[NodalCultura Pregunta] Liliana García, presenta ‘Operación Cóndor, el vuelo de Laura’: “El teatro siempre ha sido memoria”


Por Daniel Cholakian – NodalCultura

El martes 9 de enero, en el marco del Festival de Teatro Santiago a Mil, se presentó por primera vez en América Latina la obra “Operación Cóndor, el vuelo de Laura” de Daniella Lillo Traverso, con dirección de Liliana García Sosa y Ugo Bentivegna.

Paloma ha descubierto hace poco que es adoptada y que su verdadero nombre -o aquel que su madre quiso darle- es Tamara. Tamara/Paloma ha sido convocada a declarar a un tribunal italiano por un caso de detenidos desaparecidos en el marco de la Operación Cóndor. Allí se da cuenta que es una víctima más de este horror perpetrado por las dictaduras latinoamericanas. Poco a poco, descubre que quienes son sus padres adoptivos no solo le han ocultado sus orígenes, sino también dolorosos y horribles secretos.

La obra se presentará los días 10 y 11 de enero en Santiago de Chile y el sábado 13 en la ciudad de Montevideo, capital de Uruguay. En septiembre de 2017 fue estrenada en Roma. El proyecto  ganó el premio especial del Ministerio de Cultura de Italia. Además de la participación de García en la dirección y actuación, la obra cuenta con la producción de la compañía italiana Fattore K. y la composición musical de Camilo Salinas, parte del reconocido grupo chileno Inti-Illimani Histórico.

Liliana García Sosa es directora y actriz uruguaya y vive en Chile desde hace 30 años. Como explicó a Nodal Cultura, vive parte del año en Santiago de Chile y parte del año en Roma. Por ese motivo presenció el juicio llevado a cabo en esa ciudad entre 2015 y 2017, por denuncias de violaciones de derechos humanos bajo las dictaduras en América Latina, en el marco del Plan Cóndor.

García Sosa relata como la obra se propone trabajar en dos planos: los juicios llevados a cabo en el aula búnker de la prisión italiana de Rebibbia y la reconstrucción imaginaria –o no- de la relación amorosa entre la madre desaparecida y la hija secuestrada por los genocidas. La identidad, la memoria, la verdad y la justicia son los tópicos que García, impulsora de la obra, propone como centrales para pensar los juicios, que son parte de una lucha que no se extingue ni se detiene.

Con ella conversamos también sobre el lugar del teatro en la preservación de la memoria y la importancia de la puesta en escena de esta historia en el momento de reinstauración de gobiernos conservadores en nuestra región.

¿Cómo surgió la idea de contar a las víctimas del Plan Cóndor y las dictaduras latinoamericanas en “El vuelo de Laura”?

La obra se desarrolla en el juicio que se llevó a cabo en Roma, durante los años 2015 y 2016, que tuvo sentencia el 17 de enero de 2017, en el aula bunker de la cárcel de alta seguridad de Rebibbia. Un juicio que comenzó con una demanda que presentaron víctimas, viudas de desaparecidos, uruguayas que estaban exiliadas en Roma, ante un fiscal italiano en 1999. Una demanda iniciada porque sus parejas desaparecidos eran de ascendencia italiana, y por lo tanto, italianos. En esos años en Uruguay no había grandes causas que se llevaran adelantes porque todavía estaba vigente la ley de caducidad de pretensión punitiva del estado contra los delitos de lesa humanidad, que es una ley de impunidad. La impunidad andaba campante por las calles.
El fiscal en Roma llegó a investigar muchísimas causas. La mayoría de los detenidos desaparecidos uruguayos desaparecieron en la Argentina en el año 1976. Se metió con los casos de los uruguayos y se fue extendiendo, y finalmente se llegó al Plan Cóndor, el plan de exterminio masivo que fue coordinado por los servicios secretos de América Latina, para exterminar a todo opositor político a las dictaduras cívico militares de los países del Cono Sur. En el juicio además de las víctimas uruguayas y argentinas, había víctimas bolivianas, peruanas y alguna víctima brasilera. El cóndor con sus alas abarcó todo la América Latina.
A raíz de estos juicios, que desde el año 1999 en adelante con toda la investigación y la lucha, recién se logró que en marzo de 2015 se abrieran las audiencias. Venían desde Uruguay, desde Argentina, desde Chile, víctimas que habían sido testigos de la desaparición de alguna compañera, de algún compañero, en un campo de exterminio de los militares y declaraban. Declararon expertos en la materia, antropólogos, médicos, personas que habían encontrado archivos.
Yo empecé a concurrir a las audiencias acompañando amigos, porque vivo la mitad del año en Roma y la mitad del año en Chile. Siempre trabajé por el tema de derechos humanos, desde muy joven, desde que milité contra la dictadura uruguaya. Cuando supimos cuál fue el destino de las víctimas, milité aún más.
Empecé a ir a las audiencias y en un momento, hablando con Estela de Carlotto y Buscarita Roa, dos Abuelas de Plaza de Mayo, les comenté que tenía la idea de hacer una obra sobre este juicio. Quería hacer una obra de denuncia, pero que a la vez reuniera todos los casos en una situación simbólica. Surgió de ahí la idea. Ellas me dijeron que le parecía fantástico, porque este juicio casi no tuvo difusión mediática y por lo tanto era una forma de comunicar. Yo sé perfectamente que a través del teatro no se puede cambiar una sociedad, y tampoco se puede cambiar lo que piensa alguna gente, pero si es una semilla que se siembra y por la cual algunas mentes curiosas y algunas almas inquietas y otras almas más sensibles, no solo se van pensando, sino tal vez se interesan y comienza a leer y conocer más. Es una forma de difundir y denunciar lo que pasó desde el punto de vista del arte, a través de una ficción.

Para la obra toman un tema que tiene una visibilidad muy importante en Argentina, a partir de la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, pero que tal vez está más oculto, o ha sido menos sistemático, en otros países de la región ¿Por qué elige para contar el caso de una mujer que a los 40 años descubre que ha sido secuestrada y que su identidad no es la que creía?

En la pregunta anterior te comentaba que había hablado con Abuelas de Plaza de Mayo y había otras personas que testimoniaron. Mariana Zaffaroni (*), con quien también hablé, me inspiró el hecho de unir este siniestro plan de exterminio a través de un hilo conductor que funcionara como  resumen del recorrido del vuelo maldito del Cóndor.
Una mujer de 40 años se entera de un día para el otro que es adoptada. Hija de dos desaparecidos de nacionalidades diferentes, que son raptados en un país que es extranjero a ambos, donde ella nació. Luego son trasladados y ella es criada por su raptor. Vive y crece en uno de los países donde nació uno de sus padres. Toda esta coordinación siniestra, casi de relojería, me pareció interesante plantearla desde el encuentro con sí misma de esta mujer. De este modo también podía contar la operatividad de esta coordinación.
Me pareció interesante también como uruguaya. Si bien en Argentina ha habido un avance mucho mayor en cuanto a la búsqueda y recuperación de los niños secuestrados, esta es una forma de recuperar y lucha por la memoria, de traerla al presente permanentemente. Sobre todos por los países que hacen oídos sordos o miran para el costado, o están mucho más atrasados en la investigación o profundización de estas causas. Países como Uruguay, Chile y ni hablemos Brasil. Me pareció importante también por esto. El teatro es una forma de comunicar desde el alma, desde la emoción. Muchas veces uno escucha quejarse desde el cansancio “Otra vez hablando del tema de los desaparecidos”. Esto provoca mucho dolor y a veces rabia. Pero por otro lado uno puede entender que la gente no quiera escuchar algunas cosas porque son muy dolorosas, o no las cree o incluso tiene otra visión política. Pero cuando las cuentas desde el teatro y desde la emoción, se escuchan de otra manera, se entienden de otra manera. Y esa persona que no quería escuchar nada, va a ver una obra y sale del teatro con su almita tocada y emocionada y probablemente no vuelve a repetir esa frase. No es que el teatro vaya a revolucionar sociedades, o cambiar mentalidades o conducir el destino de los pueblos… No! El teatro ha sido siempre una vanguardia social, desde el siglo IV o V antes de Cristo, adelantándose socialmente a algunos hechos. Es una forma de comunicación muy importante, que en estos momentos de desarrollo tecnológico, tal vez es la más directa que tenemos con la gente, con las personas, con los seres humanos. Estás ahí, en el mismo espacio, en el mismo tiempo y al mismo ritmo. Eso es muy importante para comunicar.

Hay en la misma producción un interesante juego. Mientras el Tribunal italiano escuchó testimonios de una historia que le es ajena, un grupo de teatro italiano participa desde un lugar similar, también como alguien exterior a la trama, en relación con el elenco latinoamericano ¿Cómo juega en la dramaturgia y la puesta en escena esa relación “desigual” en relación con el tema?

Para escribir la obra convoqué a una dramaturga chilena que se llama Daniela Lillo Traverso, que es una dramaturga con una sensibilidad preciosa, que también sufrió los embates la dictadura. Con ella tenemos una forma de entender la sociedad muy parecida. La elección de que la obra fuera bilingüe fue mía. Esto está vinculado al modo en que se desarrolló el juicio. Porque el juicio fue mi inspiración, y las personas que iban a declarar son latinoamericanas.
En el transcurso de los ensayos la actriz latinoamericana que iba a hacer del personaje no pudo hacerlo. Entonces quedó solo un personaje interpretado por una latinoamericana. Pero lo que me planteas de este doble juego, algo así como un externo que está adentro, como los italianos participaron en el juicio, así sucedió en la obra también. En el juicio los abogados defensores de familiares y de víctimas tuvieron un compromiso ético y espiritual, un compromiso amoroso diría. El día que dictaron sentencia vi llorar a muchos abogados en el tribunal. Eso pasa también en la obra, no solo con el hecho que la obra es bilingüe, sino por el hecho de la raíz del tema, que más allá del tribunal de Rebibbia, es el amor de una madre y una hija. El amor es un camino hacia el encuentro de una madre y una hija.
Hay un personaje en la obra, la detenida desaparecida, que no descansa en paz hasta que su hija no conoce toda la verdad. En realidad la obra se trata del amor. Con el tesón del amor la verdad puede salir a la luz.
No se produjo sin embargo una relación desigual por el hecho de que esta realidad fuera una externalidad para los italianos. Por supuesto que no es lo mismo que para un latinoamericano. Pero ahora que llegaron a Chile para presentarla en Teatro a Mil y tuvimos una jornada larguísima de trabajo, ellos me planteaban lo conmovidos y preocupados que están de hacer la obra aquí, porque saben que en la platea van a estar las personas que sufrieron en carne propia los hechos que se relatan. Así como te comentaba que los abogados estaban tan comprometidos con las causas que defendieron durante esos dos años, el equipo, los técnicos y los actores italianos también lo están. Entonces no hay una externalidad. No hay un ser ajeno. Hay una intención de involucrarse y un empeño en comprometerse con una causa que hasta hace unos meses atrás, les era ajena. Pero que ha dejado de serlo ahora. Esta también es una forma de comunicar el tema y defender nuestra memoria.

Presentaron la obra en Italia antes de hacerlo en América Latina. ¿Cómo fue la recepción en Roma?

Efectivamente, estrenamos la obra en Italia a fines de septiembre, en el teatro Marcello, uno de los más antiguos de la humanidad. Un teatro que comenzó a construir Julio César y lo terminó de construir el emperador Augusto, y que ahora son ruinas, por cierto. Fue un escenario muy particular para estrenar esta obra, porque está muy cargado de Historia.
En ese espacio, que es al aire libre, fueron muy extrañas ciertas coincidencias. Había unas puertas que habían puesto para cerrar determinados espacios, que eran como verdaderas puertas de una cárcel. Y el aula bunker donde se llevó a cabo el juicio, está rodeada por pequeñas celdas donde se pone a los imputados mientras se está desarrollando el juicio. Entonces en una mágica coincidencia, como solo sucede en el teatro, el escenario quedó en medio de estas grandes puertas de cárcel grises, de un gris triste. En medio de columnas como de un templo, en medio de las ruinas del teatro Marcello.
Estrenamos en Roma porque el juicio se había llevado en Roma y era un buen lanzamiento para luego traer la obra a América Latina. Además el juicio en Roma tuvo muy poca difusión. Entonces me parecía importante que a través de pequeños dardos de arte pudiéramos comunicar aquello que había sucedido tan lejos de Italia, pero también tan cerca. Porque el ir y venir transoceánico de nuestros países latinos, italianos y españoles hacia Uruguay y Argentina y de Uruguay y Argentina hacia Italia y España, forma parte de la historia personal de muchos de nosotros.
Me parece importante también que este hilo sanguíneo, por decirlo de algún modo, fuera el conductor y que naciera esta relación, que espero se siga manteniendo, de hacer las obras a un lado y otro del océano.
Por eso me pareció importante estrenar allá y luego traerla al lugar donde ocurrieron los hechos, como se dice en los policiales. La obra tiene en cierto sentido bastante de thriller también. Como es un juicio tiene algo del género, la verdad se va descubriendo a través de un interrogatorio, tiene momentos de confusión, de persecución, tensión y momentos de evasión. De algún modo se organiza en esos dos carriles, el suspenso por saber la verdad y el encuentro, desfasado en tiempo y espacio, del amor de una madre y una hija.
La recepción en Roma fue fantástica. Hicimos tres funciones en las que cabían nada más que 200 personas, por la condición de monumento histórico y estuvo llena cada función. Quedó mucha gente afuera. Podríamos haber hecho varias funciones más, porque mucha gente quería ver la obra, pero no podíamos hacer más. La presentamos después en el Festival Quartieri dell’Arte, en la ciudad de Viterbo, donde la gente salía completamente conmovida y curiosa. Me encontré luego con mucha gente joven que fueron y habían comenzado a leer libros sobre la Operación Cóndor. Eso para mí fue una señal muy importante.

En América Latina el avance de los gobiernos conservadores pugna por invisibilizar las luchas por la memoria ¿Cómo imaginan la recepción de la obra en Chile? ¿Cuál es el lugar del arte y específicamente del teatro en el trabajo de ir tejiendo estas memorias?

La derecha está avanzando a pasos agigantados en América Latina. Es un momento especial para presentar la obra en Chile por el reciente resulta de las elecciones. Por eso mismo es un desafío más interesante, porque la discusión previa en las campañas electorales sobre el tema de la memoria fue tremenda. Negar lo que sucedió no solo me parece un acto de irresponsabilidad política y social terrible, sino que me parece un acto de crueldad sin límites.
Aquí hubo candidatos que negaron que estos hechos hubieran sucedido. Entonces es importante presentar la obra ahora, porque la gente está todavía en caliente, mucha gente está muy disconforme con el resultado. Ganó el candidato de derecha, es cierto. Ganó esa persona, es cierto, pero fue a votar muy poca gente. Ganó esa persona, es cierto, pero quienes debieron haberse unido estaban divididos en mil pedazos, y la historia y la vida te cobra esas cosas. Sobre todo te lo cobra cuando pasaste la tragedia que pasaron nuestros pueblos y no aprendiste.
Nosotros con estos pequeños golpes de arte queremos contrarrestar las insensatas balas asesinas de esta criminal operación de exterminio llamada Plan Cóndor, de una forma muy humilde y desde el lugar que nos tocó. A todos nos toca una pequeña trinchera en la vida. A nosotros nos tocó la del teatro.
El teatro siempre ha sido memoria. El arte también en general. El hombre ha tenido siempre la necesidad de contarse a si mismo su propia historia. No solo como forma de que quede plasmada para las próximas generaciones, sino como forma de entenderse a sí mismo. La memoria siempre estuvo relacionada con el teatro, porque la tenemos en la sangre, en los huesos, en el cuerpo. Esta memoria, la de nuestros pueblos, la tenemos que preservar y tenemos que sanar. Para sanar tenemos que hacer justicia. Ni olvido ni perdón. No venganza. Justicia.

 

(*) Mariana Zaffaroni Islas fue secuestrada con sus padres al año y medio de vida y recuperó su identidad en 1991

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