San José en una taza

San José en una taza: tres rincones que invitan a disfrutar el café de Costa Rica

En una casa declarada patrimonio histórico-arquitectónico y en un entorno que refleja la influencia europea en la arquitectura josefina, se ubica Cafenauta, un rincón en el que se puede degustar el grano de las ocho zonas cafetaleras del país y en donde parquear el carro resultaría una ofensa al espacio visual.

Al entrar a Cafenauta se respira un aire de otro tiempo. Como si se tratara de una pulpería tradicional de pueblo, en un mostrador de madera se exhibe el letrero “Hoy servimos este café”. Cada día se ofrece un grano de una región, clima, suelo y beneficiado diferente: una experiencia que le permitirá degustar cafés más dulces, más amargos, con más cuerpo o con mayor aroma cada vez que visite la cafetería.

Karla Aguilar, junto con una chef pastelera, un cafetalero y un experto en sostenibilidad, son quienes están detrás de Cafenauta. Ellos idearon un espacio en el que se genera un contacto directo con los productores. El café que se ofrece es marca propia de las fincas, cada uno con una particularidad diferente.

Foto: Mayela López
Foto: Mayela López

Cafenauta ofrece una variedad de métodos de preparación de café, que va desde la máquina de espresso hasta el chemex o el v60. Para acompañar la bebida, hay postres, ensaladas, pitas y repostería, elaborados con ingredientes de productores locales. Sin embargo, le recomendamos el queque red velvet, el postre estrella de esta cafetería.

Su ubicación contiguo al Centro de Cine resulta una parada obligatoria para los que asisten los fines de semana a las proyecciones de películas y buscan saborear un buen café en compañía de familia o amigos; en un espacio en el que además se ubica la tienda Distrito Carmen, una ventana al arte y diseño costarricense, y donde se imparten talleres de cata e introducción a la caficultura.

Café La Mancha: oasis en medio de la ciudad
Foto: Mayela López
Foto: Mayela López

La avenida central es el alma de San José: una arteria por la que anualmente pasean más de tres millones de transeúntes. Encontrar un lugar cerca en en el que se pueda escapar del caos y disfrutar de una humeante taza de café de especialidad parece toda una odisea, hasta que llegamos al edificio Steinvorth, una joya arquitectónica de 110 años de antigüedad.

Esta construcción de estilo modernista, declarada patrimonio arquitectónico, resguarda en su interior un lucernario metálico del que cuelgan helechos y plantas que sirven como entrada al Café La Mancha, un rincón que da la sensación de estar tomando café en la terraza de una casa antigua y en el que además se entremezclan dos pasiones: la caficultura y la fotografía.

En el 2015, su dueño, Alberto Font, en ese entonces fotógrafo de The Tico Times, tuvo la idea de tener su propio café. Bajo la guía de un barista, compró los primeros quintales del grano de la zona de Los Santos y comenzó a tostarlo.

Con el tiempo, Font renunció a su trabajo para crear La Mancha sin dejar de lado su otra pasión: dividió el espacio entre una cafetería y un estudio fotográfico. En las paredes se exponen las imágenes urbanas capturadas por su padre, también fotógrafo, mientras que en los libros y revistas se exhibe el trabajo de algunos de sus colegas más reconocidos.

La Mancha ofrece su propia marca de café de la zona de Tarrazú, preparado con distintos métodos de infusión. Puede acompañarlo con un sándwich caprese con aguacate, elaborado con pan de masa madre e ingredientes orgánicos. También hay postres, empanadas y repostería que usted puede disfrutar en un edificio histórico donde además cohabitan un estudio de tatuajes, tiendas y un bar (Bebedero), en caso de que una taza de café no haya sido suficiente para calmar sus penas.

Café 1330: fusión de pasado, gastronomía y diseño

Foto: Mayela López
Foto: Mayela López

En Cuesta de Nuñez, a unos pasos del Parque Nacional, se sitúa la casa 1330. Al cruzar la puerta se descubre una edificación de un siglo de antigüedad en la que se combina el arte en la cocina y el diseño, manteniendo la influencia victoriana de finales del siglo XIX.

La antesala es un espacio dedicado a la venta de diseño local en el que se puede encontrar ropa, joyería y piezas decorativas elaboradas por manos costarricenses. Una puerta después, se esconde el Café 1330, el cual absorbe parte de estos elementos para decorar las paredes y mesas de los diferentes espacios, mientras se conserva la esencia de la casa en sus pisos, puertas y ventanas.

Su dueño, Eddie Gamboa, descubrió esta construcción hace un año y decidió darle nueva vida a lo que en ese momento no era más que una casa olvidada.

Su belleza reside en el atrevimiento de transformarlo en un espacio cómodo para compartir con amigos, disfrutar de buena música, de un café frío El Carmen, y de la especialidad de la casa, la hamburguesa Bellísimo 1330, elaborada con pan vegano y torta de plátano.

Foto: Mayela López
Foto: Mayela López

El grano de su café proviene de Tarrazú y de la región Brunca y es preparado por baristas; los ingredientes que se utilizan en las hamburguesas, bowls, wraps y sándwiches son preparados por emprendedores locales y además ofrecen diversas opciones para sus clientes veganos.

A la hora del almuerzo, Café 1330 ofrece el tradicional casado, mientras que por la tarde puede disfrutar de una torta chilena de dulce de leche de coco o de un brigadeiro y refugiarse de los fríos de diciembre.

Asimismo, en barrio Escalante hay una cafetería hermana con un giro hacia la comida asiática, en donde puede probar desde una hamburguesa con tortas terikayi y pan de ayote con curri hasta una elaborada a base de sushi.

Publicado en Nación

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