Por Nodal Cultura

La obra de Paco Ignacio Taibo II es un espejo de su propia personalidad: enérgica, desafiante, punzante, llena de humoradas, con un estilo directo y potente. Forjador de la novela policial contemporánea, biógrafo de Ernesto Che Guevara y Pancho Villa, dueño de un torrente de palabras que fluye a través de sus incontables historias, este escritor, periodista y militante heterodoxo de izquierda, combina el apego por el tono justo con la preocupación por la belleza narrativa y el ritmo vertiginoso y atrapante que caracterizan a sus más de cincuenta libros.

Nacido en Asturias y crecido en México, integrante de una familia de exiliados en los tiempos de la Guerra Civil Española –su padre Paco Ignacio Taibo I, también fue periodista y escritor-, formado entre luchas populares y tertulias, se reconoce en la generación de jóvenes mexicanos que se movilizaron a fines de los años sesenta cuando el régimen de Díaz Ordaz llevó a cabo la masacre de Tlatelolco que dejó decenas de estudiantes asesinados.

El escritor pasó por Argentina para presentar una reedición ampliada de su Ernesto Guevara, también conocido como el Che, al tiempo que recorrió distintos lugares significativos en la vida del revolucionario argentino-cubano para un documental basado en su biografía producido por la cadena venezolana Telesur.

En la charla con Nodal Cultura, el creador del célebre detective Héctor Belascoarán Shayne marcó su posición frente a las polémicas historiográficas y las leyendas referidas a la acción político-militar de Ernesto Guevara, reflexionó sobre el espíritu aventurero que comparten las personalidades históricas que eligió recuperar y analizó la relación entre política, historia y literatura.

¿Qué lo motivó a presentar una edición ampliada de la biografía del Che?
Es una acumulación. Parto siempre del mismo principio: la ficción está ahí, ya se publicó y no se toca. Es lo que es, a no ser que alguien haga una edición revisada para corregir errores de tipografía o algo por el estilo. Pero la no ficción y, sobre todo, la historia, está sujeta a revisiones en la medida en la que aparece nueva documentación. El único problema es que no puedes estar revisando permanentemente. Esperé a que hubiera una acumulación de material lo bastante importante que justificara la reedición. Y le metí cuarenta páginas más y cuatrocientas tres fotos incorporadas al texto; no como ilustración, sino como referencia informativa.

¿Qué reflejan estas nuevas páginas incorporadas?
Reflejan las grandes polémicas de estos últimos diez años sobre el Che. La famosa polémica suscitada por Humberto Fontova, Alvarito Vargas Llosa, los norteamericanos, que hablan del Che como el carnicero de la cabaña que ordenó una serie de asesinatos. Entonces, partí del mismo supuesto del que parto siempre: ni niego ni afirmo, estudio. Leí todo lo que escribieron sobre el tema y me puse a investigar en detalle. Dicen que hubo cuatrocientos ochenta, pero hubo ochenta y dos fusilamientos. El Che no fue juez como sostenían, fue auditor de guerra. Esto quiere decir que revisaba que los procesos tuvieron defensa y cargo de prueba. ¿Ajustició personalmente? ¡Ni cojones! De hecho, parte de los fusilamientos se producen cuando él no está en la cabaña porque lo ataca aquella neumonía que casi lo mata. ¿Qué el Che ordenó personalmente el fusilamiento de un joven a pesar de que su madre intervino y que era menor de edad? No es cierto. El Che no ordenó el fusilamiento, firmó en la auditoría de guerra pero el rollo es diferente: este muchacho era un colaborador del Che, denunció a una mujer de cuarenta años, a esta mujer la metieron en un saco de yute y estuvieron apaleándola durante dos días hasta que la mataron y luego tiraron su cuerpo para que se lo coman los tiburones. Y este muchacho fue llevado a juicio, como todos los demás, por torturador. Y lo fusilaron, es cierto. Pero qué el Che dio la orden: para nada. Qué fue testigo del cargo: mentiras. Revisé toda la historia y la desmonté. ¿Qué el Che no se tocaba el corazón a la hora de firmar una condena de muerte? verdad, porque días antes había firmado una condena de ocho torturadores en Santa Clara que es la única condena que él firma después de la caída de Batista. En resumen, la figura del asesino de la cabaña es una fabricación de estos autores.
Luego, la polémica con Castañeda sobre si Fidel dejó abandonado al Che en Bolivia. Entonces, muy bien, cuáles son las pruebas de esta teoría. ¿Qué tenían discrepancias? Muy probablemente. Las tuvieron muchas veces, las discutieron fuertemente. ¡Pero no me vengas con chingadas! ¿Qué iba a mandar Fidel? ¿Un regimiento a Bolivia? Se rompen las comunicaciones, Cuba queda desconectada, el agente de enlace en La Paz tiene una enfermedad y está a punto de morirse y se va. No hay enlace. Entonces, ¿qué iba a hacer Fidel? ¿A quién iba a mandar y cómo? Suponiendo que alguien enviado de Cuba encontrara al Che, ¿este iba a aceptar regresar a Cuba? No me vengan con boludeces colegas, la historia no se escribe hipotéticamente, hay que comprobar las hipótesis.  

¿Qué otros supuestos sobre la última etapa de Guevara encontró que eran ciertos?  

Su relación con los peronistas del grupo de John William Cooke es real. ¿Los estaba preparando? Sí. ¿La relación con Masetti? ¿Pensaba entrar a la Argentina? Sí, absolutamente confirmado. Hablé con dos o tres personas que estuvieron en el montaje de la operación, que hablaron con Masetti y estaba claro. La operación de Masetti estaba pensada para que el Che interviniera en el mediano plazo. O sea, el sentido de estas nuevas páginas tiene que ver con ir recorriendo todas estas polémicas.  

¿Cuál es el sentido actual de estas controversias?

Básicamente, hay dos líneas en la polémica. Una de ellas es, la línea que pretende crear una cuña histórica entre Fidel y el Che, para separar y enfrentar sus legados. El Che como el héroe y Fidel como el burócrata. Y tú dices, y compadre si a usted no le gusta Fidel, escriba sobre Fidel, ¡pero no meta mierda aquí! No se vale funcionalizar al presente con una historia distorsionada del pasado. ¿los miembros del Che fueron defenestrados después de su salida por la política económica de la nueva industrialización? Espérate, veamos las cifras, aquí están junto a los hechos, los nombramientos. Durante los siguientes dos años a su salida, la política económica del Che persiste en Cuba. Los cambios se producen luego y no como consecuencia de alguna ruptura.  De hecho, se nombra un nuevo Comité Central del Partido Comunista y tú ves la lista y dices: carajo, aquí hay once, entre los miembros elegidos, de absoluta afinidad con el Che. Entonces, si hubo ruptura o no hubo ruptura, no se ve. Que luego hay una revisión, es otra historia. Entonces, lo mío es una batalla contra este intento de meter la cuña. La otra batalla es contra el rollo reaccionario de privar al Che de sus virtudes y construir una imagen del asesino virulento, enloquecido, que no se corresponde en lo más mínimo con la realidad.

Entre sus biografías, llama la atención la que dedicó a la figura de Antonio “Tony” Guiteras, un revolucionario cubano de la década del ´30, que luchó contra la dictadura de Machado, prácticamente desconocido fuera de la isla.

Guiteras es maravilloso, compadre. Estaba escondido. Fuera de Cuba no lo conoce nadie y en Cuba muy poca gente. Y es maravilloso Tony… loco loco loco. Imagínatelo de repente, ministro de interior, año 1933. Estalla una huelga en una tabacalera norteamericana: Batista que es ministro de guerra, en el mismo gobierno, recibe la instrucción de la propia tabacalera de que rompan la huelga y carguen los barcos que salen para Miami y Nueva Orleans. Y manda el ejército. El ejército rompe la huelga, pero los cargadores se niegan a romper la huelga en el muelle. Los obreros enfrentan a los soldados y estos empiezan a cargar las cajas. De repente, aparece un coche. Un cuate se baja en camisa blanca, un tipo con lentes, peinadito, con una ametralladora Thompson en la mano, cartucho cortado –por cierto, comprada de contrabando a la mafia- que le pregunta al oficial: “¿Usted quién es?”,  “Él capitán tal…”. El hombre en cuestión le dice: “Yo soy el ministro del interior, Antonio Guiteras, y tengo órdenes de que ustedes no carguen ninguna de esas cajas. Es más, ayuden a descargar las que ya cargaron”. ¡Padre! ¿Cómo no vas a contar a un tipo así? Y, además, fumaba todo el día, a toda hora, por eso lo quiero más.

¿Hay una nota común entre las distintas personalidades históricas que eligió en su obra biográfica?

Sí. La clave está en una frase de Ryszard Kapuściński, un escritor polaco, que decía: “La revolución es un asunto del corazón”. Yo crecí en una generación que decía que la revolución era un asunto de la razón. Las condiciones materiales, el equilibrio de las fuerzas, el desarrollo de las fuerzas productivas. ¡Ni cojones! La revolución es un problema del corazón. Esa es la guía.

¿Cuánto tiene que ver, como en su caso, el trabajo como escritor e historiador con la militancia política?
En mi caso: todo. Formativamente yo soy hijo de Robin Hood y del Conde de Montecristo, de Anna Frank, de Los Tres Mosqueteros y luego de Ho Ching Ming, pero este vino después. En algunos casos se nota que llegaron directo a Ho Ching Ming sin pasar por los anteriores. El clasismo del pensamiento marxista tradicional deposita en el proletariado la capacidad transformadora, pero esto es medio incongruente. Si es cierto que en las sociedades industriales este poder proletario, que yo viví habiendo nacido en Asturias, pegado al sindicato minero, ahí está. Sin embargo alguien debería sacar las cuentas alguna vez y decir el Comité Central del Partido Bolchevique de la U.R.S.S, ¿quiénes eran? Resulta que el setenta por ciento eran hijos de la clase media. Entonces este desprecio de las clases medias ilustradas que adoptan la posición de la revolución a partir de un fenómeno de conciencia y no de necesidad material me parecía, a la hora de la reflexión, ridículo. Habría que repensar, entonces, el papel social de las comunidades campesinas, de los sectores obreros, de las clases medias, en modos más complejos que la simple existencia del en sí y el para sí que recitaban los marxistas neandertales.