Palabras, Memorias y Olvidos

Por Jenner Carlin – NodalCultura

La creación proviene de la necesidad, primero como un escozor en la parte trasera de la cabeza, para luego invadir nuestro cuerpo, reptando por las extremidades hasta lamer nuestros sentidos. Una a una va sacando emociones, sonidos, imágenes y arma una pequeña colección de recuerdos, presionándolos entre sí, creando una masa uniforme que nosotros invariablemente trasladamos a la realidad. El arte no está libre de la necesidad pragmática que es la creación, sin embargo, en su ambición de transgredir y romper con las líneas de la estética, ha logrado el mostrarnos un mundo inimaginablemente bello, diverso; una interpretación de la realidad incomparable.

En el arte contemporáneo guatemalteco, hay artistas que se atreven a romper los esquemas hegemónicos que dominan las salas de exhibición, mostrándonos las diferentes capas de la realidad guatemalteca que por lo general es cruda y sombría. Marilyn Boror Bor es una de esas artistas que valiéndose de la memoria histórica y la palabra, han reconfigurado el mundo del arte al mostrarnos una hermosa resistencia retratada en su obra; La negación a la negación, la negación a la invisibilidad, la negación hacia el olvido, son solo algunas de las emociones que evoca la artista.

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Nacida en años de guerra, estudió un bachiller en arte en la Escuela Nacional de Artes Plásticas -Rafael Rodríguez Padilla- para luego obtener la licenciatura en arte por parte de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Su obra ha viajado a través del mundo, exponiendo las cotidianidades que la celeridad de la vida nos ha hecho ignorar, dejando a su paso una serie de artilugios que, a manera de pistas, nos hagan encontrar la triste belleza del tiempo y el olvido, y que también tal vez así, podamos aferrarnos a nuestro ser que yace en los recuerdos y la ensoñación.

Existe una lanza que atraviesa la obra de esta artista visual, una desgarradora línea que seguimos sin titubear al entender hacia dónde nos lleva; y es que es la memoria la que desde cada pieza nos revienta un grito de rebeldía, un grito de ausencia y desesperación desde el pasado que se niega a morir, que se niega a ser enterrado vivo, arañando la tierra para no quedar soterrado por la indolencia.

Al nacer en el contexto de la guerra, a muchos guatemaltecos y guatemaltecas se les fueron negados derechos inherentes a la vida, por decir uno en particular, el lenguaje. El lenguaje fue uno de tantos y tantos derechos negados a tantas y tantas personas, siendo Marilyn Boror una de ellas. Es esta misma herida la que deja viva, sangrando para que el dolor la lleve a la necesidad de crear, a la necesidad de mostrarnos con una sutilidad pedagógica su realidad maravillosa.

El desarrollo tecnológico y el rápido movimiento de la dinámica social hizo aún más tortuoso el precipitado fallecimiento del pasado, entregándonos cada vez más a una ignominiosa y sedentaria actualidad. Estos elementos chocaron entre sí y se incrustaron de manera perpetua en el alma y mente de la artista, dando como resultado una serie de obras impactantes.

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El desarrollo tecnológico y el rápido movimiento de la dinámica social hizo aún más tortuoso el precipitado fallecimiento del pasado, entregándonos cada vez más a una ignominiosa y sedentaria actualidad. Estos elementos chocaron entre sí y se incrustaron de manera perpetua en el alma y mente de la artista, dando como resultado una serie de obras impactantes.

Tal es el caso del Diccionario de Palabras Olvidadas. Una serie de artefactos que la mercantilización y el fetichismo cultural han reducido su esencia a una imagen exótica del pasado, a una subyugación difusa del uso y su significado. La piedra de moler, el rancho, la onda. Objetos que explicados en español y en cachiquel forman una visión clara de lo que el tiempo nos ha quitado. Una doble intencionalidad de no olvidar el idioma que le fue negado, y el lugar de dónde proviene.

La palabra, el lenguaje, la máxima expresión simbólica de la condición humana es lo que se empeña a combatir ese fantasma convaleciente de la ausencia; esta obra trata de frenar a ese cuerpo cadavérico que también lucha por quedarse, entregando pequeños símbolos que crean una plataforma nostálgica que evita que caigamos en esa espiral de desapego hacia la historia y su importancia.

escaleras

Todos, en algún momento hemos cruzado el umbral húmedo y sombrío de la incertidumbre. Esa extraña sensación de desasosiego que nace al no saber hacia dónde es que vamos, pero también es cierto que pocas son las veces que nos detenemos y volteamos la mirada hacia el pasado. A ese lugar dónde crecimos y nos dio tantas alegrías.

En la obra Mundos y Mapas hay una relación innegable del territorio, el cuerpo y la identidad; cartografías que dibujan rostros y mapas de historias invisibilizadas por la indiferencia. Las piezas arman una explicación de cómo se construye al otro desde la discriminación y la apatía. Hay que moverse para poder encontrar los rostros, hay que entender el contexto para poder advertir la presencia externa de un alma ajena desde nuestra posición.

formasValiéndose del esfuerzo y la resistencia, Marilyn Boror nos obliga a movernos, a encontrar el ángulo ideal para poder apreciar el panorama de cicatrices que forman un rostro invisibilizado. Rasgos que transgreden el tiempo y el espacio nos recuerdan que el sentimiento y la conciencia no puede encasillarse en un modelo aspiracional, que la identidad y el ser no pueden ser reducidos a una burbuja consolidada en los privilegios.

Es por eso la importancia de la necesidad pragmática de crear, es por eso la importancia del arte guatemalteco contemporáneo, es por eso la importancia de esta artista y su obra. Porque luchan con ese egoísmo deliberado que alimenta al sistema. Un sistema que nos oprime y nos obliga a olvidar.

Actualmente Marilyn se dedica a la pedagogía en el centro municipal de arte en Guatemala, y esta pronta a participar en la Bienal de arte Paiz 2018.

 

 

 

 

 

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