Brasil: Festival Pachamama – Cinema de Fronteira

Zama, de Lucrecia Martel, será la película de apertura de esta muestra que se realiza a pulmón en la ciudad de Río Branco de la región amazónica de Acre.

Del 18 al 25 de noviembre tendrá lugar el Festival Internacional Pachamama – Cinema de Fronteira en la ciudad de Rio Branco, Estado do Acre, Brasil. El evento, que está en su octava edición, cuenta con nueva direccióna cargo del crítico y distribuidor de cine Marcelo Cordero, quien hasta el año pasado se desempeñaba como responsable de la programación, que ahora estará a cargo del crítico boliviano Sebastián Morales.  Esta edición cuenta con la participación de 68 películas entre cortos y largos, repartidas en 13 muestras, tres de ellas competitivas, y que incluye, además, al film de apertura que es Zama, de Lucrecia Martel, y el de clausura que es Era Uma Vez Brasília, de Adirley Queiros. El homenajeado de este año, junto con una muestra de sus películas, es el director brasileño Rodrigo Aragão, uno de los referentes del cine de terror de su país y discípulo del mítico maestro del género, José Mojica Marins.

Una de las novedades importantes, es que, por primera vez, Pachamama lanzará su diario oficial de forma impresa, Prazer da mirada. La publicación tiene como objetivo ser un punto de encuentro entre el público, las películas programadas y los curadores del festival, así mismo quiere ser una plataforma que fomente y promueva el ejercicio crítico y el periodismo cinematográfico entre cinéfilos y profesionales afines al séptimo arte en el Estado do Acre.

Varias de las películas que participan en Pachamama llegan en calidad de exclusividad al territorio amazónico y brasileño. Con la presencia de 10 países latinoamericanos en su edición 2017, Pachamama no sólo busca ser un punto cinéfilo, sino una plataforma de encuentro y diálogo cultural donde el cine es el camino de convergencia. Entre varios de sus objetivos esta promover y fomentar la producción y distribución de cine amazónico, a la vez de ser un puente para que el cine producido en nuestra región encuentre canales de circulación en la amazonia, en territorio brasilero y otros países de la región.

Entre los jurados de la Competencia Oficial de Largometraje se encuentran la crítica peruana de cine y directora de la revista especializada Desistfilm, Mónica Delgado, el crítico y periodista chileno de cine y profesor del diplomado en Teoría y Crítica de Cine del Instituto de Estética de la UC, Felipe Blanco, y el crítico, guionista y director brasileño Fábio Andrade, coeditor de la revista Cinética.

La producción acreana este 2017, que formará parte de la Muestra denominada Amazonas, llega con fuerza, marcando un precedente dentro del festival, porque como nunca, tiene presencia en cinco producciones regionales de distinta duración, cuatro de ellas en calidad de estreno mundial, entre las que se encuentran: Paisagem da memoria, de Danilo de S’Acre; Xinã Bena Beisikit Xarabu, de Dedê Maia; Metempsicose, de Italo Rocha y Marcelos Zuza; y Guerra do Acre, de Gil Trottamondos, además de la primera coproducción de cine comunitario brasileño-argentino, Cicero Impune, dirigida por José Celestino Campusano y concretada en el marco del VII Festival Pachamama, el año pasado. Se suma la serie de 5 cortometrajes que el cineasta y artista francés Vincent Moon hizo sobre las iglesias de Daime (Ayahuasca) y pueblos indígenas en el Estado de Acre.

Las representantes en la Muestra Trifrontera, que es la sección con la que nace Pachamama en 2010, son: de Bolivia y en calidad de estreno brasileño, Las Malcogidas, de Denisse Arancibia; en representación de Perú, Luz en el cerro, dirigida por Ricardo Velarde y que llega también en calidad de estreno brasileño; y, por último, la película local O nó do diabo, de Ramon Porto Mota, Jhésus Tribuzi, Ian Abé y Gabriel Martins.

Competencia Oficial de Largometrajes:

HÍBRIDOS, OS ESPÍRITOS DO BRASIL, de Priscilla Telmon y Vincent Moon, 86 min, 2017. BRASIL.

UN SECRETO EN LA CAJA, de Javier Izquierdo, 71 min, 2016. ECUADOR.

ANDRÉS LEE I ESCRIBE, de Daniel Peralta, 93 min, 2016. BRASIL.

PINAMAR, de Federico Godfrid, 84 min, 2016. ARGENTINA.

LAS CINEPHILAS, de Maria Álvarez, 74 min, 2017. ARGENTINA.

BARONESA, de Juliana Antunes, 73 min, 2017. BRASIL.

RUINAS TU REINO, de Pablo Escoto, 64 min, 2016. MÉXICO.

CRESPO (LA CONTINUIDAD DE LA MEMORIA), de Eduardo Crespo, 65 min, 2016. ARGENTINA.

HISTÓRIAS QUE NOSSO CINE (NÃO) CONTAVA, de Fernanda Pessoa, 80 min, 2017. BRASIL.

COCOTE, de Nelson Carlo De Los Santos Arias, 106 min, 2017. REPÚBLICA DOMINICANA

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Marcelo Cordero: ‘El Pachamama del año es festival de guerrilla’

El comunicador y cineasta paceño Marcelo Cordero es uno de los fundadores del Festival Pachamama – Cinema de Fronteira, que desde 2010 se realiza en la ciudad de Río Branco en el estado de Acre en Brasil. La idea de esta cita cinematográfica fue crear lazos de arte entre Brasil, Perú y Bolivia y desde este año Cordero preside la octava versión del evento que se realizará del 18 al 25 de noviembre.

— ¿Cómo asumió la dirección del festival este año?

— Hasta el año pasado yo estaba como director de Curaduría y Programación y Sergio de Carvalho, también creador del evento, como director Artístico. Sin embargo, él fue invitado a ser director – presidente de la Fundación de Cultura Garibaldi Brasil, dependiente de la Alcaldía de Río Branco. Su nuevo cargo es incompatible con el Pachamama, porque el evento no solo trabaja con fondos privados, sino públicos, por lo que hay conflicto de intereses. Como uno de los idealizadores de Pachamama y como segundo a la cabeza, asumí la dirección.

— ¿Cuáles son los retos que tiene en esta gestión?

— El reto más importante este año fue el financiamiento del festival. La crisis económica por la que atraviesa Brasil afectó a muchos niveles y, como siempre, la cultura es una de ellas. El Pachamama de este año es un festival de guerrilla. Otro de los retos es seguir trabajando en consolidar el festival como una ventana para el descubrimiento del cine transgresor, minimalista, arriesgado y experimental; además de ser una ventana del cine periférico, marginal como trincheras de resistencia cultural. Otro objetivo es lograr convocar la cantidad del público que se convocó el año pasado y si es posible doblarlo, considerando que en 2016, del 100 por ciento de actividades que tuvo el evento, por lo menos el 98 por ciento fue con asistencia masiva. El festival tomó la ciudad, este año pretendo lo mismo, con una diferencia cuantitativa de recursos .Finalmente, un reto importantísimo es seguir trabajando en la producción de conocimiento a través del ejercicio crítico y periodístico, que permita establecer un puente de diálogo con el público, los curadores, colaboradores y programación del festival. También a través de lo mencionado, buscamos contribuir a la formación de públicos que demanden en el mediano plazo diversidad cinematográfica y de calidad, además de establecer antecedentes que permitan la formación de críticos y pensadores cinematográficos regionales de esta parte de la Amazonía.

— Como festival pequeño en tamaño y sin gran financiamiento, ¿cómo se logra que tenga la resonancia internacional actual?

— Su presupuesto pequeño y que varía año a año no ha sido un impedimento para que crezcamos, pero y sobre todo vayamos ganando prestigio. Esto se debe al cuidado que tenemos con la curaduría de películas. No buscamos el filme de moda, el más conocido o el que más público convocó, a no ser que se justifique dentro de la línea editorial. Somos libres de la dictadura de grandes festivales, que son referencia, pero no definen lo que proponemos. También es un festival, quizá único en Brasil y América Latina que mira el cine del continente pensando en el mercado y público del continente. Un claro ejemplo de eso es que los idiomas oficiales del festival son el español y el portugués, y no así el inglés, como pasa en casi todos los festivales de la región. No creo que seamos más importantes que nadie, pero tenemos líneas que son característica propia. Somos un evento que tiene lugar en una zona alejada, estamos en medio de la Amazonía, en una frontera compartida por tres países. Aún no somos un festival influyente, pero nuestro río suena mientras corre.

— ¿Por qué este festival es importante para Bolivia?

— Porque Pachamama es un festival que se realiza en una zona fronteriza, donde tres países (Bolivia, Perú y Brasil) convergen. Nació con la intención de fortalecer ese encuentro, promover el intercambio e incentivar la circulación cinematográfica y de otros bienes culturales entre las poblaciones de la frontera, utilizando el cine como medio. Desde la primera edición se planteó hacer un evento que se organice desde tres frentes, que son los tres países, es así que personas de Bolivia, Perú y Brasil lo hacen posible cada año. El festival no solo actúa en su sede, que es la ciudad amazónica de Río Branco, ubicada en el estado de Acre, Brasil, sino que su naturaleza fronteriza la lleva a trabajar también en territorio boliviano y peruano, además de otras regiones de la Amazonía. Por ejemplo, la extensión del festival, que se llama Pachamama itinerante, tuvo presencia en Pando. También trabaja con la circulación de filmes en la zona andina peruana y boliviana. Además, desde su primera edición es una vitrina para el cine boliviano: muchas películas tuvieron su estreno mundial o latinoamericano en esta plataforma para después seguir su recorrido por otros festivales. Es una puerta grande para que los realizadores puedan buscar canales de distribución y alianzas para la coproducción, así como para la producción de conocimiento en el ramo.

— ¿Cómo es la respuesta del público en Río Branco?

— 2016 fue un año sin precedentes en la asistencia de público, la mayoría de las actividades y proyecciones tuvieron respuesta positiva. Pachamama, durante sus primeros seis años tenía un público variable, sin embargo, la movilización del año pasado no tuvo precedentes. Todo evento cultural debe formar públicos, eso toma tiempo, más en territorios donde otro tipo de manifestaciones culturales que no sean folklóricas o comerciales monopólicas —como es el caso del cine estadounidense, por ejemplo— no logran encontrar inmediatamente la atención de las personas. El trabajo sostenido del festival comenzó a dar frutos, aunque todavía es muy temprano para celebrar: tenemos mucho que andar para que ese público se vuelva fiel y siga prestigiando cada año el festival. Hasta la fecha, el número estimado de público en Río Branco alcanza las 50.000 personas. Con el del Pachamama itinerante soprepasamos las 80.000.

 El trabajo con el crítico boliviano Sebastián Morales ha sido constante. ¿Cuál es la mirada que ofrece desde la curaduría?

— Sebastián trabaja en el festival desde la cuarta edición como parte del equipo de curaduría. Es quizá uno los críticos y teóricos más importantes del cine boliviano de la nueva generación. Con trabajo sostenido, a través de la crítica y análisis, está produciendo conocimiento, aportando al pensamiento boliviano. Trabaja el tema de Cine y Educación y es uno de los precursores para lo que hoy es la Carrera de Cine en la UMSA. El perfil profesional de Morales es importante para Pachamama, porque se alinea dentro de uno de los objetivos que perseguimos. Su cultura cinematográfica, mirada crítica y su apuesta por el cine de riesgo, innovador, minimalista y de autor, pero también abierto a un cine más tradicional, le permite dialogar y aportar desde un equilibrio necesario al momento de hacer la curaduría. Sebastián Morales asumió la dirección de curaduría, y en su equipo se encuentran el peruano José Romero y el brasileño Marcelo Mirando. Morales es una persona con la que se puede dialogar desde lo cinematográfico, pero también desde otras fuentes del conocimiento, eso es fundamental para llevar adelante la programación de un festival de cine.

Publicado en La Razón
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