Por Daniel Cholakian – NodalCultura (Enviado especial a La Habana y San José de Costa Rica)

Hanna Arendt desarrolló la idea de aparición con un profundo sentido político. Esta ocurre cuando un sujeto aparece diferenciándose frente a otros, similares y diversos. Shakespeare lo proponía de un modo más poético cinco siglos atrás, cuando Hamlet se pregunta “ser o no ser”. Esa pregunta no era sobre el suicidio, era sobre la construcción de una subjetividad autónoma.

La categoría de aparición se construye a partir de dos conceptos: la identidad propia y la alteridad respecto del universo. La aparición ocurre cuando un grupo dice ‘acá estamos nosotros’ y construye un lugar propio.

Esa noción de aparición tiene para Arendt dos componentes centrales: la exhibición y el discurso.

Para que un grupo “aparezca” ante los demás es esencial que se haga visible. Ese acto construye la propia apariencia. Es evidente que esta idea de aparición le da a la producción audiovisual un lugar por demás importante.

Ni Centroamérica ni el Caribe, ni sus culturas son nuevas, eso es obvio. Ni lo es su identidad. Pero si es novedosa su presencia en el contexto de la producción audiovisual global, con voces diferenciadas que se afirman en esas identidades. Este momento de las cinematografías regionales son etapas de gran producción y creatividad. Y se instalan en el mundo del cine dialogando con las otras como pares.

Las cinematografías de la región están atravesando un momento de aparición en el cine del mundo y haciendo oír sus diferentes voces.

Temas, apariencias, propuestas estéticas, miradas, lenguajes, el cine centroamericano y caribeño es hoy profundamente novedoso y atractivo.

Esto se nota especialmente en el Festival de Cine de Costa Rica, que se propone como una ventana del cine centroamericano al mundo, tanto como en el Festival de La Habana que tuvo, además, un foco dedicado al cine caribeño.

De qué hablan los centroamericanos cuando hablan de Centroamérica

Entre ambos festivales hemos podido ver películas de Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico, República Dominicana y Trinidad y Tobago. La diversidad estética y temática habla de la complejidad cultural. Sin embargo hay claves que permiten observar que la región piensa problemas en común: la persistencia de la cultura patriarcal, el problema de la inmigración, la desigualdad, el medio ambiente y la historia política como relato del pasado y como diálogo con el presente.

Es interesante como los nuevos discursos se despegan del relato de las violencias y las pobrezas extremas, que son el eje habitual de la mirada extranjera sobre estas sociedades. Nadie niega la existencia de estas cuestiones, como tampoco el dolor de quien emigra, pero lejos de sostener la mirada del otro sobre sus problemas, el cine centroamericano y caribeño propone nuevos sujetos, nuevas voces y nuevos temas. Esta novedad permite pensar en la reconstrucción social de la identidad desde las propias comunidades, y no en a partir de la construcción que los otros hacen de ellos.

Como bien lo muestran, entre otras, las películas Medea, Heredera del viento, El sitio de los sitios, Ruido y Atrás hay relámpagos, hablar de jóvenes no es hablar de mareros, delincuentes, marginales o violentos. Es pensar la política, la historia, los géneros, las nuevas urbanidades y el arte.

Las mujeres al frente

El cine de Costa Rica está mostrando una presencia importante de mujeres como cineastas y como protagonistas del relato. Al menos 3 de las películas exhibidas en estos festivales proponen no solo un discurso obvio sobre el patriarcado, sino una mirada sobre la manera que opera en los cuerpos y las trayectorias de vida de las mujeres. Medea, la gran película de Alexandra Latishev, trabaja sobre la idea del cuerpo de una mujer joven como espacio de batalla personal. Allí las tensiones sobre el deseo, el mandato y las configuraciones de lo femenino hacen dolor. También lo es el cuerpo ya en tránsito de la anciana de Violeta al fin, que defiende su lugar en el mundo, a pesar del ex marido estafador y los hijos que no creen que una mujer, adulta y sola, pueda hacer marchar su vida. Y ambas, como las jóvenes diletantes de Atrás hay relámpagos, deben vivir en medio de una sociedad que organiza aún de un modo tradicional sus relaciones.

Sin dudas son las mujeres las principales sujetas de la guatemalteca “500 años”, que además atraviesa absolutamente todos los ejes de lectura que proponemos. Son protagonistas, en este caso, las mujeres mayas,  víctimas brutales de un genocidio que aún permanece impune.

Medea

Pero esta idea de la organización patriarcal también aparece en la muy interesante película triniteña Moving Parts o, sin ser el eje central, en las dominicanas Cocote y El sitio de los sitios y la hondureña Berta Vive.

Jóvenes, viejas, indias, negras, chinas, las mujeres de Centroamérica y el Caribe adquieren en el cine una voz y un rostro propio, y esa aparición sin dudas tiene múltiples sentidos y proyecciones. Como no repetir acá entonces, que lo personal es político.

Contar la desigualdad de todos modos

En todas estas películas la desigualdad está presente. Mientras que es central en El sitio de los sitios, donde además un discurso sobre las relaciones amorosas se observa llanamente el modelo de explotación económica y de recursos naturales, la cuestión está presente en el por qué de la trama de la magnífica portorriqueña El silencio del viento.

La desigualdad está presente en Latinoamérica a diario. Obviamente también en Centroamérica y en el Caribe. En el cine también puede verificarse esta cuestión casi sin mencionarla. La situación de explotación del trabajador que viaja al funeral de su padre en Cocote se cuenta con unos pocos planos al comienzo y al final, como si tal cosa. Una cotidianeidad que es la misma que se vive mientras se habla del amor en El sitio de los sitios o que impulsa en Puerto Rico a Rafito a continuar el trabajo ilegal de su hermana. Que por otra parte es víctima de un femicidio.

Los migrantes no son solo que aquellos que se van

Uno de los temas claves en las mesas de diálogo intergubernamental que buscan la integración centroamericana es la migración. Desde hace años las películas de El Salvador, Honduras o Guatemala contaban la migración solamente como un fenómeno de huida hacia el gran sueño americano. Hoy la migración es un problema que incluye los migrantes que pretenden ingresar a alguno de los países de la región, ya sea desde otros países limítrofes como de lugares muy alejados del mundo.

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La trata de migrantes es el tema central de la película de Puerto Rico El silencio del viento tanto como de la triniteña Moving Parts. En ambas aparece un dato que podría sorprender: la presencia de inmigrantes ilegales chinos en esta región del mundo. Ya a fines de siglo XIX se encontraban chinos en Trinidad, muchos de los cuales fueron parte de los 50000 obreros de esa nacionalidad que participaron de la construcción del canal de Panamá. Incluso en México hubo una matanza poco recordada de habitantes chinos de la ciudad de Torreón en 1911.

Moving parts profundiza en la acción del tratante y aquí no solo se aparece la explotación de la inmigración ilegal, sino también la cuestión de género, ya que la joven china traída a Trinidad es explotada sexualmente. En El silencio del viento, Rafito es un intermediario, un lumpen que transporta a los inmigrantes hasta quien será su explotador. Es pobre y asume el lugar del explotador, una perspectiva que enriquece el modo de pensar la cuestión. Si en Moving parts un eje separa a buenos y malos, en El silencio del viento la cuestión se vuelve más vidriosa y Rafito se descubrirá, en algún momento, siendo también una víctima.

La historia en permanente diálogo con el presente

Tres películas, que se presentaron en Costa Rica, construyen un diálogo eficaz del pasado con el presente. Más allá de su propuesta estética, cercana a la construcción de la tira histórica televisiva, Morazán no solo cuenta la historia para hablar del presente, sino que lo hace con la clara intención de retomar una discusión sobre la unidad centroamericana, seguramente interrumpida por los triunfos de los intereses de las burguesías “nacionales”.

Heredera del viento es un recorrido personal desde el punto de vista de una hija de revolucionarios sandinistas. ¿Cómo se piensa la historia nacional y personal cuando los padres dieron prácticamente todo –incluso la relación con la hija- tras el sueño revolucionario? ¿Cómo revisar hoy la acción que por entonces fue sostenida por la mística y la voluntad de absoluto? ¿Qué dejó en el presente ese sueño revolucionario? ¿Cómo pueden las jóvenes generaciones recuperar la idea emancipatoria y reconstruir un país herido por la guerra? Aquí también lo personal y lo político. La historia y el presente. El diálogo es entre generaciones y está atravesado por la complejidad de pensar la vida propia como parte de la Historia, que como late aquí y ahora es difícil de conceptualizar.

Heredera del Viento
Heredera del Viento

La guatemalteca  500 años (de la realizadora estadounidense Pamela Yates) responde de algún modo a todos los ejes mencionados. Se emparenta también con la hondureña Berta Vive. El título de la película remite al un largo período que incluye los dominios de la colonización española y el imperialismo estadounidense, que con sus obvias diferencias, ejecutaron o promovieron el exterminio de los indígenas, el genocidio, la apropiación de la tierra y la explotación irracional de sus territorios. La historia narra la resistencia de las mujeres en el presente, a partir del juicio al dictador Efraín Ríos Montt, pero también la resistencia a la explotación de los recursos y las movilizaciones que concluyeron con la renuncia del ex presidente Otto Pérez Molina.

Violencia de género, desigualdad, explotación, ambiente, tradición de resistencia que se trasmite de madres a hijas, juventudes, desplazamientos, identidades, lenguas, búsquedas estéticas propias. Todas estas son tramas que articulan las películas del actual cine centroamericano y caribeño. Sin dudas que con el ojo puesto aquí se puede ver lo más interesante que hay por estos días en el cine de los mundos.