La escuela decide recordar

El Carmen, la escuela que abre un museo para combatir el olvido

Por Wara Arteaga Very 

Viacha es una tierra de historia. Este municipio, ubicado a 20 kilómetros de la ciudad de El Alto, es el lugar donde se desarrolló uno de los episodios más importantes de la historia de Bolivia: la Batalla de Ingavi.

Este municipio también se ha destacado en la industria de la construcción porque acoge a Cementos Viacha, la única fábrica de este producto en el departamento de La Paz. Es además el sitio elegido para la elaboración de ladrillos. Se destaca asimismo porque es la cuna de una de las fraternidades más representativas de las entradas folklóricas de La Paz, las Rosas de Viacha.

Esta población es también una puerta a una diversidad de sitios turísticos e históricos, como el pueblito de Coro Coro, donde nacieron leyendas como El toro de la Laguna Dorada, El cóndor Jipiña o lugares como La ciudad de piedra, entre otros.

Y es en este municipio donde un profesor y 18 niños decidieron abrir un nuevo museo para recuperar las reliquias, los tesoros y las historias de sus abuelos y antepasados. Se trata de la unidad educativa El Carmen, la única escuela de Maullani, población ubicada a cinco minutos de Viacha.

Este museo-escuela, que acoge a niños de primaria, recibió el mismo nombre que tiene la Santa Patrona de Viacha. Se encuentra en medio del campo; alrededor se observan unas cuantas casas de adobe que se distribuyen en la inmensa pampa.

Se dice que este sitio se estableció entre la antigua ruta del Inca, la misma cultura que llegó a al menos cinco países de América Latina, también abarcó diversas regiones del altiplano boliviano.

Este museo forma parte de uno de los cuatro sitios que se establecieron como centros culturales comunitarios, Qhapaq Ñan (la ruta del Inca). Estos espacios están distribuidos entre Desaguadero y Viacha.

El museo se encuentra en una de las salas de la escuela El Carmen. Este espacio guarda alrededor de 300 piezas. Para montar este centro, fundado hace seis años, cada comunario del lugar aportó con un objeto para enriquecer la galería y el catálogo. En la sala, bancas largas se adaptaron a los costados para ubicar los objetos. En medio del aula se acomodó una gran mesa que sirve de soporte para jarrones antiguos. En este espacio se puede apreciar obras de alfarería, piezas de orfebrería, tejidos, utensilios, muebles y animales silvestres disecados.

En la sala, los estudiantes hacen de guías turísticos. Los niños, como Mary Luz Canqui, conocen cada detalle del museo. Desde hace seis años, de lunes a viernes, la pequeña camina 30 minutos para llegar a su escuela. Ella vive en Laja (provincia Los Andes); en cambio, la escuela se encuentra en la provincia Ingavi. Y es que el museo se ha convertido en el lugar favorito para ella y sus compañeros. «Cuando se aburren de pasar clases venimos aquí”, explica el impulsor y único profesor del lugar, Basilio Cori.

Los 18 estudiantes de la escuela El Carmen, que tienen entre cinco y 12 años, pasan clases en un aula muy peculiar. En el lugar se observan muchos papelógrafos con dibujos que adornan los muros de la escuela. En el pizarrón verde oscuro todavía se leen algunas oraciones escritas con tizas de colores fosforescentes; del techo cuelgan decenas de imágenes en altorrelieve o en cajitas. Pero eso no es lo que la hace singular, sino que esa aula es ecológica; en vez de uno de los muros se adaptó una franja de tierra en la que crecen desde pinos enanos hasta una diversidad de flores. Estas plantas están protegidas por una calamina plástica.

El otro jardín de la comunidad está en la misma escuela, en una pequeña carpa solar en la que crecen legumbres como lechuga y acelga. En el lugar, los niños también siembran cebollas.

Un aula de computación, un laboratorio, una ludoteca y un pequeño parque son las otras atracciones de la escuela El Carmen. Todas las obras fueron impulsadas hace más de 10 años.

Cuando Cori llegó a enseñar a los niños de la comunidad Maullani, en 2006, la escuela no era más que un cuarto precario en medio del campo, recuerda el profesor. Él se sorprendió al ver las condiciones en las que los niños aprendían y propuso nuevos proyectos a los comunarios.

«No hablé en vano, primero hicimos la sala de internet, después el aula ecológica y un muro perimetral con Pro País. Después, la comunidad se motivó e hicimos la carpa solar, luego el museo, después el laboratorio; ahora vamos a inaugurar, en septiembre, nuestro salón de actos”, dice orgulloso el profesor.

Para Cori, su tarea como boliviano ya está cumplida. Gracias a proyectos estatales y varias ayudas extranjeras, la escuela es la mejor de Viacha. Sin embargo, este centro de educación no recibió las computadoras estatales, pues sólo tiene un ordenador antiguo. «Me gustaría que los niños tengan dónde aprender sobre tecnología y tal vez un proyector de data”, confiesa el maestro.

La creación del museo de la escuela El Carmen fue destacada por el viceministro de Interculturalidad, Feliciano Vegamonte. «La ruta del Inca, partiendo de Bolivia, Perú y Ecuador busca explotar el tema artístico. La escuela es una importante iniciativa”, dice.

Esta escuela nació para revalorizar los saberes ancestrales de la cultura aymara, en contraste con el Imperio inca que se resalta en el Qhapaq Ñan. Y con esa idea de recuperar la historia de sus antepasados, los estudiantes de El Carmen quieren pasar clases hasta el fin de semana.

El municipio de Taraco, el epicentro de la extinta cultura chiripa

Uno de los sitios que pertenecen a la ruta del Qhapaq Ñan es Taraco, un municipio que acoge un museo comunitario. Este espacio resguarda los restos de la cultura chiripa.

La población de Taraco está ubicada a 90 kilómetros de la ciudad de La Paz. Una de sus principales atracciones es el templete semi-subterráneo de la cultura chiripa. A unos pasos se encuentra el salón de exposición, donde se puede apreciar jarras, platos o herramientas de piedra o cráneos.

Según Agustín Paty, responsable de cultura y turismo de Taraco, la cultura chiripa es la antecesora de la cultura tiwanacota. Por esa razón, el pueblo busca conservar los restos arqueológicos y ha decidido abrir un museo para resguardar la historia de sus antepasados. En el sitio también se construyó una escuela. Este año, además, los comunarios abrieron un albergue turístico en la casona de la familia Iturralde.

No muy lejos se encuentra la escuela de la población y al lado el albergue que se instaló en una casa antigua. Los administradores y guías turísticos del museo son los mismos comunarios.

Taraco está compuesto por 16 comunidades y congrega a casi 7.000 habitantes. Pero su historia data de 1767, el año de su fundación. En la plaza mayor tiene como principal característica la estatua de morenos. «La cuna de la morenada”, pero también acoge la playa de Santa Rosa.

Esta última se encuentra a las orillas del lago Titicaca, donde casi siempre se puede encontrar uno que otro turista. En este pueblo el viento sopla con fuerza y el agua es helada. Al atardecer el panorama enamora porque el cielo y el lago se funden en uno solo a la vista.

Muy pocos árboles se pueden ver en Taraco, muchos ya fueron talados; también hay sembradíos de papa y ocas, algunos tienen sus carpas solares y en el camino sólo hay paja brava.

Sin embargo, a un costado de la carretera se encuentra el bosque de San José, otro de los atractivos turísticos de la región. Éste contrasta con el resto del camino.

Ahí el terreno es más bajo y el clima es diferente. El pequeño prado está rodeado de árboles y cuenta con un jardín verde; algunos artesanos tallaron sillas y mesas para adonar el terreno. Por el atractivo del lugar muchos visitantes acampan en este sitio. Es un pequeño oasis que contrasta con el lugar.

Un museo comunitario es un espacio donde los integrantes de la comunidad construyen un autoconocimiento colectivo para fortalecer la identidad, porque legitima la historia y los valores propios. Además, este centro cultural genera múltiples proyectos para mejorar la calidad de vida como destinos turísticos comunitarios.

La conmemoración a los museos comunitarios responde a la inauguración del primer museo comunitario en el pueblo de Oaxaca, México, hace 30 años. La celebración se realiza en países que forman parte de la RED, como Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, México, Panamá, Perú y Venezuela.

Publicado por Página Siete
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