Narradores trotamundos

Son narradores trotamundos. Van de plaza en plaza, de casa en casa motivando el retomar la palabra como punto de nexo, de enlace, de contacto entre los miembros de una sociedad

Bajo el sol, acalorados pero contentos. Unos sentados sobre el muro de ladrillo y cubiertos por la sombra que daban las ramas del capulí, ellos estaban un poco más frescos, mientras otros permanecieron sentados en el piso, con un sombrero que les protegía del sol.

Contentos de escuchar a Nildhe Silva, a Bolívar Bautista, a Verónica Zapata, a Fabián Durán y a los narradores que se dieron cita para el último encuentro que organizara en Cuenca, la Red Ecuatoriana de Narradores, organismo que congrega a un buen colectivo de escritores de algunas provincias del país.

Cuentos y más cuentos. Sin micrófono, así a la voz del narrador, se escuchaban historias de niños valientes, como la de Juancito que mató al mago sin sombra para rescatar a la hija del rey. La historia del diablo, allá en Quito, cuando a un comerciante acosado por las deudas, no le quedó otra alternativa que vender el alma al diablo; más el pobre cachudo andaba desfinanciado y le negó la hipoteca.

La historia de San Antonio, ese es un cuento de Nildhe y lo trajo desde la tradición oral venezolana. O el cuento de origen cañari: cuando el demonio pasaba todas las noches a eso de las 00:00, sacando los cuerpos de las almas pecadoras del cementerio y llevándolas con él. Eran historias de moraleja, de chispa, llenas de mitos, de creencias, de miedo y risa a la vez.

La obra de Durán

El tiempo se hizo corto para tanto relato. Solo la chispa de los narradores los hacía contar con tanta vehemencia. Era de escuchar al “Choquilla” Durán y el niño que hacía pasteles de lodo y de otra cosa. Lo mágico de ese relato es conocer, el por qué el diablo se volvió malo. “Yo siempre hago cuentos escandalosos al aire libre. Porque aquí cualquiera es libre y puede echarse un pedo”, dijo Fabián entre la ironía y crítica a un sistema.

El niño es el personaje del cuento. La narración tiene mitos antiguos. El pequeño es el gran personaje un recurso inevitable en ciertas historias. De la versión del Choquilla, se sabe que esta narración salió de “La Lógica Fantástica”, libro que reposaba en la biblioteca de un titiritero amigo de Fabián.

Para el autor de aquella obra era básico entender que, así como la escuela imparte ética debe impartir estética; y así como enseña lógica debería enseñar fantástica. Claro, Fabián es el autor del final del cuento, un final medio desgarrador, conmovedor; esta fue la segunda vez que lo contó así en público.

Historias que prevalecen con el tiempo, relatos que se pasaron por generaciones como parte de un legado, que vienen desde los abuelos, bisabuelos, tatarabuelo. Muchos de esos relatos están repletos de creencias religiosas, de disputas entre el bien y el mal.

Juntar a la gente a través de la palabra
Ya son seis años que Bolívar Bautista y Verónica Zapata recorren el país y abren escenarios para la narración oral junto con la Red Ecuatoriana de Narradores. El objetivo central del proyecto es unir y juntar a la gente a través de la palabra, de los cuentos que no solo incentivan a la memoria sino hermanan, juntan, sanan. Es en estos espacios donde se percibe que la palabra es tan fundamental, sobre todo en estos tiempos cuando la palabra se pierde, es intervenida por todos los medios tecnológicos que hoy alejan de esa situación de oralidad.

“Hemos visto en la palabra un instrumento para juntarnos, para unirnos”, esa es la percepción de Verónica, para quien la filosofía de la red es ir a todo lado cargando narrativas; no solo a los espacios convencionales, sino a casas, barrios, centros de rehabilitación, a las comunidades marginales, que es uno de los mejores lugares porque allí se conserva un patrimonio oral impresionante.

Los cuentos causan impresión, pero no solo eso es lo sorprendente, más bien es la cualidad de los escuchas de rememorar esas historias; lo que permite perennizar en muchas ocasiones leyendas históricas.

Narrar en la contemporaneidad es un trabajo de boca en boca, pero es un trabajo que se fusiona con las bondades de la tecnología, con esos enlaces de las redes sociales, que son escenarios de contacto. En fin, es una fórmula para hacer nexos entre narradores, entre públicos y estar donde los llaman. “Vamos, contamos y salimos con otros contactos para ir a contar en otras partes y haciendo la red”, afirma la narradora.
Hay todo un mundo de narraciones, las urbanas, las nuevas, las propias, las antiguas. La narración es un caudal infinito de temas y en ese universo todos pueden ingresar.

Planes

Los planes de la Red son grandes. Nildhe dice que estos se orientarán a motivar a los públicos hacia los cuentos, porque la idea es rescatar, sí rescatar, el acto de escuchar las leyendas e historias tradicionales de esta ciudad, parar que todos retomen ese contar que otrora estaba presente en el núcleo familiar, en los espacios de amistad.
Para concretar la idea del rescate al escuchar, se harán talleres de narración oral y cuenta cuentos, al menos una vez al mes. Este será un camino para acercarse a la Cuenca tradicional y a otras bellezas que están en la comunidad dentro del patrimonio de la palabra.

Publicado en El Mercurio
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