Medios de comunicación y democracia, por Francisco León

No existe imparcialidad al 100 % ni siquiera en el campo de las ciencias puras, como sabiamente enseñó el filósofo Martín Heidegger. Dejando bien establecida esta premisa, puedo decir que creo que en tiempos como los actuales, la profesión de periodista está muy mal vista, hasta podríamos decir que ha sido “devaluada” por la lógica del mercado.

Un buen ejemplo de las relaciones entre periodismo, poder y violencia en el Perú se suscitó en Ancash. Al respecto, utilizaré como una especie de hilo conductor al libro de Augusto Riera, titulado En la mira, que muestra la violencia, en todo aspecto, contra periodistas ancashinos. Violencia que, incluso, ha llegado al crimen.

Este ejercicio de la violencia es multidireccional. Es decir, la ejercen no solo partidos políticos, como el APRA, o instituciones, o grupos alzados en armas, como el MRTA, o terrorista, como Sendero Luminoso, sino también “periodistas” como en el caso donde se menciona que Laura Bozzo mandó cerrar un programa de radio.

La pregunta obvia es ¿por qué existe un interés de personajes o grupos,  ligados o relacionados, al poder, por silenciar a la prensa?  Porque el periodista comprometido con su profesión y lo que ello implica, en teoría al menos, resulta siempre molesto a aquellos que detentando el poder o pretendiéndolo, tienen la intención de mal utilizarlo.

¿Qué sucede, de un tiempo a esta parte, con la prensa nacional e internacional? Lo importante ya no es narrar, contar, un suceso con cierta imparcialidad o fidelidad, y con la finalidad de que los receptores se informen y a partir de dicha información puedan generar sus propias conclusiones o puntos de vista. Recordemos, sin ningún afán idealizador, que antaño se decía que: el periódico es el libro del pobre.

Digo esto de “sin ningún afán idealizador”, porque debemos recordar que el periodista forma opinión con base en los intereses que lo emplean. Por ejemplo, frente a un hecho acaecido en Medio Oriente, nunca será igual la información sobre aquel que pueda brindar la CNN o la cadena Al Jazzera. Entonces, el receptor queda al medio, y si solo recibe una de las partes, esto ¿no determinará su postura frente al suceso? Pues los medios sirven también como un filtro, entre lo que sucedió y el público, que genera la “realidad” frente a la cual se sitúa el espectador. Así, si entendemos que las dos versiones del mismo suceso son diferentes, ¿cuál es lo real del hecho en sí?

En la actualidad, ya no importa el informar sino el entretener. El espectáculo es noticia, la notica es espectáculo, y si no, debe ser convertida en tal. Un ejemplo clásico se da en el ámbito político, cuando no importa tanto a la prensa cuál es la propuesta real de un candidato, y qué podría beneficiar al pueblo, como el saber si tuvo relaciones sexuales con su secretaria o no. La farandulización de la noticia se legitima en “eso”, en la “capacidad” que tenga el periodista para potenciar, privilegiar, los aspectos de la vida íntima de los personajes noticiados, por encima de lo que supuestamente debería ser el núcleo, lo central lo importante y de interés público, de la noticia. Esto lo explica Zygmunt Bauman en su libro Modernidad Líquida.

 

Muchos pensadores importantes (entre los cuales el más prominente es Jürgen Habermas) advierten que la “esfera privada” está siendo invadida, conquistada y colonizada por la “esfera pública” […]

La definición actual de “interés público”, promovida por los medios y ampliamente aceptada por casi todos los sectores de la sociedad, es el deber de interpretar esos dramas en público y el derecho del público a asistir a la función […]

Ahora, lo que se percibe como “temas públicos” son los problemas privados de las figuras públicas.

Esto se debe a una lógica mundial, establecida, “impuesta” por los reality shows con los cuales los noticieros deben competir en busca de rating. Ello influye en la calidad del contenido. Todo esto se engloba en una cierta “trivialización” de la existencia que Bauman denomina “liquidez”.

Para el caso de la prensa limeña, y en dicho espectro, no importa lo que se diga sino el cómo se diga. Esto es la búsqueda del mayor efectismo posible, lo que a veces lleva al límite del absurdo. Así, podemos hallar titulares como:

-CAPTURAN MARCIANO QUE ROBABA AUTOPARTES.

-CHINO LOCO DESTRUIRÁ EL MUNDO.

-VIRGEN QUE LLORA ANUNCIA LIBERTAD DE FUJIMORI, etc.

Lo que en definitiva, genera DESINFORMACIÓN. Que va contra la función, supuesta, que debía cumplir el periodismo, esto es informar. Los titulares, ficticios, antes mencionados sirven para recordar la época de oro de la prensa “chicha”. Entonces, debemos preguntarnos, ¿por qué no ha sido erradicada esa manera, ese estilo, que incluso se ha vuelto nuestro modo de informar?

El análisis debe partir pensando a quién es funcional esa desinformación, a quién le sirve el mantener a la masa embrutecida. ¿Quiénes son los beneficiarios de aquella “privación” a la que se somete a los ciudadanos de a pie?

Debo terminar este texto con algunos puntos que espero sirvan para generar, ampliar, el debate en torno a los medios de comunicación y el nuevo entorno global en que se encuentran.

  1. ¿Cuáles son, o deberían ser, los objetivos de una “buena” prensa?
  2. Debemos repensar el papel de los medios digitales, hasta qué punto posibilitan una democratización del flujo de la información.
  3. Qué papel cumplen estas nuevas tecnologías en la configuración de la llamada posverdad.
  4. Debemos comprender que “existimos” en una realidad construida por los medios, que como segunda piel cubre nuestra Realidad. Los medios son los encargados de fijar en el inconsciente colectivo nociones que luego creemos nuestras, asumimos y defendemos sin ningún tipo de postura crítica. Por ejemplo: la infalibilidad del mercado y el sistema neo liberal, el estigmatizar a cualquier elemento contrario a ese sistema como terrorista, etc.
  5. Al respecto recomiendo la lectura de los libros de autores como Michael Foucault, Gilles Deleuze, sobre el tema del poder y más aún de Mauricio Lazarato acerca de la Sociedad de Control. Aquí se muestra cómo funcionan los mecanismos de control a distancia, mediante el uso de dispositivos digitales. Dichos dispositivos representan, tal vez ya lo son, el futuro de los medios de comunicación de masas.
  6. Sabiendo que la imparcialidad, al 100 %, es imposible, creo en la “función social” (Gramsci dixit) que le corresponde, que debería serle ineludible, al hombre de prensa.
Publicado en LimaGris