El narco lenguaje audiovisual de la TV nacional

Antes en la televisión nos enseñaban que la única posibilidad de agenciarse de unas buenas varas, era conocer al muchacho de buena procedencia, riquillo, finquero, empresaurio, pero además altruista, que en un arrebato de rebeldía decidiera enamorarse de una pobre arrastrada del basurero o del palomar. Este noble gesto le cambiaría la vida a la vulnerable chiquilla, que automáticamente pasaría de la desdicha extrema a la felicidad en pleno. En el entendido claro, que el dinero es lo que hace a la gente feliz.

Un lenguaje audiovisual sobre la felicidad que construye la idea de la mujer latinoamericana de clase baja, desde dentro y fuera del continente en un escenario escabroso y mágico en el que de pronto un día “María”, —aquella mi vecina— saldría del arrabal. Pequeños momentos que significaron grandes alegrías para las abuelas que sintonizaron nuestra “gloriosa” y “muy original” televisión nacional, aunque rápidamente los sueños se desmoronarían y en su lugar comenzaría el calvario, la extorsión emocional. Ese sería el precio por osar entrar en el mundo de los ricos: ellos nunca te verían como igual y debía quedar muy claro que no se puede ser buena gente cuando lo que está en juego es la imagen, la jerarquía y el poder.

¿Cuál era el panorama de los hombres pobres en las telenovelas? Generalmente los chóferes, jardineros, sirvientes y amantes a la vez, estos individuos representaban un arquetipo un tanto diferente, pero con una idea fuerte y profunda: el de ser un instrumento fálico cuando no se tiene dinero, ni clase, ni apellido. Optarían casi por inercia en ser el juguete sexual de la aburrida mujer de clase alta, a la sombra, pero al servicio de las calenturas de la señora de la casa o de alguna de las hijas, esto es, a grandes rasgos, la enseñanza más profunda de la televisión mexicana; atorándonos por décadas esa necesidad aspiracional, ese golpe de suerte, el boleto de ida y sin regreso de nuestros barrios pobres, o bien la actitud de perro fiel supuestamente inherente al pobre que siempre debe tener con su amo.

¿Qué encontramos distinto en la tele de hoy?

Después del horario estelar de la Rosa de Guadalupe nos encontramos con la sorpresa de que en este continente poco a poco algo ha cambiado, desde hace 10 o 12 años aproximadamente comienza el declive de las telenovelas rosas mexicanas. Es a partir de la producción de “Sin tetas no hay paraíso”, una adaptación de una película colombiana que tuvo pegue porque retrataba la vida en el barrio, ese lugar donde se nos dijo por décadas que solo viven “nacos”, pero que de otra forma inauguró un estilo distinto de sumisión y servilismo. La pregunta es ¿Qué más se nos está introduciendo en el cerebro con el auge de los narco-dramas? Es acaso la punta del iceberg del lado sádico del poder: el narcotráfico.

¿Por qué el narco y por qué ahora? ¿Está acaso relacionado con los poderes reales de las micro y geopolíticas en nuestro continente? ¿Por qué intentan decirnos que ser narco es cool y retratar su vida y sus vicisitudes para generar una conexión de agrado con público?

Es sospechoso que se le haga tanta pampa con descaro al relatar la vida y “hazañas” de estos personajes que viven al margen de la ley, mitad villanos o mitad héroes, juzgue usted.

Por otro lado, hablamos de un cambio en el enfoque o la dirección en las relaciones sociales e imaginarios de la clase baja. Primero porque para ser capo, no necesariamente hay que tener una genética de abolengo, caso contrario al novio de Marimar, entonces ser narco no solo puede llegar a ser aceptable sino más importante todavía: puede llegar a ser deseable ser la mujer del narco… ¡Uff! Es la nueva onda para salir de la favela sin boleto de regreso.

Los nuevos protagonistas de la pantalla chica son el hombre de edad media bien posicionado en las narco actividades y la muchacha con curriculum de sexo servidora, ¡Olvidémonos aquí de la sangre azul por supuesto! Estos a grandes rasgos, son los arquetipos para las clases bajas, serán un poco más realistas y más alcanzables… probablemente, aunque siguen movidos por la aspiración, el poder y ahora súmele la muerte, muy bien relatado por ejemplo en la exitosa “Dueños del paraíso” (2015) donde la titular del capo “se ve orillada” a asesinarlo y quedarse ella como dueña de la mafia;  aprovechando las coyunturas discursivas, esta mujer pudo cumplir cualquier sueño húmedo de odio al macho, si no lo pensás tanto da alegría cuando se quita de encima al cerote.

La introducción de la muerte en la televisión es digamos nueva, pero esta ya estaba bien instalada en nuestra realidad, con la diferencia de que, en la tele, a la muerte se la puede maquillar con argumentos de ficción. La gran protagonista de esta estética tele novelesca es la muerte y bien que a muchos les/nos encanta muy en el fondo, pues claro que retrata la condición latinoamericana actual.

Para finalizar como olvidar a la aclamada “Reina del Sur” (2011) que hasta el día de hoy no sabemos qué parte de la historia fue ficción y qué fue realmente maniobras históricas de la mafia que impactaron en nuestro continente. Personalmente encuentro muy interesante que los dueños de los canales de televisión decidan programar este tipo de novelas moralmente incorrectas, quienes desde luego no pueden apelar a la inocencia o ignorancia de cada programa basura que reproducen. El dinero, el poder y la muerte se han convertido en nuestras “nuevas aspiraciones”.

Publicado en Barrancópolis