Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Cecilia Todd es la cantante venezolana más reconocida en el mundo. Es también parte de una generación extensa de mujeres cantoras, que asumieron como propio el cancionero popular de su país y el de América Latina. Como la mayoría de ellas, especialmente su amiga Mercedes Sosa, la chilena Violeta Parra y la peruana Susana Baca, su arte y la convicción política van de la mano.

Durante la larga charla no solo habló de sus comienzos, la industria de la música y su presente, sino también del convulsionado año que vivió su país. Criticó el conocido Sistema de Orquestas Juveniles, que para ella sostiene la idea de una cultura de elite y una cultura popular, de baja calidad. Defiende el chavismo porque entiende que implicó un cambio cultural notable. Para ella fue con Chávez que los sectores populares pudieron comenzar a ocupar espacios cuyo acceso solo estaba permitido a los sectores adinerados. Este cambio es, según Todd, el origen de la violencia de clase que vive su país.

“Culturalmente es otro país desde que llegó Hugo Chávez.  La gente no sabía, por ejemplo, que tenía derecho a acceder a un teatro. Había gente que jamás había ido a un teatro, nunca. En el teatro Teresa Carreño, el más grande de Caracas, era imposible sacar las entradas. Eran muy caras, no estaban al alcance de la mayoría. Pues se han recuperado en Caracas doce teatros, que ahora están en funcionamiento. De repente la gente empezó a ver que podía ir al teatro. A veces podían ir a un concierto que se hiciera en la calle, pero ¿ir al teatro? Empezaron a hacer obras de teatro y la gente hace dos horas de cola para entrar. La reacción fue una cosa maravillosa”.

Para ella, los sectores privilegiados no soportaron el acenso social de los más pobres. “Como tiene el privilegio de tener un auto o una camioneta, la elite siente también el privilegio de tener un celular. Piensan ‘¿por qué un tipo así (un trabajador) va a tener un celular como el mío? Ese es mi derecho, ¿a quién se le ocurre que nos tenemos que acercar?’ No lo toleran. Hay una pugna de clases importante en mi país”, sostuvo Todd.

Durante 2017 se dedicó a pre-festejar sus 45 años con la canción, ya que suelen decir que no hay que festejar los cumpleaños antes de tiempo. El festejo fue a puro canto, multiplicando los shows y visitando durante dos meses Argentina, donde cantó tanto en Buenos Aires como en Rosario, en el sur del país y en el noroeste andino. Viajó en aviones y autos para cantar en un país que ya es casi el suyo y al que llegó por primera vez como artista el 20 de junio de 1973. Ese mismo día en el que, después de 18 años, el general Perón regresó al país y se produjo la matanza de muchos jóvenes militantes, como lo era ella misma por entonces.

Cecilia Todd ese día bajaba de un omnibús que la traía de Perú. Casi sin abrigo, llegó una mañana al barrio de Once, en una Buenos Aires que la recibió con un frío del que aún no se olvida.

A pocas cuadras de ese lugar, en el porteño Café de los Angelitos, Cecilia Todd nos regaló dos largas horas de conversación.

¿Te acordás cual fue ese primer show?

Si. Fue el 9 de noviembre de 1972, en la Universidad Simón Bolívar en Caracas. Yo venía cantando sin pensar en nada serio, y un amigo que era profesor allí me dijo ‘¿quieres venir?’. Yo ni sabía ni que iba a cantar. Cuando me vi en el escenario me dije ‘¿qué hago yo aquí? Me quiero ir para mi casa’’. Ahí arrancó todo. Cuando me di cuenta, pasaron 45 años. No lo puedo creer.

Y ese ‘’cualquier cosa’’ que cantaste ¿de dónde venía?

Era básicamente música venezolana. Alguna canción que cantaba Mercedes, algo de música brasileña, Chabuca. Lo que cantaba en las fiestas, en las reuniones, en los encuentros amistosos. Un poco de todo. Para mí era como un juego.

Parecería que ese primer repertorio de algún modo estructuró el cancionero de tu carrera

Si, inmediatamente después me dediqué totalmente a la música venezolana.

¿Cuánto conocías y cuanto descubriste a lo largo de estos 45 años de la música popular venezolana?

Conocía poco de la música nuestra. La música que más oíamos era la música llanera, que fue la música que llegó en los años 50 a la ciudad.  Aunque vivas en un pueblo no se conoce la música del país. Los que viven en Los Andes no conocen lo que pasa en Oriente, por ejemplo. Era así y sigue siendo así. Estamos muy alejados. Pero hubo un grupo muy bueno que se llamó ‘’El quinteto contrapunto’’, que duró poco tiempo pero abrieron un poco el camino. Era un grupo rarísimo, porque había cantantes líricos y cantantes populares. Unos que sabían música y otros que en su vida habían tocado. Tocaban el cuatro nada más, pero nos hicieron ver que había otra música que no era la llanera.

¿Cómo fue tu recorrido por todo Venezuela para ir encontrando las músicas populares locales y aprenderlas como para poder interpretarlas?

A los meses de ese concierto, me vine a Buenos Aires  para estudiar técnica vocal.  Al regresar, como a mí me encanta viajar y me encanta la música venezolana, cada vez que tenía oportunidad de viajar por el país me metía por ahí a ver qué pasaba. Me producía mucho interés saber qué se hacía en cada región, en cada zona. Ahí empecé y todavía no he terminado.

¿Fuiste trabajando con intérpretes locales para conocerlas?

Totalmente, siempre me interesó mucho eso. En un momento toqué la puerta en lo que era el Instituto Nacional del Folklore, el INAF, ya que ellos tienen un registro muy completo de la música del país a partir del año ’43. Por alguna razón no se tenía acceso a ese material. Entonces yo me acerqué, pedí permiso y me abrieron las puertas.

Cuando llegué ahí no sabía por dónde empezar de tanto material que había. Cada vez me llamaba la atención el nombre de una canción o la zona, buscaba más información. Así fui internándome. Eso lo dirigió mucho tiempo Luis Felipe Ramón Rivera que está casado con la musicóloga Isabel Aretz. Ellos llegaron al INAF e hicieron un trabajo antropológico muy importante. Para mí fue buenísimo porque saqué mucho material para escuchar y después viajar para conocer lo que se hacía en cada zona, cosa que sigo haciendo. Me encanta, es una cosa maravillosa.

Hablábamos del repertorio venezolano pero vos incorporaste el repertorio del cancionero popular latinoamericano, que se funda allá por el año ’60 ¿en qué tiempo construiste tu relación con la canción latinoamericana?

todd 2Desde antes de venir para acá. No lo incorporaba a mi repertorio todavía, pero ese fue el momento en que para nosotros empezó a llegar material de afuera. Material del que nosotros no teníamos conocimiento.

De todos modos seguimos estando muy alejados en ese sentido. Tú le preguntas a cualquier persona en Caracas por una chacarera y no tiene la más remota idea. A los medios de comunicación no les interesa sino la música enteramente comercial. Los sellos disqueros y los medios son los que imponen lo que se oye. Creo que nuestros países han fallado en eso. Yo pienso que la mejor manera de dar a conocer la cultura de un país es a través de la música. Llega muy directo. Creo que no hemos hecho el trabajo que corresponde.

En el resto de América Latina conocen poco y nada de la música venezolana. Cuando yo llegué a Argentina eso me ayudó mucho porque no se conocía nada de música venezolana, nada, nada. Ni el cuatro, ni nada. Yo llegué y tenía el camino abierto para mí.

Tenés una relación muy estrecha con el cuatro.

Desde siempre, porque el cuatro siempre estuvo presente en mi vida. En la familia venezolana siempre vive un cuatro. Aunque nadie lo toque, siempre alguien llega y lo toca. Yo me acuerdo de ver un cuatro colgado en la pared y morirme, porque es lo peor que le puede pasar al pobrecito.

Hablaste de aquel momento del Instituto Nacional de Folklore y las investigaciones antropológicas. Los investigadores de la música popular latinoamericana encuentran muchas coincidencias. ¿Te sirvió saber de estas coincidencias entre las músicas costeñas, las músicas caribeñas, las músicas serranas y conocer cómo se comunican y como se relacionan entre sí?

Sí, claro. Es un tema apasionante y Latinoamérica, como dirían nuestros próceres, es la patria grande. Venimos todos del mismo sitio. Hay un libro muy interesante que escribió un amigo musicólogo que se llama Rafael Salazar y habla de la influencia árabe en nuestra cultura, la venezolana y latinoamericana, que tienen la misma raíz. Es cierto que nosotros tenemos más influencia negra que Argentina, Chile o Uruguay. La presencia negra en nuestra música es impresionante, fuerte.

¿Cómo es la relación entre lo que podríamos llamar ‘’cultura popular’’ y ‘’cultura de elite’’ en  relación con la música en Venezuela?

Estuvimos muy separados, lo que hicieron durante muchos años los sectores dominantes nos separó, sobre todo con la música. La música centro-europea es música culta y lo otro no lo es. Nosotros lo hemos sentido con el sistema de orquestas juveniles, que se instaló hace más de 40 años. Lo que viene de afuera es mejor y esto es música culta y la gente, aunque no sabe qué es va igual.

A mí, particularmente, oír opera no me gusta. Pero la gente va, se pone su traje, porque no vas a oír ópera en jeans. Es un evento serio. Con las orquestas también ha pasado esto. Hay músicos de la orquesta, muchachos jóvenes, que me han dicho ‘Ay, a mí me han dicho que usted canta bien, pero yo no oigo esa música, sino escucho lo que tocamos’. Eso es gravísimo.

No hay músicos que se hayan formado en esa educación clásica y que luego hayan retomado las músicas populares.

Sí, hay. Hay muchos que se han salido incluso. Pero es difícil. Llegó un momento en donde no los dejaban tocar música popular, le cambiaban los horarios y los ensayos, de manera que no pudieran ir después de las 18:00 a tocar por ahí, cuatro, arpa, lo que fuera.

¿Entonces era deliberado?

Deliberado, sí. Después se dieron cuenta porque las críticas fueron muy serias, porque además habían invertido muchísimo dinero en las orquestas. Nos han dicho también ‘’Esto los aleja a los chicos de los barrios humildes, de la droga, de la delincuencia’’,  eso no es verdad. Un porcentaje mínimo de los muchachos que están en las orquestas vienen de barrios humildes. Después de tantas críticas por dedicarse a la música eurocentrista, empezaron a hacer grupos de música venezolana, un poco por cumplir para que no siguieran criticando.

Y los jóvenes en general, ¿recuperaron el gusto por cantar las músicas populares?

Si. El Ministerio de Cultura está retomando el Centro Nacional del Disco, que estuvo parado porque se habían dañado los equipos. Tú llevas un proyecto de cualquier tipo de música, y hay una comisión artística que lo evalúa y ahí tienes la posibilidad de grabar tu disco totalmente gratis. Tiene estudios, te replican el disco si lo vendiste, es importantísimo.

Una gran oportunidad, porque allá no existen los sellos disqueros. Existieron en su momento, pero después llegaron las grandes empresas transnacionales y absorbieron esos sellos pequeños. Hoy todas esas grandes disqueras transnacionales lo que hacen es replicar toda esa cosa espantosa que nos quieren hacer creer que es música del Caribe o música latina.

Parece haber una fuerza que iría en sentido contrario, que es la posibilidad de que todas las músicas se puedan escuchar a través de internet ¿te molesta que tu música se pueda bajar gratis?

No, tiene que ser así. Eso es una cosa maravillosa. Lo que no es maravilloso es la calidad con que se encuentra.

Un día me preguntaron unos chicos de España, ‘mira, nosotros queremos hacer un video casero porque estamos empezando a estudiar cine, entonces queríamos saber si podíamos utilizar una canción tuya que cantas a capella’. Yo no sabía cuál era y ellos me la mandaron. La calidad era muy mala. Ellos sostenían que la querían así, a capella. Imagínate lo mala que sería la calidad, que esa canción no era a capela, era un concierto en vivo que alguien había grabado en Montevideo.

Pero hay algo que me fastidia. Muchas personas que van a un concierto y no ven el concierto. Están todo el tiempo grabando con el celular y miran a través del teléfono. ¿Para qué vas al concierto? Te pierdes el concierto y después ni siquiera lo vas a ver en tu casa, solamente lo vas a subir a Youtube para que sepan que tú fuiste. Yo no quiero que la gente monte cosas en Youtube cuando hay mal sonido. No es lo mismo algo grabado para que ser difundido. Si van a difundir no me importa y además, no hay manera de controlarlo. Pero me preocupa la calidad de lo que circula.

Además yo no he vivido de los discos. Este tipo de música no vive de la venta de discos. Cuando uno compra un disco es un gesto cariñoso.

todd en concierto

Hay algo que me parece muy interesante. Hemos visto a Chávez cantando; Maduro también canta en actos y presentaciones. De algún modo esto saca el canto del escenario y de los consagrados y lo vuelve a poner al alcance del pueblo, ya que el canto es un hecho popular.

El canto está en el pueblo, sí. Chávez fue un fenómeno. También Correa canta, y Patiño es cantante lírico. Yo canté con Correa, terminé cantando para la CELAC en Caracas.

El caso de Correa, por su extracción social, es diferente al de Chávez, que es de pueblo. Él era así, ahí como uno lo veía, por eso es que Chávez es incomprendido. Dentro de Venezuela, Chávez fue lo más auténtico. Él salió de su pueblo, que yo lo conozco y canté ahí. Él nunca dejó de ser eso.

Era el tipo más auténtico, y cantaba porque siempre le gustó la música. Él iba y cantaba hasta con el primer ministro chino. Se enteró que tocaba piano y cuando llegó aquí, Chávez lo recibió cantando. El chino, que no lo podía creer, vio que le habían traído un piano y terminó sentado tocando al lado de Chávez, que cantaba cualquier cosa. Insólito, imagínate.

El pueblo es la música. Maduro es música también. Es percusionista, es salsero. Nada de esto es raro porque somos un país musical, muy musical. Parece que cuando estás en un alto cargo, no importa cuál sea, tienes que ser serio y seguir las reglas. Pero ahí se rompieron todas las reglas.

Mercedes Sosa en su último disco llamó a todas ustedes Cantoras. Sos de esa generación de las cantoras populares latinoamericanas, en un momento histórico importante, con un cancionero con una sólida propuesta estética y política. ¿Cómo fue ser parte de ese grupo de cantoras populares latinoamericanas que tuvo tanto valor histórico?  

Como te decía, empezó en los años ’70 que empezó a llegar la música de otros lados, en un momento político también especial. Este encuentro se fue dando espontánea y naturalmente.  Pero lamentablemente no hubo un acercamiento sino a nivel individual. Estábamos y sabíamos que existíamos. Lo que Mercedes hizo fue un encuentro interesante de cantoras,  con los que pretendía ir más allá. Pero nos ha faltado congregar a la gente, no solamente a nivel musical, sino también políticamente. Con todo lo que pasó ahora no lo quieren hacer.

¿Más  allá de que lo que ustedes pudieron hacer más organizada e institucionalmente, no dejaron una marca en la historia de la música popular?

Indudablemente. Fue algo así como el boom literario, el boom por ahí por los ’60, ’70. Pero yo creo que se fue dando espontáneamente y son como rachas. Ahora también hay mucha gente joven haciendo música popular y es muy interesante.

Viniste a Argentina en 1973 y te cruzaste con Mercedes, con Altahualpa Yupanqui, con Astor Piazzolla, también con grandes escritores ¿Cómo fue vivir en Buenos Aires en ese momento?

Para mí fue una locura total. Yo llegué el día que llegó Perón. Ese mismo día llegué yo. No sabía nada. Yo vine por tierra, la locura de esa edad. Había ido hasta Bogotá, luego hice Lima y de allí en ómnibus hasta aquí. Imagínate, una maravilla, pero se podía hacer en ese momento. Ahora salir de Venezuela y atravesar Colombia es muy difícil. Fue la irresponsabilidad de los 20 años.

¿Llegaste el 20 de junio de 1973? No habría nadie ni quien te bajara la maleta siquiera.

No, claro. Llegué en Chevalier. Cuando bajé me moría del frío, yo no sabía nada del invierno en Buenos Aires. Llegué apenas con un poncho, estaba muerta de frío.

Pero al día siguiente ya yo tenía contacto con Mercedes, con Buenos Aires 8, con Atahualpa Yupanqui. Mercedes a los dos días me presentó a Ariel Ramírez, a Cesar Isella, a Los Andariegos. Al día siguiente ya los conocía a todos. Para mí era la fiesta, estaba descubriendo todo. Fue una maravilla. Tenía 22 años.

Eras una criatura. Entonces tu carrera como cantante prácticamente empezó en Buenos Aires.

Si, pero antes había viajado a Barbados y a Canadá.

¿En apenas seis meses después de aquel primer recital ya habías salido del país?

Sí, es que se me dio, no sé por qué. Se me dio sola la cosa. Suerte. No sé, se dio así, sin buscarlo.

¿Tu carrera entonces arrancó inmediatamente?

Si. Ya yo había hecho televisión, había peleado con la familia, todo un desastre porque no querían. Y bueno, no vale oponerse porque de todas maneras…

¿Y ahora que estas cantando en estos tiempos?

Música venezolana, como siempre. Ahora tengo que hacer algo que no es un recorrido, porque es un fastidio, pero la gente cuando te conoce sigue pidiendo las canciones del primer disco, y yo me quiero morir. A veces de una radio me llaman para una entrevista y ponen el primer disco y les digo ‘’pero he grabado otras cositas’’ (risas). Encima es horrible el sonido  de ese primer disco. Fue producido sin pensar que efectivamente iba a ser editado. Yo ni pensé lo que iba a cantar. Era un demo para el sello. Yo grabé lo que cantaba en las fiestas, una cosa loquísima. No puedo oír ese disco hoy en día, no puedo.

En un show,  ya que las personas fuera de Venezuela no suelen conocer las canciones de tu país ¿Explicas que es lo que estás cantando?

Sí, siempre. Inclusive en Venezuela, porque hay que mencionar a los autores y al origen, por supuesto. Siempre cuento algo, aunque sea un detalle.

¿Y cuando estás en tu casa que te gusta escuchar?

Yo todo los días oigo a Juan Luís Guerra. Todos los días que oigo música, por una razón u otra, si estoy cocinando o lo que sea, es una maravilla. Si tengo ganas de bailar, se baila, pero oigo de todo: música venezolana, música argentina, brasileña, cubana.

¿Y de la música venezolana y del resto del mundo que escuchas, de lo más nuevo o que vos hayas escuchado recientemente, que nombres te llaman la atención o te parecen más interesantes?

Muchísimos. De música venezolana hay varios, un cantautor muy bueno, José Alejandro Delgado. Amaranta Pérez que también es muy buena, buenísima. De Argentina Fandermole que es maravilloso. El negro Aguirre, Juan Quintero. Hay mucha oferta aquí, es impresionante. Con lo que no estoy muy actualizada es con la música brasileña, porque salen muchísimos músico todo el tiempo. No logró estar al día con eso. Hay una cantante que me gusta muchísimo que se llama Mónica Salmaso, muy buena. Además es de las cantantes que se para, que se pone un vestidito bonito y canta ahí nomás. Ni grita, ni mueve las manos, ella canta porque es cantante, no hay nada atrás. Hay un video en el que ella canta con una orquesta y cuando terminó, toda la orquesta se paró, o sea que le tienen alta estima, porque es impresionante como canta. Una maravilla.

'En Venezuela hay prepotencia de clase'
“Fue una locura lo que pasó en los cuatro meses del 30 de marzo al 30 de julio. Una cosa impensable, inimaginable. Nunca se me pasó por la cabeza que podía pasar una cosa de tal nivel de violencia y de locura. Y totalmente manipulada. Hay una foto que fue replicada en primera página en todos los diarios latinoamericanos y de España, en la que a un grupo de motorizados de la guardia nacional le tiraron una bomba y los incendiaron. Hubo siete heridos graves. Esa foto la replicaron en el mundo entero diciendo que los motorizados eran protestantes pacíficos y que había sido el gobierno que los había incendiado”.

“Hemos visto como incendiaron a un chico porque es moreno. Ser moreno quiere decir ser chavista. ‘’Ese parece chavista’’ es la voz que se oye. Y van, lo acuchillan, le tiran gasolina y lo prenden. Todo eso está filmado. Pasó y el chico se está quemando adelante de todo el mundo y no lo ayudaron. Lo que sí yo hago la diferencia, es que no creo que la oposición, toda, esté de acuerdo con eso. Son mercenarios a los que les pagan con dinero, con droga, con equipos. La mayoría de la oposición no son los que salen a la calle, así, en ese estado de violencia. El odio ha sido inoculado. El día de la firma del acta de la independencia hubo dos manifestaciones, una oficial y la otra que quería llegar hasta donde estábamos para armar rollo. Ahí mataron a una señora. Le tiraron desde arriba una botella de agua congelada. Ahí pasó esa señora, enfermera, que no iba ni para un lado ni para el otro, solo iba para su casa y le cayó en la cabeza. Después salió un antropólogo conocidísimo a decir ‘’bueno, les recomiendo también las macetas. Las macetas también sirven’’. Lo dijo en las redes sociales luego de que mataron a la señora”.

“No podemos salir de nuestras casas, nos tienen marcados. Yo no puedo salir sola, para comprar comida tengo que salir acompañada. Han tratado de cacerolearme, me dicen de todo. ‘’Vamos a matar a todos los chavistas’’, ‘’te voy a denunciar por estar apoyando a este gobierno’’, ‘’sé dónde vives’’, etc. Se me tiran encima del auto. Hace meses, me tocó pasar en medio de una desmovilización de ellos. Iba con unos amigos, que también son los dos personas mayores y siempre están dando la cara. Veníamos en mi auto y justo me toca un semáforo. Un tipo me reconoció y le empezó a dar golpes al auto, se tiró encima, le daba al vidrio del auto, empezó a llamar a los demás, que se exaltaron muchísimo y tuve que arrancar ¿qué vas a hacer con la gente exaltada? La matriz que han sembrado en la gente, eso no tiene vuelta atrás”.

“Te dijeron desde hace miles de años que es una dictadura, pero lo gritan en la calle, en la televisión, en los medios. Vas a elecciones y siguen diciendo que es una dictadura. No saben qué es una dictadura, pero le fueron diciendo eso. La cuestión mediática es tremenda. A nadie le sacan de la cabeza que todos estos muertos fueron provocados por el gobierno. ‘Leopoldo López es un preso político’, dicen. Y no lo es. Les dieron cárcel por casa, y entonces no puede tener actividad política de ningún tipo. Al día siguiente, allí estaba manifestando. Hay una prepotencia que es de clase. Son de familias muy ricas de siempre, están acostumbrados a hacer lo que se les da la gana”.