De entrada, con distintos marcos y diferentes rostros, aunque la estética fotográfica es la misma, varios retratos cuelgan en Más Arte Galería. Mujeres maduras graduadas, la clásica foto de bautizo, un matrimonio o el primer plano del infaltable carné. Todas allí cuelgan y tan solo reafirman aquello de que la riqueza está en la diversidad.

Diagonal, cara a cara, un vértice permite que esos rostros dialoguen con algunas fotografías de casas, tan variadas como los retratos. Con uno o tres pisos, de muchos colores, las casas confirman que en la diversidad está, efectivamente, la riqueza. Y solo se puede pensar que cada una de las columnas del Partenón difieren, y que ese monumento es el símbolo no solo de una ciudad, sino de una civilización modelo.

¿Acaso la gente no puede hacer de su casa el Partenón? ¿Acaso la gente no está en el derecho de hacer de su barrio un modelo? ¿Acaso la ciudad no es su arquitectura sino la agente que la habita?

Fabiano Kueva y su equipo de trabajo hacen una serie de reflexiones desde el ejercicio de la recordación, desde el realizar múltiples entrevistas y darse cuenta que “la memoria es parcial y se resume en la suma de voces”.

‘Ciudad Modelo: Memoria del barrio Solanda’ es un archivo que sobrepasa a los planos del proyecto ‘Barrio Modelo’, es un diálogo fascinante sobre –al igual que los griegos- la gente que tiene la capacidad de evitar los cantos de la sirena del progreso y de la Junta Nacional de Vivienda para erigir su propio Partenón.

Propuesta

Video, entrevistas, planos, cartografías, fotografías conforman este ejercicio de archivo que, podría decirse, parten como aquellas casas de solo techo y piso que se ofertaban en ese popular barrio del Sur de Quito, un barrio que acogió a Kueva, quien siempre se (re)planteó el realizar algo en torno al lugar.

“Imagina un barrio popular, que querían contener y se desbordó a su propio ritmo, que tenía un modelo y creo su propio modelo. Un barrio que es capaz de colocar o sacar alcaldes, porque para ganar en Quito debes conquistar Solanda. Un barrio que te enseña todo sobre organización, trabajo mancomunado, donde se hacía arte social cuando ni siquiera se hablada de eso”, señala el expositor.

Para él, Solanda no solo implica el reflexionar sobre la construcción arquitectónica de un espacio, sino que “te permite analizar la construcción que se genera sobre la idea de pobreza”, porque “la pobreza debía ser controlada”.

Así es como la investigación, el archivo, la curaduría, la antropología, la arquitectura, la sociología, entre otras áreas, van armando un cuerpo histórico que pasa por María Augusta Urrutia y la Fundación Mariana de Jesús (la mirada de la iglesia), revisa el periodo del ‘Bombita’, aborda la ingerencia de la Agency for International Development (AID) para dar paso a los ‘Barrios Modelos’.

Pero, sin duda alguna, la cartografía que más mérito tiene la muestra es la exploración del verdadero patrimonio: su gente. Una ciudad, un barrio, tan solo cobra vida cuando se refleja quienes lo habitan. Y es por eso que el ojo –la lente- de Patricio Jácome, el fotógrafo de Solanda, dan más sentido a que: “La fotografía es subversiva, y no cuando asusta, trastorna o incluso estigmatiza, sino cuando es pensativa”, tal como lo decía Roland Barthes.

Kueva, y su equipo de trabajo, han logrado hacer extensiva esa mirada y han conseguido que los puntos de los planos de Solanda no se queden limitados en las líneas, sino que esos puntos muestren el infinito de un sector que sobrepasa a su propio modelo.

Publicado en La Hora

CIUDAD MODELO: memoria del Barrio Solanda

Por Fabiano Kueva

Para Gloria, en la casa que no vivió…

Toda memoria es parcial, es la suma de unas voces y unas voluntades. Toda memoria es un corte temporal y espacial, es un paisaje deseado en el que no hay elementos “menores o dispersos”, ya que cada fragmento desencadena otros tantos. CIUDAD MODELO es apenas una hebra del inmenso tejido que es el Sur de Quito y el barrio Solanda. Una apuesta por construir colectivamente de los archivos del presente y hacer de la investigación una herramienta de activación comunitaria.

CIUDAD MODELO inició su recorrido en agosto de 2016 como parte del Museo Nómada, evento de arte curado por Ana María Garzón que interpelaba la grandilocuencia oficialista de HABITAT III. A partir de ahí, la investigación amplió sus alcances, metodologías y orientaciones. CIUDAD MODELO por su propia dinámica no podía limitarse a una simple práctica autoral, requería un habla plural y perspectivas variadas. Por esto, convoqué a un grupo de colegas comprometidos con la lectura crítica de la ciudad: Nelson Ullauri, gestor cultural del Sur de Quito con una gran trayectoria; Ana María Durán, arquitecta y docente impulsora de valiosos procesos de documentación arquitectónica; Pamela Ramón, antropóloga solandeña, quien aporta desde dentro con una mirada fresca e irreverente; finalmente Don Patricio Jácome, quien desde su foto estudio ha sido el cronista visual de Solanda.

Paisaje post HABITAT III, Archivo Ciudad Modelo, 2016.

El proyecto

I. Uno los efectos del primer “boom petrolero” del Ecuador, durante la década de 1970, fue el diseño y ejecución de planes masivos de vivienda, principalmente en Quito y Guayaquil. El crecimiento poblacional y la migración interna generaron el llamado “déficit de vivienda urbana”, lo que permitió posicionar en el país nociones de vivienda “popular” o “mínima” vigentes hasta la actualidad. Importantes sectores de Quito son el resultado de la construcción intensiva de este tipo de vivienda y sus transformaciones en el tiempo. Estos programas de inversión fueron iniciativas tanto estatales como privadas, en muchos casos con fondos provenientes de préstamos internacionales.

Barrio Solanda, Archivo Ciudad Modelo, 2017.

II. El PLAN DE VIVIENDA SOLANDA se asentó en el Sur de Quito sobre 150 hectáreas –que antes fueron la Hacienda Marquesa de Solanda– donadas en 1976 por María Augusta Urrutia a la Fundación Mariana de Jesús. Esta entidad, en alianza con la Junta Nacional de la Vivienda –creada en 1973 por el gobierno militar de Guillermo Rodríguez Lara–; la Agency for International Development (AID) –organismo de cooperación internacional del gobierno de Estados Unidos–; y el Municipio de Quito, diseñaron, financiaron y ejecutaron un proyecto de “BARRIO MODELO”, bajo conceptos de vivienda “progresiva”, es decir inacabada. Este PLAN fue parte de la agenda geopolítica para el “desarrollo” y control de “la pobreza” promovidas, en el marco de la “guerra fría”, como “freno” a la emergencia de los movimientos insurgentes en la región.

III. Tras varios viajes de funcionarios de la Fundación Mariana de Jesús a Chile y Colombia –países de referencia sobre vivienda “social” desde una visión “desarrollista y modernizante”– el proyecto definitivo del PLAN DE VIVIENDA SOLANDA estuvo a cargo de los arquitectos ecuatorianos: Adolfo Olmedo, Ernesto Guevara y Walter Moreno*. Fue presentado a concurso como proyecto urbanístico de vivienda colectiva en la 1ra Bienal de Arquitectura de Quito en 1978, sin recibir ningún tipo de reconocimiento.

 

Los “BARRIOS MODELO” como Solanda, y posteriormente Turubamba o Carapungo fueron, además, una estrategia por parte del Estado y el Municipio para “contrarrestar” las invasiones de tierras generalizadas y la “ola” de construcción de vivienda “informal” en el Sur y el Norocidente de Quito, sectores que a su vez constituían un espacio germinal de organización política popular. En un escenario de ciudad históricamente segregada y con variadas fronteras internas.

El tránsito del PLAN DE VIVIENDA al BARRIO SOLANDA se prolongó por varios años –la entrega de viviendas se inició apenas en 1986 como parte del PLAN TECHO del gobierno de León Febres Cordero–, siendo capital electoral de algunas administraciones municipales.

León Febres Cordero (Presidente del Ecuador), Gustavo Herdoiza (Alcalde de Quito), 1986.
Archivo Diario El Comercio

Entre los años 2000 y 2003 viví en el BARRIO SOLANDA. En ese período, ya era palpable el impulso económico fruto de la “ola migratoria” de ecuatorianos a España, Italia y Estados Unidos, como consecuencia de la crisis política y económica que desembocó en el “feriado bancario” de 1999. Las remesas y envíos de dinero, además de facilitar la vida y la educación de muchas familias –fracturadas y extendidas–, transformaron el pulso vital del barrio en diversas esferas.

Barrio Solanda, 1989. Archivo Diario el Comercio.

Por ejemplo: la proliferación de pequeños negocios como tiendas de abarrotes y de comida preparada, sobre todo en la “Calle J” (José María Alemán), que se convirtió paulatinamente en el ícono de estos emprendimientos. Otro cambio operó en las formas de agrupación y visibilidad de los jóvenes –de familias migrantes y no– que mediante música, ocupación del espacio público y pintas o grafitis marcaron una nueva territorialidad en todo el Sur, con fronteras y micropoderes en disputa social, estética y generacional.

 

–Sector 1 Solanda, 2016. Archivo Ciudad Modelo

Adicionalmente, el ingreso sistemático en el Sur de capitales corporativos, de gran escala, para la construcción de centros comerciales, cines multisala, supermercados y cadenas transnacionales de comida y ropa, detonaron una fuerte presión sobre la comunidad, cuyo tejido económico y social es intenso pero frágil, basado en el “día a día” y que se enfrenta en desigualdad a las lógicas del mercado.

Pero el cambio más significativo en Solanda fue su desborde arquitectónico: la autoconstrucción, ampliación y reciclaje emprendidos por la mayoría de vecinos, que transformaron el diseñó urbanístico de 1978 de modo irreversible, haciendo emerger unos nuevos paisajes y por ende unas nuevas poéticas. Una arquitectura informal/casera/radical que a lo largo de varias décadas buscó HACER HABITABLES las casas y el barrio, rehaciendo el proyecto original de vivienda “progresiva” y demostrando el fracaso estatal en cuanto a diseño social.

Barrio Solanda, 2016. Archivo Ciudad Modelo.

 

Si el plan original de Solanda se pensaba para 20.000 personas, según el censo del 2014 se cifran 80.000 vecinos. Actualmente se estiman cerca de 100.000 –debido al flujo de migrantes de provincia, así como de colombianos, cubanos y venezolanos–. Esto convierte a Solanda en una de las zonas de mayor densidad cultural, pues al haber roto la lógica del “barrio periférico” se convirtió en epicentro de la vida en el Sur de Quito. Así, Solanda revirtió el sentido de lo “modélico” no como algo “racional y funcional”, sino como una potencialidad de experiencias y luchas orientadas a reafirmar la vida.

V. Con estos antecedentes y premisas, CIUDAD MODELO: memoria del barrio Solanda se propuso realizar una investigación que conjuga varios ámbitos, y que, a modo de exposición itinerante recorre Galería +ARTE y las Casas Comunales del barrio entre octubre y diciembre de 2017, con actividades complementarias como charlas, talleres y conciertos.

Dado que la COMUNIDAD SOLANDA es diversa y compleja, el proyecto trabajó en tres ejes:

1) Un levantamiento participativo de la memoria del BARRIO y una cartografía crítica desarrollada junto a líderes históricos, organizaciones y vecinos.

2)La conformación de un archivo documental del barrio desde 1975 en entidades estatales, municipales y organismos internacionales.

3)Un inventario audiovisual de los DESARROLLOS ARQUITECTÓNICOS Y CONSTRUCTIVOS emprendidos por las familias, con énfasis en la creatividad de las formas y las poéticas del estar.

CIUDAD MODELO, al igual que el barrio, está en permanente construcción. Todos sus materiales podrán consultarse en la página web: www.ciudadmodelo.org y en el mediano plazo serán sistematizados en una publicación impresa de circulación libre. Más allá de visiones idealizadas de la comunidad o lo comunitario, percibimos un futuro de posibles redes de vecinos interesados en la memoria, la soberanía alimentaria, las artes o los deportes, con miras a un futuro mejor para el Sur de Quito.

María Augusta Urrutia con funcionarios de la AID, c.1979.
Fundación Mariana de Jesús.

Algunos rasgos del proyecto de ciudad basado en “BARRIOS MODELO” fueron: desencadenar la especulación sobre el valor de la tierra en las zonas privadas aledañas; la reducción desde el canon máximo/mínimo del espacio habitable por persona; la elección de sistemas constructivos en beneficio de grupos locales de poder económico; el diseño inacabado como estrategia precarizante; el trazado normativo de los espacios “comunitarios”; y el endeudamiento a largo plazo como disciplina social bajo la etiqueta de “pobreza”.

El tema de la vivienda “social” o “popular” es cíclico, porque produce réditos políticos inmediatos. Eventos recientes como la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto de abril de 2016; la construcción de las llamadas “ciudades del milenio”; o el reciente plan “Casa para Todos” del presidente Lenin Moreno, hacen pertinente un proyecto como CIUDAD MODELO pues posibilita la reflexión, desde las propias comunidades, para interpelar la verticalidad de los planes de vivienda “popular”, el rol del Estado y los imaginarios de la “pobreza”. En definitiva, disputar la Ciudad como signo y como realidad.

Publicado en Parelaje