Festival de Artes Escénicas de Lima

FAE LIMA 2018, bajo el lema, “Unidos por el aplauso”, abre sus puertas este miércoles 28 de febrero con una ceremonia y puesta en escena de la obra La Tempestad de William Shakespeare a cargo del grupo de teatro de Corea del Sur, Mokwha Repertory Company. Fruto del trabajo en conjunto del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Británico Cultural, el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico, el Centro Cultural de la Universidad de Lima, Teatro La Plaza y del Ministerio de Cultura, el FAE LIMA apuesta por compartir lo mejor de artes escénicas con público peruano.

En ese sentido este año, 8 producciones internacionales se verán por primera vez en Lima. Son parte de esta programación las obras latinoamericanas, Ex, que revienten los actores (Uruguay), escrita y dirigida por Gabriel Calderón; Kassandra (Colombia) de la Compañía La Maldita Vanidad dirigida por Jorge Hugo Marín; La Fiera coproducción entre Compañía Teatro Futuro (Argentina) y MedioMundo Producciones (Uruguay), dirigida por Mariano Tenconi y Viejo, solo y puto (Argentina), dirigida por Sergio Boris.

Del Reino Unido, país invitado de este año gracias al British Council, llegan tres obras representativas de lo que hoy llamamos teatro contemporáneo: Nassim, escrita y actuada por Nassim Soleimanpour, reconocido dramaturgo iraní que tiene entre sus éxitos la obra Conejo blanco, conejo rojo; la compañía Action Hero, con Slap Talk, escrita y actuada por Gemma Paintin y James Stenhouse, performance que dura 6 horas y se realizará en el Centro Cultural Cine Olaya de Chorrillos; completa la presencia británica, The Nature of Forgetting, de la Compañía Theatre Re, dirigida por Guillaume Pigé, propuesta marcada por el movimiento y el conocimiento del cuerpo.

Completa esta terna la obra que inaugura este miércoles 28 febrero el FAE LIMA 2018, La Tempestad de William Shakespeare puesta en escena de la Mokwha Repertory Company, dirigida por Oh TaeSuk. Esta producción es una adaptación del grupo coreano en la que se mezclan el drama occidental y los elementos tradicionales del juego oriental. Un esfuerzo en la fusión que ha retomado una filosofía de la actuación teatral tradicional que considera al público como un protagonista de la atracción popular.

Entre las obras peruanas que son parte de la programación, están las ganadoras de la convocatoria abierta que cada año hace el FAE LIMA y las puestas en escena producidas por las entidades organizadoras; 12 obras nacionales que podrán ser vistas por el público y por programadores de otros festivales que nos visitan. ¿El objetivo? Que las compañías de teatro de nuestro medio comiencen a girar y llevar sus propuestas a otros escenarios fuera de nuestras fronteras.

Las piezas de teatro peruanas presentes en el FAE LIMA 2018 son: El arcoíris en las manos de Imaginario Colectivo; El día en que cargué a mi madre de La X Productora; Gnossienne de la Compañía de Teatro Físico; La guerra de los pañales fantasmas de Derramando Lisura; La hija de Marcial del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico; Mucho ruido por nada del Teatro La Plaza; Ñaña de Silvia Tomotaki; Puente del Británico Cultural; Recuerdos con el Señor Cárdenas del Centro Cultural de la Universidad de Lima y La Productora y Yo y el mundo otra vez, apuesta institucional de la Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP y el INPE. A estas producciones se suman Barro e Imagina Shakespeare, obras parte del programa de Formación de Públicos del Gran Teatro Nacional, el Ministerio de Cultura y el British Council.

Las salas donde se podrán ver son: teatro del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Británico Cultural, el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico, el Centro Cultural de la Universidad de Lima y el Teatro La Plaza, el Instituto Cultural Peruano Norteamericano – ICPNA de Miraflores y el Centro Cultural Cine Olaya.

FAE LIMA 2018 es presentado por el Ministerio de Cultura y las entradas ya están a la venta

Publicado en Agencia Orbita

«El segundo Festival de Artes Escénicas», por Marisol Palacios

Por Marisol Palacios

El Festival de Artes Escénicas (FAE) es un esfuerzo del sector privado, de los centros culturales de las universidades Católica, del Pacífico y de Lima; del Británico y del teatro La Plaza. Fue una iniciativa que tenía como referencia el FAEL, y queríamos continuar este impulso que había sido bien recibido incluso internacionalmente. Era una necesidad para el circuito y para el público en general. Esta es su segunda edición.

Una novedad, la más importante, es que habrá un invitado, el Reino Unido, que presentará tres obras. Además, estará la versión coreana de La tempestad, de Shakespeare, en la inauguración en el Gran Teatro Nacional.

También veremos obras latinoamericanas, pues nos interesan el sentido de hermandad, la cercanía de temas, la forma de crear, las preocupaciones y problemáticas. Se va a presentar ocho obras internacionales y diez peruanas. Por cierto, el Ministerio de Cultura apoya decididamente este evento, y así solo seguirá creciendo. Es necesaria la intervención del Estado —siendo una iniciativa privada— para que el FAE tenga el peso y la magnitud que estamos buscando. Esto es, que sea una plataforma que permita el diálogo entre espectadores y creadores.

Un espacio así es esencial para reflejar nuestras necesidades y problemáticas, y poder discutirlas durante los 11 días que dura el festival, desde el 28 de febrero. También tenemos como objetivo la internacionalización de las artes escénicas peruanas para podernos insertar en el mercado mundial. Durante muchísimos años estuvimos cerrados al extranjero, y ahora se abren las puertas para traer artistas y para que los peruanos puedan salir. Apostamos por que la propuesta nacional también se vigorice fuera.

Publicado en El Comercio

Slap Talk: el arte de la resistencia

Por Gabriel Meseth

Ante el vértigo de la vida diaria en que todo parece constreñirse a la inmediatez de las redes sociales, el durational theatre se asume como antídoto. Un desafío físico y emocional que tanto los actores como el público aceptan cada vez con mayor entusiasmo. Lo confirman propuestas como The Artist is Present (2010), en la cual la legendaria Marina Abramović permanecía por ocho horas diarias en una sala del MoMA, observando en absoluto silencio a los visitantes que se atrevían a sentarse frente a la artista. O Monte Olimpo, la performance del controversial Jan Fabre, cuya reciente presentación en Madrid enfrentó a su audiencia a 24 horas de danzas frenéticas y orgías monumentales.

“El teatro de resistencia permite acceder a una nueva frecuencia”, opina Gemma Paintin, del dúo creativo Action Hero. “Es una interrupción a la vida frenética, una oportunidad para que el metabolismo se desacelere y se puedan apreciar las cosas con mayor detenimiento”, agrega.

Su nueva performance Slap Talk fue seleccionada por el British Council Perú para presentarse el 2 de marzo en el Festival de Artes Escénicas de Lima (FAE). Destacada en el Edinburgh International Showcase —una de las mayores plataformas de teatro alternativo, cuya oferta ronda los 3.500 espectáculos y supera las 50.000 funciones—, Slap Talk explora la violencia del lenguaje a lo largo de sus seis horas de duración.

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Slap Talk alude a la confrontación verbal entre dos boxeadores antes de subirse al ring. “Nos atraen las distintas formas en que el lenguaje describe la violencia, y cómo el lenguaje cotidiano es violento de por sí”, explica Paintin sobre este nuevo proyecto creado junto con James Stenhouse, mientras ambos se hallaban en una residencia de artistas.

El largo proceso de escritura se inició con un juego que los llevó a recopilar frases extraídas de la televisión y la cultura popular. Noticieros que se regodean en los pormenores de un asesinato o un conflicto bélico. Programas de televenta (“¡Llame ya!”) que presentan el poder transformativo de un producto sobre la vida del televidente. O el trance del pastor evangélico que conmina a sus fieles a donar dinero para librarlos del infierno.

Los distintos usos y registros del lenguaje se entretejen en un gran texto leído por Paintin y Stenhouse a través de un teleprompter, mientras que una cámara conectada a un monitor registra en extremo close-up las expresiones faciales de cada actor. El momento favorito de Paintin ocurre entrada la cuarta hora del espectáculo, cuando la pareja emula una competencia entre millonarios para ver quién tiene la mansión más grande o el yate más moderno, la cual deviene en un inventario de todos los perros que tienen. “Por diez minutos me dedico a leer una lista de razas que fuera de contexto sería aburrido, pero dentro de la obra es delirante”, detalla Paintin. “La obra puede ser tan graciosa como perturbadora, y al público le resulta adictiva”, señala.

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¿Qué determina la duración de una obra? Paintin recuerda que la primera intervención de Action Hero duró apenas diez minutos, y que para Slap Talk contaban con material para un día entero. En un inicio no sabían si duraría una hora o diez. Si era muy corta, el lenguaje no se desarrollaba. Si era muy larga, perdía intensidad.

Primó una cuestión práctica: el tiempo necesario para hacer la obra sin descanso y sin enfermarse. A pesar de lo demandante que es leer del teleprompter sin pausa alguna, sin comer ni ir al baño, es un tiempo manejable para entregar toda la energía que exige Slap Talk.

A fin de cuentas, para el arte de resistencia se trata de una performance relativamente corta. Aún más si se la compara con los trabajos del taiwanés Tehching Hsieh, como aquella oportunidad en la que se aisló por todo un año en una celda penitenciaria que habilitó dentro de su estudio. Lo cierto es que el público está cada vez más dispuesto a invertir su tiempo y todos los formatos artísticos reaccionan. Ejemplo de ello es Ambiancé, la película más larga de la historia —720 horas o un mes— cuyo estreno previsto para el 2020 fue anunciado con un tráiler de siete horas (la versión fast forwardestá disponible en YouTube). Pero el teatro, capaz de proporcionar una experiencia única e irrepetible, sigue siendo la vía más directa a la catarsis.

“A veces me duele la cabeza, la espalda, tengo náuseas y me arden los ojos por la luz de un reflector”, cuenta Paintin. “En otras oportunidades paso por un trance, una manera distinta de experimentar el correr del tiempo. Solo tengo que leer, sin saber quiénes están en el público. No sé qué hace mi compañero, el lugar donde me ubico me impide verlo. No sé cómo me veo a través del monitor. Hay algo absorbente en esta tarea. Uno pasa a otro estado mental, nunca me resulta aburrido”.

Publicado en El Comercio
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