Por Manuel Soriano

¿Qué tienen en común la cantante mexicana Sonia Rivas, un productor argentino llamado Richard Mochulske, el Club Atlético All Boys y la película “Héroes”? Una canción de cancha. Determinar cuándo y cómo nace un cantito, usando Google, es algo habitual en el público futbolero. El escritor Manuel Soriano va más allá: deconstruye los clásicos de las tribunas argentinas a través de una serie de textos que cruzan historias de vida y datos insólitos. Primera entrega de la “Historia incompleta de algunas canciones de cancha”.

Sonia Rivas nació en la ciudad de México D.F. el 12 de julio de 1958. A los cinco años se escondía debajo del piano de la casa, y cuando su madre tocaba la canción “Hojas de otoño”, pegaba el cuerpo a la caja de resonancia y se largaba a llorar. “Mi madre tocaba con tanto sentimiento que yo sentía que se iba a morir”, explica Sonia, mucho tiempo después. Ese fue su primer contacto con la música y el piano. Luego aprendió a tocar y a cantar. Descubre que tiene talento. A los siete años gana un concurso de Televisa con un popurrí de bossa nova; a los quince firma su primer contrato con la discográfica CBS; a los veinte presenta la canción “No soy como tú” en el festival OTI, vende un millón de copias. Nace una nueva estrella de la canción mexicana.

En 1981 Sonia Rivas graba la canción “Atrévete a decírmelo”. Su video de YouTube demuestra que no es uno de sus más grandes éxitos: tiene 20.723 visualizaciones, muy poco si se lo compara con las 1.139.448 de “El reencuentro” o las 1.903.276 de “Todo con él”. El video es un fotomontaje, y fue subido por “Rafael Baladas”, cuya foto de usuario muestra a un hombre calvo apoyado de costado contra una pared, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el cielo. Me hubiera gustado un montaje literal –esos que muestran la foto de una rosa cuando la canción dice “rosa” o la foto de un niño muerto cuando la canción dice “tristeza”- pero en este caso se trata de una sucesión de tapas de discos: la estética de principios de los ochenta, la lista de canciones en letra cursiva, y fotos en las que Sonia es una morocha linda, de pelo largo y lacio. La canción tiene una intro en algo que suena como un órgano sintético (mi amigo Leo, que a veces revisa mis textos, asegura que esto es una guitarra eléctrica, y entonces aprovecho este momento para confesar que no sé casi nada de música) y luego entra la voz de Sonia que dice:

Atrévete a decírmelo

Ahora que he llegado yo

Quién te crees que tú eres

Para hablar mal de las mujeres.

Uno de los primeros comentarios al video dice “dios mio que juventu y que temas escuchavamos cuando heramos joven y empesabamos andar de novias que lindo recordar todas esas cosas”. Preferiría que no tuviese esa asombrosa cantidad de errores ortográficos, porque no quería poner el foco en la forma del mensaje sino en su ternura y sentimiento, pero es así como está escrito. El último comentario al video dice “La concha de tu madre All boys”. El anteúltimo dice lo mismo. El noveno dice “Les vamos quemar Floresta”. Y me imagino al pobre Rafael Baladas, me lo imagino en México, desconcertado, tratando de entender qué quiere decir esta gente sobre su publicación.

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Pero antes de llegar a Floresta tenemos que volver a la biografía de Rivas y detenernos un momento en el factor Mochulske. En 1976, Sonia conoce a un argentino, once años mayor, músico y productor, que estaba probando suerte en México. Su nombre era Richard Mochulske.

Tengo que confesar que antes de escribir esta crónica no sabía nada sobre la vida de Mochulske. Internet tampoco ayuda mucho en este caso; su biografía no está en Wikipedia. La única foto que aparece es en blanco y negro y fue sacada en un festival en Japón en 1975: Richard tiene bigote y señala a la cámara, a su lado está el cantante melódico Fernando de Madariaga, y las tres cantantes negras y hermosas del grupo de soul de Filadelfia “The three degrees”. Todos están vestidos de fiesta y sonríen. Da la impresión de ser una foto que uno de los protagonistas podría encontrar ahora en un cajón, una noche de invierno, y pensar algo así como “qué tiempos aquellos”, y servirse un vaso largo de whisky y largarse a llorar, o quizá no llorar sino empozarse en un estado de ánimo mucho más reflexivo y triste que el llanto.

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Es tan poco lo que se sabe sobre su vida que hasta podría pensar que es el Richard de Joni Mitchell, ese que le dijo, la última vez que se vieron, que todos los románticos terminan igual: cínicos, y borrachos, y aburriendo a alguien en un oscuro bar.

Donde sí aparece profusamente su nombre es en SADAIC: 382 canciones tienen como autor a Ricardo Silvio Mochulske, y en esa lista ordenada por orden alfabético, en medio de “Atracción animal” y “Aventura de dos”, figura “Atrévete a decírmelo”, registrada el 15 de diciembre de 1980 con el número 259026.

Acá me voy a permitir un breve paréntesis. Además de “Adornaré tu pelo”, “Ayer te vi con otro” y “A mi amigo el dentista”, otra canción de Mochulske se destaca en el registro de la “A”: se trata de “Argentina es nuestro hogar” (en coautoría con Enrique Londaits). Esta canción fue grabada en 1985 para recaudar fondos para los inundados del Chaco, y es, en espíritu y música, una versión argentina de “We are the World” de Michael Jackson y Lionel Richie. Silvio Soldán presenta su video promocional donde aparece Palito Ortega, Sandro, Valeria Lynch y otras veinte figuras de la canción argentina de la época formadas como un coro (según los créditos también está Mochulske, pero no lo logro identificar; tal vez sea un hombre de suéter rojo que aparece en la fila de arriba en el minuto 1:33, pero la calidad del video es baja y les recuerdo que solo vi esa foto de Mochulske en la que era diez años más joven y sonreía para la cámara, cosa que ahora, por el contexto, no puede hacer). Los artistas primero cantan de manera sucesiva, luego se unen para el estribillo:

Mi lugar, tu lugar, nuestro lugar

Es aquí no lo dudes ni un instante

Nuestros padres y abuelos

No midieron el esfuerzo        

De la mano, juntos vamos a cantar.

La forma más fácil de describir el ritmo del estribillo sería decir que es exactamente igual al que canta la hinchada de Boca con la letra cambiada:

 Dale Bo, dale Bo, dale Bo

Pongan huevo que acá no pasa nada

Los huevos del equipo

Los huevos de la hinchada

Dale Boca que vamos a ganar. 

Ambas canciones, a su manera, tienen en común un llamado a la unión y el coraje en tiempos difíciles, y es por eso que la hinchada canta la suya cuando a su equipo le hacen un gol, o le expulsan un jugador, o sufre algún contratiempo de este tipo. En 1989 la banda (por entonces) punk Ataque 77, incluyó el cantito de la hinchada en su canción “Sola en la cancha”. ¿Sabían también que estaban incluyendo la melodía de Mochulske (y por ende a Michael Jackson y Lionel Richie) en su canción punk?

Este es un caso extraño, el único, creo, en el que la melodía fue de los discos a la cancha y de la cancha otra vez a los discos. Pero mejor detenerse acá, porque si bien sirve para ratificar la adaptabilidad de las melodías de Mochulske a cantitos de cancha, esta no es la canción que motiva mi crónica.

Entonces volvamos a Sonia y Richard. Se conocen en México, se casan, y se van a vivir a Argentina en plena dictadura militar. En 1980, Mochulske registra “Atrévete a decírmelo”, y al año siguiente aparece como la quinta canción del lado A del disco de Sonia Rivas “Lo nuestro era amistad”. Hasta acá los hechos. Ahora entramos en terreno de suposiciones. ¿Cuál fue la primera adaptación a cantito de cancha? ¿Quién fue el primero que pensó que esta canción que dice “quién eres para criticar a quien tanto te supo amar / por qué contarle a tus amigos que has tenido amores conmigo” podía servir como base melódica para alentar a su equipo desde una tribuna?

Sé que Boca tiene una versión (admito, quizá un poco tarde, que soy hincha de Boca, que intentaré que esto no pese en la crónica, que no lo voy a lograr) pero realmente no sé si fue la primera. La letra no es compleja:

Dale dale dale Bo

Dale dale dale Bo

Dale dale dale Boca

Dale dale Boca, dale dale Bo.

También la canta Independiente, creo, con la misma fórmula pero usando “Ro” y “Rojo”, como suele pasar. Es un cantito básico, rutinario, y en esa simpleza está su gracia, ya que permite subir la intensidad fácilmente entre una repetición y la otra, y si en el partido pasa algo (un penal a favor o en contra, por ejemplo), se puede crear el efecto contagio y el estallido que se produce solo cuando todo un estadio grita junto una consigna simple.

En 1986, Sonia y Richard se separan y ella vuelve a México junto con la hija de ambos. Richard no vuelve, pero su melodía sí. Cualquiera que haya visto la película “Héroes” recordará la siguiente escena: después del partido con los ingleses la cámara muestra un vestuario que, para los estándares de hoy, se parece más al de una cárcel que al de un estadio mundialista. Maradona, en el centro de la imagen, solo lleva puesto un short negro muy corto, y una toalla sobre los hombros (una toalla con los colores apagados como las que llevan algunas señoras a las clases de gimnasia acuática); algunos en el fondo empiezan la canción; se cruza ante cámara, creo, un Luis Alberto Islas muy joven y con el peinado de Kurt Russell en “Tango y Cash”; Maradona sonríe, se suma al canto, baila, agita la toalla sobre su cabeza de una forma que después vi replicada en muchos vestuarios. La melodía es la de “Atrévete a decírmelo”. La letra es la siguiente:

 Argentina va a salir campeón.

Argentina va a salir campeón.

Se lo dedicamos a todos.

La reputa madre que lo re parió.

El tono de los jugadores es alegre, pero no hay inocencia en el canto. Se nota el regocijo de quien acaba de cobrarse una deuda pendiente. ¿A quién se lo dedican? ¿A los dirigentes? ¿A la prensa? ¿A los ingleses? La canción dice “a todos” pero suena como si estuvieran pensando en un grupo de personas más específico.

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Las canciones de cancha se podrían dividir al menos en dos: las de aliento a su equipo y las de burla al equipo rival. El término “burla” quizá suene un poco ingenuo, pero se ajusta perfectamente a la versión que quiero evocar ahora.

X va a salir campeón

X va a salir campeón

El día que las vacas vuelen

Y los radicales voten a Perón

¿Realmente se cantó esto alguna vez en una cancha de fútbol? A los hinchas que consulto, algunos más veteranos, les pasa lo mismo que a mí: conocen el cantito pero no recuerdan haberlo escuchado por una hinchada. El canto repite en su estructura los dos primeros versos de la versión de Maradona, y luego los condiciona a dos hechos imposibles para dar a entender que el equipo X nunca va a salir campeón. Es una fórmula casi infantil, algo que podríamos imaginar en un micro escolar, o en una tribuna en México o en algún equipo chico de España, pero que hoy resulta improbable y lejano para una cancha argentina (hagan el ejercicio de tratar de visualizar a una hinchada argentina actual gritando “El día que las vacas vuelen”).

Y además está el asunto político. Un hecho supuestamente imposible: que los radicales voten a Perón. Se puede pensar en un radical votando a Perón, pero al decir “los radicales” el verso exige un voto conjunto, o al menos mayoritario. Además, así como está dicho, se presenta un problema cronológico: la melodía es de 1980 y Perón murió en 1974, por lo que nadie, ni siquiera un peronista, podía votar a Perón mientras se entonaba este cantito. Pero, por supuesto, el verso no debe ser entendido de manera literal, y si dice Perón y no peronismo, es por las exigencias propias de la rima, y porque en este caso la metonimia funciona bien entre el partido y su líder.

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Mi amigo Leo, el mismo que me dijo lo de la guitarra eléctrica, me cuenta que en el año 1982, cuando tenía cinco años, su padre lo mandaba a una colonia de vacaciones cerca de Ezeiza, y que en el micro que llevaba y traía a los niños, un pibe al que le gustaba Piero, Victor Heredia y Cantalindo, cantaba esta canción, dedicada a River, pero con el cuarto verso cambiado por: “Y que en la Argentina baje la inflación.”

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Es probable que haya muchas otras versiones de la canción (ahora mismo recuerdo una que sirve para pedir la renuncia de “todos los hijos de puta de la comisión”), pero quiero llegar a la que creo que es su versión definitiva, la que minimizó a las versiones de Boca y de Maradona y de todo el resto, y trascendió el folclore de las tribunas para llegar al folclore del lenguaje coloquial. La autoría de esta versión se le adjudica a la hinchada de Atlanta, aunque, como todo mito, su origen permite teorías alternativas. La letra, aunque puede haber pequeñas variaciones, dice lo siguiente (la pongo al lado de la original para facilitar la comparación):

Atrévete a decírmelo                         La concha de tu madre All boys

Ahora que he llegado yo                   La concha de tu madre All boys      

Quién te crees que tú eres               Les vamos a quemar Floresta         

Para hablar mal de las mujeres.        La reputa madre que lo reparió.

Es difícil leer esto y asegurar que no hay ánimo violento en quienes la cantan, pero lo cierto es que (salvo para los que están en el negocio de la violencia) la canción ha adoptado un espíritu lúdico. Los insultos, la amenaza de quemar un barrio, fueron perdiendo fuerza y sentido, de la misma forma en que uno no piensa en la vagina de una madre cuando dice la “concha de tu madre”, ni piensa en “todos muchachos” cuando dice All boys. La frase se volvió un latiguillo catártico, una pequeña liberación ante una pequeña tragedia (se cayó el sistema y la concha de tu madre All boys) o una liberación mayor ante una tragedia mayor (me dio positivo y la concha de tu madre All boys). La página de facebook oficial de LCDTMAB tiene 258.265 seguidores; gente que comparte fotos de tortas, chistes, canciones o anécdotas como “trabajo en un hospital: ayer una madre gritó la concha de tu madre All boys durante las cinco horas de trabajo de parto”.

LCDTMAB se usó recientemente como fondo de una publicidad de la compañía telefónica Personal; y así cumplió el último paso de un mito, irónico, un poco triste: pasar del folclore popular a las estrategias de mercadeo, en este caso a una mesa larga de publicistas y directores comerciales debatiendo sobre los pros y contras de usar a LCDTMAB para mejorar las ventas de su servicio telefónico.

Si se la busca en YouTube, se pueden encontrar distintas versiones de esta misma versión: la más vista es una especie de rock pachanguero (287.299), la que le sigue es un compilado de distintas hinchadas (280.698), luego un pibe solo con su piano (84.357), luego muchas otras: un grupo folclórico con voces en canon, estudiantes secundarios en un aula, carnavalito, indie-rock, tango, bossa nova, en violín (una real y otra trucada para hacer creer que la está tocando el inverosímil violinista holandés André Rieu), en trompeta, chacarera, acústica, merengue, punk, un arrullo de cuna con sonidos de pajaritos de fondo.

Lo sepan o no, todas estas personas reproducen y versionan la melodía que Richard Mochulske compuso en 1980 (según el tutorial para guitarra del joven Dante Rizzuti: Re menor, La sostenido, Do, y La menor, y luego repetir cambiando el último acorde por Re menor) y que la mexicana Sonia Rivas cantó al año siguiente para su disco “Lo nuestro era amistad”.

¿Qué tiene LCDTMAB para haberse convertido en un hit? Si escuchan al menos tres versiones de las que nombré arriba, podrán comprobar que la canción se te pega en la cabeza como un coágulo. Sin duda tiene algo, ¿pero qué? Un grupo de científicos de la Universidad de Brighton desarrolló un algoritmo de sonidos y armonías que permite establecer las condiciones necesarias para que una canción sea un éxito. Lo acabo de leer. Este es el tipo de noticia que me sugiere Internet a cada rato. ¿Qué encontraría esta gente si hiciera una disección de LCDTMAB? ¿Cómo trasladar a algoritmos variables tales como Mochulske, Sonia Rivas o Club Atlético All boys sin hacer estallar las computadoras?

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Después de volver a México, Sonia Rivas se casó con un empresario discográfico y se retiró de la música “para formar una familia”. En 2000 salió el disco “Sonia Rivas: 20 grandes éxitos”, en el que no está incluida “Atrévete a decírmelo”. En 2012 enviudó y decidió volver a los escenarios. No pude encontrar noticias significativas sobre su carrera desde esa fecha hasta hoy. Espero que haya tenido suerte.

Richard Mochulske murió en México el 6 de agosto de 2003 a consecuencia de un cáncer pulmonar. Tenía cincuenta y cinco años. La única noticia sobre su muerte que se puede encontrar en Internet aparece en una medio mexicano. Según cuenta su última mujer, Verónica Pardo, lo último que hizo Richard en la sala de urgencias fue pedir un vaso de agua. Me gustaría saber hasta qué punto conocía el recorrido de su canción.

Publicado en Revista Anfibia