En Santa Clara y otras partes de la provincia villaclareña desde este martes comenzaron las guitarras a sonar y las voces a entonar las más disímiles canciones de la trova y géneros comunes del repertorio musical cubano, como anuncio de la apertura del Festival Nacional de la Trova Longina 2018 que se desarrollará hasta el próximo domingo.

Rostros conocidos y otros que asoman por vez primera acudieron a la cita número veintiuno de los trovadores en el centro de la isla,  quienes, como cada 9 de enero, acudieron a la necrópolis de Caibarién a rendir homenaje al gran cantautor Manuel Corona en el aniversario de su fallecimiento.

El consagrado trovador holguinero Fernando Cabrejas, luego de cuatro años de ausencia, participa nuevamente en el festival lo cual le llena de satisfacción.

«El “Longina” es un evento que parte del nombre de una canción insigne, memorable, eterna de la trova cubana, de Manuel Corona, y los muchachos de la Asociación Hermanos Saíz supieron, a partir de ese nombre, darle un espacio a todos los trovadores del país. Aquí se aprecia una interrelación de muchas generaciones, de trovadores consagrados con otros que están empezando, dando sus primeros pasos en la canción que es un arte muy complejo y difícil. Creo que el “Longina” se ha ganado ese espacio», manifestó.

Por su parte, Pedrito O’Relly, uno de los muchachos del proyecto trovadoresco La Cañasanta, de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, encargado de la organización de esta edición, comentó:

«Ha sido tremenda oportunidad. Teníamos mucha expectativa, y escuchar los primero acordes en el teatro La Caridad nos llenó de alegría. No es un asunto de La Cañasanta ni de La Trovuntivitis sino de la canción de autor en Villa Clara. Este es un evento de la Asociación Hermanos Saíz, y más que eso es de la ciudad y del país».

Las actividades continuaron en Santa Clara con la peña Muriendo la tarde, con su anfitrión Yordan Romero, integrante de La Trovuntivitis, quien invitó a los jóvenes bardos Daniel Velázquez, Julio César González y Amaury del Río.

En la noche se realizó el concierto inaugural en la sede de la AHS con la participación del maestro guitarrista Enriquito Cárdenas, las cantantes Yudelkys Pérez y Zoilita Iglesias, el trovador Rogelio Rosales, entre otros invitados.

Igualmente, se programaron conciertos y descargas en el Cubo de Luz de Artex con Celestino Esquerré, Noel Batista, Karel Fleites y Yatsel Rodríguez.

El miércoles, el Festival Longina continuará con una actividad para los niños en el patio de El Mejunje, con las trovadoras Edelis Loyola y Yaily Orozco, a las 10:00 a.m.; más tarde, el encuentro y concierto homenaje «Teresita Fernández: Memorias y canciones», con Ramón Silverio, Yudi Herrera y el escritor e investigador Alexis Castañeda Pérez de Alejo (1:30 p.m.)

En la Casa de la Ciudad será el concierto «El babalawo y el Hippie, con Alberto Tosca y Samuel Águila (5:00 p.m.), y en la noche se presentará Polito Ibáñez, en el teatro La Caridad, a las 9:00 p.m.

Un hora y media más tarde en la sede de la AHS tendrá lugar «La Liga sub-20 de la Trova», con la participación de creadores de menos de veinte años de edad como Yeni Turiño, Ernesto Fabián, Tobías Alfonso, Eduardo Oburque, Yoandry Porta y Wendy Martínez.

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Teresita, fuimos todos a cantar

Por momentos imaginé que la vería entrar con su típico manto multicolor y la guitarra en mano, masticando su tabaco y alegrándonos el corazón para luego cantar, cantar, cantar… e invitarnos a una ronda de niños en su amado rinconcito de El Mejunje.

Confieso que el sueño me resultó fugaz, apenas de minutos, pero entonces vinieron las preguntas: ¿Qué generación de cubanos no la conoce? ¿Quién ignora las travesuras de El gatico Vinagrito? ¿Qué padre no ha visto crecer a su hijo con la obra de esta maestra? ¿Necesitaría de premios y altares para dejar su nombre inscrito en la historia musical de Cuba?

Y su Santa Clara, la ciudad que la mimó entre ríos, cazando guajacones, en su trepidar por la barriada de El Carmen, detrás de los tomeguines, o entre el aire fresco de El Capiro, se siente orgullosa y vibra al tener a alguien devenida ícono de la cultura nacional, Hija Ilustre de su urbe, acreedora de El Zarapico, máxima distinción cultural de la provincia, y con esas llaves que, aun desde la eternidad, las posee para entrar en la villa a cualquier hora y sin pedir permiso.

Gracias a los organizadores de la XXII edición del Festival de la Trova Cubana Longina se le rindió tributo a quien puso por delante la felicidad de la infancia, sin apartarla de un didactismo útil, martiano y católico porque siempre vio a esos locos bajitos, de los que un día habló Serrat, como el tesoro más sagrado al que le ofrecía su clase magistral.

Homenaje a Teresita Fernández en El Mejunje, de Santa Clara.
Ramón Silverio, el artífice de El Mejunje; Alexis Castañeda Pérez de Alejo, poeta, ensayista y crítico, junto a Bárbara Diago Suárez, quien acompañara a Teresita en los últimos años de su vida, recordaron pasajes de la santaclareña inolvidable. (Foto: Rubén Quesada)

De recordarla en el arte se encargó la joven trovadora Yudí Herrera Hernández, quien recreó el cancionero de Teresita a manera de acuarela al integrar las inigualables rondas infantiles con los temas que adquieren un tono intimista y constituyen regalos a los adultos. Cuando el sol, escrita para Luisa María Güell, es un ejemplo; y también place escuchar Pedí tus ojosCuídameTanto como te améCon acero de tu alma, o No puede haber soledad, a fin de comprender que hay trova de quilates en cada una de sus composiciones.

No por gusto intérpretes como Elena Burke, Ramón Veloz, Omara Portuondo y las hermanas Martí incluyeron en sus repertorios canciones rubricadas por una santaclareña que amó a su ciudad por convicción y de corazón.

Y sería imperdonable minimizar su trabajo en la musicalización de 28 rondas, entre ellas Dame la mano y danzaremos, cuya letra pertenece a Gabriela Mistral, o los versos del Ismaelillo, de José Martí.

Autora, además, de una obra poética recogida en tres cuadernos, uno de los cuales vio la luz gracias a la editorial Sed de Belleza de la localidad, la cantautora demuestra que el arte es grande siempre que ilumine a los pueblos, respete su idiosincrasia, nos bañe de amor, y encuentre en los detalles la belleza intrínseca de cada uno.

Envuelta en la soledad y muchas veces incomprendida, Teresita me comentó una anécdota en uno de esos días en que salimos a caminar por Santa Clara. Fue un encuentro que sostuvo con el presidente chileno Salvador Allende, quien luego de escucharla admiró su arte y le confesó: «Usted cantando se me parece a las mujeres de mi pueblo».

Razón tuvo, además, Cintio Vitier al manifestar: «Si usted no ha oído cantar a Teresita Fernández no sabe lo que es el mar, la pena, el aroma, el ave».

La tarde se escapó con el deseo de escuchar más, de revivirla mediante la personificación realizada por la actriz Mayoli Fernández. Imaginé a Teresita, sin límites, decir lo que siempre pensó, cantar a dúo con Liuba María Hevia las fechorías de Vinagrito, y sembrando sus violetas en la palangana vieja. La vi dejar el sillón para salir a bailar como la niña vivaracha, demostrándonos que hasta en los mínimos e imperceptibles detalles existe una belleza llamada a encontrar.

El Mejunje la recordó, y allí fuimos todos a cantar, mas bien a cantarle, porque, donde quiera que esté, anda como ese juglar imperecedero haciendo grande la vida.

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Longina y Corona, comentarios sobre un amor trascendente

Por MAIRYN ARTEAGA DÍAZ

El nueve de enero de 1950, hace hoy 68 años, moría en un cuarto en Marianao el bardo Manuel Corona, paradigma de la canción trovadoresca cubana y un hijo de Caibarién al que cada enero la Villa Blanca le rinde homenaje en resistencia perenne a su olvido.

Por Corona se realiza desde hace 22 almanaques el Festival Nacional de Trovadores que en el centro de la Isla lleva el nombre de su musa inspiradora: Longina, y que perpetua la historia de una canción nacida desde las entrañas del amor.

Cuentan algunos que la pieza fue compuesta por encargo pero los más románticos se aferran a la idea de que surgió como fruto de una pasión incomprendida, esas que paren grandes obras de la cancionística nacional y que se defienden de boca en boca, incluso más allá de las fronteras del país.

Según testimonios de la también compositora María Teresa Vera, que constan en varias investigaciones, un domingo de octubre de 1918 es que ocurre el encuentro entre Corona y Longina.

Aseguraría Vera que en su casa se cantaba y bailaba cuando la dama llegó en compañía de un periodista, y que este le pidió al juglar caibarienense le compusiera una canción, sin sospechar siquiera que lo perpetuaría incluso después de su desaparición física.

Desde entonces el lenguaje misterioso de los ojos de Longina O´Farril sería verso recurrente en las cantatas que llegan hasta estos días, un tema indispensable cuando de trova cubana se habla.

En 1968 los restos de Corona encuentran final sepultura en el camposanto de Caibarién, que recibiera dos décadas después a su musa inspiradora para descansar hasta ahora en un letargo marcado por el amor y la música.

Ayer bardos de varias regiones del país pasaron en peregrinación por las tumbas para rendir tributo a ambas figuras, una tradición que ya se espera en los días del festival.

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