Cecilia Fajardo-Hill, artista venezolana: «Se necesita hablar de arte en América Latina»

Por Fausto Rivera Yáñez

La venezolana-británica estuvo en el Centro Cultural Metropolitano de Quito y fue una de las cocuradoras de la exposición The Political Body: Radical Women in Latin American Art 1960-1985.

Minutos antes de acudir a esta entrevista, la historiadora y curadora del arte Cecilia Fajardo-Hill terminaba de hacer una visita en el Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado, del cual salió gratamente sorprendida por el cuidado estético con el que se exhiben las piezas.

De origen venezolano-británico, Fajardo-Hill es una de las figuras claves en el campo del arte contemporáneo y latinoamericano, lo que se avala por su trayectoria: fue curadora jefe y vicepresidente de Asuntos Curatoriales en el Museum of Latin American Art, MOLAA in Long Beach; directora y curadora en jefe de Cisneros Fontanals Arts Foundation (CIFO) y Ella Fontanals Cisneros Collection; y directora general de la sala Mendoza, en Caracas.

Llegó al Centro Cultural Metropolitano de Quito (MET) el mes pasado para participar en un encuentro entre curadores. El año anterior, junto con Andrea Giunta, curó una de las muestras más poderosas y necesarias: The Political Body: Radical Women in Latin American Art 1960-1985, “un estudio de las prácticas artísticas radicales de mujeres de América Latina”.

Decía que le interesa trabajar con artistas contemporáneos indígenas y que aquí no se ha hecho ese ejercicio aún…

Sí. Mira, Ecuador me interesa por muchas razones: me parece que su escena artística es increíble, pero desconocida afuera del país, como Guatemala. Son países que están más encerrados dentro de una escena más amplia. Y, por otro lado, me interesa toda esta conjunción de las historias de Ecuador, esta convivencia que tienen entre lo precolombino, lo colonial, lo indígena vivo y la cultura contemporánea. Ecuador es realmente uno de los grandes laboratorios culturales del mundo. Aquí hay una complejidad que no existe, por ejemplo, en Nueva York, que sí es una ciudad interesante porque ha habido migración judía, de puertorriqueños, pero está mucho más urbanizada y articulada a través del gran y único motivo de que es una ciudad cosmopolita.

A veces la etiqueta de arte latinoamericano puede resultar problemática, hasta demagógica, porque engloba una realidad que no es tal. Se dice que está en un buen momento, pero hay países que no son tan visibles como otros.

¿Cómo lidia con esa etiqueta?

Yo fui directora de un espacio que se llama CIFO, en Miami, y ahí eliminé la palabra latinoamericano por esa razón que dices. Dije que no voy a usar este constructo porque es absolutamente colonial y lo que hace es aplanar la diferencia entre nuestros países, la especificidad de nuestras culturas. Sin embargo, llega un momento en que al eliminar la palabra latinoamericano también eliminas, de alguna forma, al continente. Si un museo de Estados Unidos tiene un millón de dólares para comprar arte y no hay nadie especializado en arte latinoamericano porque todo el arte es universal, entonces ¿cuál es lugar que va a tener en el presupuesto una persona de Latinoamérica? Cero.

Sí que se necesitan curadores de arte latinoamericano especializados en los museos y sí que se necesita hablar de arte en América Latina, porque esa palabra encierra todo el constructo que hemos trabajado.

¿Cuáles cree que han sido las mayores ventajas de trabajar con esa categoría?

Lo latinoamericano es un laboratorio que nos pertenece no solo porque tenemos una herencia colonial común, sino porque compartimos problemas políticos, de corrupción, sociales, raciales, de clase.

Además, lo latinoamericano permite posibilidades de alianzas. Los artistas son buenos en eso. Pero somos las instituciones las que creamos compartimentos que no permiten que seamos más permeables. El colonialismo hizo que si hubiera una gran comunidad tú la separaras y la dividieras para que no se hablen.

En poco reabrirán el Museo Nacional en Quito, que ha estado cerrado por más de dos años. ¿Cómo cree que esa categoría de lo nacional debe ser debatida en el siglo XXI?

No tengo rollo con eso mientras no sea un concepto esencialista, cerrado. Existe una historia que debemos contar. Por ejemplo, la muestra de indigenismos que ahora está expuesta en el MET es necesaria porque es parte de nuestra historia y no la hemos conocido.

Lo importante es que como Museo Nacional no sea un espacio de exclusión de prácticas y artistas. Y su rol tiene que ser, sobre todo, el de la investigación y la expansión de las ideas canónicas de un museo. En Venezuela, por ejemplo, a la Galería de Arte Nacional prácticamente la destruyeron. Yo fui allá porque estaba investigando y cuando pregunté dónde estaba la colección me dijeron que guardada. Cuando un venezolano vaya a reconocer su historia no va a encontrar absolutamente nada, estará viviendo el vacío. Eso me parece horrible.

¿Qué le ha parecido la muestra sobre indigenismos del MET?

Sumamente importante porque hay una cantidad de material que era necesario ver. Lo que le decía a Pilar (la directora del MET) era que le dedicara todo el año a la exposición y que ahora invitara a alguien para que reconfigure completamente lo que hicieron, para que así se hagan más claros ciertos colonialismos, ciertos racismos que perturban nuestra idea del indígena contemporáneo.

Hubo colectivos indígenas que cuestionaron la muestra diciendo que refuerza una mirada colonial de los pueblos.

Esta exposición debe tener una contrapartida y plantearse ejercicios más híbridos. Hoy en día necesitamos mezclar porque todo es parte de una misma narrativa. Creo que necesitamos hacer muestras más dialógicas y menos canónicas sobre la forma cómo tratamos las obras. Lo que digo es una primera lectura. Y definitivamente hace falta, en este momento, hablar de lo contemporáneo desde la posición indígena. Lo indigenista no debe borrar lo indígena.

Lo importante para nosotras como curadoras era que al entrar a la exposición tu cuerpo tenía que politizarse y que cuando salieras de ahí no tuvieras una sola idea de lo que es una mujer radical, que no salgas con un estereotipo. Queríamos que salgas diciendo “no podemos pensar el arte contemporáneo hoy en día sin pensar en la contribución de estas mujeres a los lenguajes de la contemporaneidad”.

Cuando tú sales de una exposición sobre indigenismos debes salir pensando que hay un gran constructo colonial que debemos seguir retando y tenemos que pensar urgentemente en la cultura indígena contemporánea, darle una plataforma para que puedan hablar. No desde una posición de subalternidad, claro.

Publicado en El Telégrafo
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