Por Mónica Mateos Vega 

El gobierno de México otorgó el Premio Nacional de Ciencias, Artes y Literatura 2017, en el rubro de Artes y Tradiciones Populares, a un chamán de la etnia seri (comcáacc, en su lengua).

Por su fuerza como líder espiritual que expresa los valores estéticos del pueblo Comcáacc de manera integral y que trasciende a las nuevas generaciones, don Francisco Barnett Astorga fue distinguido con el máximo reconocimiento que otorga la República a sus creadores culturales.

Don Chapo, como lo llaman en su comunidad, no habla español. Vive en Punta Chueca (municipio de Hermosillo), poblado con poco menos de 200 viviendas, justo donde el desierto desemboca en el Golfo de California, a pocos pasos de la isla Tiburón, la más grande del país.

Es otro mundo, el hogar de los hombres de arena, como llamaron los yaquis a los seris, descendientes de nómadas guerreros, hoy transformados en pescadores.

Ahí es donde Chapo Barnett, a sus 79 años, cura el espíritu de quien se acerca con dolencias físicas, con un profundo conocimiento de plantas medicinales, de piedras a las que se atribuyen virtudes mágicas; sabe los movimientos corporales necesarios y, sobre todo, sabe los cantos que son el idioma de los espíritus, explicó la Secretaría de Educación Pública (SEP) en el comunicado donde se anunció su premio.

El galardón llega en un momento perfecto, porque lo que más le hace falta al país y al mundo es espiritualidad, ni religión ni política, sino espiritualidad, la esencia del ser humano, dice a La Jornada Carlos Ogarrio, profesor de la Universidad de Sonora, estudioso de la cultura y tradiciones de los de comcaácc, y enlace de don Chapo con todo lo que hay afuera del entorno que rodea al chamán.

Nos hace falta la sensibilidad hacia lo vivo, hacia el planeta. Dejar de ver todo como recursos para explotar, sino como seres vivos, esa es la enseñanza de don Chapo, reitera el investigador quien desde hace 25 años es testigo del quehacer del haaco cama (hombre medicina, en idioma comcáacc).

Ogarrio cuenta que fue la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) la que apoyó la candidatura de Barnett al premio nacional de artes.

Les ayudé con información para formar el expediente, añade. “A Chapo lo conocí en 1992 cuando vino a Hermosillo para participar en una ceremonia con un jefe de la tribu dakota, en la cual algunas personas van a orar a una montaña durante cuatro días, sin tomar alimentos ni agua, mientras los chamanes esperan abajo con sus cantos y danzas rituales, pendientes de que todos estén bien. Ese es el trabajo espiritual que hace don Chapo.

Un chamán posee el conocimiento de la naturaleza, la cual nos provee de todo, por ejemplo, de las plantas medicinales que él conoce muy bien. Pero también cura a través del canto, pues conoce también la naturaleza humana. Él dice que la sanación debe ser emocional para restaurar y equilibrar el cuerpo, y hacer que las personas recuperen la serenidad y la felicidad.

Hasta Punta Chueca, pueblo que queda a unos 30 kilómetros de Bahía de Kino, llegan decenas de personas de todo el mundo en busca de los saberes del chamán, entre ellos artistas y algunos famosos, “pero no como los de Televisa, sino artistas de verdad, reales, sinceros, creadores de arte y cultura por inspiración, no por negocio. Políticos no, porque ellos desconocen este mundo, viven en lo material.