Parra: Eso es, justamente.

Mario: Pero lo curioso de este ballet es que todos sus elementos están tomados del folklore y de las costumbres de Chile, tanto los elementos literarios como los musicales.

Violeta Parra: Claro, y en cuanto a los bailes, van a ser tomados de los bailes auténticos que conozco en el norte, en el sur y en el centro. El tema de fondo es el amor. El amor que destruye casi siempre, no siempre construye. El gavilán representa el hombre, que es el personaje masculino y principal del ballet. La gallina representa a la mujer y que es el personaje, también de primer orden, pero el personaje sufrido, el que resiste todas las consecuencias de este gavilán con garras y con malos sentimientos, que también sería el poder, como dijiste tú y el capitalismo, el poderoso.

Ahora, este ballet tiene tres partes, primero, la mujer se enamora del gavilán creyendo que era una flor que ella veía en un jardín. El gavilán está puesto en este jardín de espinas como para engañar, con sus manos y su cuerpo y su ropa, finge ser un clavel. Entonces la mujer, la gallina, ve este clavel y se enamora de él, y atraviesa los espinales y sufre las consecuencias de estas espinas.

La segunda parte, aparece un tercer personaje, que es una gallina vieja, y que la reconviene a la gallina joven diciéndole “ese no es un clavel, ni es un buen gavilán, sino que es el mal y ten cuidado con el”. Pero la gallina, como toda mujer enamorada, no entiende nunca. ¿Quién entiende consejos en el amor? Nadie.

Entonces, después ella llora su pena y su porfía dentro de un gallinero y aparecen los otros personajes que son patos, pavos, gallinetas y todos estos personajes se interesan por la pena de la gallina. Y en la tercera parte, tenemos una montaña, y aquí intervienen los elementos junto con los personajes principales que son el gavilán y la gallina. Los elementos serían la lluvia, el viento, el trueno y la centella, el relámpago. Entonces la gallina, cuesta arriba, a la siga de la conquista del gavilán que está en lo alto de la montaña y los elementos que obstaculizan la subida de esta gallina y que la hacen sufrir, la lluvia la moja, el viento que la dispara y el gavilán espera arriba, malévolo.

Ella consigue subir y el gavilán como que la va a amar, pero la destroza totalmente. Y los elementos se encargan de darle punto final a este ballet y envuelven y enrollan al gavilán que siempre vive, porque la maldad siempre perdura.

Mario: En la parte musical de este ballet, Violeta, van a intervenir como instrumentos principalísimos, me imagino, las guitarras y las arpas.

Violeta Parra: Las guitarras, las arpas, los tambores y las trutrucas. Es una mezcla.

Mario: Esto secundado, digamos, por una masa orquestal.

Violeta Parra: Desde luego, la sinfónica. Y van a haber voces. Este canto tiene que ser cantado incluso por mi misma. Porque el dolor no puede estar cantado por una voz académica, una voz de conservatorio. Tiene que ser una voz sufrida como lo es la mía, que lleva cuarenta años sufriendo. Entonces, hay que hacerlo lo mas real posible. Entonces voy a tener que cantar, esperar a que mi garganta esté en condiciones y cantar yo este ballet. Pero secundada, afirmada por coros, coros masculinos y femeninos.

Mario: Violeta, y ¿la garganta está en condiciones ahora para anticiparnos una primicia del ballet?

Violeta Parra: Yo creo que puedo cantar la primera parte, la que se refiere al romance entre ellos, entre la gallina y el gavilán.

Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso Mi vida creyendo creyéndote lisonjero Mi vida creyendo creyéndote lisonjero Mi vida se me par
se me parte el corazón Mi vida del verte
Tan embustero Mi vida yo te qui
Yo te quise yo te quise Si ay ay ay
Si ay ay ay

Mi vida mi vida yo te quise Mi vida mi vida yo te quise Veleido veleido veleidoso Veleido veleido veleidoso Mi vida mi vida
mi vida mi vida yo te quise Veleido veleido veleidoso Veleido veleido veleidoso Veleidoso yo te qui yo te qui Yo te qui yo te qui yo te qui yo te qui yo te quise

te la llevaríh te la llevaríh mentiroso te la llevaríh te la llevaríh mentiroso te la llevaríh te la llevaríh tragedioso te la llevaríh te la llevaríh veleidoso prenda del alma si ay ay ay
prenda del alma si ay ay ay

te la llevaríh te la llevaríh mentiroso te la llevaríh te la llevaríh fantasioso te la llevaríh te la llevaríh peligroso te la llevaríh te la llevaríh mentiroso prenda del alma si ay ay ay
prenda del alma si ay ay ay

tiquitiquití tiquitiquití mentiroso tiquitiquití tiquitiquití mentiroso tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití mentiroso menti menti menti mentiroso

Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso Mi vida creyendo creyéndote lisonjero

Mi vida mi vida yo te quise Mi vida mi vida yo te quise Veleido veleido veleidoso Veleido veleido veleidoso Mi vida mi vida yo te qui
Yo te qui yo te qui yo te qui yo te quise

tiquitiquití tiquitiquití mentiroso tiquitiquití tiquitiquití mentiroso tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití tiquitiquití mentiroso menti menti menti mentiroso

Mario: Muy bien, Violeta. En una primicia para radio Universidad de Concepción, Violeta Parra interpretó un fragmento del ballet “El Gavilán”, que en estos instantes ella está escribiendo y que está fundamentado en elementos del folklore y de la cultura de Chile, tanto en su texto literario como en su parte musical.

Violeta Parra: Tendría que agregar que ya los bailarines de Santiago están interesados y muy entusiasmados. He conversado con Jaime Yori que hizo el lobo, está sumamente interesado, y con Somoza. Porque el interés mío es que la gente joven haga estas cosas, no tengo ningún interés en que las personas que han estado trabajando mucho tiempo en cosas prácticamente anti-chilenas las hagan. En cambio, estos muchachos jóvenes con energía y con inquietudes y con un sentimiento más chileno y con deseos de hacer algo nacional, estas son las personas que a mi realmente me interesan y ya están entusiasmados.
Incluso, el ballet ya está montado en chiquitito. La Adela Gallo, una muchacha, una mujer muy inteligente de Santiago, hizo en pequeñito los personajes, con cuerpo de alambre y con vestuario de papel. Y quedaron bien bonitos.

Mario: Violeta nos ha dado a conocer, en esta conversación, todas sus actuaciones recientes y todo lo que está creando para este folklore chileno que ella tanto ama y al cual se ha dedicado íntegramente. Ella ha venido a Concepción, como decíamos al principio, para participar en la VI Escuela Internacional de Verano, en el ciclo “Claves para el conocimiento del hombre chileno”. Violeta, yo quisiera que usted se refiriera brevemente a su participación en este ciclo.

Violeta Parra: Para mi es un gran honor participar en este ciclo tan importante. Yo venía muy asustada porque tú sabes, Mario, yo no soy oradora, no fui a la escuela. Es tan poco lo que sé como para estar integrando este grupo tan valioso de las claves para el conocimiento del hombre de chile. Sin embargo, me puse a trabajar de cabeza una semana y me ha salido el primer trabajo de esta forma. Yo tomé los cantores populares para darles a conocer su alma, su pensamiento, tal como los he conocido, tal como los he oído hablar. Pero, relatar esto para mí era un problema, un dolor de cabeza porque yo no soy escritora, sin embargo como estoy tan segura de lo que he aprendido de ellos, ahí me puse con el lapicito y el papelito y salió. Yo voy a leerte brevemente el encabezamiento para que así la gente se forme una idea de este, mi primer trabajo, en este ciclo para el conocimiento del hombre de Chile:

“Cantores a lo divino y a lo humano”, Nicanor también le puso otro título a este trabajo, que sería “Los maestros cantores de Puente Alto”. En mis andanzas en busca de la canción chilena, he conocido los mas variados tipos de cantores populares. Empecemos por el norte. El antiguo pueblito de Salamanca está ubicado justamente a noventa kilómetros de Los Vilos hacia la cordillera. Me habían dicho que la Semana Santa era cosa interesante allí. Efectivamente, los salamanquinos celebran esta fiesta religiosa tal como se celebraba sesenta o setenta años atrás, con Judas quemado en la calle, con encapuchados, con procesiones de niños disfrazados, con cantos, ferias al aire libre, charlatanes y cantores callejeros. Este sería el tono de la relatora, Mario, en esta charla. Pero enseguida yo te pongo a hablar a los cantores. Vamos a pasar directamente a un cantor:

– Yo me llamo Alberto Cruz. Tengo treinta y cinco años, trabajo en peluquería y mi padre cantaba trescientos sesenta versos.
– Y usted, ¿canta esos trescientos sesenta versos?
– No señora, cantores como mi paire ya no van quedando. Yo lo acompañaba a cantar, pero después, con la muerte de él y con la música moderna, la gente se dejó de cantar a lo divino.
– Supongo que usted no habrá hecho lo mismo, Alberto.
– Si, señora, también me dejé de cantar. Pero eso duró hasta un día que fui a Los Vilos. En una cantina la radio estaba tocando un verso por el fin del mundo. Entonces, dije yo, “pero si ese verso lo cantaba mi paire”. Y corrí para la casa a dar la noticia: “en la radio están cantando a lo divino!”. Les dije a todos. Desde entonces, que le estamos cantando a los angelitos otra vez.
– Que clase de versos cantan por aquí? Le pregunté feliz de que la cinta magnética se estuviera tragando todas esas declaraciones de Alberto Cruz de Salamanca.

– Al tiro le voy a decir una cuarteta por padecimiento:

Donde habrá flor mas hermosa que la flor de la pasión
porque tiene los tres clavos y corona del Señor”

Entonces, con este hombre sigo hablando unos veinte minutos más y después paso yo a Juan de Dios Leiva. Aunque me gustaría más darte a conocer a Don Antonio Suárez, pero te voy a mostrar unas líneas de Juan de Dios Leiva:

“Juan Leiva. Ochenta y cinco años. Chacarero, cantor y tocador de la comuna de Las Barracas, Santiago. Es un anciano delgadísimo, erguido y huraño. No quiere hablar con nadie. Cuando le pedí que me enseñara su canto, me respondió:

– Yo juré no volver a cantar mas en mi vida porque dios me llevó a mi nietecita regalona, y la noche terrible que tuve que cantar para ella la tengo anudada en el pecho y la garganta.

Juan Leiva rompió su juramento cuando le dije que la patria necesitaba sus cantos:

– Por usté lo voy a hacer, Violetita, que es la única que transmite lo puetah. Tomó la guitarra, la afinó y tocó los primeros acordes del acompañamiento de “Canto a lo divino”, a la modalidad de los cantores de Barraca. Don Juan de Dios no pudo cantar, era verdad que tenía por su nieta un nudo en la garganta. Como en un gemido le salieron las primeras palabras:

“Ángel glorioso y bendito que estás sentado en lo alto gloria al Padre, gloria al Hijo gloria al Espíritu Santo”

Violeta Parra: Me están dando ganas de llorar a mí.

Mario: Que bello.
Violeta Parra: Aquí viene algo muy gracioso, que tengo interés de que lo conozcas:

“Estábamos en el fundo Tocornal con Nicanor…”. Siempre mi hermano me acompaña en estos viajes que no significan mucha distancia, mucho…. bueno. Don Antonio Suárez. “Cualquiera canta en una mata de hojas”, le respondió Don Antonio Suárez a mi hermano cuando éste le preguntó que le parecía el canto de la Violeta Parra. -Cualquiera canta en una mata de hojas-, era la primera vez que visitábamos el fundo Tocornal. Don Antonio era un gran conversador, inteligente, y se escabullía cuando tratábamos de darle a conocer el objeto de nuestra visita. Si no hubiera sido por los díceres con que naturalmente adornaba su conversación, nos hubiéramos venido con las manos vacías. Anoté en mi cuaderno, mientras el hablaba de su vida campesina, los díceres que pude y menciono:

“el burlesco no vale ná”
“del formal se espera mucho”
“la plata se gana al sol y se consume a la sombra”

Al ofrecernos un vaso de vino durante el almuerzo, dijo: “al medio de la sopa,
viene una copa”

Mas tarde, le oí decir:
“cuando el cristiano quiere quemarse, el diablo junta la leña”

Mas tarde, refiriéndose a los patrones, dijo: “los gentiles no pueden quejarse de mí”

Al despedirnos, le agradecimos la botella de miel y el canasto con fruta que nos obsequiaba y el contestó:

“el mezquino come solo hasta saciar su barriga. Después traga la saliva lo mismo que el colo colo

Etc.

Todo el material que yo he oído de ellos, lo he puesto en esta pequeña charla, tratando de darle una visión lo más clara posible, lo más sencilla, del alma y del pensamiento de nuestros cantores auténticos.

Mario: Magnífico. En todo esto no está solo el amor a lo divino sino también el amor a lo humano y, a juzgar por la picardía que trascienden algunas de las expresiones literarias, sobre todo este último, que salpicaba su conversación con dicharachos y frases que venían quizás de cuantos años. Violeta, ha sido interesantísima para nosotros esta conversación primigenia y al mismo tiempo exclusiva, frente al micrófono de Radio Universidad de Concepción. Pero yo estaba pensando en algo: A través de su larga actuación en el folklore y sobre todo como intérprete de este folklore chileno: ¿Cuáles son las composiciones que usted mas quiere?

Violeta Parra: ¿Las del folklore o las mías?

Mario: Del folklore.
Violeta Parra: Ah, yo reconozco, amo y venero el canto a lo humano y el canto a lo divino, desde el punto de vista del texto literario y del punto de vista musical. Basta con conocer un verso a lo divino para conocer el espíritu fino, sabio y delicado del cantor chileno.

Mario: Y ¿Hay algún verso a lo divino que recuerde usted con especial devoción y agrado?

Violeta Parra: Si, yo te puedo hacer un recuerdo que también viene aquí en esta charla, de un cantor que me encontré cerca de Puente Alto, Don Agustín Rebolledo. Me dijo: “Violetita, yo no quiero ser el único que no le va a cantar”.
Porque el no era cantor era puetah. Entonces, el estaba tan entusiasmado con la máquina grabadora y con la fiesta que teníamos, que hizo lo posible y cantó, pero cantó tan desafinado, tan desafinado que daba una risa y una pena, pero el quería cantarme. Mas tarde, me dijo: “Violetita, voy a relatarle un verso”. Dije yo: “Bueno, aquí se va a componer la cosa”. Pero este hombre se arregló en su asiento, inclinó la cabeza y totalmente por la nariz, con una voz gangosa y gutural, que esta tarde voy a imitar, entregó el verso mas querido que yo tengo para mí. Es por la Sagrada Escritura. Don Agustín Rebolledo dijo la décima más o menos de esta forma:

“De Genesís prencipiaron El antiguo testamento Profetas de tal talento Este prencipio tomaron Del eutoromio
(x)
De Josué la razón
Con los jueces comunión Según dicen los romanos Hechos por setenta ancianos
Treinta y nueve libros son, Violetita.”

Esa fue la forma con que don Agustín Rebolledo colaboró conmigo, y me enseñó versos lindísimos.

 

 

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