Ciudad liberada

“Las palabras me hacen falta/Me hacen falta cien millones de palabras/Las palabras siempre se las lleva el viento/Pero yo las necesito somos dos viejos amantes/Muy chiflados, muy astutos, desafiantes…”

 Faltaba mucho, cuando Fito Páez grabó Las palabras -que de ahí son estos versos-, para la edición de La ciudad liberada. Y desde entonces hasta ahora el muchacho rosarino escribió palabras; un montón. Y dijo muchas, también.

Algunas, precisas. Otras, no tanto. Las suficientes, de unas y de otras, para que muchos lo amen, y otros muchos no. La grieta. Estúpida y ridícula. Infantil y antigua; tan antigua que atrasaba cuando alguno le puso nombre.

“Las palabras me hacen trampa/Nunca creo en lo dicen tus palabras/Las mías son iguales siempre meten confusión.” Ahá. Con que de eso se trata.

Pues bien; Fito Páez hizo un discazo. Eso. Es que mientras algunos siguen esperando un nuevo El amor después del amor, el hombre sigue haciendo canciones. Apunta y dispara; a veces al aire –Yo te amo, ponele-, a veces al centro del blanco –Rodolfo, quizás-, y en ocasiones, a dividir. En ésta, con casi nada de desperdicio, o de eso que se llama «resto».

Por ahí va la cosa con La ciudad liberada. Son 18 canciones; es mucho. Mucha música. Y muchas palabras. Entonces, la condición es escuchar varias veces. Ni dos ni tres ni cuatro. Seis es un buen número.

La primera es de acercamiento; la segunda, de comparación: que el final de Aleluya al sol hace recordar el de Mariposa Tecknicolor; que Tu vida mi vida tiene cosas de Charly; que La mujer torso y el hombre de la cola de ameba, con su piano a solas, tiene cosas de Rodolfo, como Plegaria nos lleva a El cuarto de al lado y también a Buena estrellaEl ataque de los gorilas tiene algo que ver con Los buenos tiempos; y el juego de las similitudes, si uno quiere, se puede extender al infinito y más allá. Dos verdades o maneras de verlo. La primera: Fito se repite. La segunda: Fito se puede repetir porque tiene “obra”.

La tercera escucha es la de la decantación. Si al disco le sacáramos Otra vez el sol5778Chica mágica y Se terminóLa ciudad liberada seguiría siendo un discazo. ¿Sobran? No. Pero si eran 14 estaba igual de bien. Igual, en los tiempos que corren -eso: corren-, proponer un disco de 70 minutos puede que no sea patear el tablero, pero al menos lo mueve un poquito.

aLa cuarta vez es la de la desconfianza y el escrutinio. ¿Qué significa esa tapa? ¿De qué pibes habla Páez cuando dice que desea una ciudad en la que “no les metan más bala”, en La ciudad liberada? ¿Qué quiere decir cuando canta que “la revolución cubana pega un giro más hermoso y profundo”, en Se terminó? ¿Qué tiene que ver Islamabad con “los desaparecidos”? ¿Quiénes son los “miserables/de la Constitución?De qué habla Fito cuando canta de lo que canta? ¿Dejará alguna vez de bajar línea?¿Por qué debería dejar de hacerlo, si de Cuervos en casa para acá es así? Listo: tómalo o déjalo. Confiá. O no.

Al fin de cuentas… «Las palabras hacen trampa/Nunca creo en lo que nombran las palabras/Ahí se esconden muchos tontos importantes/Pero no te creas nada de lo que te diga nadie»

La quinta es la del relax.

La sexta; esa es la que vale. Ahí es cuando te das cuenta, finalmente, de que La ciudad liberada no es otra cosa que Fito Páez en todas versiones. Desgarrado en Islamabad, furiosa, rockera y flamenca, tan cerca de medio oriente como del tango de Bajo Fondo. “El más fuerte, el más fuerte/es el que se equivoca de camino”. Y eso es ganar.

 

"La ciudad liberada": Fito Páez y su insaciable máquina de disparar canciones

Manifiesto. La foto de Nora Lezano, con dirección de Alejandro Ros, retrata el rostro de Páez con el cuerpo de Eugenia Kolodziej.

En la canción que le da título al disco, tras un inicio Dylaniano, el rosarino desemboca y se desboca, rockero y contundente. “Pelear contra los nazis y los fachos de mierda”, canta. Pero también: «Quiero vivir en la ciudad liberada/donde el amor explote en todas las plazas», reclama (¿y quién no?); y también: “Una ciudad de sexo desenfrenada”, antes de que la guitarra de Joaquín Carámbula derrita los baffles.

Wo Wo Wo es una buena harrisoneada, con Fabi Cantilo –«Fabi estaba desnuda volando en el techo/con su Gibson negra y una boa enroscada en su cuerpo desnudo»-protagonista de la historia y también, con Déborah Dixon, de los coros. Si prueban engancharla con Isn’t It a Pity, que el beatle grabó en 1970, el combo cierra perfecto. La que le sigue, Tu vida mi vida, fluye simple, con aires de un García (Charly) algo lejano.

Amable y pra frente en Bohemia Internacional, tan Beach Beatle Boy y tan pianística, que replica, ya sin su espíritu de fanfarria, el “sha na na” de Aleluya al sol. Una de esas que al principio detestás, y que a los dos minutos vas cantando por la calle. «Muy naif», dicen unos. ¿O será que el tiempo nos hizo perder la capacidad de creer en querer «hacer» un mundo mejor?

Mientras buscamos un respuesta piadosa, sobre un piano delicioso Paéz habla de besar a “las cebras de Tijuana”. Porque esta vez, la literalidad al mango de los últimos Fitos le cede un saludable espacio a la figuración. Ahí vuelan “las “moscas de alas de bronce” de La mujer torso… , y pasa eso de que “los pájaros de hidrógeno implotaron en el aire”, que cuenta Nuevo mundo, el capítulo tecno y casi dance del álbum, que también habla de “chiquitos encerrados en sus casas de plata/mirando por las redes como todos se matan”.

«Mis palabras son el centro del misterio Las palabras nos explican lo que nunca entenderemos Si fue cierto, fue mentira o si al fin fue todo un sueño»

Realidad y ficción. Lugares comunes, consignismo e iluminación. La claridad de Aleluya al sol y la oscuridad de Navidad negra; la corrección política de El ataque de los gorilas que denuncia la corrección política de los demás; la maestría para resumir en menos de tres minutos la historia animé de Chihiro, Haku y No-Face en Los cerezos blancos, esos que florecen en la primavera de Japón; el entramado de guitarras, teclados, voces y todo lo demás en el que deriva la introspectiva Soltá –«Madre tierra padre sol/arránquenme la pena/ y arrójenla en el fondo del mar/ eso que me mira en el espejo/yo lo quiero soltar»; y el thriller folclórico de El secreto de su corazón.

Todo eso es La ciudad liberada.

Y cuando vuelva a sonar, será algo más. Y si no decimos que es excelente, es porque algunos seguimos esperando un nuevo El amor después del amor. Que así de jodidos somos.

“La ciudad liberada”

Calificación: Muy bueno​

Fito Páez Voz, piano, teclados

Diego Olivero Guitarras y sintes

Mariano Otero Bajo

Gastón Baremberg Batería

Juan Absatz,Fabi Cantilo y Carlos Vandera Coros. Más Déborah Dixon, Flor Crocci, Fabián gallardo, Joaquín Carámbula, Ignacio Jeannot, Antonio Carmona, Juan Carmona y Antonia Montoya.

Publicado en Clarín

 

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