Llamadas al paso de las diosas de ébano

Por Carlos Sipriani López

Las piernas más “taquilleras” entre las bailarinas que desfilaron y actuaron como vedettes del Carnaval uruguayo fueron las de Martha Gularte, pero la figura más inconfundible, exuberante y simpática se hizo famosa con el nombre Rosa Luna.

A nadie en tiendas rivales le importó que un día confesara su fanatismo futbolero por Nacional o su partidarismo político por los blancos de Wilson. Fue popular, famosa y aplaudida en todas las canchas, por damas y caballeros.

En 30 años ganó 22 primeros premios; había nacido en el “convento” o casa de inquilinato “Medio Mundo”, de la calle Cuareim 1080, el 20 de junio de 1937, y debutó en Carnaval a los 14 años de edad, formando parte del cuerpo de baile de Granaderos del Amor.

En 1953 pasó por una especie de revista que compitió con éxito en la categoría Cuadros Internacionales, Los Zorros Negros, y un año después comenzó a caminar con decisión y encanto, rodeada de tambores, en Fantasía Negra.

En una crónica de época se decía: “Ya Fantasía está en escena. Veinte tamborileros encienden plegarias y una diosa de ébano está allí. Se llama Rosa Luna, corazón de junco y agua. caderas diabólicas que hacen restallar en la piel de los morenos lágrimas de amor”.

Más adelante, su paso firme de vedette consagrada se integró a la historia de Morenada, de los hermanos Silva, a Esclavos de Nyanza, La Candombera, Añoranzas Negras, Raíces, Serenata Africana, Marabunta o Kanela y su Nueva Generación Barakutanga, la comparsa surgida en el Cerrito en 1969 de la cual hoy es heredera Tronar de Tambores.

Los memoriosos cuentan que Rosa Luna le debió mucho de su porte, tan sólido como gentil, a dos personas, al bailarín Carlos “Pirulo” Albin y a una antecesora, la Negra Johnson.

Rosa Luna, que murió durante una gira por Canadá el 13 de junio de 1993, fue una figura simbólica de tal peso que puso fin a las polémicas en torno a la pertinencia de las vedettes en las comparsas, puesto que antes de ella se valoraba a ese personaje como un agente espurio, una importación revisteril afrancesada, transplantada a la cultura afromontevideana.

Pioneras y capos.

Rosa Luna había vivido en su juventud en una pensión de Paysandú y Andes, propiedad y negocio de la ya retirada venezolana Gloria Pérez Bravo, figura de lujo en conjuntos como Añoranzas Negras, ganador de un quinquenio de oro entre 1949 y 1953.

Gloria había llegado a Montevideo con la experiencia de bailarina en el varieté de los teatros bonaerenses y se ganó el reconocimiento general cuando ya era conocida como la Negra Johnson, la primera gran bailarina del Carnaval uruguayo, aunque no la primera vedette reconocida como tal.

Ese título le corresponde a Martha Gularte, que debutó en 1949 con un vestuario y un plumaje más acorde a la fiesta con reminiscencias dionisíacas, y con un danzar netamente candombero, bailando bien pegada a los tambores, que en aquellos tiempos eran cuatro: bombo, piano, chico y repique.

Se llamaba Fermina y en aquel año la conoció José “Macho” Lungo en Añoranzas Negras, cuando ya la muchacha llegaba con experiencia en los cabarets de Montevideo y era una “recomendada” de Pirulo, considerado éste el mejor bailarín carnavalero de la historia, si bien nunca fue premiado con una mención.

Pirulo había debutado también a fines de la década de 1940 en la Troupe Ateniense, encarnando a una bailarina negra, la “Bella Rebamba”, según se cuenta en una colección de fascículos que publicó El País y está centrada en las mejores fotos del reportero gráfico Héctor Devia, un fuera de concurso en los certámenes que otrora organizaba la Intendencia de Montevideo y que tuvieron también otro ganador empedernido pero a nivel de crónicas, Nelson “Laco” Domínguez, una pluma mimetizada con el propio “gracejo” y el “volar de golondrinas” de una bacanal que, en su mundo de negros y lubolos, lo acercó a cubrir clásicos títulos, desde los palermitanos Esclavos de Nyanza hasta las comparsas de Julio Sosa “Piel Kanela”, que en este 2018 festeja sus 65 dorados años en Carnaval, y que fuera gran amigo y colega de Albin, dando además protagonismo a otro bailarín singular, el “rockero” Zulú.

Martha Gularte, descendiente de negros esclavos brasileños, hija de madre blanca, huérfana desde pequeña, había plumereado su reinado hasta que se afianzó Rosa Luna, y las dos sobrellevaron vidas difíciles antes de llegar al estrellato callejero. La Gularte, como la llamaban, había nacido el 18 de junio de 1919 en Paso de los Novillos, en el departamento de Tacuarembó, pero desde los 2 años creció en Montevideo entre múltiples marginaciones, después del primer internado en el asilo Dámaso Larrañaga del barrio Palermo, cuando nadie pensaba que llegaría a los escenarios de la Avenida Corrientes en Buenos Aires, como el teatro El Nacional.

Su última aparición en el Teatro de Verano fue en 1997 con la comparsa de Kanela. Murió el 12 de agosto de 2002. En el día de su debut en el concurso oficial de agrupaciones del Carnaval uruguayo, según testimonios y memorias, mientras el bailarín Pirulo bajaba de una escenografía dominada por enormes tambores, desde el fondo una bruja hechicera abría llamaradas para que entre ellas surgiera elegante, exótica, esplendorosa, al repique de más de veinte lonjas.

Con letras de Lungo (homenajeado en este año 2018 por la comparsa La Carpintera Roh), y músicas de González Prado, en aquella propuesta se había destacado el tema Canción africana, un texto que encuadra dentro de una duradera vertiente, que terminó desgastada y fatigante pero ilustra la evocación ancestral.

“Cuando zumba la tambora/ y le contesta el bongó/ toda mi alma se estremece/ de tristeza y de dolor./¿Ay¡ ¿qué me pasa?/Nadie lo sabe/No puedo cantar/no puedo reír/porque me siento esclavo”.

Añoranzas Negras fue la comparsa que cautivó al famoso músico cubano-catalán Xavier Cugat a comienzos de la década de 1950. Un malentendido entre su empresario o contratista y Martha Gularte, que de grande confesó su miedo de entonces, impidió que la bailarina terminara integrada a la compañía de Katherine Dunham.

Por aquellos tiempos, la fiesta de los tambores aún no estaba institucionalizada o municipalizada, como desde 1956, y tampoco el desfile de Llamadas transcurría como lo hará hoy y mañana por el “candódromo” de Isla de Flores, un circuito lineal aunque encima de una cuchilla, sino que serpenteaba por las calles de los barrios Sur y Palermo, como lo seguiría haciendo a fines del siglo XX, mientras iban apareciendo o se consagraban nuevas vedettes: Lola Acosta, Celia Guadalupe, Tina Ferreira, Selene, Katy y Florencia Gularte o Alba Morena, quien en los 80 sumó buena danza y canto a su silueta perfecta.

Las lonjas tronarán en los barrios Sur y Palermo.

“Al paso de las comparsas/

se vuelve un infierno el barrio/De los gastados pretiles/

saluda el palomo macho/

la danza de Rosa Luna/

sobre el antiguo empedrado./

Tiritar de escobilleros,/las lonjas vienen llamando”, cantaba José Carbajal El Sabalero.

En una estrofa siguiente el tema recuerda a la otra gigantesca vedette: “De las vías de Palermo/saltan recuerdos de antaño,/cuando la diosa Gularte/plumereaba su reinado/en los calientes febreros/con tamboriles quemados”. Como ayer, pero sin Rosa Luna, sin Martha, sin empedrado, las comparsas volverán a marchar hoy y mañana en su tradicional fiesta de Llamadas, a partir de las 20:30, desde Carlos Gardel y Michelini (ex Cuareim) hasta Isla de Flores y Minas.

El orden de salida de las comparsas de negros y lubolos en la noche de hoy jueves será: Kalema, La Fuerza, Mandinga, Nimba, Las Panteras de Benguela, Templando en Puerto Rico, Makondo, La Explanada, Kalumkembe, Los Niche, Malanque, E.P., L.C.V., Somalia, Agguanile, Cruzadera, La que toca, La Dominó, La Covacha, Afrocan, La Sandunguera, Lulonga, Maldombe, y La Mazumba. Esta última estaría arrancando a la hora 0:50 si no hay retrasos entre las anteriores, algo que resulta inevitable todos los años. En el circuito, los días de desfile podrá adquirise las entradas del remanente. Las Populares a $ 190, las Preferenciales a $ 390, la Platea Turista a $ 650 y Palcos $ 900 cada uno.

Mañana viernes 9 desfilarán: C 1080, Yambo Kenia, La Jacinta, Sarabanda,Tronar de Tambores, La Simona, Cenceribó, La Tangó, Zumbae, Valores, La Facala, Elegguá, M.Q.L., La Fabini, La Gozadera, La Unicandó, Batea de Tacuarí, La Generación Lubola, Mi Morena, La Carpintera Roh, Candongafricana,Urafrica, Samburu Moran y De San Carlos.

En esta segunda jornada de Llamadas se destacará una propuesta de Elegguá. Se denomina “Renacer”, debido a lo acontecido durante las Llamadas de Punta del Este 2017, cuando un integrante de la comparsa y de la familia Ramos sufrió un paro cardíaco durante el desfile pero no murió gracias a la rápida intervención de algunos integrantes de la propia Elegguá y gente del público que le otorgó los primeros auxilios.

Se busca concientizar sobre la importancia del conocimiento de las técnicas de reanimación cardio-pulmonar para salvar vidas.

Los colores de este año de Elegguá son: el blanco (que simboliza la luz y la vida) y el rojo (que simboliza la sangre, la fuerza, la pasión).

En la propuesta se simula el paro cardíaco de un componente y luego su reanimación, acompañado de un arreglo musical de toda la comparsa que, al ritmo del candombe, reproduce el latido cardiaco.

Integrantes del Consejo Honorario de Resucitación, dependiente de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular, organizaron talleres de RCP para toda la comparsa. Instructores, médicos y enfermeros desfilarán con Elegguá y entregarán folletos ilustrativos de la técnica de resucitación cardíaca.

Publicado en El País